Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo de agosto, 2009

IVA, de Jordi Pujol en La Vanguardia

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Son tres iniciales bien conocidas que habitualmente significan impuesto sobre el valor añadido.

Hace cuatro años el Centre d´Estudis Jordi Pujol (info@jordipujol.cat) se propuso profundizar en el estudio del IVA. De ahí que a la pregunta que a menudo me hacen sobre a qué me dedico ahora que no soy presidente contesto que a estudiar el IVA. Lo cual provoca una cierta sorpresa. Poca gente se imagina que Pujol se haya reciclado como fiscalista y que se dedique al estudio del impuesto sobre el valor añadido. La sorpresa dura poco porque enseguida explico que el IVA a que me dedico, y a que se dedica el Centre d´Estudis Jordi Pujol, se refiere a Ideas, Valores y Actitudes. La confusión es breve, pero ayuda a despertar un interés inicial.

Para salir adelante, un país necesita muchas cosas. Necesita buena política. Es un error no dar a la política una gran importancia. Necesita una sociedad bien articulada y equilibrada. Necesita una economía sólida y competitiva. Y muchas cosas más, pero necesita también, en todos los ámbitos, ideas claras, valores sólidos y actitudes positivas. Es más, difícilmente un país tendrá buena política, buena acción social y buena economía si no dispone de este substrato intelectual y ético.

Ideas claras sobre lo que somos, lo que queremos ser, lo que podemos ser, lo que no podemos ser. O, si queremos traspasar nuestros límites habituales con mayor razón, tenemos que tener una idea precisa y bien elaborada de cómo podemos hacerlo.

Ideas claras sobre nosotros mismos. Sobre nuestros activos y nuestros pasivos, sobre nuestra realidad y sobre el mundo en que vivimos.

Valores sólidos. Convicciones firmes. Nunca se ha edificado nada ambicioso y duradero sobre la arena del relativismo.

Actitudes positivas de confianza y autoestima, o en el peor de los casos de voluntad de superación. Actitudes autoexigentes y creativas.

Catalunya ha progresado siempre que ha tenido un proyecto potente, coherente y capaz de ilusionar. Pero para esto necesita un buen nivel de IVA.

En el tema de los valores, ahora está muy de moda hablar de valores líquidos. De valores no sólidos, sino frágiles. No duraderos, sino fugaces. No consistentes, sino blandos y porosos. Con fecha de caducidad a corto plazo. Valores kleenex, como algunos los llaman. Valores de quita y pon. Son ahora los valores más cotizados, incluso ensalzados en amplios sectores de nuestra sociedad. Y un sociólogo polaco de gran prestigio, Bauman, ha teorizado sobre los valores líquidos y ha puesto de manifiesto su predominio en la sociedad actual. Pero su análisis ha sido transmitido erróneamente al conjunto de la sociedad por muchos comentaristas, articulistas, divulgadores… Se ha presentado el certero análisis de Bauman como una valoración positiva de esta situación, e incluso se ha estimulado la adopción de valores líquidos, cuando en realidad Bauman describe una realidad, pero la valora negativamente. Muy negativamente. Porque con valores así no puede haber compromiso. Y sin compromiso firme y duradero no se edifica nada importante.

Y dice, irónicamente, que está rodeado de valores líquidos de rápida caducidad (y que por consiguiente conducen a la rápida caducidad de los compromisos), pero que afortunadamente lleva 53 años casado, y comprometido, con su esposa.

De cuanto antecede se desprende la importancia de valores sólidos en el compromiso. De que una persona o una sociedad asuman un compromiso respecto a un proyecto. Un proyecto de país en el caso de Catalunya.

Por supuesto que un compromiso comporta riesgo. Riesgo de incumplimiento, de incapacidad de mantenerlo. O riesgo de comprometerse con algo que con el tiempo te das cuenta de que no es positivo, odeque es erróneo. Riesgo incluso respecto a uno mismo, a su propia autenticidad o a su propia autoestima. Y riesgo de fracaso. Pero sólo hay una manera segura de no fracasar, que es la pasividad. O la renuncia.

Los valores vividos con autenticidad y espíritu de compromiso se convierten en hábito. No en el sentido peyorativo de acostumbramiento sino en normas de vida. De vida personal y de vida colectiva. No olvidemos que los valores convertidos en estilo y modo de vivir es lo que los clásicos -ya los griegos- llamaban virtudes. O sea, la disposición habitual del ánimo para realizar algo positivo. El hábito del esfuerzo, o de la justicia, o del respeto, o del trabajo bien hecho. O el hábito del afecto a la familia, o al propio país, es decir, el patriotismo, o al prójimo, de la solidaridad. Oel hábito de la empatía, es decir, de la capacidad de comprender. O el hábito de hacer que la propia persona y la propia dignidad sean respetadas.

Y el hábito del ejercicio de la responsabilidad. El hábito de actuar responsablemente. El sentido de responsabilidad es clave para que funcionemos eficazmente y positivamente en lo personal y en lo colectivo. Y a efectos del presente y del futuro.

Por supuesto que los valores comportan deberes. No me refiero a los deberes que impone la autoridad, sino a los que reclama el compromiso personal o colectivo, que son libres, y a los que reclama el proyecto. Que también puede ser personal, aunque ahora me refiero especialmente al proyecto colectivo. Y repito: el compromiso es libre. La adhesión a un proyecto también es libre. Los únicos deberes que hay que cumplir forzosamente son, como decía, los que impone la autoridad legítima. Pero muy a menudo – y por supuesto en el caso de Catalunya-con esto no basta para sacar adelante un proyecto ambicioso de sociedad y de país.

De ahí la necesidad de actitudes estimulantes, constructivas, esforzadas. Actitudes de autoestima. Con toda la dosis que se precise de autocrítica, pero impregnadas de vitalismo. Y abiertas a la esperanza.

Esto no es un sermón moral. Es un discurso político. Es decir, un discurso sobre cómo con libertad, justicia y eficacia, y con equilibrio entre la persona individual y el bien común, puede funcionar una sociedad. Es un discurso sobre el conjunto de ideas, valores y actitudes -es decir, del IVA – que dan coherencia, convicción y energía a la acción de un país.

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31 agosto, 2009 a las 9:12 am

Decadencia, de Germà Bel en La Vanguardia

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Entre los motivos que explican por qué el sur de Europa (que había prevalecido antes) quedó retrasado en la etapa de cambios de los siglos XVII a XIX, uno tiene especial relevancia: las estructuras creadas en la edad media para la defensa de intereses particulares consiguieron mantenerse más tiempo y con mayor poder en el sur. Los gremios de oficios son un ejemplo de estructuras corporativas que evolucionaron en máquinas de defender ventajas y privilegios (“intereses creados”), con instrumentos como la restricción de entrada al oficio, o la creación de mercados duales en los que los extraños obtenían las sobras. Esto asfixiaba la renovación por aporte externo y había pocos incentivos a la mejora y a la innovación. Pues bien, las sociedades que reformaron antes la situación desplegaron mejora e innovación, y tomaron delantera en desarrollo económico y social.

La lección que nos da la historia es que cuando los defensores de los intereses creados logran bloquear de forma absoluta las reformas que afectan a sus privilegios, la sociedad entra en fase de decadencia. Creo que en esta senda se halla Italia, país muy interesante, y cuyos habitantes son inteligentes y amables. Un lugar excepcional para pasar una temporada, pero un país en decadencia. No me refiero con esto al hecho de que un personaje como Berlusconi sea primer ministro; aunque desde luego comprender por qué se elige a alguien así nos vendría muy bien. El punto crucial es que el imperio de los intereses creados ha esclerotizado las estructuras sociales. Los grupos instalados se han atrincherado con éxito para defender sus privilegios, y esto reprime la competencia, y deteriora la mejora y la innovación. El sistema político no quiere o no puede suministrar reformas estructurales que el país necesita y, por el contrario, el reglamentismo y la burocratización campan por sus anchas. La meritocracia (valorar según méritos) tiene relevancia marginal en muchos procesos de promoción, y la endogamia grupal y la fidelidad como valor están a la orden del día.

¿Está España siguiendo los pasos de Italia? Temo que sí. Hicimos grandes reformas políticas y económicas entre finales de los setenta y finales de los noventa. Sí, pudimos. Pero en la última década -sobre todo a partir de 1998- los intereses creados han conseguido un nivel de poder sin precedentes cercanos, y las políticas reformistas están estranguladas (con excepción del ámbito de libertades sexuales). Esto sí, en medio de una resurgencia de la burocratización y un prohibicionismo y reglamentismo que se están haciendo asfixiantes en las cosas cotidianas. En un contexto en que no cesa de crecer la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, que es el principal motivo de pérdida de crédito de la política, y de creciente desafecto de los ciudadanos hacia la misma. Este es el camino de la decadencia… y además, por cierto, terreno abonado para el populismo.

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31 agosto, 2009 a las 9:11 am

Archivado en Economía,Política

Autor

El dulce señuelo de la inmortalidad, de Juan Goytisolo en El País

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Cuando leí la propuesta de una diputada argentina de trasladar solemnemente los restos mortales de Borges desde Ginebra, en donde falleció, al cementerio bonaerense de La Recoleta para su eterno reposo junto a los próceres y padres de la patria, incluida Evita Perón, me puse a temblar. ¡Otra vez la ceremonia grandiosa, los discursos grandilocuentes, la exposición del féretro en el Congreso de los Diputados, las notas vibrantes del sacrosanto himno nacional! Quizás esta dichosa exhibición de autobombo a la que son tan proclives -probablemente por contagió francés- los países de lengua hispana convenga a los héroes y caudillos o a los vates y artistas identificados con los valores y rasgos del país en el que nacieron.

Pero, en el caso del autor de El Aleph, es puro disparate. Borges, como los grandes creadores, disfruta del privilegio de la extraterritorialidad. No pretendió hacer carrera alguna en el gremio de las letras ni puede ser invocado por ninguna agrupación religiosa, ideológica ni nacional. Como Joyce, Proust o Kafka pertenece a sus lectores. Su obra concierne tanto a un lector argentino como a un árabe, chino, escandinavo o brasileño. La tajante oposición de María Kodama al proyectado festival de patriotismo y de uniformes de gala me llenó de alivio y reconocimiento.

Conservo fresco el recuerdo del acarreo del cuerpo de Jean Moulin, el héroe de la Resistencia antinazi, paseado con gran pompa por la Rue Soufflot hasta el Panteón mientras los altavoces y los medios informativos transmitían el elogio fúnebre de André Malraux con el tono a la vez emotivo y declamatorio adecuado a la circunstancia. Nadie había solicitado obviamente la autorización del muerto para aquel magnificente despliegue y pensé que su arriesgada acción clandestina no obedeció sin duda a ningún anhelo de gloria. El fasto desplegado avivaba más bien la autosatisfacción de los vivos y me pareció absurdo.

La distinción establecida por Milan Kundera entre el pequeño contexto (el de la repercusión de la obra de escritores y artistas en un ámbito local, provinciano, autonómico, nacional) y el gran contexto (el de su aportación nueva y fecunda a lo que yo llamo el árbol de la literatura) resulta indispensable para entender que si este ceremonial elegiaco y necrófago conviene a los representantes del primer apartado es a todas luces inútil y hasta grotesco para los incluidos en el segundo en razón de su extraterritorialidad creadora.

En los países de nuestra lengua resulta frecuente hallar bustos, estatuas y monumentos en honor de las glorias locales y provinciales como recordatorio piadoso de su paso fugaz por el mundo: dichos recordatorios, así como las fundaciones destinadas a perpetuar la difusión de su labor de cara a las generaciones futuras, me parecen tan vanos como patéticos. Nadie sabe si una obra será leída o no en los siglos venideros (si es que la presencia humana en nuestro planeta minúsculo subsiste aún y si el hábito de leer perdura). Borges, como Joyce, Proust o Kafka, no requieren patrocinio alguno: su difusión es la del polen transportado por el viento, que, como escribí a propósito de las Mil y una noches, disemina “las semillas de las palabras a tierras remotas mediante una forma más vasta y sutil de abejeo polinización”.

Esta percepción de la realidad humana no obsta así para que crea en la perdurabilidad relativa de las obras representativas del gran contexto. Los novelistas antes citados están ahí para demostrarlo. Mas ellos, y una pléyade de autores, ya fueren de Grecia, Roma, Europa, India, Irán o Bagdad, no encarnan valores identitarios ni esencias perennes. No forman parte de rebaño nacional alguno, y por ello mismo no deberían ser manipulados post mortem por credos, patrias ni ideologías. Transportar sus cadáveres a hombros de mílites o, peor aún, en cureñas envueltas con la bandera del país natal, a algún templo o panteón glorioso es una apropiación abusiva.

Quienes pertenecemos al club de los agnósticos podemos invocar con orgullo no sólo a Sócrates, Epicuro, Omar Jayam, Voltaire, Diderot y a los padres de la Revolución Francesa, sino también a peninsulares de siglos lejanos, como esos “desarrados” (escépticos) tan poco estudiados hasta la fecha reciente: desde algunos autores del Cancionero de Baena al genial creador de La Celestina. Todos ellos nos dicen de formas distintas que nada hay después de la muerte. Remover huesos ilustres es por lo tanto vanitas vanitatum, et omnia vanitas. La felizmente frustrada exhumación/inhumación de Borges -el traslado de sus restos con escolta de honor- subraya la conveniencia de una incineración generalizada para evitar en adelante tanta fanfarria e interesada promoción.

Suscribo del todo las últimas voluntades del pedagogo y dirigente republicano Francisco Ferrer Guardia dictadas al notario Permanyer antes de su bochornosa ejecución por fusilamiento en las fosas del castillo de Montjuïc, falsamente acusado de los sucesos de la llamada Semana Trágica barcelonesa:

“Deseo que en ninguna ocasión ni próxima ni lejana, ni por uno ni otro motivo, haya manifestaciones de carácter religioso o político ante los restos míos, porque considero que el tiempo que se emplea ocupándose de los muertos sería mejor destinarlo a mejorar la condición en que viven los vivos, teniendo gran necesidad de ello casi todos los hombres”.

Juan Goytisolo es escritor.

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31 agosto, 2009 a las 9:10 am

¿De qué pasta está hecho el presidente?, de Gabriel Jackson en El País

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El apasionado y confuso debate sobre la reforma sanitaria que tiene lugar en Estados Unidos en la actualidad no es en modo alguno un mero enfrentamiento entre partidarios de la empresa privada y defensores de la medicina socializada.

Sí, está claro que la inmensa mayoría de los conservadores desea limitar las decisiones y el gasto federales prácticamente en todas las partidas, salvo la militar. Y que también está absolutamente segura de que la democracia capitalista actual proporciona oportunidades suficientes para que las personas trabajadoras puedan ganar lo bastante para sufragarse su propia atención sanitaria, salvo en casos de emergencias catastróficas.

Al mismo tiempo, también es cierto que, en líneas generales, prácticamente todos los liberales e izquierdistas piensan que los Gobiernos de los países democráticos tienen una importante responsabilidad a la hora de garantizar el bienestar de los ciudadanos, sea cual sea su clase social o grupo étnico.

En materia de atención sanitaria, todos esos principios generales se traducen de la siguiente manera: para los conservadores, es preferible dejar en manos de las aseguradoras privadas el control financiero, y el profesional a cargo de los médicos y de sus colegas en el campo de la investigación en las “ciencias de la vida”.

Por su parte, liberales e izquierdistas son muy conscientes de que tanto el capitalismo actual como el hoy previsible no proporcionan oportunidades suficientes para que todas las personas dispuestas a trabajar puedan permitirse un seguro sanitario privado.

Y, en cualquier caso, creen que en los sistemas económicos la “dignidad” de la persona no debería calibrarse únicamente en función de su capacidad para generar ingresos. Evidentemente, al igual que los conservadores, están seguros de que las decisiones médicas deben tomarlas los médicos y los biólogos, no los “burócratas” del Gobierno o de las aseguradoras.

Todas estas ideas generales ayudan a explicar por qué la gran mayoría de los republicanos se opone al plan sanitario de Obama y por qué la mayoría de los liberales e izquierdistas la apoya, pero no con tanto entusiasmo como quisieran.

Al remitirnos a las preferencias políticas generales de unos y otros, dejamos sin resolver varios problemas importantes. Uno de ellos es el aparente desconocimiento, a veces fingido, de que el Gobierno federal viene participando en la provisión de servicios sanitarios desde la instauración de Medicare en la década de 1960 (por no hablar de la atención médica que ha dispensado a un número considerable de funcionarios civiles y militares a lo largo de la historia del país).Todos los estadounidenses mayores de 65 años dependen enormemente de Medicare. En teoría, tanto los republicanos como los demócratas coinciden en la necesidad de ampliar de algún modo la cobertura sanitaria a los alrededor de 46 millones de adultos que en la actualidad carecen de ella.

Por otra parte, muchos millones de personas realmente pobres dependen del ya veterano programa federal conocido con el nombre de Medicaid. Sin embargo, al mismo tiempo, Estados Unidos sufre en la actualidad el déficit presupuestario más abultado y la balanza comercial más desfavorable de su historia.

En esas circunstancias, ¿cómo podremos alcanzar la cobertura sanitaria universal si la opinión pública estadounidense se opone mayoritariamente al incremento de cualquier déficit que no tenga que ver con las partidas de gasto militar? Los partidarios de Obama insisten en que mejoras en la eficiencia como la utilización de ficheros electrónicos y no de papel, la eliminación de pruebas costosas pero no necesarias desde el punto de vista diagnóstico, y, en general, una mayor coordinación entre hospitales y laboratorios farmacéuticos ahorrarán miles de millones de dólares.

El plan también incluye una “opción pública” que, por definición, no tendría “ánimo de lucro” y que a muchos conservadores les suena a bolchevismo. Barack Obama ha declarado que la mera existencia de esa opción conduciría a las aseguradoras a reducir sus primas y, por supuesto, sus márgenes de beneficio.

Es fácil comprender por qué los conservadores ven en este elemento una “competencia desleal” para el sistema capitalista, pero dejando de lado las filosofías políticas, nadie se ha preocupado de demostrarnos si esos cambios reducirán realmente el déficit público que, de la forma que sea y en algún momento, habrá que pagar.

En relación con lo anterior, hay otros dos problemas que por lo menos merece la pena mencionar. Muchos ancianos, entre ellos partidarios de Obama, han comenzado a preguntarse si los “ahorros” que experimentará Medicare con el fin de dar cobertura sanitaria a los 46 millones que no la tienen pondrán en peligro el presupuesto para sus propios tratamientos, con frecuencia costosos.

Está claro que cada vez hay más personas que viven hasta los 90, y que la atención en las últimas etapas de la vida se está volviendo más cara y más difícil desde el punto de vista psicológico. En muchos casos, los enfermos con dolencias terminales y sus familias eligen cualquier tratamiento que les prolongue la vida unos pocos meses o un año, y esos tratamientos suelen ser de los más caros desde el punto de vista quirúrgico y farmacéutico. En esta trágica situación, los neandertales republicanos han orquestado una siniestra campaña contra las terapias centradas en el “fin de la vida”, que durante décadas las instituciones privadas han utilizado para dar un gran consuelo espiritual a pacientes y familias de todos los credos políticos y religiosos. Pero su odio a Obama y el deseo de atacar cualquier cosa que tenga que ver con la “opción pública” les han llevado a calificar esas labores de orientación de “comités de la muerte”.

De esta forma queda claro que el debate sobre la reforma sanitaria no es una mera pugna entre instituciones médicas privadas y públicas, sino que se centra en la calidad de la vida y la muerte, cosas a las que nadie puede ser realmente indiferente.

En un nivel subliminal, también es un debate sobre la capacidad de nuestro primer presidente negro. Después de las luchas por los derechos civiles de las últimas cuatro décadas, sus adversarios no le atacan abiertamente por ser negro, pero las cajas de los supermercados e Internet están llenos de revistas sensacionalistas que declaran que en realidad no nació en Estados Unidos (un requisito constitucional para ser elegido presidente del país), e incluso, para gran consternación de Michelle Obama y de sus hijas, se pueden leer artículos “serios” afirmando que es homosexual.

El debate sobre la reforma sanitaria también debe analizar racionalmente los costes que ésta implica. En ocasiones, Obama ha hablado de retirar las exenciones fiscales aprobadas por el presidente George W. Bush para ese 1% o 2% de los contribuyentes estadounidenses que más paga, y ha prometido no subir los impuestos a cualquier familia que gane menos de 250.000 dólares.

¿Acaso cree que puede atraerse a un número significativo de republicanos y a la mayoría o a todos los demócratas partidarios del control presupuestario (que no dejan de aludir con escepticismo a las promesas de reducción de costes de Obama) para conseguir subir los impuestos a los estadounidenses más acaudalados?

¿Cree que insistiendo tanto en su preferencia por la opción pública como en que ésta es sólo uno de los aspectos de la posible reforma recabará votos en el Congreso, aumentará la confianza de los partidarios que tiene entre la opinión pública y quizá incluso se granjeará algunos votos republicanos?

Espero que mi escepticismo vaya desencaminado, pero creo que para poder aprobar una legislación social a la que la mayoría de los republicanos siempre se opondrá, debe demostrar la abierta valentía que caracterizó a antecesores demócratas como Franklin D. Roosevelt, Harry S. Truman, John F. Kennedy y Lyndon B. Johnson.

Gabriel Jackson es historiador estadounidense.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

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31 agosto, 2009 a las 9:09 am

El otoño más caliente, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

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A FONDO

La expresión otoño caliente se identifica con grandes paros, manifestaciones; en fin, tensión social. La situación económica, con una caída del PIB sin precedentes del 4,2%; un porcentaje de paro que en los próximos meses alcanzará el 20% de la población activa, y una inversión que ha caído en términos interanuales un 17%, contiene todos los elementos que llevaron en otro tiempo a la convocatoria de sonoras huelgas generales. Todos, menos uno. La disposición de los sindicatos a provocar un enfrentamiento frontal con el gobierno de turno.

Y ése es, precisamente, uno de los activos de Zapatero: lograr contentar a diversos grupos de presión (los sindicatos lo son) y partidos minoritarios, cediendo a sus peticiones y convirtiendo al PP en el gran malo, el apestado, de la política española.

¿Significa esto que en otoño no se producirán momentos de tensión en las empresas o en la calle? No. Habrá movilizaciones, pero éstas no tendrán un fin político, como sí lo tuvieron las huelgas generales.

No es cuestión de añoranza, no. Ahora, una huelga general lo único que haría sería complicar aún más la salida de la recesión. Es, simplemente, la constatación de un hecho. Ni UGT ni CCOO le van a complicar la vida a Zapatero.

Y, sin embargo, el otoño será caliente. Políticamente caliente. Más que caliente, abrasador.

Para empezar, se conocerá durante el mes de septiembre la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña. Si, como se espera, el texto cuestiona la constitucionalidad del preámbulo del mismo, en lo referente a la alambicada definición de Cataluña como nación y a la obligatoriedad del conocimiento y uso del catalán para todos los ciudadanos de esa comunidad, el Gobierno se va a encontrar con un plante institucional: la Generalitat está dispuesta a llamar a la insumisión. Es decir, a hacer caso omiso de la sentencia.

Si alguien tiene alguna duda de ello, no tiene más que leer el artículo publicado en El País por Ernest Maragall (consejero de Educación de la Generalitat y hermano del promotor del Estatuto). Sostiene Maragall que el Estatuto es fruto de un «pacto entre Cataluña y España»; que, por tanto, no importa la «interpretación» que haga «este grupo de ciudadanos tan sabio», refiriéndose a los miembros del TC. Para concluir su proclama, propone un gobierno de coalición del PSOE y el PSC.

Esperemos que las groseras presiones políticas a los miembros del TC no logren torcer su voluntad. En caso de que las posiciones de la mayoría se mantengan en relación a la inconstitucionalidad del preámbulo y determinados artículos clave del Estatuto, estamos abocados a la mayor crisis política desde el golpe del 23-F.

Maragall utiliza el llamado pacto político entre España y Cataluña para eludir el cumplimiento de la resolución del Alto Tribunal. ¿Es ésa la concepción de la democracia que tiene el PSC? ¿Comparte esa visión del PSOE? ¿No es el Estado de Derecho aquél en el que la ley se cumple por todos y por igual?

Refresquemos la memoria a aquellos que sólo la utilizan en beneficio propio. En junio de 1982 -y fruto de un pacto político entre el PSOE y la UCD- el Congreso aprobó (por una mayoría mucho más aplastante que la lograda por el Estatuto) la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (conocida como Loapa), que limitaba las transferencias del Estado a las autonomías. Un año después, en agosto de 1983, el Constitucional declaró inconstitucionales 14 de los 38 artículos de la ley, con lo que ésta quedó sin efecto y ni el gobierno (ya entonces del PSOE), ni la oposición llamaron a incumplir la resolución del TC.

Montilla se ha sumado gustoso a ese discurso de Maragall, inspirado a su vez en las proclamas de Carod-Rovira. Como en el chiste del maño y el tren, la Generalitat le advierte al TC: «Chufla, chufla, que como no te apartes tú…», mientras ve venir la sentencia que presuntamente pretende atropellar los derechos de la nación catalana.

Ese conflicto político de primera magnitud se va a superponer con la negociación de los Presupuestos Generales, para los que el Gobierno necesita los apoyos de los que llaman a la insumisión política.

Unos Presupuestos, recordémoslo, que contemplan, además de un déficit público que rondará el 10% del PIB, una subida de impuestos, que, en principio, se limitaría a una elevación del tipo impositivo de las rentas de capital, por las que el Estado sólo recauda 1.580 millones de euros.

El Gobierno está ante la espada y la pared en una situación económica angustiosa. ¿Su defensa? Atacar al PP aireando supuestos o reales casos de corrupción: Gürtel, Palma Arena, espionaje en Madrid, etc.

¿Qué hará el PP? ¿Aguantar en el rincón los golpes de su contrincante cubriéndose la cara con los guantes, como hacen los boxeadores a punto de morder la lona? ¿O atacar?

La sorpresa podría darla precisamente un político que hasta hace un mes parecía acabado. Camps medita dar la campanada del otoño convocando elecciones anticipadas para el mes de noviembre (el nuevo Estatuto da esta capacidad a la Generalitat, antes vedada), aunque él lo descartó en su comparecencia para explicar la remodelación de su gobierno, forzada por la muerte del conseller García Antón. Se creía que Camps aprovecharía la circunstancia para hacer un cambio en profundidad, dando paso al Ejecutivo a algunos pesos pesados del PP valenciano. No lo ha hecho. La explicación estaría en que algunos de esos pesos pesados han pedido a Camps la convocatoria de elecciones para este otoño.

El presidente de la Generalitat Valenciana aprovecharía el debate sobre política general que se desarrollará en las Cortes en la segunda quincena de septiembre para anunciar el adelanto de los comicios (que de otra forma no se celebrarían hasta mayo de 2011). Según las encuestas que maneja el PP, la ventaja sobre el PSOE supera los 20 puntos. Una victoria electoral aplastante del PP no sólo consolidaría la posición de Camps tras la decisión de archivar el caso de los trajes por parte del Tribunal Superior de Valencia, sino que le daría a su partido a nivel nacional la posibilidad de recuperar la iniciativa. Camps y Rajoy se reúnen esta semana en Valencia y hablarán de esa posibilidad. Todo está listo para el otoño más caliente de nuestra democracia.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

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31 agosto, 2009 a las 9:08 am

¿Cuál es la causa de una emoción tan profunda?, de Bernard-Henry Lévy en El Mundo

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TRIBUNA: POLÍTICA

El autor destaca las cualidades de Edward Kennedy para concluir que no explican el ‘shock’ de su país tras su muerte. Señala que pocos mitos han sido objeto de una furia desmitificadora tan radical como el clan estadounidense

Soy plenamente consciente de que Ted Kennedy era una persona extraordinaria. En los últimos años, sobre todo, se convirtió en uno de los políticos americanos más rigurosos, más íntegros y más valientes. Por ejemplo, fue uno de los primeros en romper el consenso pseudopatriótico que se había creado en torno a la decisión, tomada por George Bush, de intervenir militarmente en Irak. Fue también uno de los primeros, si no el primero, en advertir la potencia del meteorito Obama, mientras los caciques de su partido seguían apostando por Hillary, en vez de dejar el campo libre a la victoria del senador por Illinois.

Además, fue de los pocos que adoptó sistemáticamente posturas audaces sobre los grandes temas sociales, sobre las grandes cuestiones que realmente preocupan a los americanos y que conforman el núcleo de su sueño. Todos esos problemas contra los que topaba el sueño americano y que ofrecían una oportunidad de revitalizarlo. Por ejemplo, Guantánamo, los millones de personas sin techo o los millones de nuevos pobres, que son el auténtico envés del sueño, o la situación de la sanidad, de las prisiones y del sistema penitenciario americano o tantas otras cuestiones cruciales y profundas a las que América tiene que hacer frente.

Pero eso no basta para explicar la emoción de su pérdida. Estas cualidades evidentes no son suficientes por sí solas para explicar ni la intensidad del shock provocado en todo el país por el anuncio de su muerte ni la sinceridad de la pena que percibo o adivino en todas partes. No explican, por ejemplo, ese velo extraño que la sociedad americana parece decidida, desde esta mañana e, incluso, desde hace meses, a echar sobre lo que habría que denominar, con cierto recato, la cara oculta del personaje.

Y como ocurre siempre con los Kennedy, cada vez que el destino golpea a esta familia, única y normal a la vez, legendaria y perfectamente banal al mismo tiempo, nos vemos obligados a interrogarnos sobre la extrañeza, el enigma, el raro dispositivo emocional, único incluso, cuyo equivalente no conozco en situación análoga alguna ni en ningún otro país, vinculado a este nombre y cuya paradoja podría describirse así.

1. Estas imágenes son clichés. Toda esta película de la vida de Teddy que se emite una y otra vez, desde que se anunció su muerte, es una película ya vista, en la que jamás aparece la menor información inédita o sorprendente. Es la misma tragedia repetida.

2. El mito Kennedy en general. Hace ya tiempo que el mito Kennedy no es más que un mito. O dicho de otra forma, pocos mitos han sido objeto, desde hace cuarenta años, de una furia desmitificadora tan radical y, escándalo tras escándalo, best seller tras best seller, tan terriblemente eficaz como la que se encarniza con el mito Kennedy. Pregunto a la gente con la que me relaciono. Hago hablar a esos fetichistas de la memoria y de la leyenda que degustan, ahora, el más mínimo detalle de la vida y del destino del último de los Kennedy. Todos, o casi todos, saben que una buena parte del mito era una representación publicitaria y prefabricada. Todos, o casi todos, saben que ese héroe americano era, al igual que sus hermanos asesinados, un hombre normal, frágil, falible, con sus defectos y sus debilidades. O quizás incluso peor.

3. A pesar de todo, a pesar del cúmulo de informaciones disponibles para el que las quiera, a pesar de esta cara oculta que ya no es oculta para nadie, a pesar de la metódica desmitificación a la que se ha sometido al mito Kennedy desde hace cuarenta años, a pesar de todo eso, basta una simple foto de este hombre en la gloria. Basta una de esas fotos de joven príncipe sonriente y seductor de tabloide americano, from Washington to the moon, opulencia, felicidad, nueva frontera. Basta una imagen suya y de sus hermanos, insolentes y bronceados, en la época de su gran mentira mediática. O basta otra foto de sus últimos tiempos, con su nuevo sombrero en la cabeza, luchando contra la muerte, tan valiente, admirable y decidido. Basta eso. Basta una sola de esas imágenes y a cualquiera le invade una pena, de la que no estoy seguro que exista equivalente en el mundo. Un duelo, no sólo nacional, sino planetario, que se infla a medida que van pasando las horas y que convirtió sus funerales en un extraordinario acontecimiento mundial.

¿Un cliché, pues, que hace llorar? ¿Un mito en el que ya nadie cree y que, sin embargo, sigue funcionando? Así es. Eso es todo. Es la misma cuestión que plantean los amantes de la Antigüedad, cuando se preguntan si los griegos creían en sus mitos y responden, como André Gide, que no se trata tanto del problema de la creencia cuanto del asentimiento.

Y de hecho, en los grandes y simples sentimientos que moviliza la saga de los Kennedy, en esta muerte en directo que hemos vuelto a vivir, sin cansarnos, a través del tercer hermano, en esta proximidad del sufrimiento y del amor, en esta sintonía del poder y de la desgracia, de la caída y de la redención, en esta auténtica novela de una familia ilustre y maldita, bendecida por los dioses y perseguida por el destino, se concentra toda la Tragedia eterna -«terror y piedad», decía Aristóteles-, que nos hace temblar.

Los Kennedy no son, como suele decirse, el equivalente de la familia real americana. Son los hermanos, en cuanto al destino, de Edipo, Aquiles, Teseo, Narciso o Prometeo. Son la parte trágica de un pueblo que pensaba que se había burlado de la tragedia y que había encontrado la fórmula de la felicidad cuantificable, cuantificada y, por lo tanto, accesible para todos y cada uno. Los Kennedy son los griegos de los americanos.

Bernard-Henri Lévy es filósofo y escritor francés. Su último libro es La regla del juego (Ed. Gredos, 2008).

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2009 a las 9:07 am

Usos del tiempo contra la crisis, de Inma Moraleda en Público

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Que estamos en crisis es una evidencia. Que esta crisis ha cuestionado el modelo económico imperante, también. Aunque, en estos momentos, se están oyendo voces antiguas que piden volver a las fórmulas de antaño: el recorte de los derechos de las personas trabajadoras, el abaratamiento del despido, la flexibilización de los contratos y toda la retahíla que ya oímos en las crisis de los ochenta y los noventa. Hoy sabemos que estas viejas fórmulas no nos dejan solucionar los nuevos problemas. Son fórmulas que nunca han dado como resultado la competitividad empresarial ni la fidelización del talento. Sólo han producido dolor social.

Pero esta crisis es diferente. Han cambiado muchas cosas desde aquellos ochenta y noventa. Hay más corrientes sociales dispuestas a reflexionar a partir de otros parámetros. En nuestro país hay un Gobierno socialista del Estado que se ha planteado ya que hay que construir un nuevo modelo económico. Incluso hay muchas voces de agentes sociales que en Europa se plantean que lo que hay que reformar es el modelo empresarial. Así que, en un país como el nuestro –el más ineficiente de la UE y donde se trabajan muchas más horas sin que esto se traduzca en una mayor productividad– desde los ámbitos relacionados con las políticas de igualdad hemos venido pensando que quizás habría que hablar más de la organización de los tiempos de trabajo y de la cultura del presencialismo en el trabajo, de lo que no funciona y de lo que hay que cambiar.

Mientras se buscan nuevas fórmulas se está gestando –al socaire de los cambios sociales que conllevan la igualdad y la paridad– una nueva revolución social. No es ni más ni menos que la reivindicación del tiempo como algo propio que cada persona debería poder gestionar. Fue en los movimientos sociales de las mujeres italianas de los ochenta donde pudimos encontrar los primeros planteamientos sobre los desequilibrios en el reparto de los tiempos. Hoy, este concepto está escalando puestos en las agendas políticas. Se comienza a considerar que las políticas públicas de los usos sociales del tiempo pueden dar respuesta a muchas de las necesidades de hoy, incluida la crisis. Su aplicación y desarrollo pueden fomentar grandes cambios en el modelo económico y en la cultura del trabajo que nos ha llevado a la mayor crisis de la historia.

Desde nuestros gobiernos locales, basándonos en múltiples estudios e investigaciones, estamos iniciando políticas públicas de los usos sociales del tiempo, apostando por convertir a las administraciones en agentes sociales de cambio. El cambio tiene objetivos como que las ciudades funcionen al ritmo del tiempo de las personas o cambiar la cultura de la organización del tiempo del trabajo. De una cultura de la presencia a una de la eficiencia. Aplicar medidas de usos del tiempo es apostar por una mayor competitividad y por tener más posibilidades de superar la crisis.

Con este tipo de medidas, las empresas apuestan por definir los objetivos de trabajo y por la implementación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Y esto abre la puerta no sólo a un nuevo modelo de organización del trabajo, sino también a una nueva organización social y a un modelo económico más sostenible. Las empresas verán cómo pueden reducir gastos de viajes, de desplazamientos, de comidas, de sedes… mientras que las personas pueden tener más tiempo y organizarse según sus propias necesidades y objetivos. A las compañías les permitirá fidelizar el talento y ser más competitivas. Simultáneamente, las ciudades podrán ver cómo se reduce el nivel de polución y se esponjan las horas punta, puesto que muchos desplazamientos serán ya innecesarios. Muchas empresas no necesitarán grandes sedes ni suntuosidades, puesto que la presencia no será cotidiana, ni todas las personas estarán a las mismas horas. Una cuestión que no es baladí desde el punto de vista de la competitividad. Así son las nuevas empresas, las empresas de la nueva economía.

¿Alguien ha pensado que quizás hay que confiar en la gente que trabaja y que dejar que las personas se autoorganicen con su tiempo revertirá en que haya menos absentismo y una mayor eficiencia en el trabajo?

¿Para qué sirve despedir a parte del personal cuando la cultura presencialista sigue lastrando a una empresa con gastos, como los que suponen las grandes sedes, que la dejan en el arcén de la competitividad y que serían fácilmente reducibles aplicando medidas de usos del tiempo?

En Barcelona, y en otras ciudades del mundo, ya hay empresas que aplican estas medidas. La red impulsada por el Ayuntamiento barcelonés cuenta con 56 empresas que han emprendido el camino de cambiar la sociedad al modificar la cultura de la organización del tiempo de trabajo. Estas medidas, basadas en una mejor planificación del tiempo y no sólo en el concepto de la conciliación, benefician ya a 90.000 personas, mejorando su calidad de vida y su salud física y psíquica, fomentando la cohesión social y favoreciendo la paridad entre hombres y mujeres.

Frente a las inercias y al desperdicio de energías, frente a las horas en las carreteras, en los medios de transporte, la sociedad de la información y las nuevas tecnologías nos abren una salida a la crisis. Hay que convencer a empresarios y gestores para que piensen menos en los despidos y más en la gestión del tiempo, en una nueva cultura que reparta ocio y trabajo. Hay una salida para aumentar productividad y calidad si escuchan a sus trabajadoras y trabajadores. La gestión no tiene por qué ser presencial. Las compañías que apuesten por una mejor utilización del tiempo serán más competitivas y su personal vivirá con más bienestar. Porque un modelo de economía más sostenible sólo será posible si el tiempo, su gestión, se considera un nuevo derecho de ciudadanía.

Inma Moraleda es Concejala de Nuevos Usos Sociales del Tiempo del Ayuntamiento de Barcelona.

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31 agosto, 2009 a las 7:06 am

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El enorme peligro de creer que aquí no ha pasado nada, de S. McCoy en El Confidencial

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Reconozco que se me pusieron los pelos como escarpias. Un leve escalofrío me recorrió la espina dorsal y con él me invadió la segura certeza de quien sabe que esto ya lo ha vivido antes. Fue a raíz de una de las primeras lecturas post vacacionales a las que me entregué la semana pasada, con la sana intención de formarme un criterio acerca de dónde venimos y, sobre todo, de a dónde vamos. En uno de los textos seleccionados advertía un estratega bursátil del advenimiento de un nuevo Goldilocks, un renacer de la época dorada para las inversiones, tanto materiales como financieras, como consecuencia del retorno del crecimiento económico, la inflación controlada y los bajos tipos de interés; vuelta del paradigma que condujo a la crisis que se iniciara en el verano del 2007. Dios mío, pensé, hasta donde llega la osadía humana. Pasan los meses y la ignorancia sigue siendo la madre de la imprudencia. No les quepa la menor duda.

Y es que como en el Gatopardo, algunos parecen interesados en vendernos que todo ha cambiado cuando, si uno mira la discrepancia que se está produciendo entre lo que está sucediendo en la economía productiva y lo que acontece en los mercados, la realidad es que queda la sensación agridulce de que, en realidad, la vida sigue igual. Las bolsas superan Lehman, titular colectivo del día 26. Tranquilidad en el frente. Y esta complacencia es una tragedia que puede retrasar aún más el ya de por sí largo, costoso y doloroso proceso de recuperación económica e incluso moral que tenemos por delante. Si quieren entender de qué les hablo, les recomiendo que vuelvan la mirada sobre uno de los Valor Añadidos sabatinos que precedieron el cierre de curso escolar. Giraba sobre lo que, a mi juicio, es uno de esos artículos que hay que enmarcar pues dan claves fundamentales que permiten desentrañar qué es lo que se cuece entre bambalinas de las grandes decisiones de política monetaria de los Bancos Centrales. Estamos hablando del pecado de Greenspan.

En él, el que fuera presidente de la Reserva Federal dejaba una estela de perlas dialécticas para el recuerdo de extraordinaria relevancia. No me quiero extender por lo que les recomiendo encarecidamente su lectura.  En esencia, concluíamos en su día, de sus palabras se deduce que su proceso de toma de decisiones estaba demasiado alejado de la ortodoxia academicista y demasiado cercano de la manipulación, a través de las finanzas, de la economía real toda vez que, según su tesis, se podía lograr que los mercados superaran su carácter de indicadores adelantados para convertirse en causa misma de la recuperación económica. No está mal viniendo de quien viene, ¿no? Pero, a quién le importa. Ande yo caliente ríase la gente, parece aplaudir la colectividad. Hasta los sesudos alemanes habrían descubierto este juego. Así se deduciría de la apertura, a mi juicio, escandalosa del Financial Times de hace tan sólo una semana: German pact on job cuts en el que se advertía de un acuerdo tácito para aparcar las malas noticias hasta que estuviera garantizada la reelección de Merkel a finales del mes de septiembre. ¡Qué viene la izquierda! ¿Quién se fía ahora de las encuestas de confianza en aquél país?

El problema de esta dinámica es el día después. Y eso es en lo que nadie parece pararse a pensar a día de hoy. Separemos macro de micro. Respecto a la primera, parece evidente que la banca privada sigue sin funcionar como vehículo de transmisión a los agentes económicos de la política monetaria hiperexpansiva en vigor. El crédito no fluye pese a la laxitud sin precedentes. Incluso se contrae, al menos en Europa, tal y como conocimos la semana pasada (FT, Lending fears dent recovery prospects). Es verdad que hay un repunte ligado a la actividad hipotecaria y centrada principalmente en el mundo anglosajón. Pero está vinculado a precios de derribo, incentivos fiscales con fecha de caducidad y tipos presionados por las recompras masivas de deuda sectorial de los respectivos bancos centrales. En Estados Unidos, la situación es dramática fuera de las principales instituciones financieras del país (MW, FDIC: Number of troubled Banks rise to 416), mientras que la banca europea en general y la española en particular se han ganado el apelativo de zombies (WSJ, Zombie credit rise in Europe), muertos vivientes que se han limitado en aplazar sus problemas en espera de una recuperación que, vuelta la burra al trigo, sólo parece poder venir a día de hoy de la mano de los mercados. Eso por no hablar de China y la bomba de relojería sobre la que se asienta su sistema financiero. Si la banca no vuelve a su actividad tradicional cuanto antes estará acelerando, sin duda alguna, su crisis definitiva. Y entonces no quedarán resortes disponibles.

Soy de los que piensan que la perpetuación de los bajos tipos de interés en el tiempo no traerá consigo un inmediato repunte de la inflación debido al exceso de capacidad potencial existente en el sistema. Una sobreoferta que, sin embargo y entramos aquí en el ámbito fiscal, va a provocar, desgraciadamente, que aumente en todas las naciones la tasa de paro estructural ya que, dada la situación de consumidores y empresas, se trata de un déficit de demanda que se tardará años en cubrir. De ahí que sea aún más suicida la aplicación de políticas fiscales expansivas de carácter asistencial, no vinculadas a la mejora del entorno productivo, que, por el contrario, no hacen sino expulsar cada día más al sector privado de la economía.

Porque la gente parece olvidarse que la contracción de los déficits, ese mal necesario como los define Krugman, depende, primera y principalmente, de la reactivación de los factores que componen principalmente el PIB y que son los principales contribuyentes a las Arcas del Estado y, sólo cuando ésta no se produce, es momento de hablar de subidas de impuestos, contracción del gasto público o incluso monetización de la deuda. Los programas Renove del sector del automóvil alrededor del Planeta han mostrado el éxito de este tipo de iniciativas que son las que deberían primar dentro de un ámbito, eso sí, de enseñar a pescar (cambio de modelo productivo) a la vez que se dan peces. De lo contrario, lo único que hacemos es meter presión con fines electorales a las Arcas Públicas que, en contra de lo que algunos parecen creer, no son un pozo sin fondo. Los recursos son limitados.

Termino con la micro. El rebote bursátil, más allá de la calidad mayor o menor del mismo (Tim Price lo llama el rally de la basura en FT, al afirmar easy recovery cannot follow years of capital misallocation) y de algunos fenómenos extraños como la concentración de volumen en firmas quebradas en manos de la administración estadounidense, ha venido acompañado de buenas noticias por el lado empresarial, donde muchas compañías han batido los estimados de los analistas e incluso han mejorado sus proyecciones para 2009. Bien, no es por ser aguafiestas pero no está de más recordar aquí que, por una parte, el retroceso medio interanual de beneficios se ha situado en Estados Unidos en el segundo trimestre en el 25%. Hombre, tampoco es para tirar cohetes, digo yo. Más preocupante es que las ventas no crecen, ergo lo que se está produciendo es un ajuste en el resto de la cuenta de resultados que obviamente no puede durar indefinidamente. Pero aún hay más. Gran parte de esa mejora se deriva de la falta de inversión de las compañías ante la incertidumbre sobre su futuro, por una parte, y la falta de financiación, por otra. Pan para hoy ¿y? Pero claro si el sentimiento, conduce a las alzas y esta a la mejora económica… No es de extrañar que estrategas y traders (The Street, Kass: market has likely topped) digan ¡cuidado! Servidor comparte esa cautela. Mañana más y, seguro, más cortito.

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31 agosto, 2009 a las 7:05 am

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Elena en el País de las Maravillas, de Luis de Velasco en Estrella Digital

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Ese país, el de las Maravillas, el de Nunca, Jamás, es el que, desde hace poco más de cinco años, viene diseñando su jefe, el jefe de Elena quien acaba de afirmar, una vez más, que lo peor de la crisis ha pasado.

Veamos. Si lo que trata de afirmar es que el descenso del PIB en el segundo trimestre ha sido menor que en el primero, eso es cierto. El ritmo de la caída ha disminuído, de modo que estamos más cerca del fondo, en principio. Pero si miramos a otro indicador, el del paro, está perfectamente claro que lo peor no ha pasado sino que está por llegar. No sólo eso: lo más importante es lo que pase cundo toquemos fondo. ¿Cuántos meses, incluso años estaremos en ese fondo?

Todo ello “en principio”, a salvo de sorpresas no descartables, concretamente en el estado de la banca (no sólamente de las Cajas) en nuestro país. Recomendamos al lector interesado la lectura de un informe muy interesante publicado hace escasas fechas. Elaborado por Variant Perception y titulado “Spain: the hole in Europe´s balance sheet” puede verse en la web de esa empresa. Puede compartirse o no su argumentación pero lo que está claro es que la situación no está clara y que puede haber, como decimos, sorpresas muy desagradables.

Cuando el déficit público camina hacia el 10 por ciento del PIB, se lanzan desde parte del gobierno, globos sonda sobre alza de impuestos. Está claro que eso va suceder y que eso es necesario hacerlo y con rigor y seriedad. El tema central es sobre qué impuestos se va a actuar. La ministra Elena Salgado ha afirmado que el sistema fiscal español es ya progresivo y que las rentas más altas ya pagan más. Es un punto de vista pero que no parecen confirmarlo las cifras oficiales de recaudación del último ejercicio tributario. Cuando solo poco más de diez mil contribuyentes declaran una base imponible superior a los cuatro millones de euros, uno se pregunta si vivimos en un país de menesterosos. Aún así hay margen para gravar bastante más a quienes más ganan. Concretamente, el 4 por ciento de declarantes que suponen bases por encima de los sesenta mil euros suponen el 38 por ciento del importe de las liquidaciones, porcentaje que muestra la gran desigualdad de ingresos. Está claro que aquí en el IRPF hay algunas notables ausencias y que los mecanismos de evasión fiscal pura y dura y los de elusión fiscal , sobre todo vía las Sicav que tributan al 1 por ciento, funcionan a todo gas, concretamente para los segmentos de las grandes rentas. Hay así mucho margen para aumentar la progresividad del sistema, simplemente taponando esos agujeros. Complementado por otros caminos como los de gravar progresivamente las rentas del capital o restablecer, sobre bases más progresivas, el alegremente eliminado impuesto sobre el patrimonio. Eran aquellos tiempos en que bajar los impuestos era progresista. Hay mucho margen par lograr un sistema fiscal más justo y más suficiente. Lo que hace falta es voluntad política para enfrentar decididamente determinados intereses muy poderosos, muchos de los cuales votan desde hace muchos años al PSOE. No son tontos.

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2009 a las 7:04 am

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¿Un buen consejo? Haga como yo y no se aferre al dólar, de Paul Kennedy en Clarín

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Canasta de monedas. Tarde o temprano habrá otro equilibrio entre las divisas de reserva.

En la actualidad se desarrolla un debate por demás interesante en la comunidad académica respecto de la suerte a más largo plazo del dólar estadounidense como suprema divisa de reserva para transacciones cambiarias y para los valores en divisas de gobiernos nacionales, empresas globales y productores de petróleo, gas y otras materias primas.

Una interpretación generosa de toda esa confabulación es que en realidad al mundo le conviene más hacer sus transacciones monetarias sobre la base de un margen diferencial internacional de monedas en lugar de sobre una sola que, si se derrumba como consecuencia de un mal manejo interno, podría arruinar a muchos inocentes, sobre todo tal vez a países más pobres dependientes del dólar estadounidense. ¿Acaso el gran economista John Maynard Keynes no propuso en 1944 poner fin a un mundo con denominación en dólares que terminaría por desplomarse por llevar tanto peso sobre los hombros?

Habría sido bueno para el mundo y también para los Estados Unidos. Washington, sin embargo, vetó la propuesta de Keynes. Es agradable sentirse el más fuerte. Por otra parte, si se posee la principal divisa del mundo, se puede tener déficits comercial y de cuenta corriente enormes sin verse castigado por ello.

La interpretación más desagradable de esta idea de poner fin a la supremacía del dólar es, no cabe duda, antiestadounidense. Parece estar escrito que la potencia internacional más importante debe enfrentar el resentimiento de los países que se encuentran más abajo en la columna totémica, incluso cuando esa hegemonía tiene bastante éxito en lo relativo a distribuir lo que los economistas llaman “bienes públicos”.Por lo tanto, si las economías ascendentes de Brasil, Rusia, India y China deciden celebrar su propia reunión, a nadie debería sorprenderle que analicen el comercio internacional y el sistema financiero, así como la forma de hacerse menos dependientes de la capacidad estadounidense de provocar daños.

Algunos consideran que un dólar debilitado también podría ser un golpe a la arrogancia estadounidense y un recordatorio de que hasta los “más fuertes” pueden perder. Eliminar la ventaja “injusta” del dólar como principal moneda de reserva es algo que siempre resultó agradable a los intelectuales franceses, así como a los presidentes franceses desde de Gaulle hasta Sarkozy. ¿Entonces por qué no impulsar una “canasta de monedas” más equitativa para los intercambios comerciales del mundo o, como variante, tratar de comerciar por medio de los derechos especiales del FMI? Parece razonable -y por lo tanto defendible- y de paso haría que los estadounidenses bajaran uno o dos escalones.

Tarde o temprano -y, si se lo piensa bien, el debate es en realidad entre “tarde” o “temprano”, no sobre “si”- vamos a presenciar otro gran desplazamiento del equilibrio de fuerzas global.
Pero en el corto plazo, me alegra cobrar mis honorarios por mis columnas y libros en muchas monedas, lo que me permite estar a salvo.

Paul Kennedy. HISTORIADOR, UNIVERSIDAD DE YALE.

Copyright Clarín y Tribune Media Services, 2009. Traducción de Joaquín Ibarburu.

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31 agosto, 2009 a las 7:03 am

Las compañías de seguros sanitarios en EEUU, de Vicenç Navarro en El Plural

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¿Sanidad pública o privada?

Este artículo detalla las consecuencias negativas del aseguramiento sanitario privado, tomando EEUU (el país donde tal aseguramiento ha adquirido mayor extensión) como punto de referencia. El artículo señala las prácticas que la gran mayoría de tales compañías de seguro privadas realizan para optimizar sus beneficios. Muestra también como el poder que tienen en EEUU, donde su enorme influencia sobre las instituciones políticas de aquel país, disminuye la representatividad democrática de tales instituciones.

Una propuesta que economistas y políticos liberales promueven en España es la privatización de la sanidad pública española mediante la desgravación del aseguramiento sanitario privado, facilitando así, la sustitución del Servicio Nacional de Salud por un sistema de Aseguramiento Sanitario Privado. Tanto el Partido Popular, como Convergencia i Unió han propuesto incrementar la desgravación de las pólizas de aseguramiento privado, tanto las colectivas (realizadas por empresas u otros colectivos, que ofrecen cobertura sanitaria a sus empleados), como las individuales. Las primeras –las colectivas- ya se desgravan en España. Y lo que proponen ambas opciones políticas liberales es que tal desgravación se extienda a las segundas. Propuestas parecidas están siendo promovidas por algunas voces de centro izquierda, que argumentan que la extensión del aseguramiento privado diluiría la presión asistencial que existe en la sanidad pública como consecuencia de la escasez de recursos.

En otro artículo, publicado en el semanario Sistema Digital (31.07.09), he descrito los enormes problemas que el aseguramiento privado de la sanidad conlleva y cuyo mejor ejemplo es EEUU, el país del mundo en que este aseguramiento privado de la sanidad ha alcanzado mayores dimensiones (ver Navarro, V. “El Modelo Liberal Sanitario: EEUU” en Sistema. Ver también sección EEUU en www.vnavarro.org). En EEUU, la mayoría de la ciudadanía paga una póliza a las compañías de seguros (bien directamente, o bien a través de la empresa donde trabaja), la cual contrata médicos y hospitales para la provisión de servicios. Además de la póliza, el ciudadano paga también parte de la factura médica (en sistemas de copagos que pueden alcanzar cifras elevadas), en el momento de utilización de aquellos servicios. Más del 40% de personas que están muriéndose,  como consecuencia de tener una enfermedad terminal, dicen estar preocupadas sobre como ellos o sus familias pagarán las facturas médicas. Y ello a pesar de que, la mayoría de ellos, tienen un aseguramiento privado.

Las compañías de seguro (que, aún cuando existen 1.500 de ellas, en realidad las 10 más importantes controlan casi el 70% de todo el mercado) son las que centran la financiación y gestión del sistema sanitario estadounidense. Tal sistema privado de la sanidad es enormemente rentable para las compañías de seguros. Las diez aseguradoras sanitarias más importantes están entre las empresas con mayores beneficios en aquel país. Así de 2000 a 2007 sus beneficios crecieron enormemente, pasando de 2.400 millones de dólares a 12.900 millones. Y sus directores están entre los mejor pagados en EEUU (un promedio de 12 millones de dólares al año). El que fue en su día director de CIGNA, una de las mayores compañías de seguros sanitarios en EEUU, el Sr. Wendell Potter (que se ha convertido en uno de sus mayores críticos), ha mostrado en una serie de informes que se han difundido ampliamente en EEUU, como tales compañías consiguen estos altos beneficios. Éstos se basan en 1) seleccionar a los pacientes, rechazando a aquellos pacientes que tienen mayores necesidades (como enfermos crónicos); 2) eliminar de sus listas a aquellas personas aseguradas que desarrollan condiciones crónicas o requieren cuidados costosos; 3) reducir la cobertura sanitaria (la extensión de los beneficios a los que los asegurados tienen derecho), así como aumentar los copagos. Como consecuencia de estas y otras políticas, el número de personas en EEUU que no tuvo ninguna cobertura sanitaria, durante el periodo 2000-2007,  ascendió de 38 a 45 millones al año.

Tal sistema de aseguramiento privado es enormemente costoso e ineficiente. EEUU es el país que gasta más en sanidad (17% del PIB), teniendo a la vez el porcentaje mayor de la ciudadanía deseosa de un cambio profundo en el sistema. Sólo un 21% de ciudadanos estadounidenses están satisfechos con tal sistema. Ello explica que el tema sanitario se haya convertido en el tema doméstico más importante de EEUU, después de la crisis económica. La Administración Obama está proponiendo cambios que podrían reducir el protagonismo de las compañías de aseguramiento privado en la gestión de la sanidad estadounidense. De ahí que tales compañías se hayan movilizado para parar cualquier intento de reforma.

El poder político y mediático de tales grupos de presión

El poder de tales compañías de seguros es enorme y se materializa a través de sus aportaciones a las campañas electorales de los políticos que toman decisiones en el Congreso de EEUU que afectan a sus intereses. Tal sistema de financiación de las campañas electorales (que en la mayoría de países europeos sería ilegal y sería considerado corrupción) explica que los presidentes de los comités que afectan a tales compañías de seguros estén claramente influenciados por tales fondos. Un ejemplo, entre muchos, es el senador demócrata Max Baucus, el Presidente del Comité de Finanzas del Senado Estadounidense, un comité clave en la aprobación de cualquier legislación que afecte a las compañías de seguro. Tal senador ha recibido más de 5 millones de dólares de industrias sanitarias – incluyendo compañías de seguros privadas-, lo cual explica su resistencia a intervenir y regular tales compañías. En general, estos fondos van tanto a políticos republicanos como a políticos demócratas, aún cuando, históricamente, han apoyado más frecuentemente al Partido Republicano que al Partido Demócrata. Hoy, el Partido Republicano se ha convertido en su mayor portavoz. Tal Partido está hoy hegemonizado por la ultraderecha estadounidense, radicalizada por las derrotas que ha sufrido en las últimas elecciones, adoptando posturas que, en Europa, encajarían con la ultraderecha. Fraga Iribarne, por ejemplo, estaría más a la izquierda que la mayoría de los miembros dirigentes de tal Partido. Su chauvinismo de carácter racial, nacionalismo extremo y fundamentalismo religioso han adquirido dimensiones amenazantes para la democracia estadounidense. Uno de los lobbies económicos que están financiando tales movimientos en la órbita del Partido Republicano es, precisamente, la industria aseguradora sanitaria.

Otra expresión del poder de las compañías de seguros son los medios de información a los cuales tienen acceso (entre los que destaca la compañía televisiva de ultraderecha, FOX) y en los que promueven sus puntos de vista. Uno de sus presentadores es Glen Beck, que en un programa reciente indicó que le gustaría envenenar a la Presidenta demócrata del Congreso, la Sra. Nancy Pelossi, que es dirigente del movimiento a favor de incluir un aseguramiento público en las propuestas al Congreso.

Tales compañías promueven también sus opiniones a través de los grandes canales de televisión, mediante la compra de largos espacios televisivos que están a su disposición, previo pago de grandes cantidades de dinero. Estos anuncios televisivos no se presentan como financiados por tales compañías de seguros. La gran impopularidad de tales compañías de seguros explica que utilicen otras organizaciones (que ellas mismas crean), que aparecen como organizaciones espontáneas en defensa del paciente, organizaciones que promueven los puntos de vista de tal industria. Tales organizaciones, la mayoría relacionadas con el Partido Republicano, están ahora altamente movilizadas en contra de los proyectos de Reforma Sanitaria de la Administración Obama. Como ya he mencionado, tales organizaciones actúan con gran agresividad, interrumpiendo reuniones de asociaciones vecinales, convocadas por los miembros demócratas del Congreso, para presentar sus propuestas de reforma, con el objetivo de que no se realicen tales reuniones. Sus anuncios televisivos distribuyen falsedades obvias como, por ejemplo, indicar que la reforma Obama negará la atención médica a los que tengan ciertas condiciones crónicas, con el fin de que se mueran antes. Su manipulación no conoce límites.

Esta situación debiera conocerse ampliamente en España, no sólo por lo que respecta a las enormes insuficiencias de la democracia estadounidense (idealizada en muchos medios españoles), sino también para percatarse de las consecuencias de copiar el modelo liberal de aseguramiento privado de la sanidad, el cual ha conducido a EEUU a una situación enormemente insuficiente, injusta, y escasamente democrática.

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2009 a las 7:02 am

Entrevista de Salvador López Arnal con Miguel Ángel Rodríguez Arias, investigador de Derecho Penal Internacional, en el Día Internacional de los Desaparecidos en Rebelión

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“Seguimos siendo el segundo país del mundo en cifras de desaparecidos, tan sólo por detrás de la Camboya de Pol Pot”

Miguel Ángel Rodríguez Arias (Barcelona, 1977) es investigador de Derecho Penal Internacional de la UCLM (Universidad de Castilla-La Mancha) y autor de las primeras investigaciones jurídicas en España abordando la cuestión de los desaparecidos del franquismo como “crímenes contra la humanidad” no prescritos y no sólo como cuestión de “memoria”, dando lugar con las mismas a actuaciones de la Audiencia Nacional. Junto a otros tres estudios publicados en la revista Jueces para la Democracia demostrando las actuales violaciones de derechos humanos en nuestro país a la luz de la jurisprudencia internacional1, es autor de El caso de los niños perdidos del franquismo: crimen contra la humanidad (Tirant Lo Blanch, Valencia), investigación en la que se basó el juez B. Garzón para abrir el caso de las desapariciones infantiles durante la dictadura. En la actualidad, Rodríguez Arias cuenta en su haber cuatro premios nacionales e internacionales de investigación.

Si le parece podríamos empezar dando cuenta del significado político-cultural del Día Internacional de los Desaparecidos que celebramos este 30 de agosto de 2009.

El Día Internacional de los Desaparecidos fue impulsado en 1981 por FEDEFAM (Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos-Desaparecidos). Día tras día, los familiares de las miles de personas que han “desaparecido” soportan el desgarrador sufrimiento de no saber qué ha sido de sus hijos, sus padres, sus cónyuges, o hermanos y eso es lo que se quiere recordar junto a la denuncia de las políticas pro impunidad que permiten que eso siga siendo así. Y eso es exactamente lo que sucede en el caso español, aunque prácticamente hasta el 30 de agosto del año pasado nada de esto ha sido tenido presente entre nosotros y queda aún mucho camino por recorrer; a pesar de que seguimos siendo el segundo país del mundo en cifras de desaparecidos, tan sólo por detrás de la Camboya de Pol Pot y aunque trágicamente sigamos teniendo más desaparecidos en España que en toda hispanoamérica, donde hemos acudido a pretender darles lecciones y son ellos los que deberían dárnoslas a nosotros en este campo.

Usted ha escrito recientemente un artículo que ha titulado “Ciento cincuenta mil muertos en el armario de la Presidencia española de la Unión Europea”. ¿Qué muertos son esos? ¿Por qué están guardados en algún armario?

En realidad se trata de 340.000 víctimas del franquismo, ciento cincuenta mil desaparecidos, y otros 190.000 ejecutados previa escenificación teatral de un juicio-farsa o muertos en circunstancias no esclarecidas en las cárceles de Franco. Lo titulo así porque esa es la cifra, 143.353 desaparecidos del franquismo, oficialmente conocida tras las actuaciones de la Audiencia Nacional, aunque todavía no sepamos a ciencia cierta cuantos miles de niños perdidos siguen desaparecidos en vida y no estén incluidos en el cálculo. Todas esas víctimas son el “muerto en el armario” de unas autoridades que quieren liderar Europa en su próxima Presidencia europea, a partir de 2010, desde la violación del Convenio Europeo de Derechos Humanos, como si tales decenas de miles de desaparecidos, los cientos de fosas clandestinas y sus familias que les aguardan no existiesen.

Ciento cuenta mil escribe usted, 143.353 puntualiza. ¿Cómo se ha realizado ese cálculo? ¿No es una exageración teniendo en cuenta la población de España en aquellos años y el número de fallecidos durante la contienda y los numerosos republicanos que tuvieron que exiliarse al triunfar el fascismo internacional en nuestro país?

Como bien dice la desproporción de dicha cifra, no sólo en términos absolutos sino relativos de un país menos poblado y que además acaba de salir de una cruenta guerra, es lo que me lleva a hablar de “cifras de genocidio”, el de los defensores de la Segunda República española, del que todavía no se ha tomado ni remotamente conciencia en nuestra sociedad empezando por nuestros propios representantes. Esas cifras resultan de las investigaciones de la Audiencia Nacional, de la propia Condena de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de 17 de marzo de 2006 – citando a su vez, en su punto 642, cifras admitidas por el propio régimen lo que nos debe llevar a pensar que podrían ser incluso superiores – y como digo ni siquiera contabiliza el caso de los niños perdidos del franquismo que algunas fuentes apuntan que podrían ser varios miles (hay quien habla de 30.000) pero todavía sin contrastar.

Se habla y se ha hablado de “los desaparecidos” de las dictaduras militares de Chile, Argentina o Uruguay, entre otros ejemplos, pero poco -o con escasa insistencia e incidencia- de los desaparecidos españoles durante el franquismo, ¿por qué? ¿No es extraño un silencio tan sonoro treinta años después de la muerte del dictador golpista?

Hay que pensar que el nivel de exterminio durante, y después, de la guerra contra la población civil española (“guerra civil” se queda corto), exilio forzado, persecución y represión sostenida en el tiempo respecto de los que sobrevivieron a todo ello no tiene parangón; los cuarenta años de dictadura para modelar a su antojo un país desde la más absoluta impunidad tampoco. El franquismo sociológico sigue siendo una realidad entre nosotros, presente de manera difusa y con distinta modalidad en todo el arco político y social y hará falta tiempo y constancia para borrar su huella y desaprenderlo. La transición hacia el reestablecimiento democrático no puede considerarse concluida mientras sigamos siendo el segundo país del mundo con ciento cincuenta mil personas en fosas clandestinas como ya he mencionado, y sigue habiendo temas tabú como el de la devolución de las requisas de bienes y papel moneda y el de las indemnizaciones, imprescriptibles, a los trabajadores forzados por parte de los empresarios de Franco que sacaron buen provecho de la dictadura.

¿Conoce usted un caso similar en la postguerra europea al que ha sucedido en España con estas personas desaparecidas?

El caso de los desaparecidos de la antigua Yugoslavia, de hecho, y como he demostrado en mi última investigación aplicando por primera vez dicha jurisprudencia europea al caso español, la condena por violación de derechos humanos de las autoridades serbias post Milosevic en el caso de las fosas de Srebrenica -por no emprender una investigación oficial efectiva e independiente de cada fosa, y no revelar el paradero a sus seres queridos, incurriendo así en “trato inhumano” y violación del “derecho a la vida familiar”- debería ser un aviso para navegantes en toda regla para nuestro Gobierno.

Me refería a la inmediata postguerra. Estaba pensando en Alemania o en Italia tras la derrota del fascismo.

No, salvo alguna posible excepción, las víctimas de Hitler o Mussolini fueron honradas y reconocidas como luchadores anti fascistas, los responsables juzgados, en ningún caso sería planteable que víctimas como las más de 300 de las matanzas de las fosas ardeatinas en Roma –considerado un lugar para la memoria y el homenaje protegido por el Estado– estuviesen todavía en la fosa clandestina dispuesta por los verdugos, con los familiares clamando para que se los devuelvan, con especuladores inmobiliarios al acecho de los terrenos cuando no simplemente construyendo encima de los cadáveres insepultos de todas estas personas, defensores de nuestra República, ¿qué más se puede decir?. Cuando se reflexiona despacio y mirando a nuestro entorno sobre todo lo que se está haciendo con los desaparecidos de Franco en España no es posible creer que todo esto esté pasando de verdad.

A veces se oye hablar, muy poco desde luego, o se elaboran documentales sobre los niños desaparecidos durante el franquismo. Hablaba usted de ellos hace un momento ¿De quiénes eran esos niños? ¿Qué familias les acogieron? ¿Se tienen cifras aproximadas? ¿Saben ellos ahora quienes fueron sus verdaderos padres?

El caso de los “niños perdidos” del franquismo presenta varias facetas. En un principio las víctimas fueron netamente pertenecientes a familias de defensores de la República, puestos a salvo en el extranjero por las colonias infantiles de Victoria Kent, o fueron robados de los brazos de sus madres ilegalmente detenidas por pura razón de parentesco en centros de detención de distinta índole, así como niños de los entornos maquis, también como forma de represalia ante acciones guerrilleras. Después en los años sesenta -tenemos niños perdidos todavía rondando los cuarenta años de edad, como da pie a pensar el presunto caso de la maternidad de Odonell y otros-, el componente de indefensión social ante el abuso cobró más relevancia. En todo caso el problema de todo este caso es que es de mucha mayor complejidad que el de las fosas al tratarse de desaparecidos en vida, y requerirse instrumentos específicos del Estado para la búsqueda e identificación como una Base Nacional de Datos Genéticos y una Comisión Nacional de Búsqueda de Desaparecidos, una unidad policial específica de búsqueda de niños perdidos, etc, como en Argentina y otros países. Pero, para empezar, no tenemos ni tan siquiera una “investigación oficial efectiva e independiente” promovida por nuestras autoridades, como exige el Tribunal Europeo de Derechos Humanos respecto de nada de esto, por qué centros pasaron los niños, de qué titularidad eran los centros de detención materno-infantil, etc, etc, sin dicha investigación oficial, como he demostrado que es la obligación del Estado en un atento examen de una veintena de sentencias vinculantes para nuestro país, el velo de impunidad todavía existente es completo.

Habla usted del reciente caso de la maternidad de Odonell. ¿Podría explicarlo brevemente?

Se trata de un caso que llegó también a la prensa nacional hace unas semanas, denunciándose la situación de niños presuntamente separados de sus familias al nacer al decírseles que habían fallecido, pero de enfermedades altamente improbables que daría pie a un verdadero estudio de la OMS en su incidencia en dicho centro, y lo más determinante, sin devolver el cuerpo que es lo que en todo caso determina la situación de desaparición. Vivos o muertos debían ser entregados a sus familias, o debería decírseles hoy dónde quedaron enterrados, de ser ello así. Por eso, una vez más, debe ser una investigación oficial efectiva e independiente la que lo esclarezca todo.

¿Qué actividades realizan las familias de esas personas desaparecidas? ¿Han recibido alguna ayuda pública en su democrático y razonable empeño de búsqueda?

De verdad, lo de que las familias busquen a desaparecidos que se llevó el Estado, es el completo mundo al revés, en cualquier otro lugar del mundo está reconocido que es el Estado el que debe hacerlo, y su único fundamento es que al hacer la ley de la memoria le copiaron a Franco su Orden de primero de mayo de 1940 “sobre exhumaciones e inhumaciones de cadáveres asesinados por los rojos”, como también he podido demostrar. No se trata de que el Estado dé subvenciones -Franco daba exenciones fiscales–. El único rol de esas familias es el de ser tratadas con el respeto y consideración que merecen y que la fiscalía las tenga puntualmente informadas de cuantos avances se puedan realizar en la persecución penal de los asesinos de sus seres queridos arrebatados o, de no ser ello posible, del estado de la localización e identificación de sus seres queridos. No sé cuanto tiempo hará falta para explicarle a nuestra ciudadanía y que se alcance una conciencia clara de que hemos vivido, y seguimos viviendo, en la anormalidad jurídica y que a quien hay que copiarle es al Tribunal Europeo de Derechos Humanos no a Franco como se ha hecho. ¿Es así como se educa además a la ciudadanía en el alcance de sus propios derechos humanos internacionalmente reconocidos, a base de generar confusiones graves en torno a elementos básicos?

¿Por qué cuando se habla de terrorismo en España no se habla de estas situaciones que, sin apenas atisbo de duda, parecen fruto de acciones que pueden ser calificadas de terrorismo de Estado?

Creo que los crímenes del franquismo pueden ser calificados como terrorismo de Estado, como también lo fueron los de la Dictadura argentina, pero que el concepto de crímenes contra la humanidad es mucho más exacto y favorable para las victimas por los efectos que les reconoce el Derecho Penal Internacional desde Nuremberg. De hecho, creo que hay que tratar de avanzar hacia la comprensión de los crímenes del franquismo como un “genocidio” con todas las letras y a pesar de distintos aspectos jurídicos cuestionables surgidos post Nuremberg que lo dificultan, sustancialmente que la Convención de 1948 elimina la figura del genocidio político, aunque antes sí que ésta resultaba reconocible. Creo que ese es el nuevo concepto por revisar en todo este tema, como antes hubo que revisar la cuestión del franquismo como algo mucho más allá de la “memoria histórica”. Lo que hizo el franquismo con los defensores de la República española, desapariciones y todo lo demás –la práctica totalidad de crímenes internacionales que existen–, fue un genocidio. Y todo eso sigue impune y ni siquiera los derechos reparatorios de sus victimas encuentran un normal cumplimiento.

¿Qué opinión le merece la ley de Memoria Histórica y su cumplimiento?

Tengo un artículo pendiente de publicación en prensa nacional en los próximos días titulado «La “ley” de la memoria no es ley: fórmula de Radbruch y objeción de conciencia ante una injusticia insoportable», creo que ello y mis consideraciones previas, ilustra suficientemente mi valoración jurídica de la ley. Mi conciencia me impide reconocer como derecho, ni nada que se parezca, la regulación que hace la “ley” de la “memoria” de temas como la situación de los desaparecidos (copiada-pegada directamente de Franco), o la consideración como derecho “con vicios de forma y fondo” de los fusilamientos. Yo no puedo llamar derecho al asesinato de decenas de miles de personas. Y no puedo entender como alguien pueda hacerlo aunque sólo fuera por motivos estrictamente de humanidad y compasión hacia sus familiares.

Entonces, en su opinión, ¿por qué se ha obrado de esa forma? ¿Por miedo? ¿Por la correlación de fuerzas existentes? ¿Por qué no se ha sabido hacer mejor?

Para mi todo esto es una cuestión de posibilismo político irreflexivo, llevado por su propia inercia, en ausencia de un efectivo freno o control, ni político ni social ni periodístico –algún medio nacional debió haber alzado la voz alto y claro para decir que no era correcto encomendar a los propios familiares octogenarios el desentierro de sus seres queridos asesinados y que había que poner el empeño necesario en buscarles a todos con los medios del Estado, que había que respetar sus derechos humanos y el derecho internacional– hasta representar un caso de “banalidad del mal” tal y como lo definiese Hannah Arendt: se regula irreflexivamente, sin una verdadera toma de conciencia ética de las repercusiones materiales y humanas de la acción política en este campo, el dolor en el que siguen sus familias, etc.

Déjeme apuntarle unos ejemplos. Un hospital de Burgos lleva el nombre de un general golpista, amiguísimo y colaborador del general golpista Franco. En Barbastro, a las orillas del Vero, puede verse una Iglesia con una inmensa placa llena de símbolos fascistas. En Artica ha sido destrozada una placa que recordaba a los 17 fusilados en el pueblo. Varios historiadores, y no sólo de una impresentable extrema derecha, no dejan de reconstruir permanentemente el pasado de antiguos dirigentes del franquismo como, por ejemplo, el de José Mª Areilza, conde Motrico. ¿Cómo puede soportarse sin gritos enrabietados una cosa así? ¿Cómo concebir la aceptación de tamaño disparate?

Todo ello forma parte de esa necesidad que apuntaba de terminar de verdad con el franquismo difuso entre nosotros, y más cosas tan solo muy tardíamente rectificadas como el hecho de que el derecho de asociaciones estuviese regido hasta 2002 por una ley de la dictadura del año 1964 mínimamente parcheada. Durante años ese ha sido el modelo de participación democrática que se ha seguido lactando, siendo como es el movimiento asociativo un elemento esencial, una primera escuela. El lastre y la huella de esos cuarenta años debe ser examinado en 360 grados, desde la perseverancia, y el compromiso con lo mejor de los valores democráticos republicanos que nos arrebataron con la imprescindible ayuda de Hitler y Mussolini.

¿Sigue siendo España el país de los niños perdidos? ¿Cómo deberíamos actuar entonces? ¿Qué hacer, si me permite la eterna y necesaria pregunta?

Eso es lo que a mi juicio sigue siendo y de ahí que ese fuese el título de la introducción de mi libro sobre el tema y hasta de mi blog personal. Esa es mi convicción. Es de donde venimos y lo que seguimos siendo. Para cambiar todo esto bastaría con dar normal cumplimiento a unos instrumentos internacionales de sobra conocidos y claros en su significado. Para conseguirlo tenemos un largo camino por delante, sea en denuncia y concienciación dentro de España como de actuación internacional ante distintos tribunales y organismos de derechos humanos.

Dos preguntas finales. La primera, discúlpeme, algo personal. Usted es joven, nació después de la muerte del dictador. ¿Qué le mueve a realizar todas estas investigaciones y denuncias? ¿Su ideal de justicia, tiene acaso familiares afectados…?

Siempre me orienté vocacionalmente hacia el Derecho penal internacional, ya desde mis años de formación en Italia y Alemania, y me parecía claro que, enmascarando toda la cuestión de los crímenes contra la humanidad del franquismo como “memoria histórica”, en España se estaban llevando a cabo políticas pro impunidad incumpliendo Nuremberg, derechos humanos y todo lo que uno se pueda imaginar. Pero, sobre todo, no podía evitar una sentida gratitud, una sensación de que les debemos algo muy importante, a todos aquellos que defendieron nuestra República en unas circunstancias aterradoras y con prácticamente todo en contra. ¿Cómo voy a guardar silencio y no utilizar mi formación permitiendo que gente que debería avergonzarse de las ilegalidades que está cometiendo sigan tratando así a las personas que los defensores de nuestra República dejaron atrás, a sus propias familias y seres queridos, que les sigan negando sus derechos humanos?. La gente de mi generación no hemos podido hacer nada antes por ninguno de ellos, pero a sus familias sí que las podemos defender y hacer lo que pueda estar en nuestra mano para que nuestro Estado respete sus derechos. Y pienso que los defensores de nuestra República habrían querido que hiciésemos lo posible para que sus familias estuviesen bien. ¿Qué menos que eso les debemos? A partir de ahí poco importa el trabajo que tengamos por delante. Ellos enfrentaron algo infinitamente peor por todos nosotros, y el derecho está de nuestra parte, aunque no lo esté todavía en nuestro propio país por la transición inconclusa.

Una última cuestión que creo enlaza consistentemente con algunas de sus consideraciones anteriores. El Gobierno de Aragón, un gobierno PSOE-PAR, no un gobierno del PP o de derechas nacionalistas, estudia multar a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica por la apertura de una fosa. La sanción podría llegar hasta los 300.000 euros. Según creo, la Dirección General de Patrimonio, dependiente de la Consejería de Cultura y Turismo, remitió a finales del pasado mes de julio de 2009 una carta a la ARMH con el fin de conocer si el colectivo había cometido una infracción de la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, con la exhumación de una fosa común en Calatayud (Zaragoza). La carta solicita a la ARMH un informe de la exhumación llevada a cabo con “el fin de valorar la posible incoación de un expediente sancionador”. El Gobierno aragonés considera que la exhumación se llevó a cabo sin la correspondiente autorización necesaria para realizar, no es una errata, “excavaciones arqueológicas”. Para la ARMH es “lamentable que el Gobierno de Aragón quiera tratar la exhumación de una fosa común, promovida en este caso por la hija de uno de los fusilados, Esther Tabuenca, como si se tratara de un resto arqueológico anónimo que no fuera consecuencia de un delito permanente; uno de los más graves que se recogen en el derecho internacional humanitario”. ¿Cómo puede pensarse políticamente una cosa así? ¿Qué pensar de un agravio de tamaña magnitud?Ello es un claro ejemplo ilustrativo de esa “banalidad” de la que hablaba antes, junto con algún otro igualmente claro relativo a la negativa a que el Estado sea el que busque a los desaparecidos como es debido, para no generar un conflicto de competencia en materia de salubridad mortuoria, competencia de las Comunidades Autónomas, no del Estado Central… Como decía Hannah Arendt, en el juicio de Eichmann en Jerusalén, son argumentos y actitudes burocráticas, por completo desconexas del referente humano de fondo, que le sobrecogen a uno y le dejan sin palabras. La banalización del dolor ajeno llevada a la práctica del poder puede amparar cualquier cosa; ése es su peligro.

Notas:

1. Véase http://segurquetomba.wordpress.com/category/investigaciones-juridicas

2. El punto 64 de la condena dice así: “64. En 1944, un portavoz del ministerio de justicia franquista reconoció que más de 190.000 detenidos habían sido ejecutados o habían muerto en prisión (…)”. El texto íntegro de cien puntos traducido al castellano, señala M. A. Rodríguez Arias, puede verse en http://segurquetomba.wordpress.com/2009/08/11/condena-de-la-asamblea-parlamentaria-del-consejo-de-europa-a-la-dictadura-franquista-de-17-de-marzo-de-2006/

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2009 a las 7:01 am