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Metafísica política para el 2012, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (31-12-2012)

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El ojo del tigre

En el momento de cruzar la sutil línea roja que hace de imaginaria frontera para separar el hoy del mañana, solemos pensar que iniciamos otro camino provistos de un nuevo equipaje espiritual. Esta creencia se acentúa especialmente cuando llega el momento de despedirse de un año, que muere, para recibir alborozadamente al año que acaba de nacer. Año nuevo, vida nueva… Tal es la consigna tácitamente aceptada aunque, a medida que avanza el tiempo, la realidad nos demuestra que es una verdad relativa. Ahora mismo, estamos casi a punto de saltar al otro lado del annus horribilis, que fue el 2011, por la bulimia financiera que practica el lobby del capitalismo occidental. Si nos atenemos a la tradición secular de la cultura dominante, dentro de apenas veinticuatro horas estaremos cruzando el Rubicón mientras tragamos las doce uvas tradicionales para -ya en la otra orilla de este río, que es la vida manipulada por el poder…- desearnos, entre todos, felicidad y prosperidad. Hasta aquí, la Tradición. Con mayúscula.

Sin embargo, la realidad -aunque cueste trabajo aceptarla- es otra muy diferente. Tenía razón don Miguel de Unamuno cuando advertía de que todos los años no son más que un sólo y largo día. La sociedad asturiana tendrá la gran ocasión de comprobar la certeza del aviso unamuniano al iniciar su camino por el año 2012, que ya está llamando a la puerta. Asturias entrará en él cargando el mismo equipaje que, desde hace más de medio siglo, arrastra tras de sí, penosamente, por el interminable camino del tiempo: su crónica crisis cultural y su atávica pobreza ideológica. Una crisis que, probablemente, se le haya acentuado a partir de la pérdida de su histórico patrimonio industrial -una riqueza iniciada a mediados del siglo XIX, y desmantelada definitivamente en los años 80 del siglo XX-, patrimonio que constituía el escenario ideal para proyectar sobre él las ideas de un progreso cultural y social, que empujaba a esta antigua comunidad regional hacia las altas esferas del bienestar social… Evidentemente, sin prescindir de las inevitables y naturales tensiones sociales. Probablemente, porque la cultura del trabajo necesita, para avanzar, ir acompañada por el desarrollo del pensamiento político: otra forma de cultura indispensable para el progreso social.

Ahora, en este momento, nos disponemos a iniciar la rutinaria liturgia del recibimiento de un nuevo año cargados con el equipaje de los mismos errores cometidos, año tras año, en el transcurso de los últimos ochenta años: el peso dominante de una política orgánica que quiere controlarlo todo. Esta antigua sociedad regional, convertida en comunidad autónoma por obra y gracia del milagro transitivo decretado por los reformistas de la anterior dictadura nacionalcatólica, es, en estos momentos, una olla en plena ebullición: por un lado, burbujea un club, llamado Foro AC, que es responsable -por decisión popular democrática- del Gobierno del Principado de Asturias. Se trata de un Gobierno peligrosamente minoritario -aunque con gran vocación imperial-; el cual, necesita flexibilizar su elevada y rígida sensibilidad orgánica si quiere lograr pactos, uniones, entendimientos y comuniones, con otros partidos mayoritarios. Pero muy especialmente, con el partido que es, aunque no lo parezca, su matriz: el Partido Popular.

Por el otro lado, hierve a borbotones el socialdemócrata PS(O)E mientras intenta renovarse -¡otra vez…!- porque quiere recuperar la hegemonía perdida en las elecciones generales del esotérico 20-N de 2011.

Este es el paisaje que esta comunidad le ofrece al año 2012. Un paisaje que tiene su historia: tras el desmantelamiento prácticamente integral de la industria minero-siderúrgica -incluido el embalsamamiento de las Cuencas Mineras-, llevado a cabo disfrazándolo de una moderna operación para lograr la reconversión industrial de Asturias, la metafísica reconversión industrial consistió, finalmente, en sustituir la tradicional industria minera y siderúrgica por la virtual industria de la política, de cuya capacidad para generar empleo ha dado pruebas suficientes desde el primer día…

Lo que no se le puede negar a esta peculiar reconversión industrial asturiana es que, gracias a ella, el siglo XIX se ha conservado, tan fresco como el primer día, incluso una década después de haber estrenado, cronológicamente, el siglo XXI. Esto sí es trabajar por la conservación de la Tradición. Hoy, aquí, se hace política como en los mejores tiempos de don Alejandro Pidal y Mon. Reconocer este mérito es un deber de la conciencia social. Si me lo permite, le voy a poner dos casos que demuestran la importancia que tuvo esa milagrosa reconversión de la minería y la siderurgia en la política de los partidos dinásticos: a), Asturias es un concepto teológico felizmente secularizado: Covadonga; y b), Asturias es un fenómeno racionalista ilustrado: Jovellanos. Todo esto, que no es poco, es lo que el 2011 va a volcar sobre el próximo año. Debemos reconocer que sin la política orgánica -adaptada a la democracia transitiva de estas últimas tres décadas y pico- ni la Santina ni Jovellanos habrían logrado esa identificación que convierte a ambos en la quintaesencia de un modelo de sociedad difícil de sondear únicamente con el pensamiento si prescindimos de lo teológico y de lo racionalista.

La clase política asturiana -al frente de la cual están las divinas castas oligárquicas, cada una de las cuales vela por los principios ideológicos de sus respectivos partidos- es la encargada de que los asturianos se convenzan de que para serlo basta, sencillamente, con mantenerse fieles a unas determinadas actitudes sociales. Y no -como pretenden algunos (¿rojos…?)- un profundo sentimiento de la propia conciencia individual. Eso significa, desde la perspectiva de un político orgánico experimentado, una grave transgresión de la disciplina social. He aquí otro logro positivo de la reconversión industrial en esta región. Porque para asumir un profundo sentimiento asturianista están, precisamente, ellos. A los demás les basta con cubrirse la cabeza con una montera picona. Es mucho más fácil -y menos comprometido- llevar a Asturias por fuera que por dentro de nuestras cabezas.

Con la montera picona les resulta más fácil, a los políticos, homogeneizar a la sociedad regional. Al menos, este es el sueño imperial de la clase política asturiana, tan sabiamente dirigida por sus respectivas castas oligárquicas.

Con este bagaje político -heredado del siglo XIX- la actual comunidad autónoma se dispone a adentrarse entre la espesura teológica y racionalista de la selva del año nuevo. Felicidades.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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31 diciembre, 2011 a las 7:12 am

Asturias en conserva (2), de Gregorio Morán en La Vanguardia

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SABATINAS INTEMPESTIVAS

Cascos pertenece a un tipo de profesional de la política que sabe vencer, pero tiene limitaciones para convencer

Quien conozca un poco el percal asturiano habrá llegado a la conclusión de que pocos lugares de España ofrecen un plantel de ofertas electorales tan singular, y al tiempo tan representativo de la vida política española, como Asturias. Lo tenía todo, como en botica, que se decía antes. Y por si fuera poco, la casualidad había programado La flauta mágica en el teatro principal de la comunidad para la mismísima tarde de reflexión. Que fuera a coincidir el sábado de vísperas con la representación de la ópera de Mozart en el Teatro Campoamor de Oviedo, te lo ponía a huevo. Asturias en conserva el mismo fin de semana que caducaba el escabeche.

Si alguien tiene la humorada de ir a Asturias para despedirse de los últimos gozos de esos puentes festivos, auténticos acueductos, tan de otra época como los romanos, le sugiero que pase por Avilés y visite ese monumento único en su especie, que es el Niemeyer. Tiene hasta el 15 de diciembre, luego ya será otra cosa, o quizá nada. No hay comunidad autónoma que se libre de monumentos a la grandilocuencia y la frivolidad, pero lo del Centro Niemeyer de Avilés tiene algo que lo distingue de los aeropuertos sin aviones, los museos sin contenido y los polideportivos para la tercera edad. Es una gran obra arquitectónica dedicada a la inanidad; a lo que usted guste mandar y pagar. Me explico.

El conjunto monumental Niemeyer nace de una idea un tanto peregrina, pero eficaz: constituirse en el Museo de los Premios Príncipe de Asturias. Como no fue posible colar el suculento embolado a las arcas del Estado, un tipo avispado cuyo mayor mérito es saber inglés y encantar serpientes, por buen nombre, Natalio Grueso, consideró que los contactos con el ancianísimo arquitecto brasileño Oscar Niemeyer -que dudo mucho sepa por dónde cae Asturias- consentían un proyecto estilo Guggenheim. El síndrome Bilbao-Guggenheim será estudiado como una paranoia hispana de amplio espectro. Pero como habría que empezar diciendo que Avilés no es Bilbao, sino más bien todo lo contrario, y eso nos llevaría mucho espacio, quedo aquí remitiéndome a otra de las estupideces más notables de los estudiosos locales de todos los tiempos: la referencia a las “Atenas del Norte” para designar a grupos de paisanos ilustrados que elevaron el nivel cultural, ínfimo, de unas provincias abandonadas en manos de la Iglesia y los conventos.

Pero el meollo del asunto trasciende cuando se termina la obra majestuosa y hay que plantearse qué se hace con ella. El Niemeyer es aparente por fuera y vacío por dentro, y muchos ciudadanos de Avilés lo consideran una gloria local porque además de servir para pasear por sus holgados 40.000 metros cuadrados, ha recibido visitas de Woody Allen, Brad Pitt y Kevin Spacey con un Shakespeare al parecer memorable. A mí me hace mucha gracia cuando aparece en los medios de comunicación, comprados a buen precio, la coletilla de que los grandes artistas mediáticos hacen tal o cual cosa “gratis”. En general se ocultan los gastos de representación; un avión privado de Woody Allen que le traslade a él y a su troupe de Venecia a Asturias, por ejemplo, puede costar 40.000 euros. Entendámonos, es gratis para ellos, pero no para el que invita. Y así estamos, en una Asturias que lleva al borde del colapso desde hace décadas, asistiendo impertérrita a la cartelera de estrellas que le costaría pagar a Nueva York.

El Niemeyer de Avilés es una de esas estafas culturales que encandilan a ciertas comunidades ciudadanas, en la misma medida que tu vecino, hoy en la ruina, se preguntaba hace un par de años por qué no se podía comprar un coche de alta gama. ¿Acaso no tengo derecho? La serie de derechos inconsútiles es una de las aportaciones de la posmodernidad. Cuando Álvarez Cascos ganó de manera contundente las elecciones autonómicas asturianas, entre las primeras cosas que exigió estaba saber dónde demonios terminaba el pozo sin fondo del Niemeyer, y los responsables, muy puestos, le negaron las cuentas y así seguirán hasta el 15 de diciembre, constituidos en Fundación Autónoma. Un lío provinciano de esos que envenena al vecindario de Avilés que quiere ser Bilbao e incluso París. ¿Acaso no tenemos derecho?

El fantasma del Niemeyer, su espíritu, ha sobrevolado unas elecciones generales que en Asturias han llevado al límite lo ocurrido en el resto de España. En primer lugar el fenómeno Álvarez Cascos. Que este curtido dirigente del PP se haya visto obligado a presentarse por su cuenta, fundar un partido -Foro Asturias-, ganar arrolladoramente unas elecciones autonómicas con los votos transversales de populares y socialistas, dice mucho sobre el nivel de hartazgo de la ciudadanía asturiana. Y que lo haya hecho con la malquerencia enfermiza del principal diario astur -La Nueva España- cuyo comportamiento, contado por lo menudo, avergonzaría a un gremio, el periodístico, que acumula tal cantidad de basura como para no darse por aludido.

En Asturias se ha vivido, hasta las últimas elecciones, una situación a la siciliana, donde el poder político se comparte entre dos formaciones aparentemente adversarias que se llevan muy bien en sus variadas corruptelas. Con el descaro que otorga la impunidad han tenido la desfachatez de presentar como candidatos, tanto del PSOE como del PP, a los personajes más corruptos y despreciados de la ciudadanía, quizá porque no había otros quizá porque da lo mismo. El resultado fue óptimo, tanto, que ninguno se ha dado por aludido. Los socialistas han perdido en lugares históricos de la izquierda como Mieres o Avilés, pero sin inmutarse.

El voto conservador es de piñón fijo y menos frágil que el de la izquierda, que cuando se harta se queda en casa, o vota a la contra, o se exhibe, tan digna como inútilmente, con el voto en blanco. Derrotados los socialistas y los populares, aunque venciendo estos por quiebra del adversario, el panorama asturiano ha tenido dos novedades, muy discretas, que apenas empañan el escenario habitual. Los comunistas de Izquierda Unida recuperan un escaño, gracias a la personalidad de su candidato, Llamazares, más que a su atractivo como coalición, y Álvarez Cascos y su Foro Asturias consigue colocar un diputado en Madrid.

El caso de Cascos bien merecería un análisis particularizado, quede para otra ocasión. ¿Cómo ha sido posible que el hombre que suscitó tantas esperanzas en las autonómicas redujera en casi la mitad sus votantes? Cuenta la polarización del voto, eso que cabría denominar el piñón fijo de intereses fraguado entre socialistas y populares asturianos, pero también la soberbia del protagonista. Administrar las victorias es tan difícil como encajar las derrotas, y a veces ocurre que quien es capaz de obrar una hazaña, porque tal fue la victoria de Cascos en las autonómicas, se le va la mano al planificar las siguientes batallas.

Álvarez Cascos pertenece a un tipo de profesional de la política que sabe vencer, pero tiene limitaciones a la hora de convencer. Su actitud ante las generales fue tan torpe, que uno se pregunta si los virreinatos no desvarían a los líderes locales. Plantearse hacer campaña en Madrid fue como un chiste de mosca cojonera y resentida, que le quita prestancia al profesional de la política que es Cascos. Una cura de humildad parece siempre la inevitable purga a la que debe someterse la generación de Aznar cuando triunfa brillantemente. Cuando van sobrados, la joden.

Y qué fue La flauta mágica en el Teatro Campoamor de Oviedo. La constatación de que se ha terminado ese mundo del Mozart maduro, animoso precursor de la mejor Revolución Francesa, con su Libertad, Igualdad y sobre todo Fraternidad. La chabacana representación tenía algo de anuncio de lo que nos espera; un escenario vulgar con disfraces idóneos para la ópera de Honolulu, una orquesta menos que mediocre y unos cantantes modestos. Al final del primer acto, Pamina anima a su querido para que cumpla con el único programa posible: “Decir la verdad, aunque sea delito”.

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3 diciembre, 2011 a las 7:20 am

En Siero tienen prisa, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (06-11-2011)

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El ojo del tigre

Hace unos meses, el líder de FAC -y presidente del Gobierno del Principado- les advertía a sus discípulos de que lo importante es hacer las cosas bien, antes que hacerlas rápidamente (Discurso pronunciado en Pruvia ante la Conferencia Política de presidentes locales de Foro Asturias. 21-10-2011). Sensata advertencia. Sobre todo, para orientar a los novatos ejecutivos del recientemente creado partido asturianista, cuyo fulgurante éxito electoral conseguido en las elecciones autonómicas y municipales celebradas el pasado mes de mayo ha servido, principalmente para innovar el determinismo bipartidista del sistema político nacional y, a la vez, regional proporcionándole una especie de tercera vía de escape para el fluido desahogo (condicionado) de la participación directa en los asuntos públicos.

Pero una cosa es la teoría política y otra la práctica de la misma. Esto es lo que se ha demostrado en el Ayuntamiento de Siero con el intento de desalojar al PS(O)E de la Alcaldía para, inmediatamente, ocupar el trono local una especie de santa alianza política protagonizada por los concejales del Foro y un grupo de ediles que alcanzaron su protagonismo municipal en los pasados comicios de mayo como militantes del PP. El fracaso de la intentona -probablemente, preparada rápidamente, pero sin atender a la necesidad de que fuera bien planeada- es la confirmación del aviso que les hacía, en septiembre, el Jefe del recién nacido Foro AC…

Ahora, el fracaso del intento de presentar y debatir la moción de censura contra el alcalde que tomó posesión de su cargo hace a penas unos cinco meses, se intenta resolver apelando a los Tribunales. Al parecer, lo que les interesa -además de hacer las cosas rápidamente, sin procurar hacerlas bien- es sostenella y no enmendalla

Cualquier observador tranquilo, después de contemplar este gag de la política municipal, podría convencerse de que lo les importa no es censurar la (supuesta) mala gestión -apenas iniciada- del alcalde socialdemócrata, sino abrir una brecha en el muro de la democracia local para pasar al otro lado con todo su equipaje de ambiciones personales, asaltar el poder y, después, imponer sus dictados. Por lo visto, no les basta con participar en el gobierno de la municipalidad, sino, además, quieren configurarlo a la medida de sus propios intereses.

Este caso es la consecuencia del mal uso que se hace de las mayorías en la democracia. Un uso que, en realidad, es pura y simplemente un abuso. Utilizar las mayorías en democracia para satisfacer deseos personales -o de grupos- es, en términos de ética política, una barbaridad. Y cuando, además, se pretende justificar esa ambición apelando a las necesidades del bien común, el asunto se convierte en un bárbaro atentado a la razón democrática. El remedio para evitar estos casos -o, por lo menos, para atenuarles su agresividad política- podría ser el de exigir, como condición previa para ejercer el oficio público de la política, una buena formación moral cívica. Pero esa moral cívica es algo que no se puede improvisar, puesto que es la consecuencia final de un largo proceso de formación personal.

A pesar de esa dificultad, algo habrá que hacer para que la democracia nacional no sirva como pretexto para introducir de matute, en este país, las viejas tendencias personalistas, que se resuelven, casi siempre, imponiendo un interesado despotismo político. Despotismo que sirve también para certificar el secuestro de la moral cívica, que es, precisamente, el mejor de los cimientos para construir sobre él una democracia sólida, entendida como una filosofía basada en el respeto al hombre y en la búsqueda al bien común.

Entendiendo bien que esa democracia facilite la condición esencial de la naturaleza democrática: un sistema de gobierno en el que el poder va desde abajo arriba. Quizá, esto haya sido lo que obviaron los descontentos de la Municipalidad porque la derecha, en Siero, tiene mucha prisa.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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6 noviembre, 2011 a las 7:12 am

El movimiento obrero, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (23-10-2011)

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El ojo del tigre

En cierta ocasión -si no recuerdo mal, en mayo de 1969-, un ministro de Industria del Gobierno de aquel general (ísimo), después de un espléndido almuerzo servido en la residencia de La Granda (Ensidesa-Avilés), se reunió con un numeroso grupo de personas entre los que abundaban los empresarios. Durante el coloquio que siguió al discurso del ministro (Gregorio López Bravo), el portavoz de los empresarios le hizo saber al ministro el gran descontento que, al parecer, provocaba en su gremio la competencia desleal que les hacía -sobre todo, en el campo de lo social- la empresa pública. Especialmente, por los elevados salarios que les pagaban a sus trabajadores. El agravio comparativo entre lo que ganaban los obreros de la empresa pública y el salario que percibían los trabajadores del sector privado era, no sólo una gran desventaja para los segundos, sino también, al mismo tiempo, un motivo de descontento social y una posible fuente de conflictos laborales en la empresa privada.

El ministro escuchaba atentamente las palabras del portavoz (Agustín Rodriguez Sahagún). Una vez concluida la intervención del portavoz, el ministro, puesto en pie, les hizo la siguiente recomendación a los empresarios que le escuchaban: Conviértanse ustedes en un grupo de presión.

Probablemente, fue a partir de ese momento cuando el empresariado español inició su campaña -que todavía no ha abandonado…- para presionar sobre el Gobierno para que la empresa pública renunciara a hacerles la competencia salarial y, al mismo tiempo, la pascua social. Sobre todo, le azuzaba para que renunciara a dar tan mal ejemplo al país con los elevados salarios que les pagaba a los obreros de la empresa pública.

El grupo de presión empresarial -sugerido por aquel ministro de Industria- sigue gozando de una esplendida salud dialéctica cuarenta y dos años después de aquel coloquio celebrado en La Granda. Tal ha sido su éxito que, hoy, los empresarios hablan más de política que de economía; mientras que los políticos sólo saben hablar de economía… La realidad es que los empresarios han conseguido meterse en el Estado. Únicamente los obreros siguen estando fuera de él.

No sé qué pasaría si alguien planteara, en este momento, la necesidad de que la clase obrera -porque todavía hay obreros, aunque algunos de ellos no sepan que lo son; o no les interesa saberlo…- se organizara como un movimiento social. En una sociedad tan duramente colonizada por los intereses capitalistas, como es la española -aunque les cueste reconocerlo a sus nuevos colonizadores-, se podría recomendar también que los obreros se organicen como movimiento de clase, aunque sólo sea para contrarrestar los abusos sociales que contra ellos comete el capital. Y, si fuera posible, para introducirse también en el Estado. Así como aquel ministro que visitó Ensidesa, en 1969, animó al empresariado español para que se organizara como un grupo de presión frente al Estado y, por lo menos, poder mantener con él el diálogo en defensa de sus intereses, me parece muy razonable -por lo menos, en la misma medida- que los obreros, sometidos a las horcas caudinas del insaciable neocapitalismo, se les anime para que recuperen su antiguo movimiento obrero. Esta será la única manera de poder dialogar de tú a tú con el poder omnívoro del insaciable capital.

Es posible que alguien piense que utilizo un lenguaje tan arcaico -movimiento obrero, capitalismo, clase…-, que parece como si uno pretendiera que todos regresáramos al siglo XIX. No es así. Citar a las cosas por su nombre es indispensable para poder entenderse cuando se dialoga. Lo contrario equivale a agachar las orejas y aguantar sin rechistar. Si en algún momento es necesario reclamar el diálogo social, ahora mismo es uno de ellos. Digo diálogo, que es algo muy diferente de coloquio. De la misma manera que a los empresarios les recomendaron convertirse en un grupo de presión para que el Estado les escuche y puedan obtener lo que les interesa, a la clase obrera también le conviene reorganizarse como movimiento, para que el capital les escuche. Y les permita participar del diálogo que él mantiene con el Estado.

Si en mayo de 1969, el empresariado español se aventuró a plantear sus problemas al Estado, a estas alturas del siglo XXI nadie debería sorprenderse -y, mucho menos, cabrearse- porque la clase obrera se atreviera a funcionar como un auténtico grupo de presión. Aunque sólo le sirva para aliviar, en parte, las consecuencias de una nefasta situación social, impuesta e indiscutiblemente injusta.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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23 octubre, 2011 a las 7:15 am

La Asturias más paradójica, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Sobre las interminables peleas goyescas de la derecha llariega

«Cuando los partidos representan comunidad de ideas y unión activa de los que pretenden llevarlas a la práctica, lo que debe procurarse no es la exaltación de un individuo, sino la armonía en el pensamiento y en la conducta de todos» (Clarín).

La derecha asturiana es goyesca. En poco más de diez años, protagonizó dos rupturas tremebundas. Primero, fue el marquesado. Después, hubo quien pasó de llamar a Cascos candidato «galáctico» a tildarlo de sexagenario acabado para la política. La derecha asturiana se comporta como una familia numerosa en la que muchos pasan sin despeinarse de las alianzas más fieles (y serviles) a las disputas más enconadas.

Tengo la impresión de que acaba de empezar el tercer acto de las escaramuzas goyescas peperas. ¿No es paradójico a más no poder que dos personas como Cherines y Rozada, cuyas trayectorias políticas están tan estrechamente vinculadas a Cascos, encabecen las listas del PP por Asturias al Congreso y al Senado?

En el verano de 2010, cuando Cascos pronunció su discurso en Valencia de Don Juan, citando a Ortega, habló de «vieja y nueva política». Y, si la memoria no me falla, allí estaba Rozada apoyando con su presencia el regreso del admirador de Jovellanos a la política. Y, en el presente año, en uno de los primeros actos de apoyo a la candidatura de Cascos en Asturias en una sidrería en Gijón, doña Mercedes Fernández se dejó ver por allí. Y aquello le ocasionó las críticas de dirigentes socialistas, recordándole que su cargo institucional la obligaba a una discreción que en aquel momento no tuvo.

La Asturias más paradójica: cuando la derecha asturiana dio su segundo gran espectáculo de división interna hubo quienes estuvieron al lado del actual Presidente de nuestra tierra hasta el momento en que rompió con su partido y fundó otro. Lo cierto es que ni Cherines ni Rozada tuvieron desde entonces gran protagonismo en el PP astur, liderado en la práctica por Gabino de Lorenzo. Pero la ex delegada del Gobierno y el legendario dirigente conservador obtuvieron el plácet de Rajoy para encabezar las listas del PP asturianas a las generales.

¿Va a pelearse Cascos a partir de ahora con estas dos personas que le acompañaron durante tantos años? ¿Alguien le recordará a doña Mercedes que fue ella la manzana de la discordia para que don Francisco abandonase su militancia en Gijón y se diese de alta en Madrid? ¿Alguien tendrá a bien recuperar las declaraciones de Rozada cuando definió como reuniones de chigre aquellas puestas en escena de dirigentes de PP astur presididos por Gabino de Lorenzo en las que se rechazó la candidatura de Cascos a la Presidencia de Asturias? ¿Alguien le dirá abiertamente a Cascos que entre sus contrastadas cualidades para la política no se encuentra el acierto a la hora de elegir a sus más fieles colaboradores, a los que terminó por criticar con dureza, cuando fue el propio don Francisco quien depositó toda su confianza en ellos?

Cuando Cascos arremete contra el bipartidismo se carga de razón en la mayoría de los argumentos que esgrime. Pero no puede entenderse bien que eso lo haga uno de los principales responsables de que el PP fuese no sólo una alternativa de Gobierno en España y en Asturias, sino que también lo haya alcanzado. Cuando Cascos fulmina con sus críticas a un PP astur que no fue capaz como oposición de arrinconar a Areces por su nepotismo y grandonismo, por un lado, no hace más que poner de relieve algo obvio y certero. Pero tampoco puede entenderse que diga semejantes cosas cuando dejó aquí a esos dirigentes como personas de confianza que en su momento lo cubrieron de medallas y halagos.

Derecha asturiana goyesca. Ahora es el PP el que pretende restarle votos a Cascos poniendo frente a él a quienes hasta ayer mismo lo encumbraron lo indecible. El PP astur hace con sus dirigentes lo mismo que Groucho Marx con sus principios. Se diría que no se cansarán nunca de desdecirse.

Siempre nos quedará aquel ceremonial de despedida de Cascos en la Delegación de Gobierno de Asturias a cuyo frente estaba entonces Cherines. Siempre nos quedarán puestas en escena de veneración por un líder. Siempre nos quedarán recordatorios que nos llenan de perplejidad.

Foto de familia plagada de herederos con intereses que colisionan. Foto de familia que en cualquier momento monta una escena goyesca. Foto de familia de una derecha astur descabezada que sólo tuvo un patrón desde la transición a esta parte.

Y ese patrón se reinventa hablando de vieja y nueva política, arremetiendo contra el bipartidismo, mientras que la nave que abandonó (o le hicieron abandonar) va de naufragio en naufragio. Y está por ver si siempre habrá alguna embarcación dispuesta a recogerlos.

Porque, miren ustedes, no sólo es cada vez mayor el número de políticos profesionales agarrados al sillón con desespero, sino que además, en el caso del PP astur, necesitan un mentor y se encuentran con que no hay otro Cascos a quien adular. Huérfanos de liderazgo van buscando un discurso que no tienen.

Derecha astur goyesca a la que le falta un pastor que consuele y marque el rumbo a tantas almas que penan afligidas tras tanta pelea. Dos facciones. Una de ellas sin cabeza en espera de su redentor y faro.

El espectáculo (goyesco) está servido.

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18 octubre, 2011 a las 7:14 am

Regionalismo nacional, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (16-10-2011)

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El ojo del tigre

Sospecho que la doctrina regionalista del Foro AC ha sido el fruto -lo mismo que su fundación como partido- de la enorme capacidad que para la improvisación tiene su fundador, cuya inteligencia política discurre paralela a su tremenda habilidad para la imposición orgánica de su individual voluntad jerárquica. Dispuesto a sospechar, con todos los inconvenientes que tiene el simple hecho de intuir frente a la complejidad de la certeza, podría decir también que es posible que el regionalismo nacional que postula este improvisado grupo minoritario esté inspirado en la vieja doctrina regionalista del clásico Vázquez de Mella, para quien el regionalismo debe ser muy respetuoso con la soberanía política directora del conjunto nacional, cuya facultad es -o debe ser- competencia exclusiva del Estado. El enigma ideológico que encierra su eslogan Más Asturias, Mejor España es, precisamente, ese: el convencimiento de que el Estado no debe tener más facultades que las que se derivan de sus relaciones esenciales como soberanía política directora del conjunto nacional. (Regionalismo y Monarquía. Vázquez de Mella.).

Asturias no es una región que se caracterice por sus afanes independentistas, sino por todo lo contrario. Recordemos: P.- ¿Cual es la patria de todos los asturianos?.- R.- Asturias y por extensión España, que es la continuación histórico geográfica y política del Estado Asturiano, al cual debe el ser. (Doctrina Asturianista. Aprobada por la Junta Regionalista del Principado. 1918). Esta fábula orgánica está sostenida, intelectualmente, por las tesis inspiradas en el mito de Covadonga. El covadonguismo -término político tardío, acuñado en la revista Asturias Semanal (Nº 0. Pg. 5. Oviedo, 1969)- se convierte en la filosofía ideológica del tradicionalismo asturianista a partir de un acto de afirmación regionalista que se celebró en Covadonga, en 1916; cuya inspiración se le debe a Vázquez de Mella, un nombre del viejo santoral político españolista, prácticamente olvidado actualmente, pero cuya doctrina ideológica sigue sustentando las tesis derechistas del sólido pensamiento carpetovetónico…

El señor Álvarez-Cascos apeló al regionalismo nacional para dotar a su particular grupo político de una peculiar doctrina básica; sin la cual, su Foro sería simplemente el resto de un naufragio político provocado por quien solo tenía capacidad intelectual para arriesgar, con ciertas garantías de éxito (personal), incluso la estabilidad orgánica del partido que él mismo contribuyó a engendrar. Hablo del PP.

Lo que hizo fue coger el cabo suelto -desde hacía más de treinta años- del recurrente regionalismo asturiano, para atarse a él como medida de seguridad ideológica propia. Y, por extensión, de seguridad para su nuevo grupo político. No fue una originalidad, sino, simplemente, una repetición de lo que, a lo largo de los últimos casi cien años, ha ocurrido en esta región: el uso del regionalismo como un recurso intermitente para ganarse, entre otras cosas, confianza y votos. Desde el citado Vázquez de Mella hasta el actual Foro AC, el regionalismo ideológico -en sus variadas formas políticas- ha sido una constante: la Liga Pro Asturias, de Nicanor de las Alas Pumariño (1918); el proyecto de Estatuto Regional de Asturias, de Sabino Álvarez Gendín (1932); el Regionalismo Económico de Ramón Argüelles (1934)… Estos son solo tres ejemplos de esa casi endémica reaparición temporal de las inquietudes regionalistas en una sociedad que, paradójicamente, es españolista a fuer de asturianista.

El antecedente asturianista más próximo al regionalismo recientemente despertado por Foro AC quizá haya sido el que se empezó a citar aquí en las vísperas imperiales de la mítica Transición. Fue también en este periódico y, casi al mismo tiempo, en Asturias Semanal en donde empezó a sugerirse la necesidad de replantearse un regionalismo de clase. Se decía: Nos falta espíritu de clase social regional, y nos sobra entusiasmo gremial. Mientras no se plantee la consciencia de la realidad de la sociedad en que se vive, los asturianos continuaremos aceptando compromisos y reforzando las estacas que aíslan la parcela que más nos gusta. No habrá en este caso, verdadera transformación -voy a decir revolución…-, porque estoy de acuerdo con aquel que dijo que aislarse es síntoma de ineficacia. (El verdadero desafío regional. Cartas Políticas. Asturias Semanal Nº 1 – 24, mayo, 1969. Oviedo).

El concepto de regionalismo de clase fue coreado, posteriormente, por algunas voces, siete años más tarde. Pero se fue apagando hasta su total extinción. Esa concepción clasista del regionalismo estaba -o parecía estarlo- muy próxima a los principios marxistas. Por lo tanto, era mucho más seguro y ortodoxo -sobre todo, ortodoxo- ampararse en el regionalismo nacional de Vázquez de Mella.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Introducido por Reggio

16 octubre, 2011 a las 7:12 am

Mentiras metafísicas, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (09-10-11)

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El ojo del tigre

Con meridiana claridad, el Jefe (con mayúscula) del Foro AC ha denunciado públicamente que es una falsedad metafísica que esta Administración (la que él controla y dirige) tenga una estrategia de impagos. Hace unos cuantos años, ya se planteaba la duda sobre la naturaleza real de la democracia, en general, y la de la democracia spanish typical en particular. Entonces, algunos ya observaban que la democracia, en general, rimaba perfectamente con desmantelar el sector público para favorecer su privatización y, consecuentemente, provocar el enriquecimiento feroz de unas determinadas castas sociales privilegiadas por el poder. Aquello no era metafísica -entendida en el sentido de sutilizar excesivamente los argumentos contrarios-, era pura y dura objetividad. Esto es lo que, ahora mismo, y transcurridos casi veinte años desde aquellas iniciales suspicacias políticas, se puede constatar de una manera tan evidente que negarlo sí es sublimar el galimatías metafísico de la misma democracia.

Esta oscuridad política, que, por lo que se oye decir pero no se entiende, es cada vez más espesa a medida que avanza en el tiempo, hasta que suene, por fín, la campanada del próximo 20-N (¡esto sí que es metafísica ideológica!), es la que les permite, a quienes son los protagonistas del moderno espectáculo democrático, gobernar no con programas específicos de gobierno, sino con propaganda electoralista. Ahora mismo, cada vez que un político subido a su cajón abre la boca, lo que piensa y dice (si es que no lo dice sin pensar…) es simple metafísica electoral. Lo cual, interpretado según el sentido que, al parecer, le da a la metafísica el señor presidente del Gobierno del Principado de Asturias, no es más que pura imaginación falaz.

Imaginemos -aunque solo sea metafísicamente- que, a partir del próximo aquelarre electoral del 20 de noviembre, el Gobierno del Principado de Asturias cierre definitivamente su alucinante provisionalidad administrativa, y se pongan a gobernar con absoluto convencimiento de su perennidad. ¿Que cree usted que ocurriría…?. Pero antes de contestarme, permítame que le confiese lo que yo pienso: continuarían enredándose entre los hilos de la oscura trama de la herencia recibida. Es decir, seguirán parapetándose detrás del argumento de la inopia política de los otros: los metafísicos del PS(O)E… Lo cual , debe de interpretarse como el cuento de la buena pipa elevado a la categoría de programa ideológico para el desarrollo y sostenimiento de esta democracia (metafísica) salvada, al parecer, del apocalípsis bipartidista gracias al buen oficio de los metafísicos del partido único. Y, si es preciso, también de las JONS…

En este instante, y en el Principado de Asturias, cualquier idea u opinión que no coincida con las tesis del Foro AC corre el riesgo de ser condenada al fuego purificador que atizan los partidarios del pensamiento único. El dogma es el único sentido común autorizado. Por lo tanto, la reflexión libre, sin embarazos ideológicos -o así…-, se arriesga a ser condenada a la hoguera por metafísica… Hemos regresado al pensamiento único para que los (enigmáticos) mercados no se despierten, por las noches, sobresaltados por el ruido de los metafísicos del pluralismo ideológico democrático.

Lo que nos proponen -indirectamente- desde las alturas de los nuevos poderes dominantes, es que nos acostumbremos a obedecer -sin excusa ni pretexto alguno- a quienes llevándose el dedo índice a los labios y emitiendo un ¡chissst…!, prolongado y con bajos decibelios, nos ordenan callar -o no pensar- porque los mercados descansan después de una agotadora jornada de operaciones pluscuanmetafísicas. Si continúan así, cosa que puede ocurrir, esto acabará -como ya tuvimos ocasión de comprobar en una época reciente- con el pensamiento único abriéndoles la marcha al partido único, al periódico único y a la consigna fundamental: ¡Silencio, que te la estas jugando!

El que fuera eficaz maestro del actual Jefe (con mayúscula, claro) del Foro AC, llamado don Manuel Fraga Iribarne, tras un largo periodo de eufórico pensamiento único con camisa azul (que tú bordaste ayer…), cuando llegó a Londres, como embajador de España, descubrió otra manera de hacer política. Inmediatamente, guardó en su armario la camisa azul, compró un bombín -como el de Churchill- y un paraguas -como el de Chamberlain- y luego dijo: La verdadera política es eso: debate serio, oposición leal, trascendencia patriótica, realismo con sentido del humor.

Es posible que el Principado de Asturias necesite viajar pronto a Londres para comprarse un bombín y un paraguas. Aunque solo sea para poder recuperar su sentido del humor como institución política.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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9 octubre, 2011 a las 7:12 am

Hablemos del Niemeyer, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Contra las fantasmagorías y crispaciones

En el paisaje de Avilés se advierte ya su sino equilibrador y moderador de los extremos; no está a la orilla de un río ni del mar sino donde los extremos se tocan: la ría, y al margen de esas aguas que están entre mar y río, un núcleo urbano que estaba entre la ciudad y villa, en el justo equilibrio entre dos extremos. Pero en el esquema típico avilesino había, además del equilibrio, la selección depuradora. Avilés era la alquitara donde Asturias se refinaba y depuraba.

Valentín Andrés Álvarez

Hablemos de Avilés, de una ciudad con menos de cien mil habitantes que, sin embargo, cuenta desde hace años con una programación teatral que es toda una referencia. Añadamos a ello el elenco de actividades de la Casa de Cultura, admirablemente gestionada. Y sumémosle, en fin, el emplazamiento del Niemeyer en un espacio tan importante en la historia de Asturias. En realidad, se trata de algo con un enorme potencial que puede contribuir decisivamente al futuro de esta ciudad. Por eso, es desolador el ambiente tan agrio que se está generando.

De entrada, cuesta entender que se haya formado una tremenda escandalera en el momento mismo en el que se habló de la necesidad de transparencia de una gestión que recibe dinero público. La comparecencia del consejero Marcos Vallaure en la que se criticó con dureza la programación cultural del Centro añadió más leña al fuego, hasta el extremo de que se consideró que con esas embestidas se estaba perjudicando claramente a una ciudad que tiene muchas expectativas puestas en lo mucho que puede dar de sí el Centro Niemeyer.

Dicho todo ello, hay que insistir en que nadie debe rasgarse las vestiduras por el hecho de que se pidan rigor y claridad en la gestión de los dineros públicos. Y, de otro lado, hay una perogrullada que no parece tenerse en cuenta, y es que toda programación cultural está sujeta a la crítica; distinta cosa es que el tono y las formas del Consejero acaso no hayan sido pertinentes.

Le sobra razón al Consejero cuando señala que nuestro patrimonio artístico merece un tratamiento mucho más cuidadoso del que se vino haciendo por parte de los últimos gobiernos de Areces, pero ello no significa necesariamente que, para ello, haya que desatender las necesidades de una de nuestras principales apuestas de futuro como es el centro Niemeyer. Y, por otro lado, no sería admisible considerar que las cosas se hicieron a la perfección y que cualquier crítica que se haga a la gestión del Centro Niemeyer es un ataque al futuro de Avilés.

Convendría, por una vez, mirar hacia delante. El Niemeyer es el futuro, pero Areces es el pasado. El actual Gobierno, por su parte, está obligado a incluir el Niemeyer en su proyecto político para Avilés y para Asturias, en lugar de ver en ello una especie de mausoleo en el que el anterior presidente quiso, a su modo y manera, hacerse omnipresente. La ciudadanía avilesina y, con ella, la asturiana, es mucho más importante que los enfrentamientos entre los políticos de turno.

Creo que nadie debe discutir la importancia del Centro Niemeyer. Creo también que nadie es intocable ni pluscuamperfecto, hasta el extremo de considerarse atacado por unos desacuerdos que se pueden argumentar con fundamento y mesura.

Una vez más, la crispación. Una vez más, el ruido y la furia. Una vez más, el espectáculo de políticos que se desdicen de lo que en su momento manifestaron. Una vez más, tonos improcedentes. Una vez más, estamos ensordecidos en medio de tensiones y broncas.

¿Tenemos que resignarnos a esto? ¿Es pedir lo imposible un esfuerzo de claridad para que se le saque partido a la garantía de futuro que representa el Niemeyer que va mucho más allá de los que se sienten intocables e imprescindibles, que va mucho más allá de ajustes de cuentas entre los unos y los otros, que va mucho más allá de un afán de perpetuidad por parte de políticos que, a día de hoy, son el pasado?

El emplazamiento del Niemeyer atestigua no pequeña parte de la historia que nos hizo tal como somos y, a su vez, representa una posibilidad de despegue que sería imperdonable que se malograse por cortedad de miras, por vanidades fuera de lugar, por no partir de la base de que, ante todo, lo que importa es el futuro de una ciudad que no se merece la asfixia a la que se ve sometida por unos discursos en los que las triquiñuelas ocupan un espacio tan impresentable como nocivo.

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Introducido por Reggio

4 octubre, 2011 a las 7:14 am

Lo de Cascos en Madrid no es serio, de Marcello en República de las ideas

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Quien mucho abarca poco aprieta, dice un refrán español que le viene al pelo al nuevo presidente del Principado de Asturias, Francisco Álvarez Cascos, quien cuando no han pasado seis meses de su meritorio triunfo electoral en los prados y montes asturianos ya está paseándose por Madrid dando charletas, abriendo sedes y presentando candidatos de su FAC en la capital, porque lo de Asturias parece que le aburre y se le queda pequeño como pequeña le queda La Mancha a Cospedal, otra que no para de pavonearse por la capital del Reino.

Naturalmente, allá Álvarez Cascos porque menudo es el otrora secretario general del PP para que nadie se atreva a darle de consejos. Porque su pretendido desembarco en Madrid, donde tan caros están los diputados en número de votos como muy bien sabe, ofrece una imagen frívola que le obligará a hacer campaña en la capital de España -¡un presidente autonómico!- y enfrentarse directamente a sus ex compañeros del PP como lo hizo en Asturias pero esta vez con la intención no de sacar un grupo parlamentario asturiano como dice sino de ver como le quita a Rajoy los escaños necesarios para la mayoría absoluta. En cuyo caso Cascos podría culminar su venganza contra Rajoy, porque la venganza es motor que mueve muchas cosas, máxime en un país como España en el que el deporte nacional no es el fútbol sino la envidia.

De momento, en Avilés ya tiene Cascos un manifestación en su contra por el cierre del Centro Cultural Niemeyer del que dice el presidente asturiano que no gestiona bien ni de manera transparente sus fondos, por lo que les cierra el grifo y la institución hasta nueva orden o hasta que Cascos tenga todo el control, la presidencia incluida. Pero esa no va a ser la única protesta que le va a crecer al ex ministro en Asturias porque si el PSOE e IU renunciaron en su día a gobernar el Principado –entre ambos partidos tienen mas escaños que el FAC- fue por dos claros motivos: porque se temían un pacto de última hora de Cascos con el PP; y porque vienen vacas flacas y ahora le toca al FAC bailar con el ajuste social del déficit, lo que no tiene solución ni allí ni en ninguna otra Comunidad española.

De manera que en Génova 13, la sede central del PP en la que Cascos tuvo tanto mando, están a la espera de ver qué es lo que hace Cascos y su FAC en las elecciones del 20-N donde el optimismo del asturiano le ha llevado a pensar que logrará en su tierra dos o tres diputados, y uno o dos más en Madrid para ver si consigue grupo parlamentario. Lo mismo que se propone Rosa Díez con sus “camaradas” de UPyD, Cayo Lara con IU; Bildu, ERC, y por supuesto PNV y CiU, más el grupo mixto y los del PSOE (puede que roto en dos por el ala catalana) y el PP, con lo que de salir todo así -que no saldrá- la próxima legislatura contaría con un total de once grupos parlamentarios, lo que sería sorprendente.

Ahora bien, si Cascos se estrella en Madrid, le crecen los enanos en Asturias y no saca grupo parlamentario, corre el riesgo de la moción de censura PSOE-IU mientras el PP se cruza de brazos para verlo caer estrepitosamente que es lo que espera Rajoy. Si se hubiera quedado quieto en Asturias, ocupándose del Gobierno y arreglando los problemas –en vez de crear más- de sus paisanos, entonces el gobierno de Cascos en Asturias habría podido mantenerse sin muchos problemas. Pero su envite en Madrid, tras el que más de uno ve una “cabeza de playa” para el desembarco de la condesa de Bombay Esperanza Aguirre si se le presenta la ocasión, o la llegada a Madrid de Álvarez Cascos ya es un nuevo “casus belli” para Rajoy quien esperará a contar sus diputados en la noche del 20-N para ver si tiene mayoría absoluta. Y si la tiene, que se prepare el FAC en Asturias porque allí le podrán volar el gobierno y la presidencia en un santiamén.

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Introducido por Reggio

3 octubre, 2011 a las 7:12 am

Archivado en Asturias,Política,Sociedad

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Un parapeto “Made in Asturias”, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (25-09-2011)

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El ojo del tigre

Decía el premier asturiano que sin la disculpa de que la herencia recibida sea un parapeto para esconder la inoperancia (de su gobierno) prometía sacar incansablemente energías y coraje para liderar este nuevo periodo político y social de Asturias. Lo prometió durante un breve discurso pronunciado el 16 de julio de 2011 desde lo alto de la escalera imperial del Palacio de la Junta General del Principado de Asturias. Era, en realidad, un epílogo ideológico a una anterior intervención institucional pronunciada durante su investidura como Presidente del Consejo de Gobierno Autonómico, cuyo texto -leído con idéntica solemnidad- servía para esbozar públicamente las que serían sus líneas maestras de su futura intervención pública como máximo regidor de la comunidad autónoma.

Sin embargo, apenas veinte días después -el 5 de agosto de 2011-, durante su discurso inaugural de la Feria Internacional de Muestras de Asturias, en Gijón, enfatizaba la siguiente advertencia: que tras el examen realizado por la Consejería de Hacienda y Sector Público, se había descubierto la existencia de una deuda de 211 millones de euros, pendientes de imputar al presupuesto de la Comunidad Autónoma. Y añadía: Junto a esta cifra de endeudamiento “oculto”, es muy relevante recordar que el Principado de Asturias incrementó en los últimos 18 meses su endeudamiento neto de otros 665 millones de euros, casi un 70 por 100.

A partir de ahí, los zapadores casquistas empezaron a levantar el parapeto, (Made in Asturias) que serviría para justificar esa (aparente) inoperancia que, según algunos observadores, podría demostrar la bisoñez política y funcionarial del flamante Gobierno made in Asturias, al cabo de un veloz proceso de irresistible ascensión política al poder (total, excepto el episcopal) autonómico.

Ahora, con las elecciones generales del próximo 20-N (dato cronológico típico de la mitología franquista), el parapeto está siendo transformado en una auténtica línea Maginot. Los primeros síntomas de ese recrecimiento defensivo coinciden con el anuncio de la más que posible santificación socialdemócrata del anterior presidente del Principado -el señor Álvarez Areces- para incluirlo en el santoral del Senado. Esta decisión laica del PS(O)E asturiano no convence a los españoles del FORO AC. En un primer desahogo público, decidieron exigir la inhabilitación política del supuesto responsable de la deuda oculta del Principado. Luego, por lo visto dominado el primer impulso represor, negaron haberlo planteado. Sin embargo, está claro que -durante un calentón dialéctico- saltaron el parapeto a pecho descubierto y lanzaron la bomba: Inhabilitemos a Areces… Es lo que tiene la política apresurada: que en caliente, no te das cuenta de que lo que tienes delante no es un simple parapeto cuando, en realidad es la linea Maginot. En el primer caso, si quieres rectificar, el salto hacia atrás es más fácil y menos peligroso. En el segundo -con la Maginot tapándote el horizonte de las ideas claras- es imposible saltar hacia atrás, porque acabas estrellándote contra el muro ciclópeo de la realidad.

Necesitan curtirse con sucesivas legislaturas para convencerse de que el juego (dialéctico) de la política es un juego de príncipes. Al menos, esto decían a finales del siglo XIX en Europa. Si nos fijamos detenidamente en el escenario de la actual política asturiana, sólo parece que hay príncipes jugando. Luego, uno se da cuenta esos príncipes solo son marionetas. Basta con fijarse en los hilos que los mueven…

Lo de inhabilitar al expresidente socialdemócrata del Principado quizá sea la consecuencia de parapetarse detrás de la imaginación de un programa político improvisado. Tan improvisad cono el partido que lo avala. Necesita madurar más. Sobre todo, aprender a distinguir un parapeto de la colosal línea Maginot, que representa la inteligencia ideológica -y política- de una democracia real y madura.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Introducido por Reggio

25 septiembre, 2011 a las 7:12 am

Señardá septembrina, de Luis Arias Argüelles-Meres en La Nueva España

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Un mes como tarde de domingo

Creo que la filosofía arranca del primer juicio. La poesía, del primer lamento. No sé cuál fue la palabra primera que dijo el primer filósofo del mundo. La que dijo el primer poeta fue: ¡Ay!

León Felipe

Señardá septembrina. Se alargan las sombras. El viento empuja la hojarasca. El tono ocre empieza a asomarse en algunas montañas. Atrás se queda un verano atípico y no sólo en lo climatológico. Atrás se queda un verano trepidante, también en el tempus fugit. Y es que septiembre tiene su no sé qué de tarde de domingo en la que, a un tiempo, todo se paraliza, y todo está a punto de comenzar.

Señardá septembrina. La Asturias oficial decidió premiar con sus mejores galardones a personajes representativos de la transición, un tiempo histórico, a mi juicio, idealizado en exceso. Sin embargo, no podemos no sentir nostalgia de una época en la que, según nuestro sentir en aquel momento para los que nos encontrábamos entre la adolescencia y la juventud, no sólo estaba casi todo por hacer, sino que además a nadie se le antojaba que lo deseable no fuese posible.

No puede ser casual que señardá sea una de las palabras más hermosas de la llingua asturiana, objeto de tantos odios incomprensibles. Y no puede ser casualidad porque el lamento es una de las fuentes de inspiración más fecundas en el arte, en la poesía y en la música. Y, en este caso, hablamos de un lamento que no conoce la estridencia, que es aterciopelado y sigiloso, que huye de todo ruido y toda furia. Se trata de una discretísima sinfonía de ayes que interpreta la hojarasca al ser pisada sin contundencia.

Señardá septembrina magníficamente escenificada en el clima de estos primeros días del mes en que nos encontramos. Mes de vísperas, acaso, en contra del tópico, vísperas de mucho en lo cuantitativo, pues viviremos un otoño muy pródigo en acontecimientos en lo que a la vida pública se refiere.

Señardá septembrina. ¿Qué echamos de menos del verano que se está despidiendo, además del descanso vacacional que disfrutamos? Si la infancia es la edad dorada, es la nostalgia del paraíso, acaso el verano sea una de las estaciones más añoradas. Y, al recordar los veranos de nuestra vida, sobreviene una señardá, en muchos casos equiparable a la que se siente al evocar la infancia. La infancia es tiempo de ingenuidad. El verano es la estación del año en la que nos sentimos con menos ataduras, también horarias.

Señardá septembrina. Recuerdo las castañas de indias en el Campo San Francisco de Oviedo, que era el escenario en el que evocábamos el mundo rural en el que habíamos estado durante el verano, que se encontraba tan cerca en las vivencias y tan lejos en las expectativas.

Señardá septembrina. Vísperas de mucho, también en lo paisajístico. Vísperas del gran acontecimiento estético que es en Asturias el otoño, nuestra seronda, ese tiempo de castañas, manzanas y sidra dulce. Ese tiempo en el que los árboles se engalanan con el dramatismo de la despedida, propio del otoño de la belleza. Es el tiempo del paisaje asturiano en su mejor sazón.

Señardá septembrina, que en el presente año, tras un verano tan poco pródigo en sol y buen tiempo, comparece entre altas temperaturas, con atardeceres y noches deliciosas, con la luna a punto de ponerse de largo. Como una tarde de domingo en la que la melancolía y la complacencia libran su batalla, sin sangre, sin sudor, sin lágrimas.

Señardá septembrina, tarde de domingo para el ensimismamiento. Señardá septembrina, tarde de domingo con su no sé qué de lirismo que arranca sonrisas, que provoca suspiros. Por algo, Daudet escribió que «si no hubiera suspiros, el mundo se ahogaría».

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Introducido por Reggio

13 septiembre, 2011 a las 8:14 am

Teatro chino, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (11-09-2011)

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El ojo del tigre

Por fín, ambos se dieron la mano. Ocurrió en un escenario ideal -el Patio de los Gatos, en el Hotel de la Reconquista (Oviedo)- y con el motivo, no menos ideal, de disponerse a fallar uno de los premios anuales que otorga la Fundación Príncipe de Asturias -el Premio de la Concordia-. Los dos protagonistas de la guerra de secesión en el PP asturiano, partido orgánico de la derecha española (sociológicamente franquista) que le disputa al socialdemócrata PS(O)E la hegemonía del poder político en Asturias, resolvieron con cortesía civil el inevitable encuentro. Una estereotipada sonrisa de circunstancias, un breve intercambio de frases hechas y el apretón -suave, que me estás matando…-, todo esto en menos de cinco minutos, sirvió para embaucar a quienes -privilegiados- tuvieron la ocasión de presenciar en directo la escena. Aquello no era más que una representación teatral.

Ni uno ni otro de los dos actores vivió emocionalmente la no sé si emotiva, pero sí insólita, secuencia del encuentro entre dos pontífices irreconciliables. Tanto el líder del Foro AC, como el Alcalde-Presidente del Ayuntamientísimo de Oviedo -además de líder de hecho del PP asturiano- se limitaron a interpretar el papel de políticos civilizados, como si fueran dos figuras del teatro chino; en donde los actores no necesitan identificarse con los personajes que representan, ni experimentar sus emociones. Les basta con ponerse la máscara para salir a escena. Quienes hayan visto las imágenes fotográficas, que oportunamente, lo han inmortalizado para la historia futura de este tiempo de irritación colectiva, se darán cuenta de que ni uno ni otro protagonizan un oportuno acercamiento. Todo lo contrario: interpretan un alejamiento pertinaz, con una asombrosa naturalidad. A los políticos de hoy se les da mucho mejor el artificio que el arte…

En el estado democrático actual -cocinado por los privilegiados chefs de la Transición-, los ciudadanos han sido eclipsados por los partidos. El ciudadano, sin un partido que lo tutele, no pinta nada. Quizá, por eso, el Parlamento es, hoy, la representación institucional de los partidos pero no de los ciudadanos. Esta podría ser una de las causas de esa euforia personal que delata a los ambiciosos del poder; por lo cual, su principal necesidad consiste en liderar un partido, puesto que así se asegura una cierta autoridad ante el estado partidista, que es todo lo contrario del estado democrático. De donde se puede deducir que ese podría ser el origen de tantas fobias personales entre políticos con vocación de líderes. Y no solo entre líderes de partidos ideológicamente antagónicos, sino también entre los más afines.

También es cierto que el ya mitificado saludo coyuntural de los dos destacados conductores de la derecha asturiana podría significar la importancia que tiene realizar un esfuerzo de tanto calibre político, en tiempos preelectorales, para demostrar la importancia que tiene civilizar las relaciones entre personajes relevantes, ideológicamente siameses, pero políticamente antagónicos. Aquí -quiero decir en este teatro de las vanidades políticas- cuando apenas han sido vaciadas de votos las urnas, después de ser utilizadas la pasada primavera, y vuelven a ser preparadas para un enésimo festival electoral, un gesto tan teatral como el que protagonizaron los dos citados líderes de la derecha posfranquista en esta región, es posible que les sirva, a ambos, para demostrar que sus desencuentros no son salvajadas políticas, sino más bien la consecuencia ilustrada de una meditada y personal reflexión de cada uno de ellos en su rincón, que no debería empañar las afinidades ideológicas que los identifican. Aunque lo disimulen. El teatro chino que practican al alimón el Foro AC y el PP vernáculo es posible que sea la consecuencia de una meditada lectura de la memoria, escrita por el inevitable Jovellanos, para recomendar la reforma del teatro popular del siglo XVIII. Quizá, este párrafo especialmente: Un teatro tal, después de entretener honesta y agradablemente a los espectadores, iría mejorando la educación de la nobleza y rica juventud…

Hay quien confunde educar con domesticar. Sobre todo, cuando se trata de formar ciudadanos. Sospecho que el líder del Foro AC haya leído a Jovellanos en algún momento. Pero también es posible que el líder del PP ovetense, sin haberlo leído, se haya convencido porque él también lee a Pachín de Melás. Al fín y al cabo, todo es teatro.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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Introducido por Reggio

11 septiembre, 2011 a las 7:12 am