Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo del 31 octubre, 2009

La distancia del poder, de Francesc de Carreras en La Vanguardia

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¿Es bueno que los poderes públicos estén cercanos a los ciudadanos? Pues, depende.

En los últimos años, conforme se desarrollaba el Estado de las autonomías, la idea de que los poderes públicos, para ser eficientes y eficaces, debían acercarse lo más posible a los ciudadanos, se ha convertido en una creencia común, en un tópico más de lo que antes en lenguaje marxista se denominaba “ideología dominante” y hoy suele llamarse “pensamiento políticamente correcto”.

La función de las ideologías, como sabemos, es impedir que las personas piensen por su cuenta. Basta instalarse en el interior de una determinada ideología y esta ya tiene respuestas para todo. El esfuerzo de pensar se convierte, por tanto, en superfluo: la ideología piensa por ti. Con decir soy de derechas o de izquierdas, soy liberal o socialista, es suficiente, la conciencia ya se queda tranquila: uno sabe cómodamente quiénes son los suyos y quiénes son los otros. Basta alinearse en un bando cualquiera, no es necesario ejercitar el raciocinio ni molestarse en analizar la realidad: la ideología del grupo te lo soluciona todo. Pero la funesta manía de pensar sigue siendo imprescindible para averiguar el sentido de las cosas y así poder tomar una postura moral ante las mismas, para adecuar nuestra conducta a nuestros valores.

Apliquemos esto a nuestra manera de organizarnos políticamente. Desde los principios de libertad e igualdad que regulan nuestras relaciones de convivencia, qué es lo más adecuado: ¿que los poderes públicos sean cercanos o lejanos? La respuesta ya la hemos dado al principio: depende. ¿Depende de qué? Del tipo de poderes que sean.

Probablemente sólo podríamos dar una respuesta completa analizando caso por caso, cada poder en su contexto concreto. Pero, en líneas generales, quizás debería establecerse un principio: los poderes administrativos lo más cercanos posible, los poderes de control lo más alejados posible. Ejemplos que me parecen obvios: los servicios de recogida de basuras y funerarios deben ser competencia de los ayuntamientos, la planificación hospitalaria y la gestión urbanística de las comunidades autónomas, el poder judicial y la inspección de Hacienda del Estado, la política monetaria y las leyes de la competencia de la Unión Europea. El poder cercano, la autonomía si se quiere, no es un bien en sí mismo, sólo es un bien instrumental: depende para qué.

Para determinadas funciones la distancia del poder es imprescindible. Veamos los casos Millet y Pretoria (aún no sé la razón de este último nombre). Sea cual sea su desarrollo, el primero fue iniciado a instancia de la Agencia Tributaria, de carácter estatal, y el segundo a partir de un procedimiento de investigación en paraísos fiscales llevado a cabo por la Audiencia Nacional. Ambos casos tienen su centro en Catalunya y ambos habían sido denunciados y archivados. ¿No les da que pensar?

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31 octubre, 2009 a las 8:15 am

Tratados como si fuesen terroristas, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Una ola de indignación – y de moralina– nos invade. Conforme a la más auténtica de las tradiciones españolas, así en Figueres como en Palos de Moguer, la política profesional vuelve a ser motivo de repudio. Hay motivo: la vida pública, empezando por abajo, empezando por los municipios, ha sido brutalmente recalificada.

España, sin embargo, no es Italia. Quinientos años de sólida tradición estatal nos contemplan. De manera que toda devaluación jurídica y moral de la política politizada es compensada automáticamente por una revalorización de la autoridad del Estado. Ahí está la Guardia Civil removiendo los cajones del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet. Ahí está la justicia justiciera intentando desempeñar el papel del ejército en los siglos XIX y XX: centro de gravedad, autoridad profunda y símbolo de estabilidad.

Hubo ayer paseíllo en la Audiencia Nacional. Macià Alavedra, Lluís Prenafeta, Bartomeu Muñoz y demás detenidos de la operación Pretoria (¿quién inventó ese nombre?), fueron tratados como terroristas, sin los miramientos que el Estado ha dispensado en otros casos de mayor enjundia. ¿Repasamos los vídeos de Mario Conde, el atracador de bancos gallego? ¿Fue humillado de igual manera Jesús Gil, el gran corruptor de Andalucía? ¿Sufrieron similar castigo los Albertos,joya de la corona de la oligarquía madrileña? ¿Pasó por el mismo trance José Barrionuevo, mártir socialista? Los pretorianos del pútrido oasis catalán -este es el mensaje de fondo- fueron sometidos al escarnio público. ¡Contemplad a Barrabás! Ya han sido condenados.

La moralina ahora se nos enfadará. Los delitos de cuello blanco deben ser perseguidos con la misma severidad que los atracos a mano armada. Hay que ir a fondo. Hay que regenerar la vida pública.

De acuerdo. Pero no renunciemos a la mirada crítica. En todas direcciones. En todas. (Sin caer tampoco en la paranoia: no estamos ante la jugada de un comité secreto del Estado).

Estamos ante un juez que quiere afirmar su popularidad y demostrar que no sólo persigue a la derecha española, en vistas de la posible apertura de un juicio oral en su contra por prevaricación (fallido intento de procesar retroactivamente al franquismo), por parte del Tribunal Supremo.

Nuestro tribuno de la plebe. Nuestro Antonio Di Pietro.

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31 octubre, 2009 a las 8:14 am

Fiscalidad del ahorro y sicav, de Antonio Durán-Sindreu Buxadé en La Vanguardia

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TRIBUNA

El impuesto dual, como así se define a nuestro impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), se caracteriza por que las rentas del ahorro tributan a un tipo único, y el resto, como las del trabajo, al tipo progresivo que corresponde según su cuantía.

Sin embargo, para que un impuesto se considere como tal, es necesario que cumpla tres requisitos: que exista un riesgo de deslocalización del capital por falta de mecanismos de intercambio de información y tipos más altos que en el resto de los países; que el tipo único que se aplica a las rentas del ahorro no difiera sustancialmente del que se aplica al resto de tipo de rentas a excepción de las más altas, y que no exista apenas diferencia entre dicho tipo yel del impuesto sobre sociedades (IS). Es evidente que, en nuestro caso, no se cumple ninguno de los tres. Existe, por tanto, un trato desigual en la fiscalidad de ambos tipos de rentas contrario a los principios constitucionales de capacidad de pago y de igualdad.

Cosa distinta es que determinadas rentas del ahorro, como las generadas en más de un año, tengan una fiscalidad diferente de las generadas en un periodo inferior. Se trata, en definitiva, de un problema de equidad. Y distinta tiene que ser también la fiscalidad de los dividendos para evitar el fenómeno de la doble imposición, fiscalidad que habría que tener en cuenta el origen y la naturaleza de la inversión y del inversor. A pesar de ello, no todas las rentas del ahorro tributan en el IRPF, ya que existen instrumentos ad hoc, como las sociedades de inversión colectiva, con una fiscalidad privilegiada del 1% en el impuesto sobre sociedades siempre que los beneficios permanezcan en la sociedad, ya que, de lo contrario, tributan además al 18% en el IRPF. Pero si dicha fiscalidad puede tener justificación en casos de verdadero ahorro colectivo, como los fondos de inversión, no ocurre lo mismo con las sicav, cobijo de importantes patrimonios que, normalmente, acumulan sin repartir los beneficios que obtienen evitando su tributación en el IRPF.

Razones de justicia aconsejan que tales sociedades tributen al 18 % sin perjuicio que, como ocurre en algún país, dicha tributación sea liberatoria. Mantener su actual fiscalidad es reconocer la falta de valentía y voluntad política de poner coto a medios lícitos, pero injustos, de desplazar la tributación del ahorro fuera del IRPF.

Sea como fuere, la falta de neutralidad y homogeneidad en la fiscalidad sobre las rentas del ahorro produce importantes ineficiencias fiscales con especial agravio para las rentas medias y bajas. Si se quiere realmente la plena neutralidad, hay que eliminar los incentivos fiscales vinculados directa e indirectamente a las decisiones de ahorro, excepción hecha de los que se aplican a los planes de pensiones al tratarse de un instrumento de previsión social complementario al de las prestaciones públicas. La pregunta es obvia. ¿Paga hoy más quien más tiene? Es evidente que no.

Antonio Durán-Sindreu Buxadé. Profesor de la UPF.

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31 octubre, 2009 a las 8:13 am

La autoridad del profesor, de Francisco J. Laporta en El País

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El deterioro sistemático del papel del maestro nos sitúa ante un panorama desolador. No es sólo que tengamos una crisis de autoridad, es que nos acercamos a una oleada colectiva de ignorancia y estupidez

Me alegra tener la oportunidad de empezar con un pequeño homenaje a don Manuel García Pelayo. Así definía él las cosas de las que aquí se va a hablar: se da una relación de autoridad -escribía- “cuando se sigue a otro o el criterio de otro por el crédito que éste ofrece en virtud de poseer en grado eminente y demostrado cualidades excepcionales de orden espiritual, moral o intelectual”. Como algo diferente de la autoridad, definía así el poder: “La posibilidad directa o indirecta de determinar la conducta de los demás sin consideración a su voluntad… mediante la aplicación potencial o actual de cualquier medio coactivo o de un recurso psíquico inhibitorio de la resistencia”.

De acuerdo con ello, una hipotética ley sobre la autoridad del maestro como la propuesta el pasado mes de septiembre en la Comunidad de Madrid, y que tanto eco ha encontrado, sería un caso claro de ejercicio de poder y tiene poco que ver con las relaciones de autoridad. Con las normas jurídicas se ejerce el poder, no se confiere autoridad. Se trata, en efecto, de un acto de poder jurídico orientado a evitar que los estudiantes (o sus padres) desarrollen conductas agresivas o humillantes contra los profesores mediante el expediente de amenazarlos con una sanción penal. Y, claro, como resultado de ello es probable que tales conductas dejen de realizarse o disminuyan. Muchos han mostrado su satisfacción ante ese resultado, pero la expresan en un lenguaje ambiguo, porque atribuir legalmente la condición oficial de autoridad para poner en marcha un mecanismo penal ni crea ni incrementa la otra autoridad, la decisiva, la autoridad académica del profesor. Y ello porque una cosa es sancionar conductas claramente indeseables, y otra, muy diferente, identificar eso -como se viene haciendo- con “restablecer la autoridad del profesor”.

Lo peor de esa confusión es que puede contribuir a que perdamos de vista algunos de los problemas de fondo que deberíamos abordar. Y ésos son los importantes.

Aunque proviene de fuentes muy clásicas del pensamiento, la caracterización de la autoridad en los términos de García Pelayo acaso sea considerada hoy demasiado exigente. Jóvenes estudiosos españoles (Bayón, Ródenas) han perfilado una teoría de la autoridad más acotada y rigurosa.

Mantienen que se reconoce la autoridad de otro cuando se siguen sus dictámenes con independencia de cuál sea el juicio propio sobre el contenido de esos dictámenes. Es decir, que las directrices de quien es considerado autoridad se aceptan como razones para las propias acciones con exclusión de las razones que uno pudiera tener al respecto. Si la autoridad lo dispone, eso vale ya como razón para comportarse de ese modo. No hace falta contrastarlo con otras razones. Lo que esto quiere decir, al margen de muchos matices que dejo aquí a un lado, es que la idea de autoridad sólo cabe si se piensa como algo que se incorpora a la racionalidad del individuo que la sigue. En determinadas situaciones, al seguir los dictados de la autoridad se es más racional, y sólo se es más racional cuando se siguen esos dictados.

Muchos se preguntarán por qué. Pues precisamente por algo que latía en la formulación de García Pelayo: que ciertas cualidades de quien es autoridad invitan a tomar como criterio propio lo que ella dispone. La autoridad, pues, nos presta un servicio fundamental al poner a nuestra disposición una racionalidad que necesitamos para tomar decisiones en un contexto en que carecemos de capacidad suficiente para hacerlo por nosotros mismos.

Vista desde esa perspectiva, la autoridad del profesor resulta ser una realidad innegable. Y no necesariamente porque posea cualidades excepcionales de orden intelectual o moral. Eso puede darse o no darse.

Para ser autoridad sólo le hace falta un conocimiento acreditado de su materia y una voluntad de transmitirlo. Y en ello ha de descansar la racionalidad de quien le escucha. Porque en la relación educativa el profesor suministra al estudiante unos conocimientos destinados sobre todo a servir a éste. Si el estudiante aprende, si asimila esos conocimientos, habrá realizado una opción más racional que si no lo hace; más racional, se entiende, desde el punto de vista del propio estudiante.

Esta perspectiva nueva de la noción de autoridad es lo que puede poner de manifiesto más vivamente la gravedad de la situación por la que estamos atravesando. Porque no es ya que tengamos una crisis de autoridad, es que parecemos estar cerca de una oleada colectiva de ignorancia y estupidez. O, dicho de otra manera, resulta que tener una crisis de autoridad en la escuela puede ser equivalente a experimentar un ataque colectivo de irracionalidad.

Se podría distinguir, sin embargo, entre autoridad teórica, que sería la propia del profesor (o del médico, por ejemplo), y autoridad práctica, aquella que prescribe normas de conducta para el comportamiento individual y social. Si uno no sigue las orientaciones del profesor, no aprende; si no sigue las recomendaciones del médico, no se cura. Supuesto que sea racional aprender o curarse, ignorar los consejos y directrices de cualquiera de ellos es simplemente abandonarse a la irracionalidad.

No escasean, por cierto, quienes así lo hacen. Todos hemos oído a gentes, incluso cultas, que oponen curanderías y patrañas al saber de los médicos. Con los profesores sucede a veces lo mismo. Se tienen por inútiles o banales muchas de las cosas que enseñan. Un latiguillo muy socorrido en estos tiempos es el del famoso “mercado de trabajo”, incentivado ahora insensatamente por los responsables educativos con la cantinela de las “competencias” profesionales. Y, claro, no faltan padres, ignorantes por méritos propios o por la cultura televisiva de que se nutren, que desprecian lo que se enseña a sus hijos o demandan más de esto o más de aquello porque así será más fácil acceder a un puesto de trabajo o encontrar una “colocación”. Lo que hay que enseñar a los chicos -repiten una y otra vez- son cosas “prácticas”, cosas “útiles”. Como si alguien supiera qué es eso.

Y no digamos nada de lo que sucede con la autoridad práctica del profesor. Si el componente teórico de su autoridad se cuestiona a veces, el componente práctico, es decir, el que se ocupa de la disciplina del estudiante y el orden en el centro escolar, se viene deteriorando sistemáticamente. La situación en muchos centros parece ser la siguiente: las reglas se cumplen a regañadientes, y parece natural desafiarlas. Se dice con frecuencia que todo profesor pierde una buena cantidad de su tiempo en forcejeos sobre ellas. Podría pensarse que en chicos y chicas de cierta edad ésa es una actitud casi natural; lo que es inexplicable es que venga reforzada por los padres. Y sin embargo, un día sí y otro también, allí se presentan a cuestionar las reglas o desacreditar al profesor ante el hijo o la hija, deteriorando con ello cualquier vestigio de autoridad práctica que aún pudiera quedarle.

De nuevo nos sale aquí al paso un comportamiento irracional. Y no sólo por la obviedad de que sin orden en el aula y en el centro resultará imposible cumplir el propósito educativo, sino por algo que va más allá: es que el seguimiento de reglas y la organización de las conductas en la sociedad es una condición necesaria para poder desarrollar un proyecto personal de vida. Y a respetar las reglas también se aprende en la escuela. En muchos casos más que en la propia familia. Deteriorar la autoridad práctica de los profesores, desactivando las exigencias de la disciplina o menospreciando las reglas que ordenan el centro, acaba por ser, pues, una amenaza para los propios hijos. La crisis de autoridad denota así un padecimiento general de nuestra racionalidad colectiva. No sé si somos conscientes de lo que eso supone.

Francisco J. Laporta es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.

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31 octubre, 2009 a las 8:12 am

No hay mal que por bien no venga, de Javier Pérez Royo en El País

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Hace unos 20 años, en un sugerente libro titulado de manera no menos sugerente Why Americans hate Politics?, el columnista del Washington Post E. J. Dionne Jr., afirmaba que el aborto es un tema tan polémico en los Estados Unidos y es tan difícil encontrar una respuesta al mismo que sea aceptada de manera general, porque en este terreno se produce más que la yuxtaposición la superposición de dos mayorías contrapuestas de casi la misma magnitud. Cuando se pregunta a los ciudadanos si creen que el aborto se toma demasiado a la ligera y que se practican demasiados abortos, una mayoría de algo más del 70% tiende a dar una respuesta positiva a dicho interrogante. Pero cuando se pregunta si el Estado debe inmiscuirse en la decisión de una mujer embarazada acerca de la interrupción del embarazo, una mayoría también superior al 70% considera que no, es decir, que es la mujer la que debe poder tomar la decisión sin interferencia de los poderes públicos y, por supuesto, sin el temor a una posible sanción penal. Casi el mismo número de ciudadanos, concluía, están simultáneamente en contra del aborto y a favor de la libre interrupción del embarazo por parte de la mujer.

No sé si hay estudios similares en otros países, pero me imagino que, si los hubiera o los hay, arrojarían o arrojarán un resultado similar. No conozco a nadie que esté a favor del aborto, pero tampoco conozco directamente a nadie que esté a favor de que se persiga penalmente a la mujer que interrumpe el embarazo. Ni siquiera el portavoz de la Conferencia Episcopal fue capaz de responder de manera positiva a la pregunta de si consideraba que una mujer que interrumpía el embarazo debería ir a la cárcel. Lo deseable sería que no se tuviera que practicar ningún aborto, pero si, por las razones que sean, una mujer decide interrumpir su embarazo, no tiene por qué hacerlo en unas condiciones de inseguridad de cualquier tipo. Ésta es la posición claramente mayoritaria en la sociedad y es la que, en mi opinión, debería expresarse en el Código Penal. La división por mitad del Consejo General del Poder Judicial, que le impidió emitir el dictamen preceptivo pero no vinculante sobre el proyecto de ley, no creo que sea en absoluto expresivo de lo que es la posición de la sociedad española en la materia.

La decisión de interrumpir el embarazo, como dijo el Tribunal Supremo de Estados Unidos, es la decisión más íntima y personal que puede tomar un ser humano. Ningún hombre puede encontrarse en esa situación y puede, por tanto, ponerse en el lugar de la mujer que tiene que decidir si interrumpe el embarazo o no. No sé cómo se puede justificar jurídicamente que los varones puedan participar en la constitución de una mayoría que defina la norma en este terreno. La regla de la mayoría presupone la vigencia de la igualdad entre quienes tienen que participar en la constitución de dicha mayoría. Y en este caso es imposible que se dé. No hay ninguna razón desde una perspectiva jurídica, ni sustantiva ni procesal, para que una mujer se vea perturbada con la posible amenaza de la exigencia de responsabilidad penal en el momento en que tiene que tomar la decisión de interrumpir el embarazo.

Parece que, por fin, en esta legislatura se va a dar una respuesta al problema que tome como punto de partida no el hecho de que el aborto es un acto antijurídico que puede ser exonerado de responsabilidad penal en determinados supuestos, como se hizo en 1985, sino una respuesta que parta del derecho de la mujer embarazada a interrumpir el embarazo dentro de las primeras 14 semanas sin tener que dar explicación de ningún tipo del porqué de su decisión. Parece que, por fin, se va a producir la equiparación de España en este terreno con la casi totalidad de los países de la Unión Europea y se va a hacer una regulación de la materia plenamente coherente con la Constitución.

Posiblemente sin la vulneración masiva de derechos fundamentales de los titulares de la clínica Isadora, del personal sanitario y de las mujeres que interrumpieron en dicha clínica su embarazo, como consecuencia de la actuación irregular de unos miembros de la Guardia Civil con la colaboración también irregular de un juez en plena campaña de las últimas elecciones generales, no se habría generado la inquietud acerca de la inseguridad jurídica en este terreno con la legislación actualmente vigente, que ha conducido a que se considera imprescindible la incorporación de una ley de plazos a nuestro ordenamiento. Y es que, como dice el refrán, a veces no hay mal que por bien no venga.

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31 octubre, 2009 a las 8:11 am

¿Votar en blanco?, de Joan Majó en El País de Cataluña

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La Operación Gürtel está todavía en proceso y la reciente Operación Pretoria está en sus inicios. Esto significa que no hay sentencias (desgraciadamente, podría tardar años en haberlas) y por tanto hay más incertidumbres que certezas. Pero las consecuencias sociales y políticas de su puesta en marcha son ya tan evidentes que es imposible esperar a conocer todos los detalles para hacer algunas reflexiones, que en todo caso son válidas sea cual fuere el final de la misma.

En primer lugar, se constata una vez más que entre las personas detenidas el martes en Cataluña hay políticos en activo, empresarios con antecedentes políticos y empresarios a secas. Quiero destacar este hecho para poner en evidencia que la corrupción no es un fenómeno estrictamente político. Para que haya corrupción debe haber un corrupto, pero también un corruptor, que normalmente no es un político, aunque puede haberlo sido. No necesito recordar que la obligación de ser honesto es para todos, aunque sea más escandalosa la deshonestidad cuando se trata de personas que ocupan cargos de relevancia pública, especialmente cuando han sido depositarios de la confianza popular a través de unas elecciones. Pero no hay que limitar el foco al mundo político.

Dicho esto, quiero centrarme en la indignación que todos sentimos frente a la corrupción política y en el creciente sentimiento de desafección que está produciendo en todos nosotros en relación con la política y los partidos. La comprendo, la comparto y me preocupa. Por ello me gustaría hacer dos observaciones que pudieran ayudar a evitar que degenere en una situación de desmembración social que conduzca a lo que se ha dado en llamar la “italianización” del país. (La definición entiendo que supone el hecho de que, en Italia, los errores y el desprestigio de los partidos han llevado democráticamente al poder a un empresario populista y, parece que también, corrupto).

Hay una tentación espontánea, comprensible pero peligrosa: “Yo no votaré a ningún partido que tenga casos de corrupción”, y su corolario: “Hay que votar en blanco”. Creo que, partiendo de la base indemostrable, pero probable, de que en todo partido, igual que en cualquier otro sitio, puede haber algún corrupto, el elemento de juicio debería ser, más que la existencia de un caso de corrupción, la actitud que un partido tiene para evitarla y para erradicarla. Por ello, lo que a mí me interesa saber es cuáles son las actuaciones de un partido cuando estalla un caso así, y aún más, qué mecanismos tiene previstos para actuar previamente y evitar que ello ocurra.

Hemos visto estas semanas, a nivel catalán y a nivel español, dos tipos de reacciones de partidos frente a una acusación externa. La primera, impresentable, la de negar la evidencia y acusar a su vez al juez, al fiscal, a la policía o a otras instancias de “persecución” de “encarnizamiento”. La segunda, tampoco aceptable, la de mostrar sorpresa, mantener una actitud pasiva y aceptar que cuando se hayan dirimido responsabilidades judiciales, y no antes, se actuará internamente. Tanto una como la otra son rechazadas por la opinión pública.

¡Cuán distinta sería la reacción popular si la actuación del partido fuera exactamente la inversa! Si un cargo político es objeto de una impugnación, debería ponerse en marcha una investigación interna de carácter urgente que, sin estar ligada a la lentitud de las diligencias judiciales, permitiera llegar o no a la certeza moral de una actuación deshonesta (aunque pueda no acabar en condena) y actuar de forma rápida y contundente.

Probablemente esto no se hace por temor a que perjudique a la imagen del partido. Yo creo exactamente lo contrario. Pienso que el prestigio de una formación política aumentaría muchos puntos si actuara así y aún más si el propio partido destapara (sin necesidad de ninguna provocación externa) casos de corrupción que descubriera en sus afiliados y eliminara tanto los casos como a los afiliados.

La mejor demostración de una voluntad real de acabar con la corrupción en los comportamientos sería, además de un consenso general sobre medidas legales, un paso adelante de los partidos, o por lo menos de algunos, instaurando unos mecanismos anticorrupción internos pero independientes. Sería un ejemplo que valorar. En caso contrario, me temo que el voto en blanco o, peor, la abstención alcanzarán cotas peligrosas.

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31 octubre, 2009 a las 8:10 am

El ‘síndrome de Rodrigo’, de Lucía Méndez en El Mundo

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ASUNTOS INTERNOS

El poder es una especie de droga que posee a las personas y nubla su voluntad, como vemos a diario. Los políticos que quieren con toda su alma ser presidentes del Gobierno viven en permanente desasosiego. Nada les basta. Rodrigo Rato quiso ser presidente del PP y del Gobierno. Aznar no le dejó y él huyó -con su tormento a cuestas- al Fondo Monetario Internacional porque le ofrecieron un cargo. Aunque lo mismo se hubiera ido de gerente a un hotel de la República Dominicana. Necesitaba poner tierra por medio. Seis años más tarde de aquel trauma, Rodrigo Rato vive como un marajá. Tiene un sueldo que se calcula en millones de euros al año, disfruta de la vida en familia por la que abandonó el FMI y además cada día alguien le regala el oído glosando sus grandes virtudes como gobernante. Ha pasado a la Historia nada menos que como el hombre que sacó a España de la crisis económica. Hay gente que se conformaría con menos, pero a Rato la Historia no le llena. No le basta ganar mucho dinero ni tampoco tener que hablar de política casi en la clandestinidad de las comidas y cenas con sus fieles. Quiere poder y donde está no lo tiene. Seis años de síndrome de abstinencia son demasiados para un político de raza. Quiso ser presidente del Gobierno y ahora se conforma con ser presidente de Caja Madrid.

A estas alturas, ya se está dando cuenta que la teórica pasión que despertaba en su partido la sola mención de su nombre ha disminuido de forma considerable. Hubo un tiempo no muy lejano en el que se decía que si Rato daba el paso de optar al liderazgo, el PP correría a sus pies para entregarle el cetro y la corona. No parece exactamente así. Si no consigue siquiera que le hagan presidente de Caja Madrid, difícilmente podrían elegirle presidente del partido. Rato se ha situado en medio de una cruenta batalla interna con la pálabra «vómito» como enseña de combate. La guerra está salpicando al ex vicepresidente, sin que él haya abierto la boca para exigir un poco de dignidad, de cordura y de juego limpio. Es llamativo que Rato no se haya elevado sobre la basura ambiental. Los ciudadanos se preguntan qué tendrá el sillón de mando de Caja Madrid para que valga todo con tal de conseguirlo.

Rato, Rajoy, Gallardón. Los sucesores de Aznar siguen protagonizando el combate interno del PP seis años después. Falta Mayor Oreja y se ha incorporado Esperanza Aguirre. Si añadimos a Trillo y Arenas, ya estamos todos. Una generación quemada en mil batallas que, según parece, no puede vivir sin la pelea del poder. Y mientras tanto, el PP sin barrer.

© Mundinteractivos, S.A.

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31 octubre, 2009 a las 8:09 am

Gallardón y ‘El País’, en pos de Caja Madrid y del PP, de Víctor de la Serna en El Mundo

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LA POLÉMICA NACIONAL: GUERRA ABIERTA EN LA DERECHA

Las furibundas declaraciones contra Esperanza Aguirre atribuidas por ‘El País’ a Manuel Cobo, vicealcalde de Madrid (del que solamente publicaba viejas fotos de archivo) han hecho reventar la guerra, antes larvada, dentro del PP. Caja Madrid es el objetivo. Caja Madrid… y posiblemente la dirección del partido conservador.

Manuel Cobo, cuya capacidad de iniciativa política se ha limitado a ser, a lo Bruce Willis en The Surrogates, un sustituto de Alberto Ruiz-Gallardón, ocupaba el lunes la portada de El País con la entrevista del vómito, ya famosísima, y firmada por José Manuel Romero (veterano especialista en la fabulación en torno a Caja Madrid). Ésta aparecía plagada de detalles desconcertantes: las fotos del vicealcalde, de 2004; las alambicadas citas de Bertolt Brecht, en un lenguaje que recuerda mucho más al habitual de su jefe… Lo dicho: un sustituto. La discográfica voz de su amo.

Romero sugería: «Aguirre sostiene que la dirección nacional no puede decidir quién preside Caja Madrid» Y el indignado sustituto respondía: «Quieren negar a mi partido, a la dirección nacional y a Rajoy cualquier opinión y criterio en este asunto». A Romero y a Cobo les parece, pues, espléndidamente liberal que Rajoy nombre al presidente de una enorme entidad financiera como es Caja Madrid, pero fatalmente intervencionista que Esperanza Aguirre proponga al candidato a la presidencia del comité ejecutivo del órgano organizador de ferias Ifema. Impresionante testimonio, que diría José María García.

Lo más desconcertante era leer unas frases que revelaban que Cobo, el vicealcalde, dice tener (¿pero es él de verdad el que habla?) al presidente del Gobierno atado por un ignoto compromiso, contraído… ¿con Cobo? Vean: «En este asunto de la Caja, Zapatero no debe ser un traidor a los madrileños y a los españoles. No puede anteponer los miopes intereses partidistas del PSOE de Madrid a lo que sería bueno para tantos y tantos españoles que necesitan una caja independiente y bien gestionada. Se lo diré a la cara si se atreve a cumplir con lo que se ha comprometido conmigo, pero no se va a atrever porque lo va a pasar muy mal. No aguantará que le diga lo que no quiere oír. Tengo una buena relación personal con él y respeto su persona y a su familia, como lo [sic] tiene y lo ha demostrado Rajoy». Curiosas, curiosas palabras.

En fin: vapuleo feroz a Aguirre. Pero un editorialista del endeudado diario iba y acusaba de «bastante desfachatez y pocos escrúpulos»… ¡a Aguirre, claro! Con todo, el editorial incurría en un inesperado rapto de precisión informativa, que sitúa muy bien lo que está sucediendo en la caja, fuerte acreedora de la empresa de ese periódico, al explicar: «Caja Madrid necesita con urgencia un presidente y una nueva dirección que se ponga a trabajar en sus debilidades -elevada morosidad, activos excesivamente dependientes de negocios en recesión-…». Por ahí, por ahí…

¿Y la prensa de derechas? Antonio Burgos, desde ABC, se sumaba a los vituperios: «Esperanza Aguirre (…) está indudablemente al nivel de Belén Esteban». Pero Manuel Martín Ferrand tiraba por elevación reclamando la intervención de Aznar y vapuleando a Rajoy, «el hombre que, para no equivocarse, nunca hizo nada, ni bueno ni malo». Y Alfonso Ussía, desde La Razón, dejaba claro dónde ve él las culpas: «Este PP tiene que cambiar con urgencia y valentía. Y Cobo, lo siento, no puede tener un sitio en ese cambio. Por su culpa, la de Gallardón y la de Rajoy».

© Mundinteractivos, S.A.

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31 octubre, 2009 a las 8:08 am

En el Basque Culinary Center cocinan pasta, de John Müller en El Mundo

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AJUSTE DE CUENTAS

La subasta de los Presupuestos Generales del Estado que la «geometría variable» del presidente del Gobierno ha convertido en costumbre, ya está en marcha. Van a faltar consejos de ministros para dar salida a las demandas de quienes han ofrecido apoyo al Ejecutivo para cuando se voten las cuentas.

El PNV es el primer favorecido con 85 millones que arañaron y que en su totalidad van dirigidos al capítulo de I+D+i en el País Vasco. Bien es cierto que el desmantelamiento del presupuesto del Ministerio de Innovación y Ciencia perjudicaba mucho a Euskadi porque es una de las regiones donde más innovación se realiza, pero eso no significa que las prioridades del gasto deban ser exactamente las que plantea el PNV.

Ayer, asistimos al reparto de una de esas adjudicaciones. El Ejecutivo aprobó una subvención de 7 millones para la puesta en marcha del Centro Culinario Vasco al que en Euskadi llaman Basque Culinary Center (BCC). El proyecto, que consiste en una facultad de ciencias gastronómicas y un centro de I+D+i cuenta con un presupuesto de 17,1 millones, en su gran mayoría constituido con dinero público.

El BCC pretende ser un centro mundial de referencia de la gastronomía y entre sus socios fundadores están Juan Mari Arzak, Pedro Subijana, Martín Berasategui, Karlos Arguiñano y otros grandes cocineros vascos.

La noticia me dejó perplejo. Primero porque la gastronomía -por mucho interés turístico que tenga, por muchos puestos de trabajo que cree y por muchas satisfacciones que brinde- no es exactamente una materia subvencionable con dinero público, a menos que estemos hablando de los menús de los comedores sociales de Cáritas, que, por cierto, están cada vez más saturados.

La gastronomía y la restauración no son precisamente áreas donde el sector privado no quiera invertir o donde nadie ponga un duro para innovación o donde se trabaje a pérdidas y la gente esté abandonando ese rubro.

Muy por el contrario, este mundo mueve montañas de dinero y los cocineros vascos que han fundado el BCC no son precisamente pobres, sus facturas no son módicas y han creado infinidad de variantes a su negocio principal (televisión, recetas, productos de comida preparada, etc.). Pero al margen de sus ricos patrocinadores, si este sector sufre por algo es porque le suben el IVA, no porque le falte innovación y desarrollo.

No entraré en las graciosas rencillas regionales que esta decisión va a despertar. Con toda razón los catalanes demandarán un Gastronomical Research Center para Ferran Adriá o Andalucía puede crear el Flamenco Investigative Fund, aunque es verdad que Bibiana Aído dirigía una cosa parecida antes de ser ministra. Inventen ustedes su propia iniciativa.

Para revestir la decisión de cierta racionalidad se habla desde el Ministerio de Cristina Garmendia de «ciencias gastronómicas que abarcan un amplio abanico de áreas de conocimiento… [que] van desde la educación alimentaria … hasta el desarrollo del sector empresarial alimentario y de la restauración». Si no fuera por este párrafo, hablaríamos de astracanada a secas, pero con él, hay que admitir que es una astracanada con cierto fondo cultural.

© Mundinteractivos, S.A.

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31 octubre, 2009 a las 8:07 am

A vueltas con el dólar, de Sebastián Royo en Cinco Días

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La cantinela de que “el dólar ya no es lo que era” está arraigando y en las últimas semanas muchos están cuestionado si el reinado de la divisa estadounidense está en peligro. El aumento espectacular del déficit en EE UU (que se espera que supere el 12% del PIB este año), una política monetaria muy expansiva con los tipos de interés al 0%, el reventón de las burbujas financieras e inmobiliarias, y la muy lenta recuperación de la economía de estadounidense (el desempleo está al 9.8% y se espera se mantenga alto durante el 2010) están pasando factura al billete verde.

Esta desconfianza en el dólar se refleja en el avance del euro, que sigue batiendo marcas y progresa como moneda de referencia. Entre abril y junio los bancos centrales del mundo acumularon más de la mitad de sus reservas en euros, y el dólar continúa su bajada como moneda de reserva (del 64% al 62,8% de las reservas mundiales en el último año). Finalmente, en las últimas semanas el dólar ha perdido un 15% frente al euro, y la moneda europea ya ha superado los 1,5 dólares.

La caída del dólar, sin embargo, puede ser positiva ya que favorece a las exportaciones estadounidenses, lo cual beneficiará a la recuperación económica del país. La economía de EE UU se enfrenta a una situación de crisis tanto para las familias como para el sector financiero. En ausencia de una nueva (pero improbable) burbuja financiera o inmobiliaria, o del rápido resurgir del consumo, una recuperación basada en las exportaciones podría ser lo mejor que puede suceder. En realidad, pese a las reiteradas declaraciones del Secretario del Tesoro, Tim Geithner, y de los líderes económicos del país apoyando el principio del dólar fuerte (los mercados de bonos responderían muy negativamente si no diese eso), lo último que necesita la economía de EE UU es un dólar fuerte.

Además, un dólar débil va a disminuir uno de los factores que ha contribuido a la crisis actual: los masivos desequilibrios entre países con superávit en sus balanzas de pagos (como Alemania, China y Japón) y los países con déficit masivos (como EE UU). Es muy dudoso que los países con superávit estén dispuestos a tomar las medidas necesarias para estimular el consumo interno y reducir estos desequilibrios. La bajada del dólar puede ser una buena alternativa para conseguir este objetivo y poder lograr el ideal de una economía global mas equilibrada.

En Europa, pese a las quejas de algunos líderes europeos preocupados por el posible impacto de la caída del dólar y el fortalecimiento del euro en sus exportaciones, en un contexto de políticas fiscales y monetarias muy expansivas, la mejor garantía contra presiones inflacionistas es también un euro fuerte.

Pese a lo impredecible de los mercados de divisas, las perspectivas son que el dólar seguirá cayendo. Las cifras del consumo, que representa un 70% del PIB, y del desempleo, que ha alcanzado el nivel más alto de los últimos 26 años, siguen siendo negativas y no se espera que mejoren mucho durante 2010. Es por ello que es muy probable que las políticas fiscales y monetaria de estímulo se mantengan, con el impacta negativo que tendrán sobre el déficit y la deuda (que se espera que llegue al 85% del PIB en el 2019), lo cual pondrá presión a la baja en el dólar.

Sin embargo, es todavía muy prematuro certificar la decadencia del dólar. Hasta ahora el declinar del billete verde ha sido muy ordenado y no ha habido razones para el pánico. Además, cabe esperar que las autoridades económicas de EE UU (y de otros países) tomen todas las medidas necesarias para asegurar que no provoque una crisis. Sólo un error sostenido de políticas durante un periodo extenso puede provocar el colapso.

La crisis ha podido acelerar la erosión del dominio de dólar, pero la inmensa mayoría de los economistas están de acuerdo en que su reemplazo por otra moneda tardará décadas, ya que las alternativas no son claras: el euro ha ganado peso pero no está apoyado por un mercado soberano de deuda; los fundamentos económicos y demográficos del yen no son muy sólidos; y el renminbi chino no es ni siquiera convertible. En definitiva, el dólar sigue reinando.

Sebastián Royo. Catedrático y decano en la Universidad de Suffolk en Boston.

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31 octubre, 2009 a las 8:06 am

Los conseguidores, de Juan Francisco Martín Seco en Público

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El Gobierno ha anunciado que va a crear 70 puestos de facilitadores de crédito. Facilitadores se asocia sin querer a “conseguidores”. Nuestro país tiene una gran tradición en esta profesión. Son muchos los políticos que se han dedicado a ella, una vez retirados de la primera línea. Aunque, a decir verdad, también los hay amateurs que han puesto despacho de conseguidores sin pasar antes por la actividad pública.

Los conseguidores de crédito del Gobierno no son ex políticos, sino ex bancarios. Ex bancarios, que no ex banqueros. Los banqueros se jubilan con tres millones al año de pensión, los bancarios con mucho menos. Por eso a estos últimos los puede contratar el ICO, a ver si consiguen de los bancos lo que las pymes no logran, créditos. Y es que, a pesar de que llevamos más de un año afirmando que nuestras entidades financieras gozan de muy buena salud, lo cierto es que el crédito no llega a la sociedad, lo que es nefasto para la economía y puede agravar y alargar la crisis más de lo esperado.

El fenómeno, desde luego, no es exclusivo de España, si bien tal vez en estos momentos sea nuestro país uno de los que más esté retrasando el saneamiento de las entidades financieras. Paul Krugman y Joseph Stiglitz, entre otros, han acuñado el término de “bancos zombis”, bancos que, a pesar de estar quebrados, continúan funcionando con apariencia de normalidad –sólo apariencia– gracias, en primer lugar, a que el Estado les presta credibilidad, al ser de común aceptación que el sector público los salvará en última instancia y, en segundo lugar, a determinados trucos contables que les permiten no aflorar pérdidas y no reconocer insolvencias.

Lógicamente, las entidades financieras son reacias a reconocer sus dificultades económicas y mucho menos si estas exigen la intervención del Estado, con la posible pérdida de valor para los accionistas y del puesto para los administradores. Prefieren ir capeando el temporal y mantener en el balance determinados activos sobrevalorados, sin reconocer la morosidad con la esperanza de que las circunstancias cambien, la situación se regularice y los activos retornen a su valor original. Pero esta forma de actuar puede tener unas repercusiones funestas para la economía, ya que ciega los canales del crédito y el primer requisito para la recuperación es que los flujos financieros se normalicen.

Esto es lo que puede estar ocurriendo en España. El hecho de que los bancos españoles apenas resultasen contaminados por el papel basura norteamericano nos ha hecho olvidar que tenían sus propios créditos basura. Su retraso en reconocerlo y la pasividad del Banco de España en obligarles a ello está originando que el crédito no llegue a las pequeñas empresas ni a las familias y cuando llega lo hace en condiciones extremadamente duras y onerosas.

Más que conseguidores de crédito lo que se precisa es que el Estado se quede con aquellas entidades que en las condiciones actuales no son viables, si es preciso saltando por encima de los intereses particulares, ya sean privados o autonómicos. Para facilitar el crédito, ¡qué útil sería ahora una potente banca pública!

Juan Francisco Martín Seco es economista.

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Introducido por Reggio

31 octubre, 2009 a las 8:05 am

Desde el socialismo, de Daniel Mújica en Público

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Angela Merkel ha formado Gobierno con los liberales, la otra derecha alemana. Contemplamos el enésimo retroceso de los partidos socialistas europeos. Klaus Wowereit, alcalde socialista de Berlín, ha pedido que caiga el viejo tabú y que se forje una coalición nacional con La Izquierda. Wowereit se ancla en el antecedente del batacazo, el adelgazamiento de la identidad, aunque sin el abrazo de Merkel, que obligó al SPD a renunciar a la acción socialdemócrata promoviendo, por ejemplo, la proliferación de los contratos temporales.

El SPD teme seguir perdiendo los votos que le han restado los ex comunistas de la RDA, los verdes y los socialistas escindidos. De hecho, también ha habido abstención entre los votantes del SPD, hartos de la indefinición ideológica. Wowereit se equivoca. En las próximas elecciones, el SPD debería salir a ganar el encuentro solo, sin ayuda de segundos, y volver a cosechar el voto del progresismo moderado, viable. De alinearse con La Izquierda, el SPD podría extraviar el voto de centro, que da y quita gobiernos. En España tenemos un antecedente. Cuando los socialistas, antes de las elecciones de 2000, quisimos coaligarnos con IU, los votantes de centro nos lo censuraron otorgando su confianza al PP, que Aznar había, en la forma aunque no el fondo, conducido al centro político. Es una práctica habitual de los partidos conservadores europeos ofrecer un modelo similar al socialdemócrata, una copia a la baja.

El primer problema de los socialistas europeos es la transversalidad de la derecha en las políticas sociales. El segundo problema, la calidad de la comunicación a los ciudadanos. El tercero, del que discrepo, es carecer de lo que D’Alema llama una nueva narración y, en consecuencia, la revisión de la ideología, de la identidad.

D’Alema precisó de una nueva narración de la izquierda; pretendía transformar a los eurocomunistas italianos en un partido de Gobierno. Lo logró. Los socialistas europeos no lo necesitamos. Tenemos una ideología férrea que, al diluirse, nos lleva a la quiebra, como al SPD. Hay que mantener y afilar el discurso. No se trata de enrocarse, sino de avanzar. Conocemos la narración: unos pocos intentan y consiguen apropiarse de los esfuerzos y ahorros de muchos. Nuestra narración se basa en que nuestra receta es nuestro patrimonio: la justicia social es el patrimonio del socialismo europeo. Arranca en las antiguas consignas de libertad, igualdad, fraternidad. Dirigentes conservadores apuntan como una de las raíces de la crisis a la anorexia de esos valores. La derecha, con la falsa afirmación del fin de la historia, mercados autorregulados y riqueza para todos, ha extendido la idea de que el dinero es más importante que la solidaridad. Han infectado a la sociedad, que, aceptándolo, se ha vuelto egoísta y ha buscado el dinero fácil: especulación de vivienda a pequeña escala, petición de bonus, etc. Es la derecha la que intenta enterrar los viejos valores. A los socialistas europeos, como primer paso de recuperación, nos corresponde desenmascararlos.

La señora Cospedal declara: somos los representantes de todos los trabajadores españoles. ¿Qué protección ofrece el PP a los trabajadores españoles? ¿Aplicar con racanería la Ley de Dependencia en las CCAA donde gobierna? ¿Vulnerar la ley de Igualdad, negando a las mujeres de las clases trabajadoras y medias sueldos equitativos? ¿Externalizar servicios de los hospitales, privatizando la gestión de lo público para que lo privado siga enriqueciéndose a costa de los trabajadores? Las respuestas son claras, contundentes. Pero ¿cómo las comunicamos?

El instrumento pasa por la militancia y los cuadros del PSOE. Se utilizan con acierto las nuevas tecnologías, Internet y las redes sociales para explicar la acción de Gobierno. Los ciudadanos, sin embargo, agradecen el contacto directo. Algunas agrupaciones y sedes del PSOE mantienen una actividad reducida, falta de asistencia, de iniciativa, de debate, de captación de militantes. El debate y la discrepancia en los órganos internos de los partidos, con pasión y con razón, los mejora, los engrandece. El PSOE tiene una magnífica herramienta, los vocales vecinales, que cobran un sueldo por servir a la comunidad. Como la conocen, a ellos les corresponde, entre muchos, lo que se denomina hacer partido.

Los partidos socialistas europeos están en declive, los de la oposición y, salvo el caso español, los de Gobierno (véase el laborismo inglés), lanzan propuestas nacidas en la celeridad de las noticias, la globalización o bien con la intención de frenar la presunta alarma social que genera un titular. Ni se puede ni se debe opositar o gobernar, aprobar leyes, en base a la supuesta alarma social, pues se resquebraja el Estado de Derecho. Y menos opositar o gobernar atendiendo a los medios y, por desgracia, fijándose en las intenciones de voto. Un partido que decide su acción en y por las encuestas, está condenado al fracaso. El sentido común dicta trabajar desde la anticipación, lo cual significa hacer mucha cocina, prever con mesura la catástrofe a la que nos empuja la complejidad del siglo XXI y, por tanto, atajarla antes de que se desencadene. Pero también, cuando es imprescindible, improvisar; la realidad, tozuda y mudable, ataca a contrapelo. Tampoco es de recibo realizar políticas que contenten a todos los estratos y grupos sociales. Incluso habrá que ejecutar acciones que sean del desagrado de la mayoría, pero que en cambio mejoren la salud de la nación. González lo hizo con la OTAN, Zapatero lo está haciendo con la Ley de Plazos, incluido que las mujeres jóvenes no informen a los padres.

El problema de los partidos socialistas europeos se reduce y multiplica en la pérdida, en la decadencia de la identidad, peligro que hoy no acecha al PSOE. En España, el PSOE construye desde el socialismo, desde, a fin de cuentas, el pablismo.

Daniel Mújica es escritor.

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Introducido por Reggio

31 octubre, 2009 a las 8:04 am