Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo del 26 octubre, 2009

Dólar perturbador, en el Editorial en El País

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EDITORIAL

La depreciación de la principal moneda de reserva es un obstáculo al crecimiento de la UE

Sin ser un fenómeno nuevo, la depreciación del dólar constituye un obstáculo añadido a la recuperación de las economías europeas que comparten moneda y política monetaria. Dada la manifiesta atonía de la demanda interna en la eurozona, la vía de ir asentando la recuperación, y con ella suavizando el ascenso del desempleo, es el crecimiento de las ventas a aquellas economías que van por delante en la recuperación del crecimiento. A un tipo de cambio en la frontera de 1,50 dólares por euro (el miércoles pasado cotizó a 1.5046, el máximo de apreciación desde agosto de 2008) las exportaciones de la eurozona reducen su capacidad competitiva de forma significativa.

Detrás de esa depreciación de la principal moneda de reserva del mundo no sólo está el alejamiento de los mayores temores que la crisis financiera extendió hace algo más de un año, reforzando su papel de refugio, sino la presunción razonable de que las autoridades americanas van a ser menos estrictas que las europeas en el manejo de sus políticas de demanda. La política monetaria desempeña un papel importante al respecto, en concreto el diferencial en tipos de interés. La Reserva Federal estadounidense no tiene prisa en elevar el precio del dinero o en retirar algunas de las excepcionales decisiones adoptadas en el pasado. Tampoco la reconducción de un déficit público en EE UU, muy superior al promedio y al de cada uno de los países de la eurozona, presiona a unas autoridades americanas, cuyo principal objetivo es alejar los riesgos de recaída en la recesión y, en todo caso, reducir el paro.

En la eurozona las autoridades parecen empeñadas en sacrificar antes el bienestar de los ciudadanos que la ortodoxia que se dieron para épocas de normalidad económica y financiera. El Banco Central Europeo (BCE) ya ha insinuado la retirada de los estímulos monetarios y los destinados a facilitar el funcionamiento de los mercados de crédito, todavía distantes de la normalidad en algunos países, España entre ellos. El Gobierno español, además, se ha planteado aumentar los impuestos y reducir las inversiones públicas en partidas esenciales para la modernización de la economía. Con ello no facilita precisamente la principal prioridad: reducir la más elevada tasa de desempleo de la OCDE.

El BCE debería tomar en consideración antes de atenuar los estímulos monetarios, o sugerir que los gobiernos hicieran lo propio con los fiscales, el endurecimiento medio de las condiciones de financiación en la eurozona del que ese encarecimiento del euro es parte significativa. Poco importa ahora que la depreciación del dólar siga propiciando el cuestionamiento de su posición como denominador transaccional en el comercio global y su papel como principal moneda de reserva del mundo. Sería un error que, en lugar de garantizar condiciones favorecedoras del crecimiento económico, del BCE emergiera un orgullo cambiario sobre la base de una apreciación de la moneda común que ya genera más daños que ventajas a los europeos.

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26 octubre, 2009 a las 8:15 am

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“El futuro parece brillante”, de Joaquín Estefanía en El País

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“El futuro parece brillante”. Así terminaba textualmente un informe que cinco días antes de que arrancase el crash de octubre de 1929 en la Bolsa de Nueva York le enviaba Thomas Lamont -accionista de referencia de JP Morgan- al presidente de EE UU, Herbert Hoover, para darle cuenta de lo que pasaba ante la inquietud del mandatario de que se estuviesen recalentando los mercados. Lo contaba el estupendo documental titulado 1929, el gran crash, de la televisión pública británica BBC, que emitió La 2 de TVE la madrugada del pasado domingo en su espacio La noche temática.

Ese documental, pasado el día que se cumplían 80 años del jueves negro de Wall Street, servía para establecer analogías y diferencias entre lo que sucedió entonces y la Gran Recesión que ahora estamos tratando de superar. Los distintos analistas que aparecen en él no son demasiado optimistas: hemos olvidado muchas de las lecciones que se desprendieron del origen de la Gran Depresión de los años treinta, y durante las décadas de los ochenta y noventa se permitió un proceso contrarreformista que ha devuelto al mundo a los abusos del pasado.

A destacar, dentro del documental, tres momentos estelares: el banquero Paul Warburg previó lo que iba a suceder, pero no le creyeron; su nieto destaca que hizo el papel de Casandra en aquella crisis y salvó a su banco de la quiebra saliéndose a tiempo de la Bolsa; segundo, las imágenes, poco conocidas, del drenaje del lago de Central Park, para instalar en su base seca decenas de chabolas de cartón para que los pobres y arruinados pudieran dormir en ellas; y tercero, la reacción que supuso en 1932 la elección como presidente del demócrata Franklin Delano Roosevelt, el hombre que logró sacar a EE UU de la Gran Depresión, que no acabó sino cuando se inició la Segunda Guerra Mundial.

Ha coincidido este documental con la cuidada reedición del mejor libro escrito nunca sobre aquellos acontecimientos: La crisis económica 1929-1939, del historiador norteamericano de la economía Charles P. Kindleberger (editorial Capital Swing). De él dijo John K. Galbraith (autor del clásico El crash de 1929) que era “una auténtica lección. Sin duda se trata del mejor estudio sobre la década decisiva, desde el punto de vista económico, de este siglo”.

Kindleberger, que analiza con gran didactismo las diferentes versiones que se han dado sobre los orígenes y el desarrollo de la Gran Depresión, llega a la conclusión de que los mercados planetarios (entonces no se hablaba de globalización) no se pueden controlar por sí mismos porque son inestables, con información asimétrica y competencia imperfecta.

Cuando Kindleberger se pregunta qué provocó la depresión mundial de 1929; por qué fue tan amplia, tan profunda, tan larga; si fue causada por factores reales o monetarios; si fue una debilidad fatal de la naturaleza del sistema capitalista internacional o de la forma en que éste era gestionado; si las políticas aplicadas por los Gobiernos eran consecuencia de la ignorancia, la limitación de horizontes o los malos deseos; si la profundidad y la duración de la depresión fueron un reflejo de la fuerza de un shock sobre un sistema relativamente estable, o una medida de la inestabilidad del sistema en presencia de un vendaval o de una serie de vendavales de fuerza normal, etcétera, parece estar interrogándose acerca de la Gran Recesión actual.

Sin embargo, afortunadamente hay cosas distintas. Existen al menos tres grandes diferencias en lo ocurrido en este intervalo de ocho décadas: primero, hoy los Gobiernos han actuado antes, más rápidamente, dando protagonismo a las medidas públicas de reactivación de la demanda y a los rescates del sistema financiero; segundo, han evitado (al menos hasta ahora), que la crisis económica devenga en una crisis política, ayudados por el hecho de que en la actual coyuntura no hay una alternativa ideológica al capitalismo (todo lo más se pretende reformarlo o refundarlo).

Y tercero, existe en algunas partes del mundo un Estado de bienestar que reduce las peores secuelas de la recesión y aminora las posibilidades de una crisis social. La incógnita es si se avanzará en las políticas reformistas para evitar que los abusos vuelvan a suceder, y aquí, tanto el documental de la BBC como Kindleberger son más bien pesimistas.

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26 octubre, 2009 a las 8:14 am

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"El futuro parece brillante", de Joaquín Estefanía en El País

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“El futuro parece brillante”. Así terminaba textualmente un informe que cinco días antes de que arrancase el crash de octubre de 1929 en la Bolsa de Nueva York le enviaba Thomas Lamont -accionista de referencia de JP Morgan- al presidente de EE UU, Herbert Hoover, para darle cuenta de lo que pasaba ante la inquietud del mandatario de que se estuviesen recalentando los mercados. Lo contaba el estupendo documental titulado 1929, el gran crash, de la televisión pública británica BBC, que emitió La 2 de TVE la madrugada del pasado domingo en su espacio La noche temática.

Ese documental, pasado el día que se cumplían 80 años del jueves negro de Wall Street, servía para establecer analogías y diferencias entre lo que sucedió entonces y la Gran Recesión que ahora estamos tratando de superar. Los distintos analistas que aparecen en él no son demasiado optimistas: hemos olvidado muchas de las lecciones que se desprendieron del origen de la Gran Depresión de los años treinta, y durante las décadas de los ochenta y noventa se permitió un proceso contrarreformista que ha devuelto al mundo a los abusos del pasado.

A destacar, dentro del documental, tres momentos estelares: el banquero Paul Warburg previó lo que iba a suceder, pero no le creyeron; su nieto destaca que hizo el papel de Casandra en aquella crisis y salvó a su banco de la quiebra saliéndose a tiempo de la Bolsa; segundo, las imágenes, poco conocidas, del drenaje del lago de Central Park, para instalar en su base seca decenas de chabolas de cartón para que los pobres y arruinados pudieran dormir en ellas; y tercero, la reacción que supuso en 1932 la elección como presidente del demócrata Franklin Delano Roosevelt, el hombre que logró sacar a EE UU de la Gran Depresión, que no acabó sino cuando se inició la Segunda Guerra Mundial.

Ha coincidido este documental con la cuidada reedición del mejor libro escrito nunca sobre aquellos acontecimientos: La crisis económica 1929-1939, del historiador norteamericano de la economía Charles P. Kindleberger (editorial Capital Swing). De él dijo John K. Galbraith (autor del clásico El crash de 1929) que era “una auténtica lección. Sin duda se trata del mejor estudio sobre la década decisiva, desde el punto de vista económico, de este siglo”.

Kindleberger, que analiza con gran didactismo las diferentes versiones que se han dado sobre los orígenes y el desarrollo de la Gran Depresión, llega a la conclusión de que los mercados planetarios (entonces no se hablaba de globalización) no se pueden controlar por sí mismos porque son inestables, con información asimétrica y competencia imperfecta.

Cuando Kindleberger se pregunta qué provocó la depresión mundial de 1929; por qué fue tan amplia, tan profunda, tan larga; si fue causada por factores reales o monetarios; si fue una debilidad fatal de la naturaleza del sistema capitalista internacional o de la forma en que éste era gestionado; si las políticas aplicadas por los Gobiernos eran consecuencia de la ignorancia, la limitación de horizontes o los malos deseos; si la profundidad y la duración de la depresión fueron un reflejo de la fuerza de un shock sobre un sistema relativamente estable, o una medida de la inestabilidad del sistema en presencia de un vendaval o de una serie de vendavales de fuerza normal, etcétera, parece estar interrogándose acerca de la Gran Recesión actual.

Sin embargo, afortunadamente hay cosas distintas. Existen al menos tres grandes diferencias en lo ocurrido en este intervalo de ocho décadas: primero, hoy los Gobiernos han actuado antes, más rápidamente, dando protagonismo a las medidas públicas de reactivación de la demanda y a los rescates del sistema financiero; segundo, han evitado (al menos hasta ahora), que la crisis económica devenga en una crisis política, ayudados por el hecho de que en la actual coyuntura no hay una alternativa ideológica al capitalismo (todo lo más se pretende reformarlo o refundarlo).

Y tercero, existe en algunas partes del mundo un Estado de bienestar que reduce las peores secuelas de la recesión y aminora las posibilidades de una crisis social. La incógnita es si se avanzará en las políticas reformistas para evitar que los abusos vuelvan a suceder, y aquí, tanto el documental de la BBC como Kindleberger son más bien pesimistas.

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Introducido por Reggio

26 octubre, 2009 a las 8:14 am

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Veinte años, claro que son muchos…, de Jorge de Esteban en El Mundo

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TRIBUNA: 20º ANIVERSARIO DE EL MUNDO

El autor rememora cómo surgió este periódico, fruto ‘del azar y de la necesidad’, hace ahora dos décadas. Subraya nuestro permanente compromiso con la consolidación de un auténtico Estado de Derecho en España.

Apesar de lo que diga el famoso tango Volver, del mítico Carlos Gardel, 20 años son muchos… tanto en la vida de una persona, como en la historia de una nación y, por supuesto, en la existencia de un periódico. Sí, han pasado 20 años desde que aquel 23 de octubre de 1989 saliese el primer número de EL MUNDO, al que han seguido 7.251 más. En cada uno de ellos se han ido reflejando los hechos más importantes acaecidos tanto en este país como en el resto del mundo. Pero no sólo eso sino que este periódico ha tratado de responder a las cinco funciones principales que, a mi juicio, debe cumplir la prensa escrita, y que expondré después.

Pero antes hay que explicar cómo nació EL MUNDO, porque no fue algo fortuito o, al menos, no lo fue enteramente, sino que más bien -utilizando el título y la teoría del famoso premio Nobel francés, Jacques Monod- fue consecuencia «del azar y la necesidad». Del azar, porque si no se hubiera realizado un programa de televisión en el que coincidieron el entonces ministro del Interior y Pedro J. Ramírez, director de Diario 16, no hubiese asistido toda España a un fuerte enfrentamiento dialéctico entre ellos con motivo de los GAL, episodio que fue precisamente el origen inmediato de la aparición de EL MUNDO.

En efecto, aunque Diario 16, gracias a las pesquisas de Melchor Miralles sobre todo, había descubierto las pruebas del terrorismo de Estado, es posible que, de no haberse producido ese incidente televisivo, su director habría continuado en su puesto, y, en consecuencia, EL MUNDO no se habría creado. En cualquier caso, las presiones sobre Juan Tomás de Salas por parte del Gobierno fueron tan intensas que Pedro J. Ramírez, tras publicar un texto con el título La rosa y el capullo, así como nuevas revelaciones sobre los GAL, fue destituido fulminantemente. El azar hizo su camino, ahora faltaba la necesidad, para que surgiese el nuevo periódico.

Juan Tomás de Salas barajó varias posibilidades para seguir con el periódico que había fundado e incluso pensó en venderlo. Ninguna de ellas prosperó y, por tanto, había que encontrar una solución profesional para Pedro J. Ramírez y los redactores que le siguieron, comenzando por Alfonso de Salas, hermano de Juan Tomás, que también había sido destituido, consecuencia de una venganza fratricida al estilo de los dramas griegos. Se había acabado con la censura franquista hacía años, pero había surgido un nueva censura empresarial, para evitar que se molestase al poder político.

Por ello, la mejor solución era crear un nuevo periódico que fuese de todos los que escribiesen en él, sin empresarios ni editores; claro que semejante hazaña era tan necesaria como imposible de llevar a cabo en unos pocos meses. Quedaba claro que el fin último de todo Gobierno, nunca confesado, consiste en controlar la prensa, aunque en los regímenes democráticos tal cometido es mucho más sutil que en las dictaduras. La famosa frase de Thomas Jefferson, afirmando que «prefería una prensa sin Gobierno, a un Gobierno sin prensa» era un eufemismo que quedó contradicho cuando años más tarde fue elegido tercer presidente de Estados Unidos, y tuvo que bregar con la prensa. En ese momento probablemente habría hecho suya otra frase célebre, la de Balzac, cuando escribió que «si no existiera la prensa, no habría que inventarla».

Sin embargo, la prensa felizmente existe y, por cumplir con su misión, Pedro J. y sus colaboradores tuvieron que emprender el siempre problemático camino de fundar un nuevo periódico para poder ser fieles a sus ideas. Sin embargo, la fortuna -compañera inseparable de Pedro J. en muchos momentos de su vida- les favoreció, porque había un hueco para un periódico de centro, pues muchos lectores estaban disgustados con la polarización periodística que se había establecido en esos momentos de supremacía socialista.

Así las cosas, el proyecto del nuevo diario se fraguó a los tres días de la destitución señalada; esto es, durante un almuerzo en el restaurante Tejas Verdes, en el que participaron Pedro J. Ramírez, Alfonso de Salas, Balbino Fraga y Juan González. El pacto fundacional estaba hecho y se creó una sociedad llamada Unidad Editorial que tendría, para empezar, como principal producto un diario que decidieron llamar EL MUNDO, curiosamente como uno de los últimos artículos en que escribió Mariano José de Larra. Ahora ya sólo faltaba el resto, es decir, todo. Había que conseguir el capital indispensable, crear la infraestrutura industrial, comprar la rotativa adecuada, adquirir los equipos informativos, buscar una sede conveniente, componer una buena redacción, reclutar un Consejo Editorial formado por intelectuales, diseñar el producto y comenzar a buscar publicidad. Yo asistí, junto con otros colegas, desde el recién creado Consejo Editorial, al despliegue particular de algo tan apasionante como es crear un periódico y que, como han señalado periodistas como Juan Luis Cebrián o Tomás Eloy Martínez, es una «experiencia irrepetible» o incluso una situación en que «se siente un delirio».

Pero esta aventura resultaba doblemente apasionante porque, tras 11 años de vigencia de la Constitución y siete de Gobiernos socialistas, la democracia estaba recortada por los abusos del poder que, sin embargo, pocos denunciaban, por el debilitamiento de algunos derechos fundamentales, por el mal uso de las instituciones constitucionales, por la pujanza cada vez mayor de los nacionalismos, y, en suma, por la ambigüedad del siempre inacabado Estado de las Autonomías.

De este modo, en la primera Carta del Director, el día 23 de octubre de 1989, se podía leer, como rumbo a seguir por el nuevo periódico, que «creemos que la democracia española precisa de un profundo impulso regeneracionista que restituya a los ciudadanos el ejercicio práctico de la soberanía popular, secuestrada por las camarillas dirigentes de los grandes partidos y por los grupos de presión económica». En las Cartas que siguieron hasta llegar a la actualidad, en los editoriales y en los artículos de los que formamos parte del Consejo Editorial, se ha ido forjando la línea intelectual del periódico. No es extraño así que su director decidiese que el primer artículo de la Tribuna Libre fuese el que había preparado yo, solicitando la necesaria reforma de la Constitución, para modificar su Título VIII y poder cerrar de una vez un Estado inacabado. Pero por entonces no me había percatado de que nuestra Carta Magna es irreformable, con todo lo que eso significa.

Han pasado 20 años desde aquel año de 1989, mítico por tantas cosas, y es seguro que habremos cometido errores, pero también es cierto que nuestro periódico, con mayor o menor acierto, ha tratado de perseguir siempre las cinco funciones que yo considero esenciales en un diario independiente, y que son las que han conferido la credibilidad que ha sido esencial para haber podido llegar de forma exitosa hasta aquí: buscar, seleccionar y difundir información; interpretar los hechos que se suceden; vigilar al poder, sea el que fuere, para evitar sus abusos; influir en el poder, a efectos de profundizar en la democracia; y contribuir a la cultura y al entretenimiento de los lectores.

En definitiva, no hemos hecho más que seguir la estela de las bellas palabras de Stuart Mill, cuando escribía: «Revelar al mundo algo que le interesa profundamente y que hasta entonces ignoraba, demostrarle que ha sido engañado en algún punto vital para sus intereses temporales o espirituales, es el mayor servicio que un ser humano puede prestar a sus semejantes».

Sí, han pasado ya 20 años desde que comenzamos en la pequeña sede de Sánchez Pacheco, sin saber qué futuro esperaba al periódico, aunque con un proyecto intelectual muy madurado, que consistía en luchar porque en España hubiese un auténtico Estado de Derecho, una democracia constitucional en la que estuviesen garantizados todos los derechos fundamentales. En estos años se han conseguido muchas metas, nuestro diario pertenece mayoritariamente a un grupo multimedia europeo sin que hayamos perdido nuestra independencia, nos hemos fusionado con el Grupo Recoletos, y disponemos, con todas nuestras publicaciones, del mayor número de lectores en España, e igualmente somos líderes en todo el mundo en lo que respecta a la información en español a través de internet.

Todo esto es verdad, pero ese proyecto intelectual que estaba en el origen de este periódico no se ha herrumbrado con el tiempo, sino que, por el contrario, está tan fresco o más que entonces, porque las carencias de nuestra clase política están comportando que sigamos un vericueto que conduce a la deconstrucción de nuestra Nación, tal y como venimos denunciado continuamente en estas páginas. El panorama de nuestro país, ni económica, ni política, ni culturalmente, es muy alentador. Por eso, hoy más que nunca, son válidas las palabras de nuestro director en su Carta Fundacional: «En el complejo mundo que viene, la búsqueda de la felicidad y la justicia, requerirán de grandes dosis de innovación, coraje personal y sentido de la decencia».

Pocos días después de aparecer nuestro periódico cayó el Muro de Berlín, pero 20 años después siguen existiendo otros muros que habría que derribar. Y a ello nos dedicaremos, humildemente, los que estamos en EL MUNDO.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

© Mundinteractivos, S.A.

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26 octubre, 2009 a las 8:13 am

Caja Madrid, ese oscuro objeto de deseo, de Casimiro García-Abadillo en El Mundo

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A FONDO

En el mes de junio, Rodrigo Rato mantuvo una discreta reunión con Mariano Rajoy. Para nadie es un secreto que la relación entre ambos es fría y distante. Tras su regreso a Madrid, abandonando, antes de cumplir su mandato, la dirección del FMI, Rato se ha dedicado a ordenar su vida personal y profesional (en la que no le va nada mal), pero siempre mirando con el rabillo del ojo la situación política. Sigue siendo militante del PP, acude a algunos de sus actos y se dejó ver y querer en el tenso Congreso de Valencia, donde el presidente del partido acabó con la disidencia.

El mensaje del ex vicepresidente económico de Aznar y antaño considerado por muchos su sucesor natural, se acercó a Génova en son de paz. Dicen las fuentes que le transmitió a Rajoy su deseo de colaborar, de involucrarse más, siempre respetando el liderazgo de su interlocutor, faltaría más. «Y si -dicen las fuentes que le dijo a Rajoy- consideras que yo pudiera ser un candidato para presidir Caja Madrid, puedes contar conmigo».

Las vueltas que da la vida. El gallego le miró circunspecto y le preguntó: «¿Has hablado del tema con Esperanza y con Alberto?». «No. Lógicamente tu has sido el primero, porque eres el presidente del partido, pero, conociéndoles, no creo que mi candidatura presente problemas para ninguno de los dos».

Vale. Ahí quedó la cosa. El alcalde de Madrid había defendido abiertamente la continuidad de Blesa al frente de la Caja. Sin embargo, la presidenta de la Comunidad había dejado caer en público y en privado que Rato sería un excelente candidato.

Así que, con ese panorama, Rajoy habló con el que suponía podía poner más problemas a la inesperada solución al sudoku que vivía la cuarta entidad financiera del país. A finales de ese mismo mes de junio habló con Ruiz Gallardón. «He estado con Rodrigo y me ha dicho que el estaría dispuesto a presidir la Caja si hay consenso». «Yo no le voy a poner pegas a Rodrigo. Si ésa es la solución, de acuerdo», dicen las fuentes que contestó el regidor madrileño.

Pero, mientras tanto, Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid y ojito derecho de Aguirre, cerraba un acuerdo «de estabilidad» con sindicatos, empresarios, IU y PSOE que implicaba que el PP nombraría al presidente de la Caja (que sería él mismo) y el PSM de Tomás Gómez designaría al vicepresidente.

Con el acuerdo cerrado, González se fue a ver en el mes de julio a Rajoy, con el que no mantiene precisamente una relación cálida. El número dos de Aguirre le contó a Rajoy el pacto, incluida su candidatura, y, según dicen las fuentes, el presidente del PP estuvo más gallego que nunca. No dijo ni que sí, ni que no. Lo que González interpretó como que daba su visto bueno, claro.

Tras el verano las cosas fueron a peor. La información de que Aguirre apostaba por su número dos llevó a Gallardón a presentar un recurso contra la nueva ley que, de hecho, ha paralizado el proceso electoral.

Es más, todo este embrollo de candidatos y guerras internas podría quedar en agua de borrajas si la juez decide dentro de unos días mantener la suspensión del proceso electoral.

El único que puede desactivar esa bomba es Ruiz Gallardón, retirando el recurso.

Rajoy había dejado caer en alguna cena privada que ya tenía «una solución para Caja Madrid», lo que muchos, entre otros, Aguirre, interpretaron como que iba a lanzar abiertamente la candidatura de Rato.

A todo esto, la situación de la Caja se ha ido deteriorando poco a poco, más aún cuando a Blesa ya todo el mundo le da por muerto.

El Gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO para los amigos), transmitió hace unos días su preocupación por la situación de la Caja a la vicepresidenta y ministra de Economía, Elena Salgado.

El pasado lunes, en los maitines que se celebran en Moncloa, el asunto salió a colación. Zapatero se mostró rotundo sobre los candidatos que en ese momento estaban sobre el tablero. «Ignacio González no tiene ninguna experiencia. Pero Rato, en ningún caso. Dejó a España en mal lugar cuando abandonó el FMI sin concluir su mandato», dicen las fuentes que sentenció.

Para Moncloa, la mejor opción sería Luis de Guindos, ex secretario de Estado de Economía, ex presidente de Lehman Brothers y ahora directivo de la consultora Pricewaterhouse Coopers.

Su nombre se filtró ese mismo día como si hubiera un acuerdo PP/PSOE para colocarle al frente de la Caja.

Esa misma mañana se celebraba en Génova la Ejecutiva del PP de Madrid. El teletipo de Europa Press cayó como una bomba. González pidió a Aguirre desmentir el inexistente acuerdo de inmediato.

Pero no sólo se desmintió, sino que el número tres de la Comunidad, Francisco Granados, dijo públicamente que el candidato más probable para la Caja sería Ignacio González.

El pulso estaba echado. De nuevo el lío, la guerra de Madrid ensombrecía al terremoto de Gürtel.

Rajoy, señalan las fuentes, comentó a sus cercanos: «No hemos echado a González de la dirección nacional del partido para nombrarle ahora presidente de la Caja».

Eso mismo, o parecido, le dijo el líder del PP a Aguirre en una reunión mantenida en Génova el jueves.

Zapatero, por su parte, insistía el viernes ante un interlocutor privilegiado: «Ni González, ni Rato».

Esa misma tarde, Aguirre se sintió en la cuerda floja por haber dado la cara por Nacho.

¿Cómo salir de este lío?

En primer lugar, la opción de Rato no está sobre la mesa. Rajoy comentó a una persona de su confianza ese mismo viernes por la noche: «Yo no he dicho que mi candidato fuera Rato, lo que si digo es que González no».

Segundo, Aguirre podría proponer un candidato de consenso, que sólo podría ser Guindos o el ex presidente de Endesa y de la CECA, Manuel Pizarro, que cuenta con el respaldo de Aznar.

Tercero, si el PP no soluciona el asunto pronto, el Banco de España podría tomar medidas con la Caja, como, por ejemplo, nombrar una comisión gestora.

Por último. Sea cual sea la solución final, la persona que ocupe ese puesto tiene por delante una tarea dura y desagradable. Caja Madrid es una pieza clave del sistema financiero y tiene que ser una de las entidades que, junto a la Caixa, piloten las fusiones y la reconversión del sector. O sea, un poquito menos de política y un poco más de sentido común.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

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26 octubre, 2009 a las 8:12 am

El asiento vasco, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

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Rodolfo Martín Villa, durante los debates parlamentarios sobre el Estatut autonómico catalán de 1979, hizo la siguiente reflexión, recogida en el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados: “Es evidente que entendemos a España de una forma distinta los distintos españoles, y una forma de entender a esta España es aquella que tiene su asiento en Cataluña”. El destacado político de la Unión de Centro Democrático, entonces el partido en el Gobierno, añadió que “una buena y positiva solución para Cataluña contribuirá definitivamente a consolidar este estado difícil, pero que hay que alcanzar, de autonomías en libertad”. Para este avezado y pragmático dirigente, que había evolucionado desde el interior del franquismo hasta las convicciones democráticas, estaba claro que el nuevo modelo territorial tenía en Catalunya su locomotora y su piedra de toque. Nada era casual. El retorno del president Tarradellas, única incrustación de la legalidad republicana en el proceso de la transición, reconocía este papel especial al pueblo de Catalunya. Y Martín Villa no estaba sólo, puesto que la mayoría de cabezas políticas de Madrid entendían que la diferencia catalana era, gustase más o menos, el asiento de un nuevo concepto de España.

Ha llovido mucho desde 1979. Las regiones se convirtieron en autonomías con presidente, himno, bandera y fondos europeos. Y el carácter nacional de las autonomías históricas dejó de ser aceptado por los demás territorios y pasó a ser combatido desde las derechas y las izquierdas, desde los negocios y los medios, desde la calle y el Tribunal Constitucional. A pesar del peso económico, social, cultural y electoral de Catalunya, escasos políticos de primer nivel afirmarían hoy desde Madrid lo mismo que Martín Villa proclamaba tranquilamente hace tres décadas. Le correrían a gorrazos y le señalarían como un apestado.

La prueba de todo ello nos la ofrece la actitud de Zapatero. Sus socios de hoy para sacar adelante los presupuestos generales del Estado son los nacionalistas vascos y los regionalistas canarios. Los primeros están en la oposición en Vitoria y los segundos gobiernan el archipiélago con los populares. Además, al PSOE no le causa ningún estorbo que el PNV se manifieste en apoyo de varios dirigentes batasunos detenidos recientemente. ¿Cómo puede ser que ni las siglas del tripartito Montilla ni CiU tengan vela en este entierro? La geometría catalana es demasiado cara para Zapatero, y no sólo en inversiones y compromisos, pongamos que hablamos de la gestión del aeropuerto de El Prat. Acercarse a Catalunya es letal para Zapatero, que ahora imita la posición de Rajoy y del PP.

La democracia española renuncia sin disimulo al asiento catalán. El asiento vasco es más rentable y menos problemático. PSOE y PP van del brazo en Euskadi mientras en Madrid a nadie molesta el concierto fiscal. Así las cosas, no es nada extraño que la palabra independencia genere cada vez menos inquietud en Catalunya.

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26 octubre, 2009 a las 8:11 am

Impuestos indispuestos, de José Ignacio González Faus en La Vanguardia

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La pelea en torno a la subida de impuestos se aviva. La discusión ha coincidido con la semana contra la pobreza celebrada del 13 al 18, en un mundo con mil millones de famélicos. Vale la pena juntar ambos datos, dejando nuestras peleas particulares donde Zapatero engaña prometiendo gravar sólo a los más poderosos y gravando luego a las clases medias; y Rajoy sigue con sus bellas frases sin contenido, tan sonoras como huecas y tan bien cinceladas como vacías. Es mejor rebobinar el debate hasta la propuesta inicial del sr. Blanco en septiembre: subir impuestos a partir de los 60.000 € de ingresos (unos 750.000 contribuyentes, decía él), para invertir en obras públicas creando empleo, no sólo para dar subvenciones. Dos millonarios del PP protestaron que eso era una agresión ¡a los trabajadores! A ellos se sumó luego Rajoy con la misma música, pero de él no puedo asegurar que sea millonario: pues en la tele (Tengo una pregunta para usted) se negó a contestar la pregunta de cuánto ganaba. Mis reflexiones arrancan de aquel planteamiento que recoge el punto de partida del llamado Estado de bienestar.

1. En la demagogia del PP hay algo importante. Una subida de impuestos será estéril si no va acompañada de más persecución del fraude fiscal (donde España está a la altura de su selección futbolística); de austeridad en gasto público y coches oficiales y de arbitrar formas de control ciudadano sobre el destino de lo recaudado por el Estado. Somos el primer país del mundo en coches oficiales, más que Estados Unidos, Alemania o Francia. Sobre el control del gasto, un diputado gana unos 4.000, que, con dietas y demás estipendios, llegan casi a 6.000; y ese sueldo no les viene asignado por el mercado de trabajo en el que tanto creen, ¡se lo adjudican ellos!

2. La crisis económica se parece a la gripe A: una pandemia de la cual se sale y que sólo resulta mortal para quienes tenían otras dolencias previas. La economía española es uno de esos pacientes que contraen la gripe teniendo otra enfermedad. Por eso, la propuesta de Zapatero de crear otras fuentes de riqueza llega tarde: ¡eso debió haberlo hecho cuando estábamos en la burbuja y él presumía de adelantar a Italia!, no ahora cuando estamos en la UVI.

3. Es muy injusta la teoría del goteo (“cuando la copa de los ricos se llena a rebosar, las gotas que caen dan de beber a los pobres”). Los millonarios no pueden pedir que los hambrientos esperen a que haya más riqueza y entonces podrán comer. Lo razonable es que esperen los millonarios y, cuando ya coman todos, podrán enriquecerse más. Creer que si los muy ricos tienen más dedicarán la riqueza a crear puestos de trabajo es desconocer interesadamente la naturaleza humana.

4. En España, hoy, las rentas del capital tributan todas por igual; y la presión fiscal es de las más bajas de Europa. Según la moral cristiana, los impuestos han de ser “progresionales”, o sea: progresivos (quien tiene más contribuye con un porcentaje mayor), pero cada vez menos, para no llegar al cien por cien. En 1891, una encíclica nada progre enseñaba: “La raza de los ricos, como se puede amurallar con sus propios recursos, necesita menos del amparo de la autoridad pública; el pueblo pobre, como carece de medios con que defenderse, necesita apoyarse mucho en el patrocinio del Estado… Toca a los gobernantes beneficiar a esas otras clases sociales y aliviar en serio la situación de los proletarios. Y esto en nombre del mejor derecho y sin la más leve sospecha de injerencia: pues el Estado debe velar por el bien común como su misión propia” (RN 22 y 23). Eso repetía en 1965 el Vaticano II: “Al Estado toca impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común” (GS 71). Fundamento de esta enseñanza es que, cuando alguien tiene cubiertas sus necesidades, el dinero que le queda ya no es suyo, sino de quienes lo necesitan. El cristianismo primitivo enseñaba que la limosna no era una caridad supererogatoria, sino una obligación de estricta justicia.

5. Esa moral es, para un católico, tan obligatoria como la del aborto. Pero con la moral católica hace la sociedad (¡y la misma Iglesia!) una curiosa selección. Hace 70 años Pío XI denunció que muchos católicos “aparentemente fieles en el cumplimiento de sus estrictos deberes religiosos, luego, en el campo del trabajo, industria, profesión, comercio o funciones públicas, por un deplorable desdoblamiento de la conciencia, llevan una vida contraria a las normas de la justicia” (DR 56). Y de aquel documento sólo quedó que el Papa “condenaba el comunismo”.

6. Cuidado con los impuestos indirectos que afectan a todos por igual. O mejor: afectan mucho más al pobre usuario del Centro Arrels (que no tiene en la vida más gratificación que el tabaco que fuma), que al propietario de un yate que no se resiente mucho si le suben la gasolina. “Salta a los ojos de todos que, en nuestros tiempos, no sólo se acumulan las riquezas, sino que también se acumula una descomunal y tiránica potencia económica en manos de unos pocos” (QA 105). Esto se dijo en 1941: ¿cabe una democracia política en una tiranía económica?

7. Sorprende que muchos se quejen de que se vacían las arcas del Estado si se trata de aliviar a los que no tienen casi nada, y no se quejaran cuando esas arcas se vaciaron para salvar a los piratas que nos habían saqueado.

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26 octubre, 2009 a las 8:10 am

Amaro del Rosal, rehabilitado, de Félix Población en Público

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El sábado pasado fueron rehabilitados en un acto oficial Juan Negrín y 35 militantes históricos del Partido Socialista Obrero Español, según lo acordado en el Congreso Federal celebrado a primeros de julio de 2008. Acusados de una presunta sumisión a Moscú durante la Guerra Civil, fueron expulsados del partido en 1946. Historiadores como Gabriel Jackson, Santos Juliá, Ángel Viñas o Enrique Moradiellos han coincidido en señalar que la postura de Negrín como jefe del Gobierno republicano, y la de quienes fueron sus colaboradores, se basó estrictamente en organizar una política de resistencia para la que era necesario contar con el apoyo de la URSS y el Partido Comunista.

Anota Jackson en su biografía de Negrín que don Juan tuvo la sensación al final de su existencia de haber fallado. La derrota en la guerra y haber sido denostado en su propio partido motivaron sin duda ese pesar. Por eso, según el historiador, no quiso estatuas, ni que escribieran su nombre en su tumba. Tampoco flores, aunque, según su nieta Carmen, todavía sin la ciudadanía española y depositaria de su archivo, todos los años hay un ramo con la enseña tricolor sobre las tres iniciales que identifican su lápida en el cementerio parisino de Père-Lachaise.

Muchos años después de la muerte de Juan Negrín en París (1956), falleció Amaro del Rosal Díaz (1991), secretario adjunto de la UGT y director general de la Caja de Reparaciones durante la Guerra Civil. Como le ocurriera a don Juan en su exilio, sólo tres personas estuvieron a su lado cuando ingresó y murió en un hospital madrileño, con la agravante de que Amaro no falleció en la diáspora, sino en la España democrática que él había defendido frente al fascismo. Su visión crítica de la Transición, así como su disconformidad con la gestión de los primeros gobiernos socialistas, le apartaron de los honores y lisonjas que se mercan en la feria de las vanidades. El único homenaje se lo rindió la UGT y fue póstumo.

Aparte de diversas obras sobre la historia del sindicato socialista, los congresos obreros internacionales y la revolución de Asturias de 1934, dejó inédita Amaro del Rosal una monografía, centrada en los avatares que le procuraron sus archivos personales y otros que hubo de preservar y custodiar con diversa suerte hacia y en el exilio. Entre estos figuraban los de la UGT, el de la federación de banca del mismo sindicato y el de la Dirección General de la Caja de Reparaciones. Es de resaltar la magnitud del legado documental que Amaro donó a diversas entidades, sobre todo a la Fundación Pablo Iglesias, pese a las substanciosas ofertas económicas que recibió por sus archivos.

Ese comportamiento no sorprende en quien tuvo a su cargo, durante uno de los periodos no sólo más crueles sino más azarosos de la historia de España, la Caja de Reparaciones del Ministerio de Hacienda desde que fuera nombrado en septiembre de 1936. Su obligación, según sus propias palabras, era “la recuperación de todos los bienes de los sublevados para poder responder en parte, con ese patrimonio, a los daños y perjuicios ocasionados por la guerra”. Ese mismo mes, Juan Negrín le encomienda la evacuación de los valores y existencias en oro, plata amonedada y lingotes del Banco de España, tal como detalla Nieves García Ordóñez en su biografía de Amaro de Rosal Memoria de la historia silenciada.

Mucho se ha escrito sobre la historia del oro del Banco de España y el llamado tesoro del Vita, el yate que con el nombre de Giralda perteneciera a Alfonso XIII y que el Gobierno de la República adquirió para el transporte de obras de arte y demás objetos de valor entregados por la Caja de Reparaciones, los depósitos del Banco de España y otras entidades con objeto de habilitar fondos para el exilio. Sobre las enconadas disputas entre las facciones socialistas de Indalecio Prieto y Juan Negrín a propósito del Vita, apunta Amaro de Rosal en un libro sobre tal materia que es “el hecho más lamentable de la emigración y tuvo graves consecuencias para la causa de la República. En él naufragó –añade– el esfuerzo realizado por la Caja de Reparaciones durante cerca de tres años de ímproba labor. Las responsabilidades que entrañan estos hechos están pendientes de juicio y esclarecimiento, ante la Historia y el pueblo español”.

También reseña Amaro, en ese opúsculo inédito al que aludo (En torno a mis archivos: Vivencias históricas, 1924-1988), que algunas de las dependencias donde las delegaciones de la Caja General de Reparaciones habían almacenado sus depósitos fueron asaltados por las tropas franquistas al ocupar las ciudades, con el consiguiente reparto de bienes por parte de los jefes militares. “En los domicilios de los vencedores –puntualiza– estaban y están objetos de valor que no les pertenecían ni les pertenecen, empezando por el Pazo de Meirás”.

Amaro del Rosal regresó a España en 1975, después de un exilio de casi 40 años. Siempre se honró de haber vivido de su trabajo. Su sueldo de pensionista como empleado del Banco Urquijo le permitió pasar los últimos años de su vida en Madrid con modesta dignidad. “Mi pequeño patrimonio en México –dejó escrito–, fruto de mi labor profesional y la de mi compañera, profesora de francés, se lo comió el brutal proceso de devaluación de la moneda mexicana, que dejó en la más absoluta quiebra el pequeño ahorro. Mi única propiedad es una tumba a perpetuidad de dos plazas en el cementerio de Bages (Francia) en la que reposa mi compañera, con este epitafio: “Una piedra al sol”.

El Partido Socialista Obrero Español se presentó a las urnas en 1979 con los rostros de Pablo Iglesias y Felipe González y este eslogan en los carteles de su campaña electoral: “Cien años de honradez”. Amaro del Rosal, ahora y tan tarde rehabilitado, hizo verdad ese lema con su vida.

Félix Población, es escritor y periodista.

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26 octubre, 2009 a las 8:09 am

Raíces cristianas europeas, de Óscar Celador Angón en Público

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La elaboración del Tratado de Lisboa, tras el intento fallido de aprobar una Constitución para Europa, no fue sencilla, ya que la incorporación de diez nuevos Estados a la Unión Europea obligó a reformar las principales instituciones comunitarias. Uno de los debates más polémicos en este proceso se produjo a propósito de la inclusión o no en el Tratado de una referencia a las raíces cristianas europeas. La discusión se zanjó finalmente con una alusión en el preámbulo de la norma a la herencia cultural, religiosa y humanista de Europa. Pese a que este debate parecía felizmente superado, recientemente el Papa Benedicto XVI ha decidido recuperarlo con sus declaraciones en diversos actos oficiales, como por ejemplo con ocasión de la recepción del nuevo representante de la Comisión Europea ante la Santa Sede, al reivindicar las raíces cristianas de Europa y denunciar que el viejo continente no hace lo suficiente para promocionar sus “valores cristianos fundacionales”.

Los partidarios de la inclusión de la referencia al cristianismo en el Tratado alegan que no pretenden obtener privilegios para las Iglesias cristianas, sino que se reconozca un hecho sociológico. Estos argumentos coinciden con los que en su día utilizaron los redactores de nuestra Constitución para incluir en su articulado una referencia expresa a la Iglesia católica; lo que posteriormente ha servido para legitimar que esta institución disfrute de un estatus autónomo y diferente al de los demás grupos religiosos. La referencia al cristianismo sólo serviría para que se generasen conflictos, toda vez que el derecho a la libertad religiosa de los cristianos, al igual que el de cualquier otro creyente o no creyente, se encuentra entre los derechos y libertades fundamentales que protege el Tratado.

La neutralidad de los poderes públicos y el pluralismo religioso son dos ingredientes nucleares del modelo político europeo, ya que se pretende aunar diferentes realidades nacionales a través de un proyecto común soportado en la democracia, el Estado de Derecho y la igualdad de todos los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos y libertades. Asimismo, es necesario tener en cuenta que la sociedad europea del siglo XXI se caracteriza por su elevado grado de secularización, y el pluralismo religioso generado tanto por la consolidación de numerosos grupos religiosos no cristianos como por la recepción de potentes flujos migratorios procedentes de países musulmanes.

La Unión Europea tiene sentido si sus cimientos se soportan sobre aquellos valores y principios que son compartidos por todos los ciudadanos europeos, ya que sólo entonces podemos hablar de un proyecto común supranacional. Mecanismos de defensa de los derechos y libertades fundamentales, y especialmente del derecho de libertad religiosa, cuantos más mejor, pero referencias a ideologías o creencias concretas que puedan servir para resquebrajar la unidad de Europa, las menos posibles. En otras palabras, las únicas referencias al pasado histórico europeo que deben considerarse son aquellas que sirvan como fundamento de unión para un futuro.

Óscar Celador Angón, es profesor de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas.

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26 octubre, 2009 a las 8:08 am

Archivado en Cultura,Política,Religión

Rajoy apoya a Cascos y ordena investigar al PP de Gijón por tirar a la basura datos del ex ministro, de Alfredo Muñiz en El Confidencial

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El ex ministro de Aznar sigue dando que hablar. Ayer, en una carta enviada a varios medios, Francisco Álvarez-Cascos arremetió contra la sede local del Partido Popular de Gijón calificándolos de “grupito sin escrúpulos” y elogió la actuación del ciudadano de Izquierda Republicana que encontró en la basura un archivador con la etiqueta “Correspondencia Particular. Sr. Álvarez-Cascos”. Ante estos hechos, el ex ministro ha presentado una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Por su parte, la dirección nacional del PP ha respaldado al ex ministro y ha ordenado al presidente del Partido en Asturias, Ovidio Sánchez, la apertura de una investigación para aclarar los hechos y ver si han desaparecido otros documentos. La carta enviada desde Génova viene firmada por el secretario del comité nacional de derechos y garantías del PP, Carlos Argos.

Así las cosas, se oficializa la guerra personal contra la presidenta del PP en Gijón, Pilar Fernández Pardo. El ex vicepresidente de Aznar la acusa de ser la responsable de la actual junta local y de haber abandonado documentos con sus datos personales en la vía pública.

Los hechos se remontan al pasado mes de abril, cuando José Miguel Bernardo encontró en la basura documentos que deberían estar bajo la custodia del PP. En el archivador figuran 61 documentos, desde telegramas a cartas personales enviadas entre 1979 y 1980 a Manuel Fraga; al presidente de la República española en el exilio, Claudio Sánchez Albornoz; o incluso datos que deberían estar protegidos con los máximos niveles de seguridad al contener información médica.

En el hallazgo había también recortes de prensa sobre Alianza Popular y otros papeles de la gestión personal diaria del ex político. Por aquel entonces Álvarez-Cascos actuaba como consejero regional de Comercio, Pesca y Turismo del ente preautonómico de Asturias, además ejercía de portavoz del Grupo municipal Popular en el Ayuntamiento de Gijón.

El ciudadano que descubrió el archivo perteneció a Izquierda Republicana hasta 2008. Tras ponerse en contacto con el ex ministro, éste le remitió a su hombre de confianza, Isidro Martínez Oblanca, con quien acudió al notario para levantar acta del asunto. Los letrados consideran que la junta local podría ser multada con una infracción de carácter muy grave al no proteger datos de nivel alto como la afiliación sindical, la religión del demandante o los datos relacionados con su salud.

El regreso de Cascos

Desde hace meses se barrunta la vuelta de Álvarez-Cascos a la política activa como candidato a la presidencia del Principado de Asturias en las próximas elecciones autonómicas. La noticia no ha sido bien recibida por determinados dirigentes locales, como la ahora acusada Pilar Fernández Pardo, quien no se cortó a la hora de calificar a Cascos como una “innecesaria reliquia del pasado”. Ella fue la causante de que Cascos se diera de baja en el PP gijonés.

En los ambientes populares se comenta que Génova respalda el regreso de Cascos, pero es necesario seguir un guión para respetar los estatutos del partido. Tras cinco años de retiro, tan sólo falta la alternativa oficial. El pasado 6 de julio, El Confidencial ya dijo que Álvarez-Cascos tanteaba el regreso a la política como candidato a la presidencia del Principado de Asturias. En principio, debería elaborarse una propuesta del comité electoral regional para nombrar a Cascos oficialmente sucesor de Ovidio Sánchez. En la actualidad, preside el comité el concejal ovetense Agustín Iglesias Caunedo, hombre de confianza del alcalde Gabino de Lorenzo.

Otra vía alternativa del sector de Cascos para forzar su retorno sería imponerse en el próximo congreso regional, que se celebrará tras las elecciones generales de 2012. En ese caso, el compromisario por el madrileño barrio de Chamberí debería trasladar su ficha a Asturias y cumplir las mayorías de apoyo que recogen los estatutos del partido. Al parecer, Génova considera necesario adelantar el retorno.

Pardo desmiente con ironía

El PP de Gijón se defiende negando que los archivos procedan de su sede local. Por lo visto, se enteraron de la querella por los medios de comunicación y alegan que toda la información perteneciente a Cascos fue retirada hace años y entregada a Isidro Martínez Oblanca, por orden expresa del ex ministro. Sin embargo, Oblanca niega haber recibido ningún documento. Los acusados aseguran tener contratado un servicio de destrucción de documentos. Pardo responde con ironía a Cascos: “Estoy encantada de que me vengan a investigar…”.

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26 octubre, 2009 a las 8:07 am

Archivado en Asturias,Política

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La ‘redvolución’ se acelera, de Vicente Varó en El Confidencial

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Pocas veces en la historia se ha podido ver con tanta claridad un cambio de paradigma económico como en nuestro tiempo. Los resultados del tercer trimestre permiten afirmar sin complejos que sí, que la ‘redvolución’ está en marcha, que apenas estamos en los inicios del sector que dominará la economía durante décadas, con negocios innovadores todavía por aparecer.

De momento, los gigantes relacionados con el mundo online (por ser negocios en red o estas vinculados a ella), los líderes del nuevo paradigma económico, sobresalen en la escena del consumo, mientras la vieja economía apenas puede levantarse de la cama por los golpes que lleva encima. Quién lo iba a decir hace nueve años, cuando la burbuja se pinchó y el puntocom era como la lepra, todos nos lo queríamos quitar de encima.

Los resultados del último trimestre publicados por los negocios basados en la web han sido espectaculares. Y no por recorte de gastos, como ha ocurrido en otros negocios, sino por incremento de publicidad o consumo, con las compañías registrando ventas récord en algunos casos.

Apple fue uno de ellos. Jamás en la historia vendió en un trimestre tantos ordenadores Mac y tantos iPhones como en el recién finalizado. ¿Saben cuántos? Pues no les voy a recordar las grandes cifras, sino unas más impresionante que ya conté el viernes en el blog de Unience: cada segundo Apple vende un iPhone; cada dos segundos; un Mac.

La pena es que no metí Apple en mi cartera, cuando estuve dudando si comprar acciones de la compañía de Steve Jobs o de Google, pero tampoco me ha ido mal con esta última, gracias a que a ellos tampoco les está yendo nada mal. El monstruo creado alrededor del buscador también superó las estimaciones con sus resultados trimestrales y con un detalles muy interesantes.

Uno de mis preferidos fue que el negocio en EEUU aportó la cifra más baja de los últimos trimestres, con el peso del internacional creciendo hasta el 53 por ciento. Otra clara muestra de que las cosas ya no son como antes, que aunque la mayor economía del mundo flojee, una compañía con una buena estrategia internacional puede seguir aumentando su facturación. El otro gran detalle de sus cuentas fue que la rentabilidad del negocio alcanzó máximos, como también le pasó a Apple.

El otro mosquetero del mundo online, por ser el gran representante del comercio electrónico, Amazon, también dio una agradable sorpresa la noche del jueves. Como sucedió con Apple, sus buenos números vinieron impulsados por las ventas más que por las políticas de control de costes. Sobre todo, al adaptarse a la demanda con generosas ofertas y con las ventas de uno de sus productos más innovadores, el lector digital Kindle.

Y han sido otras muchas las compañías de la nueva economía que han superado las estimaciones, aunque en algunos casos, como Microsoft o Yahoo, más relacionado con control de costes que con aumento de la demanda.

El cambio de modelo que arrancó hace una década ya pasó su sarampión de éxito y está a punto de llegar a la mayoría de edad. Ahora la red ya no es humo, es útil para las personas, muy útil. Internet ya es el tercer soporte publicitario con más inversión en España. ¿Apostamos a cuánto tardará en ser el primero?

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26 octubre, 2009 a las 8:06 am

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Presupuestos y salida de la crisis, de José Borrell en Estrella Digital

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El debate presupuestario que ha tenido lugar estos días en España refleja una cuestión de fondo que se plantea en todos los países europeos: ¿cuándo y cómo hay que empezar a reducir el apoyo del sector público al mantenimiento de la actividad económica?

En otras palabras, cuándo y cuánto hay que reducir el déficit público, aumentando impuestos o reduciendo gastos. Y ante esta decisión, que tarde o temprano todas las haciendas públicas tendrán que afrontar, es inevitable una cierta esquizofrenia. Los apoyos a la actividad son todavía necesarios ante la debilidad y la fragilidad de la incipiente recuperación, y eso quiere decir más gasto o menos impuestos, pero el nivel alcanzado por los déficits públicos produce vértigo y aconseja lo contrario, subir impuestos o reducir gastos.

No es de extrañar que todos los gobiernos den una de cal y otra de arena, tratando de conciliar objetivos contradictorios y de mandar señales apropiadas a diferentes actores. A los mercados financieros que recelan de los déficits excesivos se les ofrecen subidas impositivas tendentes a reducirlos y a los sindicatos se les asegura la protección social y planes de obras y servicios que mantengan el empleo.

Y a estas consideraciones de oportunidad, que tratan de encontrar el mix óptimo entre fuerzas contrarias, se añaden las de tipo ideológico determinadas por los ciclos electorales en los distintos países. El resultado no puede ser sino el que es, una verdadera cacofonía de políticas de salida de la crisis en la Unión Europea, como variada y dispersa fue la reacción inicial ante ella.

Una vez que se tomó conciencia de la gravedad de la crisis, y el Gobierno español no fue el único en tardar en hacerlo, todos los países aplicaron políticas del más puro estilo keynesiano. Lo hicieron de forma diferente pero el resultado común, con alguna excepción, ha sido el aumento de los déficits públicos hasta el entorno del 10% o más allá. Y nadie se acuerda del límite del 3% del pacto de estabilidad, si no es para emitir promesas rituales de volver a respetar esa norma cuando las cosas vuelvan a la normalidad, es decir, allá por el 2011.

Y además, la fortaleza del euro que acaba de rebasar el cambio de 1,5 con respecto al dólar, muestra que la solidez de la moneda no depende tanto, o sólo, de la contención de los déficits públicos. Nunca la zona euro había tenido un déficit tan grande y nunca el euro había mostrado tanta fortaleza…, o quizás deberíamos más bien hablar de la debilidad del dólar.

Pero esta cuestión, que paradójicamente inquieta a todos los países salvo a la mayor economía exportadora europea, Alemania, parece escapar a nuestro control, y cuanto más grandes son las divergencias europeas, más refortalece el euro. La falta de una concepción coherente del papel internacional del euro garantiza que no habrá una intervención coordinada en los mercados de cambio que evite la apreciación excesiva del euro.

El debate sobre la política económica en Europa es, sobre todo, el que opone a los que piensan que la prioridad es reducir el déficit público y los que creen que todavía no se pueden retirar los apoyos a la economía. Entre los primeros esta Alemania, que tiene previsiones optimistas para su economía gracias a una recuperación de las exportaciones, y entre los segundos Francia, España y el Reino Unido, para los que la recuperación es más lenta.

Pero el nuevo Gobierno alemán de centro derecha se propone bajar los impuestos sobre la renta y los beneficios empresariales y tendrá que graduar sus efectos sobre el déficit a corto plazo. Francia se niega a reducir los beneficios fiscales a las rentas altas con los que Sarkozy empezó su mandato y Brown sigue inyectando dinero público para mantener la demanda con una mano y subiendo los impuestos sobre el consumo y sobre la renta -el tipo marginal sube del 40 al 50% el próximo año- con la otra. El resultado será un déficit público del 12,5% del PIB en el año fiscal 2009-2010. Claro, que si ganan los conservadores se recortarán drásticamente los gastos, pero eso no es garantía de reducción del déficit, todo depende del efecto que esa reducción tenga sobre el conjunto de la actividad.

A la misma disyuntiva nos enfrentamos en España. Somos el país que más ha gastado en planes de relanzamiento economico, el 2,3% del PIB este año, sin que hayamos podido evitar una llamarada del paro y una de las mayores caídas de la actividad. La situación hubiera sido sin duda peor sin esa intervención, pero es lógico que un déficit del 10% requiera medidas correctoras como las que se han planteado en los Presupuestos.

Las medidas fiscales propuestas deberían aumentar los ingresos en un punto del PIB. Pero para volver a cumplir con el Pacto de Estabilidad allá por el 2012, como nos hemos comprometido, haría falta ingresar 5 veces más. Es evidente que el retorno al equilibrio no puede conseguirse simplemente con aumentos nominales de impuestos que debilitarían la demanda y reducirían la capacidad recaudatoria efectiva.

Por encima de todo hay que evitar, en España y todas partes, la caída de ingresos fiscales producidos por la disminución de la actividad y del consumo. Y ello implica en nuestro país encontrar actividades de reemplazo a esos 6 puntos del PIB y 8 puntos de empleo perdidos en la construcción y que no volverán. Es lo que se llama el cambio en el modelo productivo, algo más difícil, y lento, de conseguir que los ajustes nominales en el Presupuesto.

Josep Borrell Fontelles. Ex Presidente del Parlamento Europeo.

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Introducido por Reggio

26 octubre, 2009 a las 8:05 am

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