Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo de abril, 2009

Trabajo: reconocimiento y dignidad, de Joan Subirats en El País de Cataluña

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En vísperas de un nuevo Primero de mayo y en plena crisis de la ocupación, conviene volver a detenerse sobre el significado del trabajo. Bauman nos advertía del cambio de la sociedad de productores “a la sociedad de consumidores”, y de la progresiva transformación de los asalariados pobres en “consumidores expulsados del mercado”. Pero, aún es cierto que el trabajo sigue siendo uno de los grandes pilares en los que se sustenta la inclusión social.

El empleo no es sólo la principal vía de ingresos de la mayoría de la gente, sino que, además, constituye el fundamento desde el que se calcula la cobertura social de la población inactiva. Y no podemos olvidar que mantiene un papel muy destacado entre los factores y elementos que generan identidad y sentido vital a muchas personas. Trabajar o no trabajar, hacerlo de una cosa o de otra, con unas condiciones determinadas o careciendo de las mismas, acaba determinando de forma clara y decisiva las condiciones que fijan los niveles de exclusión e inclusión social.

Las condiciones de trabajo se han ido deteriorando, hasta límites insospechados hace sólo unos años. Hace poco, podría haber quien defendiera un cierto trade off entre precarización del mercado de trabajo y ampliación de los puestos de trabajo. En la actualidad, se nos ha ido el trabajo y nos queda la precariedad. Y en esas condiciones restrictivas, los que salen peor parados son aquellos que acumulan bajo nivel formativo con edad avanzada, y quienes están en situación más vulnerable, y cuyo despido o reducción de salario cuesta menos de imponer. En ese contexto, conviene recordar que uno de los cambios más trascendentales de los últimos años ha sido la llegada al mercado de trabajo formalizado de millones de mujeres. Pero, la precariedad es especialmente intensa entre las mujeres, y ello no sólo afecta a las relaciones laborales, sino que como situación, se extiende a otras esferas vitales. Como afirmaba el colectivo Precarias a la deriva, la precariedad es un conjunto de condiciones materiales y simbólicas que determinan una gran incertidumbre vital en relación con el acceso continuado a aquellos recursos imprescindibles para el desarrollo vital de cualquier persona.

Las mujeres han llegado masivamente al mercado de trabajo, transportando los componentes esenciales de la construcción de género, que regula las relaciones sociales (económicas, laborales, políticas…) a partir de las diferencias percibidas entre sexos. Y es desde esa perspectiva desde la que el vínculo entre feminización del trabajo y precarización de su existencia en el fondo expresa una de las consecuencias de esas relaciones de género, que descalifica el trabajo femenino al considerarlo fuera de su contexto natural doméstico, lo que conllevaría o justificaría sueldos inferiores o perspectivas de coyunturalidad en los vínculos laborales.

¿Qué ocurre con el trabajo doméstico y/o reproductivo no remunerado? Este tipo de trabajo, desarrollado básicamente por las mujeres, no genera ingresos ni permite la subsistencia económica si no está inserto en una estructura de redistribución familiar o de otro tipo. Pero, para muchas mujeres constituye una vía de inserción social, en el sentido, al menos, de que les proporciona un reconocimiento social, y les da, asimismo, un sentido de identidad vinculado al imaginario social tradicional sobre la división sexual del trabajo.

Sin embargo, es evidente que se trata, en cualquier caso, de un modelo de inserción social tremendamente débil, vulnerable y dependiente, en tanto que se vehicula a través de un tipo de trabajo que no está ni remunerado ni valorado socialmente. Cualquier alternativa de acción en ese terreno debería incorporar esta perspectiva de género, así como incorporar las diferencias y desigualdades existentes por edades, procedencias, etnias y opciones religiosas, sexuales o de otra índole.

Pese a la necesidad de las medidas específicas, la tendencia debería ser hacia el diseño de actuaciones que tomasen en cuenta al máximo número de ámbitos que forman parte de la vida de las personas y condicionan su trayectoria de exclusión así como sus dificultades de inclusión: la formación y la capacitación laboral y/o social, el tratamiento sociosanitario, la estabilidad residencial, etc. Pero, la propia estructura segmentada y jerárquica de la Administración lo dificulta.

Es en este contexto en el que las experiencias que han desplegado ciertas entidades y organizaciones no gubernamentales resultan muy significativas. El día 13 de mayo, la Fundación Surt organiza unas jornadas bajo el significativo título de Repensar la economía y los trabajos desde la experiencia de las mujeres (www.surt.org).

Esta entidad viene trabajando desde principios de la década de 1990 en procesos de inserción laboral de las mujeres que presentan mayores índices de vulnerabilidad por razones sociales, culturales o estrictamente personales. Y su planteamiento destaca, precisamente, por potenciar simultáneamente las competencias de identificación y empoderamiento de las propias mujeres, sus competencias relacionales y aquellas competencias que les permitan afrontar temas como la organización del trabajo, la negociación o el estrés. Su experiencia, expresada en múltiples actividades e iniciativas, pone de relieve la importancia de evitar frases tan caricaturizadas por el añorado Pepe Rubianes, como “el trabajo dignifica” y de avanzar en experiencias que reconozcan los diversos tipos de trabajo socialmente útiles como la importancia de partir de la dignidad de las personas para seguir redefiniendo y transformando el trabajo.

Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la UAB.

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30 abril, 2009 a las 8:12 am

El hermano mayor, Josep Ramoneda en El País

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Pasó la visita del hermano mayor y, como era previsible, hubo más espectáculo y ruido mediático que acuerdos concretos. Los diputados españoles tienen la suerte de que en su mayoría sólo oirán a Sarkozy una vez en la vida. Seguro que si tuvieran que verlo cada día un montón de veces en la tele como los ciudadanos franceses, no les habría entrado este ataque provinciano de fascinación ante el show personal del presidente de la República Francesa. Los ciudadanos franceses saben por experiencia lo que los diputados españoles parecen ignorar: que Sarkozy habla mucho pero hace bastante menos. La distancia entre las promesas verbales del presidente a propósito de la conexión eléctrica y ferroviaria entre los dos países y el texto del comunicado conjunto es elocuente. Se dice, en Francia, que Sarkozy sale cada cuarto de hora en la televisión y cada media hora pierde cuota en los sondeos de opinión.

La significación política de la visita de Sarkozy pasa por dos puntos. En primer lugar, los dos protagonistas principales: el presidente francés y el presidente del Gobierno español. Sarkozy vive en la melancolía de los seis meses de su presidencia europea: su gran momento de gloria. Venir a España a dar consejos de hermano mayor a quien ocupará la presidencia europea a principios del año próximo, sabiendo que será escuchado con devoción y reconocimiento, ha sido un chute de autoestima en un momento en que la agitación social crece en Francia. Zapatero, desbordado por el paro, con dificultades para salir del atolladero en que se metió con su ninguneo de la crisis, y sin la energía o la voluntad necesaria para arrancar en política internacional, a la que tiene inexcusablemente que dedicar mayor atención, ha encontrado en la visita la oportunidad de codearse con uno de los grandes y demostrar una especial empatía con alguien del que el PP creía tener el monopolio de la representación en España. Pero Sarkozy no es de nadie más que de sí mismo. Y por eso, a veces, algunos se sorprenden de lo reaccionario que puede llegar a ser -por ejemplo, con sus apelaciones patrioteras o con su censo de inmigrantes- y, otras veces, otros se sorprenden de que asuma temas de los programas de la izquierda que la derecha española -ella siempre tan inmovilista- sigue considerando tabúes, como la lucha contra el calentamiento global o el rechazo a los productos de países “que no respeten las reglas medioambientales, morales o sociales”. Sarkozy es un presidente bulímico obsesionado en comer de todos los platos que se sirvan en la mesa de la política.

El segundo factor político del viaje ha sido la afirmación del momento de extraordinaria sintonía que viven las relaciones entre España y Francia. De lo mal que habían ido las cosas en el pasado da cuenta el hecho insólito de que se tenga que agradecer con entusiasmo la colaboración de Francia en la lucha contra ETA, algo que debería darse por supuesto siempre. Antes de que Sarkozy rompiera con la tradición gaullista de la derecha francesa, siempre dispuesta a sospechar de Estados Unidos, le había oído decir a Javier Solana que la política extranjera española tenía que conducirse bajo el principio de hacer lo mismo que Francia pero un poquito menos. El atlantismo de Sarkozy -menos incondicional de lo que parece, véase Turquía- podría hacer pensar que ahora España tendría que hacer lo mismo que Francia pero un poquito más. Nicolas Sarkozy se ha encargado de ponerlo difícil desde el primer instante. De ahí que la carga política de sus discursos estuviera en la lista de consejos al joven presidente español.

Sarkozy, con su hiperactivismo y su incapacidad para guardar las distancias que la función presidencial requiere, ha dejado huérfanos a los franceses que siempre habían visto al presidente de la República como un gran padre. Su papel es más impertinente. Es el del hermano mayor que trata de encauzar las vidas de los hermanos pequeños. De modo que Francia ya no ningunea a España, pasó el tiempo de los discursos pour l’Espagne et le Marroc, pero Sarkozy quiere seguir tutelándola. Y no con la discreción del amigo sino con la suficiencia del primogénito. Da por hecho que España tiene plaza fija en el G-20, pero dejando claro quién ha sido el promotor y a quién se debe el reconocimiento. Se permite anunciar las que deben ser las claves de la presidencia europea española, de modo que su disposición a ayudar no disimula la voluntad de tutelar. La visita de Sarkozy a España ha dejado una cosa clara: la política internacional española depende más que nunca de Francia. Salvo que Zapatero, todavía bastante inédito en la materia, sepa construir puentes al margen de los franceses, por ejemplo, con Obama. Y con Turquía.

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30 abril, 2009 a las 8:11 am

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Energías, de Ferran Requejo en La Vanguardia

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La preocupación por la degradación ecológica de las sociedades contemporáneas va intrínsecamente asociada a la producción y consumo de energía. Desde la prehistoria, los humanos han tratado de domeñar diversas fuentes de energía en busca de un mayor bienestar. Así, se fue sacando provecho de los cuatro elementos clásicos (fuego, agua, tierra y aire) a través de tecnologías que mostraban la voluntad de mejora en un planeta con duras condiciones de subsistencia. La revolución agrícola, la deforestación para construcción de barcos, la minería, la metalurgia, el uso de tracción animal, etcétera, empezaron a transformar el entorno. Pero ha sido tras la revolución industrial de los dos últimos siglos cuando los cambios se han hecho radicales. A principios del siglo XXI, resulta simplemente estúpido negar la gravedad de algunos índices de degradación del medio ambiente.

El problema es grave, pero a veces el debate ecológico adolece de falta de información y de cuantificación, con profusión de posiciones emocionales y de argumentos demagógicos, tanto por parte de los desarrollistas como por parte de ciertos ecologismos. Cantar sin más las excelencias del desarrollo, o demonizar ideológicamente determinadas fuentes de energía, no contribuye a centrar y promover el debate en términos racionales. Dos preguntas generales: ¿qué sistemas de producción de energía resultan más convenientes?; ¿cómo reconducir el consumo de energía hacia términos más sostenibles en términos de futuro? Son preguntas frente a las que la Unión Europea -un contexto totalmente deficitario de fuentes de energía- no tiene aún respuestas muy claras.

La demanda y consumo energético no dejará de crecer como mínimo en las cuatro próximas décadas. Y ningún sistema actual de producción de energía está libre de problemas. Todos ofrecen luces y sombras. En su evaluación no se deben tener en cuenta sólo los rendimientos y efectos que producen dichos sistemas, sino también los costes económicos, energéticos y medioambientales que suponen las distintas tecnologías y la extracción de los combustibles y la construcción de centrales.

Los combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) ofrecen mucha energía con poco volumen y siguen siendo abundantes, pero sus residuos en general no se tratan y suponen una contaminación grave (polución y efecto invernadero). También presentan riesgos de transporte (petroleros) y necesitan grandes cantidades de energía para su extracción. Su concentración en determinados países supone un problema estratégico y geopolítico añadido. Y parece que la era del petróleo barato se ha terminado.

La energía hidroeléctrica es limpia, pero resulta limitada, ya que depende de la orografía, además de requerir mucha energía en la construcción de presas. El uso de la energía de las mareas o del oleaje es incierto por los problemas técnicos que supone. La energía termosolar (helióstatos) es también limpia, pero su precio y la necesidad de grandes superficies la convierten casi en prohibitiva. Los parques eólicos son una alternativa, aunque menos clara de lo que parece, ya que presentan problemas de gestión (el viento es inconstante y los molinos sólo aprovechan determinado espectro de velocidad) y requieren además estar conectados a la red eléctrica, cosa que redunda en un funcionamiento subóptimo de las centrales que encarece la electricidad, etcétera. La energía fotovoltaica supone una clara perspectiva de futuro, pero su bajo rendimiento actual limita mucho sus posibilidades en la producción energética a gran escala. Los biocombustibles aparecen ya hoy como una fuente que plantea más problemas económicos y contaminantes que los que resuelve. Las nucleares de fisión siguen siendo una opción, a pesar de los emotivos argumentos que a veces se oyen en su contra -generalmente basados en falta de información-. Suponen un buen rendimiento energético, su seguridad actual es casi óptima y el uranio está lejos de agotarse. Renunciar por principio a la energía nuclear sería una insensatez. Países desarrollados como Francia, Bélgica, Suecia, Japón, Finlandia, etcétera, siguen desarrollándola. Pero no se puede negar que subsisten problemas, como los asociados a los residuos radiactivos -cuya gestión con procesos de vitrificación, sin embargo, ha mejorado mucho en las tres últimas décadas en contraste con la nula gestión de los residuos producidos por otros sistemas-. También hay que contar con una percepción parcialmente negativa en la ciudadanía, a pesar de las más de 400 centrales que hoy funcionan en el mundo.

¿Qué parece ser lo más recomendable que pueden hacer los países de la UE de cara al futuro? Creo que cuatro cosas fundamentales: 1) apoyar la investigación, especialmente la de aquellas fuentes con mejores potencialidades, como la energía fotovoltaica -ampliar el espectro de longitudes de onda útiles y mejorar el rendimiento de las placas- o la fusión nuclear; 2) apostar por diversas fuentes de energía (minimizar riesgos) y disminuir la dependencia (geoestrategia); 3) racionalizar las subvenciones públicas y la seguridad de los contratos a las empresas que deciden invertir en distintos tipos de energías (evitar subvencionar lo que no resulta sostenible aunque se presente como alternativo); 4) incentivar las tres R en el consumo energético (en orden de importancia decreciente: reducir, reutilizar, reciclar). La energía y la ecología suponen calidad de vida. El reto no es contraponerlas, sino optimizar su articulación.

FERRAN REQUEJO, catedrático de Ciencia Política en la UPF y coautor de ´Desigualtats en democràcia´ (Eumo, 2009).

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30 abril, 2009 a las 8:10 am

De epidemia a pandemia, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

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Cuando se usan banalmente, las palabras llegan a perder su auténtico significado y acabas evitando emplearlas para no caer en la más pura trivialidad. Eso ha sucedido en los últimos años con el término globalización: da vergüenza utilizarlo de tanto como se ha abusado de él. Ahora bien, esta palabra de moda describe muy bien la realidad. La marcha hacia un mundo global es, desde hace mucho tiempo, imparable pero, desde hace pocos años, su naturaleza ha mutado debido a que su ritmo se ha incrementado aceleradamente. Y la gripe porcina, o como se la quiera llamar, presuntamente originada en México, es un buen ejemplo para comprender su significado.

Un viejo y excelente manual de historia de las ideas políticas, cuya primera edición en inglés data de 1938, traducido tres años después al castellano por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica, a quien tanto debemos, está escrito ya desde una perspectiva globalizadora. El autor de dicho libro es R. H. S. Crossman, un conocido teórico perteneciente a la segunda generación de fabianos ingleses, los inspiradores del laborismo británico. La versión española lleva por título Biografía del Estado moderno y en sus primeras páginas, para que se entienda la diferencia entre el mundo medieval y el contemporáneo, contiene el siguiente párrafo que me permito reproducir.

“Hoy vivimos en un mundo en el cual la pérdida de la cosecha de goma en Malasia afecta profundamente a los trabajadores en Birmingham o en Detroit, mientras que una negociación en la bolsa neoyorquina puede arruinar a los productores de cacao del África occidental, quienes apenas conocen la existencia de Londres y seguramente no saben nada de acciones y valores. La ciencia nos permite viajar hacia donde nos plazca y comerciar con quienes tengamos el deseo y el poder para ello. Esta facilidad de comunicación, posiblemente más que ningún otro factor, ha producido la interdependencia económica de nuestro mundo moderno. El hombre medieval se encontraba atado al país en que vivía: los caminos de la época eran mucho peores que lo habían sido bajo el imperio romano y su comercio estaba confinado, en la mayor parte de los casos, al mercado local. La economía de la época, eminentemente agrícola, bastaba para satisfacer las propias necesidades y las ciudades dependían para la alimentación de los distritos campesinos más cercanos a ellas”.

Este párrafo sobre la globalización, aún sin usar esta palabra, está escrito antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin duda encontraríamos precedentes mucho más antiguos. En la misma obra de Marx, casi un siglo antes, la perspectiva es ya la de un sistema económico globalizado. Y si nos vamos remontando en el tiempo, iremos a parar a Colón descubriendo América, a Vasco de Gama dando un rodeo por el sur de África y a Marco Polo llegando a China. La globalización significa, antes que nada, la posibilidad de conectar las distintas partes del mundo mediante rutas de diverso tipo. Primero por tierra y por mar, después por teléfono, por radio, por televisión, ahora por el misterioso ciberespacio. La ciencia y la técnica han hecho posibles, en cada momento, estos distintos métodos de comunicación al transformar, mediante una revolución silenciosa, la economía, la sociedad, la política y la cultura. Ha sido, y es, la revolución más auténtica, la que ha activado todas las grandes transformaciones humanas.

En el último año hemos comprobado cómo unas hipotecas mal gestionadas en Estados Unidos provocaban una crisis económica de dimensiones globales. Y en estos días, en esta semana, una extraña gripe detectada en México, aunque váyase a saber de dónde viene, está causando la alarma en el mundo. De lo que antes era una epidemia, una enfermedad que se propaga durante un tiempo en un determinado país, hemos pasado a una pandemia, es decir, una epidemia que se extiende a todo el mundo. De la interdependencia en economía -de la que hablaba Crossman- a la interdependencia en los virus: nadie está hoy a salvo, también en cuestiones de vida y muerte.

Todo ello nos debería hacer pensar. Pensar en las enormes desigualdades sociales entre el mundo desarrollado y el mundo pobre, en la enorme distancia que los separa. Hace ya un tiempo que en el primer mundo existe una extendida conciencia de la injusticia que esta desigualdad supone, de la relación causal entre la riqueza de unos y la pobreza de los otros. Las ayudas financieras y la cooperación han aumentado mucho en los últimos tiempos. Pero la generosidad de unos pocos no basta. Son simples gestos, humanamente admirables, pero insuficientes. La solución a estas desigualdades vendrá por el camino del egoísmo: cuando el mundo rico se dé cuenta que la pobreza de los demás pone en peligro su prosperidad. Es entonces cuando empezarán a preocuparse y a buscar soluciones.

Toda crisis económica tiene un lado malo, el más evidente, y un lado bueno, la necesidad de ponerle remedio. La pandemia que nos preocupa es una metáfora de otras muchas pandemias no virales: la inseguridad, el terrorismo, el deterioro del medio ambiente, el paro, el fanatismo. Hasta que no tomemos conciencia de que en este mundo globalizado todos vamos en el mismo barco, cualquier virus, real o simbólico, puede acabar con el confort relativo de quienes vivimos en los países desarrollados. ¿Por quién doblan las campanas? ¡Sin duda están tocando por ti!

FRANCESC DE CARRERAS, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

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30 abril, 2009 a las 8:09 am

Una abstención ganada a pulso, de Araceli Mangas Martín en El Mundo

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TRIBUNA: ELECCIONES EUROPEAS

La autora se muestra muy crítica con el Parlamento Europeo, que no está ejerciendo todo el poder del que es titular. Considera que las instituciones comunitarias están demasiado alejadas de los intereses reales de los ciudadanos

Es claro que los ciudadanos del Viejo Continente no confían en el Parlamento Europeo. En cada proceso electoral, desde 1979 y cada cinco años, desciende el margen de participación ciudadana en toda Europa entre un 2% y un 7%. Y en las últimas elecciones de 2004, hasta el 54,3% de los ciudadanos decidieron que no tenían motivos para ir a votar. Estos días, los sondeos electorales pronostican que la abstención será muy superior al 60% en la convocatoria del próximo 7 de junio. La ciudadanía no se pregunta por quién va a votar, sino para qué votar.

Si las previsiones se cumplen, el próximo Parlamento Europeo será muy poco representativo. Y esto se debe también a cuestiones técnicas como el reparto incoherente de escaños actual. Al no haber entrado en vigor el Tratado de Lisboa por el rechazo irlandés, nos seguimos rigiendo por el Tratado de Niza, que hace del pueblo español -gracias a la gestión del ex presidente Aznar- el peor representado en la Eurocámara, seguido de franceses y británicos.

El Tratado de Lisboa ha tratado de deshacer el entuerto y nos devolverá, cuando entre en vigor, cuatro escaños y dejará a Francia de farolillo rojo seguida de España y Reino Unido. Algo tan simple como la proporcionalidad regresiva se convierte siempre en una chapuza en manos del Consejo Europeo que, según una anómala decisión de diciembre de 2008, prevé cambiar la composición del Parlamento recién elegido pasadas las elecciones, aunque no entre en vigor Lisboa. Sin entrar más a fondo aquí en cuestiones tan técnicas, cabe resumirlo diciendo que iremos a las urnas en medio de un cambalache.

Es bien sabido que tampoco hay debate electoral sobre el proyecto europeo, ni se habla en los actos electorales sobre Europa como valor instrumental para la resolución de tantos y tantos problemas.Menos aún ahora con el cansancio que la trifulca constitucionalista ha producido. Ya hace tiempo que me referí al inmenso e irreparable daño, en la misma línea de flotación del proyecto europeísta, que le produjeron los fundamentalistas europeos y los aficionados constitucionalistas recién llegados al debate comunitario.

Por ejemplo, ¿qué debate ha habido sobre la llamada Directiva de retorno de los emigrantes? ¿O sobre la propuesta de Directiva de la jornada laboral máxima de 65 horas semanales -bloqueada temporalmente por la Eurocámara probablemente hasta que pasen las elecciones europeas? ¿O sobre la amenaza que se cierne para la enseñanza universitaria con el conocido Plan Bolonia urdido por talibanes de la pedagogía, plan que nunca se debatió ni se aprobó por la UE en cuanto tal? Sólo el papanatismo y la ignorancia han hecho que se propague la simpleza de que «viene de Europa» y que se mienta, por ignorancia o malicia, diciendo que permitirá la libre circulación, cuando este derecho ya existe para España desde 1986 y es independiente de los planes de enseñanza universitaria.

¿O qué responsabilidades se han exigido por el Parlamento Europeo -aparte de hacer un excelente informe- a aquellos estados miembros que han violado de forma grave los derechos humanos colaborando en la tela de araña global que permitió secuestrar en sus territorios a decenas de personas e internar a otros cientos para practicar la tortura en la UE? Y qué decir del Parlamento Europeo que ahora termina su mandato por haber aprobado en febrero de este año una resolución llamando a la rebelión contra el Derecho Internacional al instar a reconocer a Kosovo como Estado, faltando al respeto a la ONU que decidió hace meses someter esa proclamación unilateral de independencia al juicio, esperemos que fundado en el Derecho Internacional, de la Corte Internacional de Justicia. ¿Y qué decir de muchos diputados españoles del PP y del PSOE que votaron a favor de esa Resolución o, simplemente, no estaban en la Eurocámara ese día?

No se puede exculpar al Parlamento Europeo diciendo que no tiene capacidad de decisión. Es rotundamente falso. Porque tiene prácticamente los mismos poderes que el Consejo. Desde 1992, con el Tratado de Maastricht, cambió su estatuto consultivo por un peso legislativo (la codecisión), que se incrementó con las sucesivas reformas del Tratado de Amsterdam (1998), de Niza (2002) y que llega a la paridad con el Consejo en Tratado de Lisboa.

El Parlamento Europeo puede decidir que se apruebe, se modifique o se rechace una propuesta de norma europea. Algo grave sucede cuando, teniendo esa capacidad política, no quiere ejercer sus responsabilidades decisorias. En los años 80 no tenían poder legislativo, pero les bastaba su coautoridad presupuestaría para poner en jaque al Consejo. Ahora tienen todo el poder y, sin embargo, el mate se lo dan los gobiernos. El Parlamento Europeo no consigue transmitir a los medios de comunicación ni a la ciudadanía el poder político y decisorio del que es titular. No lo transmite porque no lo ejerce.

No extraña, pues, la alta abstención. Una causa es el cansancio e irritación que tanta reforma institucional y tanto mirarse el ombligo produce en la opinión pública. Para colmo, la megalomanía constitucional irritó a la ciudadanía. Y la otra causa es la falta de sensibilidad de los políticos europeos y de las estructuras institucionales por los problemas de la gente; la UE aparece como algo lejano e insensible a nuestras preocupaciones.

Los políticos se apropian los éxitos de la Unión como logros de la política nacional y, en cambio, problemas propios se los imputan a Europa -«la culpa es de Bruselas», se suele decir-.Los políticos viven en una órbita lejana y sólo les preocupan sus cotas de poder, sus astronómicos sueldos y gabelas fundados en la dignidad de sus funciones como si las nuestras, nuestros trabajos, fueran indignos. La ciudadanía percibe en toda Europa que no se cuenta con ella; a nuestros políticos, en su gran mayoría corruptos de una forma u otra, los de aquí y los de Europa, sólo les preocupa de vez en cuando contar a la gente, pero no contar con la gente.

Otra causa del desinterés y la abstención son las alocadas ampliaciones en la UE que se han producido, con notables rebajas en los criterios de admisión de los países miembros. El Parlamento Europeo puede vetar cualquier ampliación y no debió permitir que la UE se fuera de saldos en materia de derechos humanos o en la voluntad de compartir los objetivos del proceso de integración. La ampliación ha dividido a los europeos y ha sido una fuente añadida de conflictos internos.

También la ausencia de liderazgo marcará la abstención. La medianía de los dirigentes políticos europeos no sólo afecta a España.Y la maquinaria institucional no puede sustituir a la falta de liderazgo y voluntad política. Y, desde luego, la causa definitiva, evidente a todas luces en el caso español, son las listas que los partidos políticos presentan a las elecciones europeas. Europa les parece algo banal e irrelevante y sólo les vienen bien estas elecciones para colocar con sueldos espectaculares a sus enemigos internos.

Que no se sabe qué hacer con una ex ministra más propia de la valleinclanesca Corte de los milagros (y hay más en el Gobierno), pues «a Europa». Que no saben que hacer con una persona decente y valiosa para la política nacional pero crítica, pues «a Europa».Los políticos fracasados, en el Gobierno o en la oposición, estatal o autonómica, se van a hacer la travesía del desierto a la Eurocámara.Y otros, antes que quedarse ganando dignamente cuatro duros en su trabajo habitual, se refugian en la caja registradora europea y se van a sanear su patrimonio.

Repasando las listas de los dos grandes partidos españoles, se salvan muy pocos, poquísimos candidatos. La inmensa mayoría no son personas competentes para esa función ni son personas comprometidas con el proyecto europeo. Van a pasar, como sea, cinco años, a hacer caja y a mostrarse agradecidos. Responden, sin más, a la ínfima calidad de la democracia en España. La que permiten las maquinarias de los partidos políticos, que quieren convertir al Parlamento Europeo y al propio proceso de integración en algo irrelevante.

Pero, a su pesar, hay razones para votar, aunque sea en blanco.Con la benevolencia de esta tribuna las defenderé. Otro día.

Araceli Mangas Martín, es catedrática de Derecho Internacional Público y de Relaciones Internacionales en la Universidad de Salamanca.

© Mundinteractivos, S.A.

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30 abril, 2009 a las 8:08 am

Huyen los ángeles, de Raúl del Pozo en El Mundo

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EL RUIDO DE LA CALLE

Dice el maestro Javier Villán desde la Maestranza que Morante de la Puebla estuvo genial incluso en sus defectos. Escribe que la música de su capote inundó casi todos los corazones maestrantes.«La belleza convulsa y palpitante bordeó el infierno del arte». Javier, que es un poeta rojo, junto a la metáfora maldita del infierno no reprime ni modera el ingrediente de la gracia en el arte; es decir, el duende, la chispa, el donaire del que habla Alberti refiriéndose a Miguel de Molina: gracia alada y desnuda, imperceptible, fugaz, «y tan dable a pocos». También la gracia está desacreditada, como un vestigio de la España zaragatera de bandidos y anarquistas; tal vez por eso prospere lo contrario, que es la antipatía, el desgarbo con que ayer se expresaba Tardá, independentista atocinado, obsoleto, palurdo y azote del Rey, al referirse al jacobinismo rancio.

Pero siempre nos quedan los andaluces, que son capaces de hacer Hamlet de un borriquillo, entre tamarindos y aguacates. Siempre nos quedará Andalucía, reserva de la biosfera del ingenio, la sabiduría del mejor rincón del planeta, que dijo Ortega, aunque en la misma jornada cometiera la impertinencia de añadir que los andaluces llevan 4.000 años de holgazanería y no les va mal.¿Cómo se van a tomar las acusaciones e indolencia cuando la cifra de paro alcanza la cuarta parte de su población activa? Insisto, siempre nos quedará la Bética, escuela y granero de la oratoria, de aquellos estoicos que descubrieron que al lobo no se le puede dominar por las orejas, pero al pueblo sí.

El arte de gobernar, según Plutarco, que era estoico griego y romano, es el de convencerlo por medio de la palabra y de la gracia. O sea, que la sal del ingenio no surge en la época del pandero y el trabuco ni en las respuestas de las cigarreras ni en los pases de Morante, sino en las asambleas antiguas. «Graciosa -escribe Plutarco- es la respuesta de Jeneneto a sus conciudadanos que le reprochaban el haber huido cuando era general. «Sí -contestó-, con vosotros, queridos amigos»). El poder de la palabra, donde los hombres se hacen ilustres, siempre estuvo asociado al ingenio.Hasta Marx habla de esa cualidad política cuando nos cuenta que los griegos eran los maestros de toda la gracia y Grecia, la infancia graciosa y hechizante de la humanidad.

Si siguen, como hago yo, las sesiones parlamentarias a través de elmundo.es descubrirán cómo los ángeles han huido de la canastilla de la reina castiza. El Congreso empieza a tener el perfil agrio; le falta fineza, como cuando empezaba a hundirse la República. No se ve ni la alforja ni el tonel del mendigo. Digo esto porque cuando Alejandro fue a Corinto, al ver a Diógenes en el pithos, sintiendo simpatía por su gracia, pronunció la famosa frase: «Si no fuera Alejandro, sería Diógenes».

© Mundinteractivos, S.A.

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30 abril, 2009 a las 8:07 am

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¿Es real la amenaza de la hiperinflación?, de S. McCoy en El Confidencial

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Uno de los debates más interesantes que se dan entre los economistas de uno u otro signo se centra en la evolución futura de los precios. No existe término medio: los hay o hiperinflacionistas, que anticipan una situación similar a la vivida por la Alemania anterior a la Segunda Guerra Mundial, o deflacionarios estructurales, que basan su pronóstico en lo que ha ocurrido en Japón en los últimos veinte años. Un debate extremo cuyas antagónicas posturas admiten argumentos válidos en uno u otro sentido. El problema es que se basan en experiencias históricas que no sé si son trasladables a la coyuntura actual, que creo que no. En cualquier caso, cuestión apasionante la que hoy pongo encima de la mesa y sobre la que, tras la oportuna exposición de motivos lo más simplificada posible, me pronunciaré sólo al final. Sean pacientes.

Los que defienden que veremos una situación de precios disparados en un periodo razonablemente corto de tiempo lo hacen sobre la base del brutal incremento de la oferta monetaria que se ha producido en los últimos meses, por una parte, y de los ambiciosos programas de inversión pública acometidos alrededor del globo que requieren de financiación. Los efectos de ambos fenómenos simultáneos serían: un aumento de las disponibilidades líquidas que incentivaría la demanda de bienes y servicios (inflación real), una pérdida de la confianza en la capacidad de repago de los países lo que incidiría sobre el valor real del dinero fiduciario (deflación monetaria) y una enorme tentación por parte de los gobiernos de impulsar procesos inflacionistas que permitan reducir el valor real de sus deudas a medio plazo como alternativa a las subidas de impuestos para financiar el déficit, en aquellas naciones en las que éste exista.

Por el contrario, los que se asoman al balcón de los precios estables, o incluso negativos, lo hacen bajo el paraguas de una doble premisa: por una parte, la inyección de dinero en la economía no tiene un efecto per se en la misma sino que depende, por una parte, de que la correa de transmisión funcione, estamos hablando del sistema bancario, y, por otra, de que exista una oferta ajustada a la demanda que permita el repunte de los precios cuando ésta se incentive como consecuencia de la actuación administrativa. Con la capacidad de utilización productiva en Estados Unidos a niveles próximos al 70%, la débil situación de las entidades financieras y el exceso de apalancamiento existente en la mercado, para esta corriente de pensamiento la posibilidad de inflación, aún a niveles razonables, es poco factible. Más bien al contrario, el proceso de contracción de demanda ahondaría aún más en los fenómenos de ajuste de la oferta lo que atraparía a la economía en una espiral de precios negativos de difícil ruptura. Llega la deflación dispuesta a quedarse.

Sin embargo, ni la Alemania de Weimar ni el colapso Japón de los 90 resultan referencias de aplicación en la actualidad. No nos encontramos con una situación de postguerra en la que Estados Unidos se vea obligado a hacer frente a sus pagos de forma perentoria, toda vez que su potencial debilidad financiera tendría un efecto arrastre sobre gran parte de sus socios comerciales, incluida China. Tampoco carece Obamaland de los ingresos fiscales necesarios como para, en caso de reactivación económica, no poder hacer frente a sus deudas actuales. Disfruta además la economía norteamericana de un activo del que carecían entonces los alemanes: la condición del dólar como moneda refugio a nivel mundial lo que ayuda a mantener bajos sus costes de financiación. Una posición que se refuerza en la medida en que todas las demás divisas se devalúan contra él.

Tampoco resulta válido el ejemplo nipón. En aquél país el déficit de las distintas administraciones se suple con el superávit del sector privado lo que permite que la posición neta de los japoneses en el mercado global sea acreedora. En Estados Unidos, por el contrario, el endeudamiento afecta a ambos elementos sustanciales de la economía -público y privado- lo que determina la necesidad de un proceso de ajuste que sólo se puede lograr, dada la expansión del gasto público comprometido, bien a través de rentabilidades más atractivas, bien a través de devaluaciones monetarias que mejoren la posición competitiva, factores ambos que darían la razón a los inflacionistas, bien a través de un ajuste de la demanda interna que es, precisamente, lo que se pretende evitar. Si el punto de partida es distinto, el efecto también lo será.

¿Entonces? Lo más probable es que no se materialice ninguno de los fenómenos extremos aquí recogidos y que nos encontremos con una inflación -concepto discutido aún a día de hoy entre los que censuran su lejanía frente la cesta de la compra real de los ciudadanos y los que observan como lhándicap insuperable la ausencia en su cómputo de elementos tan evidentes de creación/destrucción de riqueza como el coste de los inmuebles- contenida en los próximos años, en tanto dure el proceso de desapalancamiento y el masivo output gap o exceso de producción de la economía que son los que limitarán la posibilidad de incrementos desmesurados de los precios en el futuro inmediato. Sin embargo, y salvo procesos de innovación tecnológica que reduzcan sustancialmente la dependencia, cabe aventurar que los recursos físicos finitos terminarán sufriendo, más antes que después, de limitaciones de oferta que incidirán sobre sus precios de mercado, impulsándolos al alza. De ser así nos encontraremos con un crecimiento económico por debajo de potencial pero sin la bomba deflacionaria pesando sobre nuestras cabezas. Pero, como siempre, se trata sólo de una opinión más que persigue, primera y principalmente, generar debate. En sus manos queda.

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30 abril, 2009 a las 6:06 am

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¿Ilegalizar a los inmigrantes parados?, de Antonio Izquierdo en Público

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La indecisión sobre si se ha de ilegalizar y expulsar a los inmigrantes legales que han perdido el empleo demuestra que en España domina una ideología negativa respecto a la inmigración. Significa que el que trabaja en aquello que no queremos hacer puede venir, pero que cuando pierde el empleo se convierte en una mercancía peligrosa, en una mano de obra desechable y con derechos reversibles.

Esa exhibición de cinismo social denota, además, una falsa conciencia de la realidad. Pues sabemos que la mayoría de los inmigrantes desempleados ni se van ni son expulsados. No hay medios para echarlos ni es rentable su salida. La mayoría van del paro al trabajo sumergido. Esa ideología es negativa, porque socava los cimientos de la democracia y defiende la preferencia nacional. Pensar que la Administración se dedique a fabricar irregulares denegándoles la renovación del permiso cuando pierden el empleo va contra la lógica democrática de la igualdad legal y de la integración social.

La ideología negativa y defensiva se evidencia en que la legalidad se supedita a la conservación del trabajo y a que no vengan otros. No hay legalidad sin empleo, ni regularización sin cerrojo exterior. La razón de fondo del debate rebasa, sin embargo, el impacto de la presente crisis económica y reside en una conciencia trágica de la emigración que es hegemónica en la mentalidad española. No se quiere repensar nuestra experiencia histórica, así que la idea dominante es que toda migración expresa pobreza y fracaso nacional.

¿Cuál es hoy el clima mental? La mitad de los encuestados cree que sólo se debe legalizar a los que tienen trabajo, un tercio piensa que el hecho de vivir aquí es razón suficiente y el resto quiere devolverlos al país de origen. Así que tenemos una franja significativa de españoles solidarios, una minoría de racistas y una mayoría que opta unas veces por la igualdad y otras por la discriminación. La política democrática tiene la misión de reducir el “racismo enlatado” y evitar que salga de las encuestas a la calle.

Los sondeos del CIS revelan que la “imaginación pública” (supera a las opiniones formadas. Los entrevistados multiplican por cinco la proporción registrada de inmigrantes extracomunitarios. Y creen que los foráneos reciben muchas más ayudas del Estado que los ancianos o los parados. El Gobierno debe ofrecer datos y valores para conformar una ideología positiva de la inmigración que evite la exageración y la mala comprensión de la realidad.

Tenemos la obligación moral de forjar un espíritu público que esté informado, científica e idealmente. Porque no se debilita la economía sumergida ilegalizando al trabajador ni se fortalece la democracia excluyendo al desempleado. ¿Estamos dispuestos a ilegalizar y expulsar al cónyuge que pierde su empleo separándolo del que lo conserva? La articulación de un “orden migratorio” justo requiere defender la estabilidad legal de los inmigrantes desempleados, porque la “irregularidad a la carta” genera inestabilidad democrática y contribuye al desorden de los mercados de trabajo.

Antonio Izquierdo es  Catedrático de Sociología.

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30 abril, 2009 a las 6:05 am

El PIB roza el -3%, y bajando, de Fernando González Urbaneja en Estrella Digital

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La secuencia preceptiva de datos económicos es como el martillo pilón templando el hierro, el mismo golpe varias veces y en mismo clavo. Entre los datos agregados destaca el del PIB, tótem de la macroeconomía, que integra y suma muchos otros datos previos. Cuando casi todas esas estadísticas de detalle (empleo, ventas, consumos…) son predominantemente negativas la resultante final ratifica la tendencia e incluso la acentúa. Más aun, como los datos llegan en su momento y los analistas tratan de anticipar, utilizan procedimientos de estimación basándose en los primeros indicios.

Es el caso ahora. La primera estimación de la evolución del PIB trimestral la hace el Servicio de Estudios del Banco de España (el más reputado y mejor dotado de recursos técnicos y humanos) unas semanas antes de que el INE, responsable de la estadística oficial, publique el primer dato provisional (14 de mayo) y el informe detallado una semana más tarde.

El anticipo del Banco de España para el primer trimestre ratifica una caída al -1,7% en términos intertrimestrales y del -2,9% en términos interanuales. Son datos que ya han sido apreciados por los analistas profesionales y que se sitúan en la banda más pesimista del consenso del mercado. Pero no es el dato en sí sino que la tendencia sigue siendo a la baja, y que el segundo trimestre del año puede reforzar la tendencia negativa y afectar las expectativas. El informe del Banco de España apunta que la recuperación, que será modesta, no llegará antes del 2010, lo cual aleja en el tiempo el cambio de tendencia.

Queda el consuelo de que a los japoneses les va mucho peor, una catástrofe. Y que a los europeos vecinos, competidores y aliados, no les va mejor. Pero la recesión en España cursa con efectos demoledores en el empleo que convierten la sociedad española en una preocupante anomalía en la zona del euro con unos porcentajes de paro que doblan la media de la zona euro (peor aun en el espacio de la OCDE, el de los países desarrollados) para convertirse en una severa restricción al crecimiento potencial.

Los datos económicos son contundentes: la economía española está peor que nunca desde que disponemos de información y la condición de país desarrollado. Los argumentos oficiales, los del Gobierno son más propios de un combatiente grogui, descentrado y roto, que los del líder sereno, en el puente de mando, gestionando la nave en medio de la tormenta.

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30 abril, 2009 a las 6:04 am

Javier Ortiz, maestro de periodismo y de principios, de Pascual Serrano en Rebelión

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Ayer me desperté con el mazazo de la muerte de Javier Ortiz. Recuerdo que el día que lo conocí ironizaba sobre nuestra preocupación por mejorar esta sociedad si, en el fondo, todos reconoceríamos que una vez fallecidos nos importaría una mierda lo que aquí sucediese. Era una de nuestras tantas contradicciones, combatir por un mundo mejor sabiendo que no lo íbamos a conocer. Por un lado, su lógica racionalidad le impedía reconocer esta lucha, pero al mismo tiempo, su humanidad le obligaba a llevarla cada día. En aquella reunión, hace casi diez años, planteaba la necesidad de unir esfuerzos entre rebelión.org y otros proyectos editoriales. De ahí surgió la colaboración mutua para editar el libro ¡Palestina existe!, donde Javier entrevistaba a José Saramago y se incluían otros textos procedentes o gestionados por rebelión.org, firmados por Noam Chomsky, Edward Said, Alberto Piris y Antoni Segura.

Poco después, tras los atentados del 11-S, publicamos ya formalmente como rebelión.org y la colección Foca que él dirigía, Washington contra el mundo. Se trataba de una recopilación de textos que denunciaban las tropelías de Bush y que me está haciendo pensar que sobre él ha caído alguna maldición. El día de su presentación, Javier Ortiz nos anunciaba la muerte en Iraq del hijo de uno de los autores, Julio Anguita. Y a los pocos meses morían otros dos autores, Manuel Vázquez Montalbán y Edward Said. Ahora Javier se une a ellos. Es evidente que si existe Dios, no nos está ayudando a los rojos.

Siempre admiré su disciplina de trabajo publicando una columna diaria desde hacía varios años, independiente de si el mercado periodístico le guardaba un lugar o no para ella. Creo que si toda la izquierda hubiera tenido su alegría, coherencia y laboriosidad el mundo sería diferente.

Su integridad intelectual no dejaba de impresionarnos a todos los que le conocíamos. No dudaba en golpear con su crítica honesta y sincera a ETA al tiempo que maldecía todas las tropelías que jueces, políticos y medios cometían contra la izquierda abertzale. Como editor de la colección Foca tuvo muy claro que había que publicar un libro de Nicolas Sarkozy, con quien no compartía ninguna idea, porque estaba convencido de que era necesario conocer su pensamiento cuando era candidato presidencial. Y sobre Cuba tenía muchas críticas sin que eso le impidiera reconocer el ejemplo que esa revolución suponía para todos los pueblos del mundo. Su honestidad le llevaba a criticar a los periódicos para los que trabajaba sin dejarse dominar por ese servilismo tan habitual de los periodistas. Y, al contrario, la información interna que manejaba la podía utilizar para defenderlos frente a calumnias sin fundamento.

No dejé nunca de aprender de Javier Ortiz, cuando le consulté el vértigo que me daba publicar cada mes una columna llamada Perlas informativas en Mundo Obrero, me respondió que no tenía derecho a temer hacerlo porque un periodista debe estar dispuesto a escribir cualquier tipo de género. Terminaría prologándome la primera edición del libro que recopilaba aquellas columnas. La última vez que estuve con él fue en la presentación en Madrid del libro de Hernando Calvo Ospina, Colombia, laboratorio de embrujos: Democracia y terrorismo de Estado. Como buen vasco, se las apañó para que aquella presentación terminara con una larga y amena cena que ninguno de los asistentes olvidaremos.

Creo que después de leer su bello texto Sueño con Jamaica, no iré nunca –al menos en vida- a ese lugar, no sea que resulte diferente a cómo él imaginaba.

Podría seguir contando mucho más, pero Javier también me enseñó a escribir columnas breves, y no quiero que piense que lo he olvidado.

www.pascualserrano.net

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30 abril, 2009 a las 6:03 am

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Cuna de la influenza patógena, de Alejandro Nadal en La Jornada

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El capital siempre ha codiciado someter la producción agrícola y pecuaria a su lógica de valorización. En la industria pecuaria, los grandes rastros y mataderos de ganado son un ejemplo de una línea de ensamble, pero al revés. En lugar de ir armando un producto final, a la res sacrificada se le va desensamblando por etapas. Pero la mejor imitación de procesos industriales en la producción pecuaria se da en los lotes de producción de ganado pecuario en condiciones estabulares y en las llamadas granjas porcícolas y avícolas. El hacinamiento y el afán de rentabilidad rápida han conducido a uno de los criaderos de agentes patógenos más peligrosos del mundo.

Ahora que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro de Prevención y Control de Enfermedades estadunidense declaran que al virus A(H1N1) no se le puede contener, y que lo único que queda es mitigar los daños, habría que preguntarles por qué toleraron durante décadas la creación de este tipo de establecimientos. Su fallida estrategia anti-epidemia ha quedado al descubierto. Y tiene la palabra complicidad escrita por todas partes.

Surgen dos preguntas clave. Primero, ¿qué hace tan virulento al A(H1N1)? Segundo, ¿por qué es especialmente mortífero entre adultos jóvenes? Las respuestas apuntan a las industrias porcícola y avícola.

La historia comienza con la confirmación por parte del gobierno mexicano de que un niño estuvo infectado con el virus A(H1N1) que ya provocó 150 muertes en México. El niño se infectó en marzo durante un brote de enfermedades respiratorias que afectó a 400 personas en el poblado La Gloria, cercano a Perote, Veracruz.

Dos criaturas perecieron durante el episodio e inicialmente el gobierno estatal indicó que se trató de infecciones bacterianas. Para el 6 de abril ya se había dado la alerta de una extraña enfermedad respiratoria y se registraron niveles muy altos de infección en La Gloria. Se estableció un cordón sanitario, pero no se dio la alerta sobre un posible brote de influenza. La responsabilidad penal de las más altas autoridades sanitarias está comprometida en este asunto. ¿Será que no se quería poner en riesgo la visita de Obama a México el 16 de abril? Revisen las fechas. Es sólo una hipótesis.

Más allá del engaño y la lenta reacción de las autoridades (siempre incompetentes y corruptas), surge la pregunta de por qué en esa zona. Veamos algunos indicios que apuntan en dirección de las instalaciones de la empresa Granjas Carroll, subsidiaria de Smithfield, la principal productora porcícola del mundo.

El virus A(H1N1) parece ser más virulento en adultos sanos de entre 20-40 años. Una vieja hipótesis entre los epidemiólogos es que, en estos casos, un sistema inmunológico sano y fuerte se convierte en desventaja. Una explicación es que cuando hay infección por influenza patógena, los vasos sanguíneos en los pulmones se hacen porosos y una proteína vinculada a la coagulación de la sangre se introduce en los alvéolos pulmonares. La respuesta desesperada del sistema inmunológico conduce a un edema pulmonar y acelera el desenlace fatal. Así, los pacientes con el sistema inmunológico más fuerte son los primeros en sucumbir.

Un virus patógeno utiliza al organismo anfitrión para transmitirse a otro organismo. Si lo mata antes de tiempo, queda aislado y no puede reproducirse. En la evolución de una cepa viral, se mantiene un equilibrio entre nivel de virulencia y la tasa de transmisión (de un anfitrión a otro). Cuando la transmisión es más rápida, la cepa aumenta su virulencia, matando al anfitrión más rápidamente.

Los mecanismos que promueven las mutaciones virales que conducen a mayor virulencia y rapidez de transmisión están presentes en la producción pecuaria, porcina y avícola en concentraciones industriales. El hacinamiento, la alimentación industrializada e inyecciones masivas de antibióticos y suplementos hormonales (para el rápido crecimiento), son excelentes promotores de una evolución que conduce a cepas patógenas virulentas. El hacinamiento y los débiles sistemas inmunológicos de cerdos y aves producidos en estas condiciones son propicios para generar tasas de transmisión muy rápidas. La acumulación de desechos es desde luego un foco de contaminación con graves riesgos para la salud humana y la integridad de los ecosistemas. La crueldad con los animales en estos centros productivos no es un problema menor. La cereza del pastel es la débil variabilidad genética en la población concentrada en estas granjas.

Bajo estas condiciones, el reemplazo periódico de la población de cerdos y aves provee nuevos lotes de anfitriones y favorece la evolución de cepas patógenas. Y si el reemplazo se acelera para aumentar rentabilidad (por ejemplo, pollos antes procesados en dos meses hoy lo son en 40 días), el ciclo viral se acelera porque aumenta la presión para que el virus alcance más rápido la fase de transmisión a otro organismo. La intensidad de virulencia aumenta proporcionalmente.

Al buscar cerrar lo que Marx llama los poros del proceso de valorización del capital, la gran industria porcícola y aviaria ha puesto en pie un sistema generador de cepas patógenas de fiebre porcina y avícola. Esto es lo que explica la aparición de una red filogenética de influenzas que afectan al ser humano precisamente cuando se globaliza el modelo industrial de producción avícola. Esta epidemia es prueba del fracaso de un modelo de producción y consumo que debemos reemplazar antes de que sea tarde.

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30 abril, 2009 a las 6:02 am

Archivado en Ciencia,Sanidad

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Un paladín de la democracia, de Atilio A. Boron en Página 12

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Buena suerte la de Manuel Rosales, pero se le está terminando. La “prensa libre” del continente lo elevó a las alturas de un honesto y sacrificado líder democrático, opositor a Hugo Chávez y obligado por eso mismo a buscar refugio en el Perú. Lima acaba de informar que le otorgó el asilo político, probando que Alan García sigue siendo muy amigo de sus amigos (entre ellos, de otro fugitivo, Carlos Andrés Pérez) aunque esta desdichada decisión lesione seriamente el prestigio internacional del Perú y debilite su poder de negociación en el litigio que mantiene con Chile, en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, por la revisión de los límites marítimos.

La noticia se dio a conocer un par de días después de que desde el sitio web de la Interpol se anunciara que el distinguido prohombre de la oposición antichavista está siendo activamente buscado por cargos de corrupción y enriquecimiento ilícito durante su desempeño como gobernador del estado de Zulia entre 2004 y 2008, es decir, por la comisión de delitos comunes y no precisamente por ser un campeón de la democracia. En esa misma comunicación la Interpol aclara que “la Notificación Roja fue emitida porque la solicitud del gobierno bolivariano reúne los requisitos establecidos por los reglamentos de la organización que prohíben expresamente cualquier acción de carácter político, racial, religioso o militar.” Por lo tanto, la persecución política, invocada por los grandes medios para fustigar al gobierno de Chávez y adoptada por el gobierno peruano para otorgar el asilo político carece totalmente de fundamento para la Interpol. Se trata, lisa y llanamente, de un caso más de enriquecimiento ilícito y corrupción gubernamental, como lo comprueban irrefutablemente los antecedentes suministrados por Caracas a esa organización. De no haber sido así la Interpol jamás habría emitido esa orden de captura.

Rosales había pasado a la clandestinidad desde marzo, tras denunciar que Chávez manipulaba la causa abierta en su contra. Una corte venezolana había solicitado su arresto preventivo por estimar que Rosales no se presentaría ante la Justicia. La historia de este personaje es un claro ejemplo de los alcances a los que puede llegar la campaña de sistemática desinformación, mentiras y manipulación de la opinión pública desatada por los grandes medios en contra de Chávez, carente por completo de escrúpulos y motorizada por los más oscuros intereses económicos. Rosales, un hombre surgido del corazón mismo de Acción Democrática, sobrevivió a la bancarrota moral y política de ese partido fundando otro, Nuevo Tiempo, en el que agrupó a sus antiguos compinches. Como “adeco” ocupó todos los cargos dentro del partido y, fuera de él, llegó a ser alcalde de Maracaibo y gobernador del crucial Estado de Zulia. La paciente investigación policial confirmó que este hombre nacido en un hogar de módicos recursos y que toda su vida vivió de la política y de los cargos públicos (fue concejal durante cuatro años, diputado otros once, más cuatro como alcalde y ocho como gobernador) construyó desde la función pública una fortuna tan extraordinaria como ilegítima e inexplicable: las catorce fincas de las que es probadamente dueño en Zulia y que no habría podido adquirir aun si hubiera ahorrado cada centavo de su sueldo durante toda su carrera política son apenas la punta del iceberg, debajo de la cual hay un sinnúmero de empresas y turbias operaciones financieras puestas en manos de familiares que actúan como cómplices o testaferros.

En última instancia, el dinero mal habido de este paladín de la democracia surgió de negociados de diverso tipo hechos en perjuicio del estado de Zulia y el pueblo venezolano, facilitados por su absoluto control de los tres poderes del Estado provincial, sus socios y encubridores durante los gobiernos de Acción Democrática y la protección y complicidad de los grandes medios desde el advenimiento de la Revolución Bolivariana. Hoy su suerte parece echada, pese al transitorio respiro que le ofrece la gratitud de Alan García: el silencio y la indiferencia de la derecha venezolana, ninguno de cuyos líderes se solidarizó con el prófugo, son de una elocuencia estruendosa. Conocen muy bien a Rosales y saben que la suya es una causa perdida. La batalla legal que librarán sus abogados podrá ser más o menos larga, pero está condenada al fracaso. Con el derrumbe moral y político de Rosales, la oposición antichavista pierde una pieza clave y la legitimidad del gobierno bolivariano se fortalece ante los ojos de propios y ajenos. ¿Qué otra patraña inventarán los medios que contribuyeron a endiosarlo?

Atilio A. Boron. Politólogo.

© 2000-2009 www.pagina12.com.ar

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Introducido por Reggio

30 abril, 2009 a las 6:01 am