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El rector de Salamanca, de Juan-José López Burniol en La Vanguardia

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Hoy hace setenta y cinco años murió, en Salamanca, Miguel de Unamuno. Dos meses y medio antes de su muerte -concretamente el 12 de octubre- había tenido lugar el grave incidente que provocó su ruptura con la España nacional, después de que hubiese roto también con la España republicana. Aquel día -se ha repetido mil veces- se celebraba, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, un acto con motivo de la fiesta de la Hispanidad, al que asistían Carmen Polo -mujer de Franco-, Millán Astray y José María Pemán. Mientras Millán profería brutalidades cuarteleras, Unamuno garabateaba sobre un papel. Cuando el militar terminó se levantó el rector, que lo era vitalicio. Se hizo un silencio expectante y Unamuno habló, interrumpido -a partir de cierto momento- por Millán y por los gritos del auditorio. Interesa hoy recordar tres de las ideas que expuso: 1. “Callar, a veces, significa mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia”. 2. “Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana (…) Pero no, la nuestra sólo es una guerra incivil”. 3. “Vencer no es convencer y hay que convencer sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión; el odio a la inteligencia, que es crítica”.

El tumulto que se armó fue enorme. Unamuno tuvo que salir protegido por Carmen Polo y Pemán. Aquella tarde, Unamuno se dirigió como todos los días al casino, del que era presidente honorífico, donde fue insultado y rechazado. Diez días después, Franco firmó un decreto por el que se le destituía de todos sus cargos. Lo mismo había hecho Manuel Azaña, al otro lado del frente, algún tiempo atrás. Estaba claro: no había sitio para la tercera España. Así lo había percibido él, unos días antes: “No son unos españoles contra otros (no hay anti-España), sino toda España, una, contra sí misma. Suicidio colectivo”. Confinado en su casa y vigilado, salía sólo para dar una vuelta por la plaza Mayor. Un día, acompañado por Eugenio Montes, se dirigió a la tienda del marmolista que estaba haciendo la lápida para su mujer, muerta hacía poco, y, tras sacar un papel del bolsillo, dictó con cuidado los versos de su propio epitafio: “Méteme, Señor, en tu pecho, / misterioso hogar, / que vengo deshecho / de tanto bregar”. Era el 21 de diciembre. Diez días después, murió. Antonio Machado – santo laico siempre generoso-escribió en su necrológica: “Murió, sin duda alguna, tan noblemente como había vivido”. Rechazado por unos y por otros.

“Cartujo laico, ermitaño civil y agnóstico, acaso desesperado de esta vieja España”. Así se definía a sí mismo Miguel de Unamuno, protagonista destacado de la vida pública española durante el primer tercio del siglo XX. No fue -ni es- muy leído por el gran público, pero su figura estuvo siempre presente en el debate diario como un personaje raro, original y paradójico. Comenzó su participación en la vida pública fundando La Lucha de Clases,primer órgano socialista bilbaíno, y terminó ubicado – según Federico Urales-”en el anarquismo místico a lo Tolstói, en el anarquismo cristiano”, si bien reconoce que, paradójico hasta el tuétano, “también de ahí se escaparía”. Pero él tenía clara su misión: “Suele, con mucha razón, decirse que cada loco con su tema; ymi tema es el de la espiritualidad, el del estado íntimo de las conciencias de un país, de sus inquietudes supremas”; para concluir que: “Yo he buscado siempre agitar y, a lo sumo, sugerir más que instruir. Si yo vendo pan no es pan, sino levadura o fermento”. Un valenciano – Vicente Blasco Ibáñez-veía al vasco de otra manera. Un día, estando ambos en el parisino café de la Rotonde, durante su exilio, le dijo: “Usted, Unamuno, con este aspecto levítico, debía ir a Norteamérica a fundar una religión y a hacerse rico”. Unamuno lanzó a Blasco una mirada indignada.

La sociedad española actual es enormemente distinta de la que conoció Unamuno. Su nivel de vida ha alcanzado cotas entonces inimaginables, y su integración en Europa torna antigua y extraña buena parte de la obra ensayística de Unamuno. ¿Qué sentido tienen hoy, por ejemplo, las muchas páginas que dedicó a la europeización de España y a la españolización de Europa? Pero siguen estando vigentes, hoy más que nunca, dos constantes de su obra. La primera es una decidida voluntad superadora de aquel sectarismo cerril y gregario que encubre – hoy igual que entonces-una grosera avidez garbancera, más escandalosa aún y más obscena en los que son de verdad ricos, es decir, en aquellos para los que su riqueza ha llegado a ser un instrumento de poder y de influencia. Y la segunda es su crítica del individualismo hispano, expresado en la atroz máxima de “ande yo caliente…”, y que – bajo las formas del egoísmo personal, del corporativismo grupal y del secesionismo tribal-impide la consolidación de cualquier organización racional de la vida colectiva. En este sentido, sigue vigente esta dura reflexión de Unamuno referida a España: “¡Qué país, qué paisaje y qué paisanaje!”.

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31 diciembre, 2011 a las 7:18 am

La voz del pueblo, de Umberto Eco en Público

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De vez en cuando leo en los diarios acerca del buen trabajo que desempeña David Letterman como anfitrión de programas de debate o charla en Estados Unidos –tan bueno, de hecho, que el Late Show with David Letterman ahora puede ser visto en todo el mundo, incluso en Italia–. Es evidente que estos periodistas tan fascinados con Letterman nunca vieron la personalidad fantástica que era Johnny Carson, en su programa de noche (un presentador que, creo yo, fue la inspiración para Maurizio Costanzo, anfitrión del primer programa italiano de debates). Carson fue anfitrón de The Tonight Show en la NBC de 1962 a 1992: era un gran programa, rebosante de ironía y sofisticación: comparado con Carson, Letterman parece rutinario y acartonado en su actuación.

La última vez que vi su programa, Letterman estaba hablando con un invitado acerca de la crisis en Oriente Medio y pidió al hombre que le explicara por qué –salvo las insurrecciones recientes de la Primavera Árabe– los pueblos árabes aceptan la vida bajo dictadores o jeques que se enriquecen con las reservas locales de crudo mientras oprimen económica y políticamente a sus pueblos.

¿A qué se debe, preguntó Letterman, que esos pueblos acepten tal destino? Después de todo, allá en 1620, los Padres Peregrinos sintieron que sus derechos de puritanos estaban siendo oprimidos en Inglaterra, de forma que equiparon el Mayflower y emigraron a América, estableciendo en Nueva Inglaterra el primer núcleo de un país democrático.

El entrevistado pareció tan aturdido por la pregunta que tuvo problemas hasta para dar la más obvia de las respuestas: que había relativamente pocos Peregrinos (creo que eran 102) y que tenían a su disposición un continente que estaba casi vacío, en tanto que hay mil millones de musulmanes en el mundo actualmente, y los que están oprimidos pueden, en el mejor de los casos, emigrar sólo a países y ciudades densamente poblados que no están en condiciones de recibir tales cantidades de refugiados.

Yo hubiera añadido que los Padres Peregrinos eran un grupo bastante sofisticado de personas que provenían de Inglaterra, donde, desde hacía algún tiempo, ya había existido una noción de los derechos políticos de los ciudadanos. ¿Cómo puede ser realista pensar que el mismo destino espera a las enormes poblaciones de árabes emigrantes hoy en día? No tienen idea de adónde pueden ir –y, lejos de contar con un Mayflower, lo más que pueden esperar es ponerse en manos de marineros traficantes sin escrúpulos–. Es más, no están en conflicto con sus creencias religiosas, ni tienen la menor idea de lo que es una democracia al estilo occidental.

Al escuchar la entrevista de Letterman, me quedé boquiabierto. ¿Puede acaso este personaje tan famoso, cuyas entrevistas tienen el potencial de ayudar a la gente a obtener alguna comprensión del mundo en el que vivimos, realmente tener ideas tan infantiles acerca de lo que ocurre más allá de las fronteras de Estados Unidos?

No obstante, Letterman estaba expresando una actitud mental común entre los estadounidenses –no entre sus intelectuales, sino entre esas masas inmensas que habitan en el centro del país–, donde los diarios locales informan extensamente acerca de una becerra nacida con dos cabezas, mientras hacen una vaga cobertura sobre el resto del planeta. Lugares donde The New York Times no se entrega, o sólo se encuentra en unos cuantos lugares de alto nivel y al doble de su precio normal. Lugares donde, hace años, las llamadas de larga distancia e internacionales sólo podían hacerse a través de una operadora. Lugares donde, cuando alguien pidió una vez a una joven operadora que lo comunicara con un número de teléfono en Roma, se le preguntó con qué Roma deseaba hablar –porque hay una en Georgia, una en Nueva York, una en Indiana y una en Tennessee, por no mencionar otras que no puedo recordar–. Al descubrir que había también una Roma en Italia, la operadora sólo pudo expresar su total asombro.

Hace unos años, en una conferencia en Florencia, una persona que trabajaba en el Pentágono o en la Casa Blanca (no recuerdo cuál), después de haber disfrutado de una excelente cena de pescado, fue informada de que el pescado venía del Mediterráneo, y procedió a preguntar si el Mediterráneo era un mar salado.

A veces me pregunto cómo los políticos estadounidenses promedio (quienes ocasionalmente llegan tan alto en sus carreras como George W. Bush) pueden cometer tantos errores con respecto a Europa, África y Asia. Quizá simplemente debamos preguntarle a Letterman.

Umberto Eco. Escritor y filósofo italiano experto en Semiótica.

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31 diciembre, 2011 a las 7:11 am

Una defensa de la Navidad, de Rafael Nadal en La Vanguardia

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Algunas personas transmiten siempre buenas vibraciones y otras siempre contagian el mal rollo. El periodista Arturo San Agustín lo comprobó en verano, cuando asistió a la Jornada Mundial de la Juventud, que presidió en Madrid Benedicto XVI. Pensaba encontrarse con un montón de hijos de papá almibarados y acabó atrapado por la vitalidad entusiasta de un millón de jóvenes normales, muchos de ellos trabajadores llegados desde países remotos. “Te sorprendían con cosas sencillas: si una persona mayor tenía que cruzar la calle, la ayudaban; si subía a un autobús, le cedían el asiento. Por unos días, la ciudad era amable y te sentías seguro; parecía Nueva York al día siguiente del 11-S”. San Agustín, que es un anarquista conservador y un intelectual insobornable, lo ha escrito en un libro sin prejuicios, que se acaba de traducir al inglés: Un perro verde entre los jóvenes del Papa, la crónica sorprendente de aquella semana en la que los jóvenes católicos transmitían buenas vibraciones y los que protestaban contra el encuentro propagaban el mal rollo.

En Navidad, el fenómeno se radicaliza: algunas personas sólo con su presencia ya contagian las ansias de vivir, y otras se empeñan en amargarnos las fiestas repartiendo pesimismo y mala leche. Algunos intelectuales y periodistas lideran, con indisimulada prepotencia moral, la moda que sostiene que las fiestas son empalagosas, los buenos deseos son blandos, la familia es inaguantable, los amigos son una lata y no hay quien pueda digerir las comidas colectivas. En la intimidad, la mayoría sigue siendo partidaria de las celebraciones, pero en la calle ganan terreno los que empiezan a poner mala cara en el puente de la Purísima y no dejan de quejarse hasta que se desmonta el último pesebre, pasada la Candelaria. Estoy radicalmente en desacuerdo. Entiendo que hay gente que no tiene mucho que celebrar. Respeto a aquellos que se sienten traicionados en sus convicciones morales por los excesos materiales de la Navidad. Aplaudo a quienes hacen una crítica ácida de las muchas hipocresías de estos días. Pero me cansa la burla mediocre de los que necesitan mortificarse y torturar a los demás porque así quedan más intelectuales.

Y me resulta especialmente extraño comprobar que los más activos contra la Navidad son los que siempre reclaman más fiestas y más celebraciones populares. Dicen que están en contra del consumismo, pero acabarán reduciendo la Navidad a una serie de visitas a los grandes almacenes. Hacen lo que pueden para vaciar de sentido la fiesta más trascendente, la más espiritual, y la más simbólica del calendario, que también es la más arraigada, la más sencilla y la más popular. Antes, estos personajes eran los malos del cuento y eran presentados como odiosos, avaros, irritantes, malcarados, violentos y déspotas. Eran el míster Scrooge de la Canción de Navidad de Dickens; ahora los hemos convertido en los héroes de nuestros medios de comunicación.

Dejo a un lado la dimensión religiosa de las fiestas, porque quienes las viven desde la fe no dudan de su significado. Pero me cuesta comprender el odio a la Navidad, incluso desde la más absoluta laicidad. Hace años que no soy practicante, pero estos días no puedo evitar volver a la iglesia y sentirme parte de un colectivo que entierra raíces poderosas en siglos de repetición gestual, con diferentes grados de fe o simplemente de costumbrismo. Generaciones enteras han repetido los mismos actos, las mismas liturgias, los mismos ciclos naturales. Y supongo que eso es importante. Nunca como en estos días me siento tan integrado en esta tierra y en esta comunidad milenaria.

Este año, en nochebuena habíamos decidido buscar una misa del gallo en los alrededores de Girona, y las primeras llamadas resultaron desconcertantes: en Aiguaviva del Gironès no se celebraba; en Vilablareix, tampoco; llamamos a Medinyà, porque tenemos buenos recuerdos de cuando allí predicaba la voz poderosa de mosén Modest Prats: tampoco. Probamos en Sant Daniel, porque algunas navidades nos habíamos acercado al monasterio, andando por el camino que sigue el curso del río Galligants, pero ya hace un par de años que la anularon. Acabamos en Sant Julià de Ramis y fue una buena decisión porque, cuando entrábamos en la iglesia, un coro local cantó Les dotze van tocant y el desconcierto se convirtió en una sorpresa agradable: mosén Sebastià Aupí celebró una misa repleta de canciones tradicionales y de cuadros escénicos de Els pastorets y, al final, en la calle, bebimos chocolate caliente junto a un fuego espléndido.

Era una más de las misas que a aquella hora se repetían en toda Catalunya, como expresión sencilla y poderosa de una fe popular, que respeto y que querría mucho más visible. A menudo recrimino a mis amigos practicantes que cuesta identificarles por su comportamiento ejemplar en el trabajo o en la calle. Deberían confiar más en la fuerza de sus convicciones; como aquella peregrina sevillana, joven y guapa, a la que un día de verano, en Madrid, Arturo San Agustín preguntó por Jesús.

- ¿Te gusta mi sonrisa?

- Sí, claro.

- Pues ese es Jesús.

Reconozco que cuesta de creer, pero como imagen es mil veces más estimulante que la mala uva de los pedantes que se pasan el día criticando la Navidad.

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30 diciembre, 2011 a las 7:14 am

Del género absurdo, de Francesc-Marc Álvaro en La Vanguardia

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Ha estallado la polémica porque Ana Mato, nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, ha utilizado la expresión “violencia en el ámbito familiar” en vez de “violencia de género” que, según algunas entidades feministas, es lo que procede. Confieso que yo quizás habría dicho “violencia machista” porque me enseñaron que el género es para las palabras y no para las personas. Con todo, hay que decir que el adjetivo “familiar” describe bien la naturaleza de una serie de violencias que tienen lugar en el espacio doméstico. ¿Por ejemplo, cómo debemos denominar la violencia que ejerce un padre contra un hijo o un hijo contra un padre o un abuelo? Supongo que, en este caso, hablar de “violencia familiar” no provocaría urticaria entre los vigilantes de la corrección política.

Si lo he entendido bien, las críticas a la ministra se producen porque se da por hecho que el cambio de etiqueta es para “desnaturalizar la violencia de género”, en expresión de una jurista citada por este diario. Es, por lo tanto, un debate sobre intenciones más que sobre actuaciones. Algunos (y algunas) olvidan que la ley de violencia de género se aprobó por unanimidad, con los votos del PP. La conclusión es evidente: en ciertos ambientes, hablar de género se considera más progresista que hablar de familia, como si los votantes de las izquierdas no tuvieran ni padre ni madre, ni hermanos ni hijos. Habría apostado que la izquierda española ya había superado esta actitud tan poco inteligente de regalar algunos conceptos básicos a la derecha. Y mira que Blair, por ejemplo, hizo un gran trabajo reconfigurando para la socialdemocracia europea palabras como familia, seguridad, patria, orden o esfuerzo. Su tarea retórica fue fina.

Cuando hay cambios en el gobierno de un país también acostumbra a haber modificaciones en la denominación de los cajones que se utilizan para gestionar la realidad. Cambiar los nombres que utiliza la administración es una forma barata, inmediata y efectiva de hacer notar que mandan otros. Un clásico de esta estrategia es hacer que la consejería de Sanidad pase a ser la de Salud o viceversa, o renombrar Educación como Enseñanza o viceversa. La política, poco o mucho, responde a un sustrato ideológico y el lenguaje es transmisor de ideología, incluso cuando parece más inocuo. Para no ir muy lejos, recordaré que la etiqueta “cementerio nuclear” genera más oposición que la expresión oficial “almacén nuclear”. Por no hablar del éxito letal del término “recortes” y de la poca fortuna de “ajustes”.

La ex ministra socialista Bibiana Aído consideraba sin manías que en el mundo hay “miembros y miembras” de una comisión. Ella militaba en el género con tanto fervor que se pasaba el diccionario por el cogote. No consta, por cierto, que esta imaginación léxica sea muy útil a la hora de prevenir el asesinato de mujeres.

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30 diciembre, 2011 a las 7:13 am

Con voz propia en el mundo, de Salvador Cardús i Ros en La Vanguardia

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Veamos si somos capaces de hablar con claridad y no crear más confusión: la presión del PP de Catalunya sobre el Gobierno de la Generalitat para cerrar las mal llamadas “embajadas” catalanas no tiene nada que ver con la preocupación por el gasto público del país. Esta es una obsesión del PP, como muestran las hemerotecas, muy anterior a la crisis. Lo que el PP quiere recortar no es el presupuesto sino la voluntad política de que Catalunya tenga voz internacional propia, por modesta y discreta que sea. Se trata, pues, de una batalla política contra uno de los símbolos más eficaces de la soberanía: la posibilidad de establecer un diálogo cara a cara con el mundo entero, de nación a nación -internacional-, sin tutelas ni intermediarios. Ni que decir tiene que, desde el punto de vista político, tan legítimo es hacer todo lo posible por la internacionalización de Catalunya para avanzar en su proyecto nacional de modo tan pacífico como es hacer oír su propia voz, como lo es tratar de poner todas las trabas posibles para evitar que eso pase y, por lo tanto, que España hable en nombre de la “región española”, peculiaridades locales aparte. Los catalanes deben escoger lo que prefieran.

Ciertamente, la creación de unas delegaciones políticas del Gobierno de la Generalitat se podía hacer con mejor o peor acierto. Pero la vocación internacional ha estado presente, de una manera u otra, en todos los gobiernos catalanes desde 1980 hasta ahora. Jordi Pujol hizo recaer el peso del reconocimiento del país en su fuerte personalidad, estableciendo vínculos personales con los grandes hombres de Estado del momento. Así, se ahorraba entrar en conflicto con la diplomacia española. Desaparecido Pujol de la presidencia, de aquella red personalista no quedó nada. Y el tripartito, que por razones obvias no podía seguir la misma estrategia de fundamentar el reconocimiento internacional en su presidente, inventó las delegaciones. En algunos casos lo hizo con errores de mucho calado -como colocar a Apel·les Carod en París-, pero en el resto de los casos lo hizo con aciertos notorios como en Berlín o Londres -Estruch o Solano-. Y abrió otra delegación en Nueva York gracias a la cual -y sobre todo con el ahora lamentablemente desaparecido Catalan Center dirigido por Mary Ann Newman- la cultura catalana existe y es reconocida en los mejores círculos de esta gran ciudad norteamericana, capital de la cultura internacional.

Incluso el hecho de que la política catalana en el extranjero esté en manos de Unió, dejando aparte que pueda significar un retroceso en la ambición para la que nació, estoy seguro de que tiene que ver con la conocida vocación internacionalista de Duran Lleida. Duran hace muchos años que teje su propia red de relaciones internacionales, vinculada a la Internacional Demócrata de Centro -antes Democracia Cristiana-, particularmente en Europa y en América Latina. Pocos políticos en Catalunya se han preocupado tanto y tienen una agenda internacional tan extensa. Y quizás sí que en algún tiempo eso tuvo que ver con el proyecto personal de un aspirante a ministro español de Exteriores. Pero el caso es que nadie tiene que explicar a Duran hasta qué punto es importante la diplomacia para cualquier país que quiera y pueda serlo. Si Unió acepta desmantelar las delegaciones, bien sabrá por qué razón lo hace y con qué consecuencias.

Así pues, la farsa de reivindicar el ahorro contra las delegaciones catalanas -denominadas “embajadas” con el objetivo de atribuirles una dimensión que no tienen- no se sostiene desde ningún punto de vista. En primer lugar, precisamente, por su modestia. Imputarles todo el presupuesto de las oficinas comerciales, culturales o de turismo es pura y simplemente un engaño. Las delegaciones se habían instalado en oficinas ya existentes. Y, en cualquier caso, si la preocupación fuera económica, como se sostiene con hipocresía cobarde, que se compare con cualquiera de los instrumentos de representación del Estado, con sus casi doscientas embajadas, miles de consulados o su Instituto Cervantes. Espero que algún día la prensa del país lo explique con todo detalle. Además, imputar el gasto de las delegaciones a algunos recortes de servicios sanitarios o educativos no sólo es una frivolidad, sino una desvergüenza. ¿Por qué no se contrapone el cierre de quirófanos al presupuesto para la programación teatral o a la publicidad institucional en los medios de comunicación públicos y privados? Aunque hacerlo, por supuesto, seguiría siendo una frivolidad y una desvergüenza. Al fin y al cabo, toda la acción exterior del Gobierno de la Generalitat -no tan sólo la de las delegaciones- del año que ahora acaba no llega ni a las dieciocho horas de expolio fiscal. Y para el 2012, no pasará de catorce horas de expolio. Es decir, el Gobierno dedicará a la internacionalización poco más de lo que el Estado roba a los catalanes en media jornada de su trabajo productivo.

Ya he dicho en otras ocasiones que no tengo demasiada idea de en qué va a consistir lo de la nueva transición nacional que anunció Artur Mas en plena campaña electoral del 2010. Sin embargo, sea lo que sea, no tendría ninguna credibilidad al margen de una política de internacionalización de la Catalunya-nación. Es decir, que prescindiera de una Catalunya con voz propia en el mundo entero. Porque sí, tiene razón al PP en su obsesión para quererlas cerrar: ser reconocido por el mundo es uno de los principales atributos de aquello que se entiende por soberanía. Y sí, este es uno de los objetivos fundamentales de cualquier proceso de emancipación nacional. De manera que puedo entender muy bien la voluntad del PP, a pesar del cinismo de sus argumentos. En cambio, no comprendo cómo el Gobierno de CiU se acomoda tan dócilmente a la presión.

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28 diciembre, 2011 a las 7:16 am

Así será la reforma educativa: Rajoy se inspira en las experiencias de Alemania y Francia, de Marta Matute en El Confidencial

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Decía Max Aub, que “uno es de donde hizo el Bachillerato”. Tal vez por eso, él, judío, francés y alemán, y las tres cosas a la vez, escribió su obra en el castellano que le enseñaron sus maestros del instituto Luis Vives de Valencia y decidió pasar sus últimos años en un país de habla hispana, México, donde terminó recalando tras exiliarse al finalizar la Guerra Civil.

Todos los estudiosos de la educación coinciden en el enorme valor educativo de este periodo y la progresiva devaluación que ha sufrido en nuestro país. De ‘caricatura’ de Bachillerato lo califica Horacio Silvestre, catedrático de Latín y director del instituto de excelencia San Mateo, proyecto piloto de Esperanza Aguirre. “No tiene ninguna consistencia”, reconoce José Antonio Martínez, catedrático de Matemáticas, director del instituto público Pío Baroja (Madrid) y presidente de la Federación de Asociaciones de Directores de Instituto de España (FEDADI).

La enseñanza secundaria no sale mejor parada. “Tal y como está organizada, la ESO es, en realidad, una primaria prolongada, ampliada, que no logra profundizar en la enseñanzas generales, universales, que deberían ir adquiriéndose con un progresivo grado de abstracción”, alerta Horacio Silvestre. Francisco López Rupérez, catedrático de Física y presidente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid,  asegura que esta secundaria no permite que los niños lleguen al Bachillerato con la cabeza bien amueblada, con unos hábitos de aprendizaje robustos y unos conocimientos sólidos para su nivel educativo”.

El futuro de España pende, pues, de la educación. Lo dijo Mariano Rajoy durante su discurso de investidura y lo ha vuelto a repetir el nuevo ministro del ramo, José Ignacio Wert: “Soy muy consciente de que donde España de verdad se la juega en los próximos veinte años es en su educación. Creo que tengo conciencia del reto y de la importancia del mismo”, declaró hace unos días.

Hecho el diagnóstico, parecía obvio que el Partido Popular iniciará su singladura removiendo los cimientos del actual sistema educativo. Ante el nuevo Parlamento, Mariano Rajoy, anunció el primer cambio, la ampliación del Bachillerato en línea con los modelos centroeuropeos. Pero habrá más. Wert, titular de Educación, Cultura y Deportes, tiene sobre la mesa de su despacho varios mandatos. Sin duda, el más urgente, poner en marcha la reforma educativa, que, entre otras cosas, incluye un nuevo sistema de selección del profesorado (algo parecido a un MIR educativo) y el refuerzo de la formación profesional.

Entre los objetivos, además de mejorar la calidad de la enseñanza, flexibilizar los estudios para adaptarlos a los intereses de los adolescentes, enviar a la sociedad el mensaje de que las formas de excelencia son varias y no se ciñen exclusivamente a la formación superior y recuperar los incentivos que estaban fuera del sistema reglado para reducir el fracaso escolar.

A estas alturas del partido, ya nadie duda de que la educativa es una reforma de carácter estructural y, por tanto, imprescindible para salir de la crisis. José Ignacio Wert ofreció diálogo y consenso en su toma de posesión. Pero eso, a juicio de los expertos, no debe ser incompatible con la premura y la eficacia. Hay que ganar tiempo y ofrecer a Bruselas y los mercados señales claras de cambio. Por ello, el Partido Popular  tiene la intención de abordar la transformación sin necesidad de presentar una nueva Ley de Calidad Educativa, como hiciera el anterior gobierno de José María Aznar.

Bachillerato de tres años: tradición y madurez intelectual

El 3+3 que quiere implantar el gobierno de Mariano Rajoy, tres años de Educación Secundaria Obligatoria y tres años de Bachillerato, persigue dos objetivos: una, dar consistencia a esta última etapa educativa, actualmente muy desprestigiada; y dos, frenar el abandono escolar.

No se trata de dar más o nuevas asignaturas, sino recuperar la esencia de esta etapa formativa. Dar el salto de los saberes generales a los saberes específicos, ya con un alto grado de abstracción, educar a los alumnos en la tradición cultural y moral europea y en las ciencias aplicadas y dotar a los estudiantes de la capacidad de análisis y reflexión que exige enfrentarse a las enseñanzas superiores o universitarias.

López Rupérez, presidente del Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid, alerta sobre su corta duración. “Cada año que pasa la Selectividad comienza antes y el segundo curso dura, en realidad, seis meses, por no hablar de la pérdida de algunas de sus atribuciones básicas, como son el desarrollo de la capacidad de análisis, los fundamentos de la inteligencia crítica, la madurez intelectual y el aprendizaje de la herencia cultural y moral de la vieja Europa”. Horacio Silvestre, director del instituto San Mateo, asegura que cada vez se parece más a un cursillo de autoescuela, “porque lo que queremos es conseguir un carnet”, y no a un curso académico.

Silvestre pide (a la reforma) programas realistas, “ajustados a la duración del curso, para evitar un aprendizaje ligero y un conocimiento superficial de las asignaturas, y una programación precisa de los conocimientos que deben adquirirse en cada curso, no una mera enunciación de grandes bloques y de unos objetivos demasiado ambiciosos e irreales”.

Un punto importante de la reforma es el económico. Está por decidir si la obligatoriedad de la enseñanza y, por tanto, la gratuidad se mantiene hasta los 16 años. La idea que en estos momentos baraja el PP mira al modelo francés, donde el Estado mantiene la obligatoriedad de la educación hasta esa edad. Es decir, se subvencionaría sólo el primer año de Bachillerato.

Formación profesional: el modelo dual alemán en el horizonte

Madrid, banco de pruebas de la reforma educativa que pondrá en marcha el gobierno de Mariano Rajoy, ha sido la primera comunidad autónoma en impulsar un modelo de formación profesional ‘a la alemana’, que combina clases regladas y formación retribuida en distintos centros de trabajo. Actualmente, en la región, funcionan dos proyectos piloto: uno, en el área de las telecomunicaciones, y otro, en el de la aeronáutica.

Así será la nueva formación profesional del Partido Popular. Una FP que, como ocurre en Alemania, compagine escuela y empresa. Con un triple objetivo: uno, fomentar, como dicen los franceses, la inteligencia de las manos, esto es, la artesanía y los oficios, de acuerdo con las demandas del sistema productivo; dos, remover los obstáculos que hacen el sistema poco flexible y escasamente adaptado a los intereses de aquellos adolescentes que, en un primer momento, no deseen acceder a las enseñanzas superiores; y tres, incorporar incentivos económicos, que antes estaban fuera del sistema reglado, por ejemplo los sueldos de la construcción, al interior de la formación profesional, de manera que los chavales (y sus familias) no piensen, como ocurría antes de la crisis, que estudiar es una pérdida de tiempo y de dinero.

Este proyecto tiene, sin embargo, algunos detractores. El presidente de la Federación de Asociaciones de Directores de Instituto de España (FEDADI), José Antonio Martínez, alerta sobre un modelo, el alemán, que podría terminar “convirtiendo a los chicos en simples aprendices, como en los gremios medievales”. A su juicio, la formación académica es fundamental en esta etapa y en el momento actual y propone “la alternativa vasca, un sistema que no deja de lado la formación teórica y que se ha demostrado muy eficaz en esa comunidad autónoma”. También pone en tela de juicio que España tenga tejido productivo suficiente para propiciar este cambio de la FP en todo el territorio español.

MIR para profesores: la elección de los mejores

El nuevo gobierno de Mariano Rajoy implantará un sistema de selección y de formación del personal docente similar al que impera en el Sistema Nacional de Salud. MIR para todos los profesores, vayan a la pública o a la privada. MIR para seleccionar al personal y después formarlo. Como sucede con los médicos.

Los datos cantan. Varios informes internacionales ponen de manifiesto que la calidad del profesor influye seis veces y media más que una reducción significativa del número de alumnos por aula. Y los buenos profesores consiguen que sus alumnos aprendan cuatro veces más que los malos y lo hagan tres veces más rápido. “En los próximos 10 años tendremos que renovar 200.000 profesores en toda España, si nos equivocamos en el método de selección y en su resultado podemos echar por tierra los efectos positivos de cualquier otra reforma de menor impacto”, dice López Rupérez. “Nuestra obligación es incorporar a los mejores”, como hacen los países situados en la élite de la Educación mundial.

Hay consenso alrededor de la oportunidad, y necesidad, de esta medida. El propio Pérez Rubalcaba lanzó la propuesta hace unos meses, haciéndose eco de la sugerencia que con anterioridad habían realizado los asesores educativos del Partido Popular. Los directores de instituto también la aplauden “porque el máster del profesorado ha sido un fracaso absoluto” dice José Antonio Martínez, que coincide con el PP en que nuestra obligación como país es contratar a los mejores.

En agosto de 2010, la revista Newsweek publicó un índice con distintos baremos de calidad y bienestar de los países desarrollados. En Educación, España ocupaba el puesto 32 y Finlandia, el número 1, por el contrario, en Sanidad, España se situaba en la tercera posición y Finlandia en la decimoséptima. “Algo haremos muy bien en Sanidad que no hacemos bien en Educación, porque esto ya no es un asunto de dinero”, opina Francisco López Rupérez, que utiliza este ejemplo para insistir en la conveniencia de implantar un sistema de selección similar al que se realiza en el Sistema Nacional de Salud.

Incorporar a los mejores y retenerlos. Esas son las dos patas de la reforma que viene. Ofrecerles mejores salarios, pero sobre todo carrera profesional. Es decir, que dispongan de un sistema de estímulos económicos y de promoción personalizado a lo largo de su vida profesional, basado en la evaluación de su desempeño y en los resultados de su formación.

Pablo Vázquez director ejecutivo de Fedea, pide a los políticos que traten de manera desigual a los que son desiguales: “El español es un sistema muy igualitarista que promociona muy poco la excelencia, por eso no tenemos ni muy buenos colegios ni universidades muy buenas. Y de lo que se trata es de tirar de él hacia arriba, incentivando a quienes consigan mejorarlo”. El director de Fedea propone mirar a Europa y separar a los alumnos por niveles, como hace, por ejemplo, Holanda, país en el que ningún joven, sea del nivel que sea, alto medio o bajo, según su inteligencia pero sobre todo según su esfuerzo, puede matricularse en la Universidad con una nota inferior a siete.

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Introducido por Reggio

26 diciembre, 2011 a las 7:03 am

Las treguas de Navidad, de Valentí Puig en La Vanguardia

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Es tanta la distancia entre el arte de hoy y el gran arte, que en una maravilla pictórica como La Natividad de Piero della Francesca no sabemos ver ni una décima parte de lo que vio la mirada renacentista. El cuadro quedó inacabado quizá porque Piero se estaba quedando ciego. Todo un orden simbólico se pierde para la memoria ahora que celebramos la Navidad en una cena de empresa haciendo chistes vulgares sobre la capacidad torácica de alguna secretaria. Navidad es sólo uno de tantos puentes del año, aunque de repente el retazo de una vieja canción navideña le da la energía de una felicidad que se fue gloriosamente, como en los cuentos de infancia o en el belén sustituido por el árbol de Navidad. Esa felicidad es un legado de aquella noche santa en la que tres reyes de Oriente, guiándose por una estrella, llegaron a un establo de Belén. Según Piero della Francesca, cinco ángeles cantores acompañan la escena con violas. No faltan el buey y el asno, añadidos a la escena por una página de los evangelios apócrifos. El tiempo se reordenó después de aquella noche y ninguna revolución lograría imponer un calendario distinto, a pesar de todos los empeños.

Al entrar en un gran museo, ¿qué puede entenderse sin conocer de algún modo lo que es la cultura grecolatina y el legado cristiano? Los cantores de Piero a lo sumo hoy podrían servir como cubierta de un disco de Madonna, siempre y cuando asuman un elemento sadomasoquista. Con la mitología tan fungible de nuestro tiempo no basta para comprender lo que representa en pintura La Natividad o cualquier obra de inspiración sacra. Lo mismo para la música. En los colores que viste aquella Virgen María de Piero los historiadores identifican el rojo, referente a la muerte de Cristo, el blanco virginal y el azul de un supremo orden celestial, del mismo modo que el establo medio deshecho o a medio hacer representa la Iglesia que el recién nacido ha venido a constituir. Al perder riqueza simbólica, hemos perdido riqueza espiritual. Todo se reconstruye por unos instantes en la medianoche de maitines. Pero al entrar en un museo seguiremos desconociendo los atributos de una pietà. Lo ignoramos todo sobre Prometeo, la laguna Estigia, Diana y los cazadores, el Gólgota o la larga noche del mito.

En la Europa medieval, la tregua de Dios suspendía la guerra en determinados días de la semana y, por ejemplo, en la Cuaresma y Adviento. Extraño poder de los sínodos, capaces de desatar guerras de religión y al mismo tiempo reglamentar sus treguas. Ya en tiempos más seculares se registra, con una espontaneidad inmensa, la tregua de Navidad en la Primera Guerra Mundial. El alto al fuego se generó por reacción de los soldados en las trincheras, en Navidad de 1914. Hubo un apagón informativo, para evitar el contagio entre la tropa. Episodios similares tuvieron lugar a lo largo de la guerra civil española, con intercambio de víveres y villancicos. Mucho más allá de los sínodos medievales, la conformación de un orden internacional no evitó las guerras del siglo XX. La paz era la excepción, y la guerra, la norma.

La globalización de la Navidad indudablemente erosiona sus tradiciones pero también la recarga de buena voluntad humana, de un deseo general de felicidad que se inspira en el amor y no sólo en el bienestar. Bienaventurados los que celebran la Navidad, sea en la Antártida o los trópicos. Es un mundo de consumo y a la vez de un efecto altruista porque muchos ayudan a los otros, inspirándose incluso sin saberlo en las lecciones que algún día dio aquel niño nacido en Belén y que Piero pintó en el centro de La Natividad,tendiendo los pequeños brazos hacia su madre. Ahí falla por completo la tesis posmoderna que niega la posibilidad de grandes relatos. Aquel niño luego creció para expulsar a los mercaderes del templo, predicó el sermón de la montaña y resucitó de entre los muertos. La más grande de las historias.

¿Qué treguas navideñas requeriría este 2011? El mundo avanza y retrocede a la vez, inventa y destruye. Destruimos virus y a la vez otros virus se inmunizan. Un puñado de conflictos armados perseveran más allá de la retórica universalista de la paz. Persisten las fronteras erizadas, los pleitos entre naciones, la injusticia en los condados del caos. Hemos visto como la economía se desboca y lo arrolla casi todo como una estampida de búfalos en la pradera. Una cierta propensión a la indignidad nos acucia precisamente cuando la escolarización, la sanidad pública o la igualdad ante la ley se consolidan con regularidad. En tiempos de información en cascada, lo banalizamos todo. En tiempos de opiniones cualificadas, nada importa. Quizá la tregua debiera ser con nosotros mismos. Treguas para exigirse algo más que ese hedonismo barato de todo a un euro, de creencias a la carta y de destrucción de la vida privada gracias a un invento tan sensacional como fue la televisión. Treguas con la megalomanía desoladora, la vanidad impúdica y la mediocridad que avasalla. Treguas a favor de la inteligencia puesta al servicio de lo que vale la pena. La mejor tregua es intentar ser inteligentes todos los días.

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25 diciembre, 2011 a las 7:19 am

Solo de flauta en el Congreso, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (24-12-2011)

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El ojo del tigre

Cada vez que la bancada del grupo de diputados del PP se ponía de pie, para aplaudir frenéticamente algunos de los momentos épicos del discurso cauteloso del candidato a la Presidencia del Gobierno de la actual democracia ortopédica española, parecía como si la televisión estuviera emitiendo imágenes de un tiempo pasado pero no olvidado. Del tiempo en el que los procuradores de las Cortes franquistas -elegidos orgánicamente por el aparato del partido único-, se levantaban de sus respectivos escaños para aclamar, enardecidos, los momentos estelares de los discursos institucionales de aquel providencial jefe del Estado Español, cuya voz aflautada convertía sus monótonos discursos en floreados solos de ocarina… Es verdad que don Mariano Rajoy no tiene voz de flauta, con lo cual no sabría decirle a usted si es mejor orador, o no, que aquel inolvidable flautista del Movimiento Nacional; pero lo que si tienen ambos es el mismo empacho españolista. Por lo tanto, el argumento medular de las intervenciones públicas, que usaba aquel superlativo general, es el mismo que utiliza, para enardecer a sus acólitos, el ya nuevo presidente del Gobierno: España, con su glorioso pasado histórico, es una gran nación…

En un reciente blog metroscópico se preguntaba, hace muy pocos días, si era posible percibir todavía la influencia de los cuarenta años de ideología franquista en el pensamiento de los españoles actuales. La respuesta era esta: El único grupo de edad en que la extrema derecha tiene un cierto peso específico es entre los mayores de 65 años. Es decir, entre los nacidos antes del año 1946, que fue el año en el que se empezó a fraguar la democracia orgánica en este país. La democracia actual fue construida, en parte, aprovechando ciertos materiales del derribo franquista antes de que bajaran definitivamente las persianas del antiguo taller robótico montado por los especialistas en las ideas-motor de aquel régimen; como, por ejemplo, España, una, grande y libre… Desde esta misma cumbre ideológica aprendieron a otear el presente y el futuro muchos españoles nacidos bastante después de 1946.

Aquí se usa el mismo catalejo -para vigilar el horizonte- que utilizaban los españolistas de aquélla época. La única diferencia entre unos y otros consiste, probablemente, en que en vez de utilizar las dos manos para manejarlo, ahora lo cogen con la izquierda mientras con la derecha manejan las tijeras que les regalaron los neocon del otro lado del Atlántico. El discurso del señor Rajoy, como candidato, que era, a la presidencia del Gobierno, ha sido construido con la misma pasión españolista que exige la tradición orgánica, de una parte, y siguiendo las normas dictadas por el Manual de corte y confección autorizado por los dueños del libre mercado. Para estos últimos, la fiesta empezó cuando un mediocre actor de Cine llamado Ronald Reagan -cuya mediocridad profesional se le acentuó mientras interpretaba el papel de presidente de los Estados Unidos…- pronunció aquella famosa frase neoliberal: El Estado no es la solución, es el problema. Corría el año 1981 del milenio anterior.

Entonces, el Estado les estorbaba para imponer la globalización total, de la que se dice que es fundamental para la felicidad del ser humano, pero con la ayuda del fundamentalismo financiero. Durante treinta y siete años, el sistema globalizador funcionó a pedir de boca. Hasta que se demostró con hechos concretos que no es cierto que los mercados sean capaces de regularse a sí mismos. Un economista (Paul Samuelson), Premio Nobel, comparó el derrumbe del sistema económico con lo que les supuso a los comunistas la caída de la URSS. Con un alarde de cinismo político, la derecha aprovechó la caída del imperio neoliberal para culpar al socialdemócrata presidente del Gobierno español, señor Rodríguez Zapatero, de la ruina económica de este país. Cayó aquel Gobierno y, ahora, sobre las mismas ruinas del sistema capitalista, respetando a los verdaderos culpables del desastre -los aventureros del negocio fácil, los buscadores del beneficio rápido, los malabaristas de la especulación financiera…-, la derecha carpetovetónica de este singular país europeo se dispone a salvar a España socializando las pérdidas y privatizando los beneficios. Una peculiar manera de proclamar el socialismo para ricos, y el capitalismo salvaje para pobres.

Utilizando un argumento idéntico al que su usó aquí, en los tiempos de aquel general, para exonerar a los responsables de la Guerra Civil de 1936: la culpa de aquella tragedia la tuvimos todos… (¡que país!), la responsabilidad del fracaso del sistema económico es de todos también. Porque hemos gastado por encima de nuestras posibilidades. Con lo cual, los fenicios que incitaban al consumo aprovechando los créditos fáciles, bombardeando incesantemente la frágil concupiscencia de la ciudadanía a través de una perversa propaganda consumista (ojo: dice consumista…). Las necesidades, creadas artificialmente, redondearon el negocio de los mercados

No sé si el señor Rajoy conseguirá con su flauta poner en pie a la víctimas del apetito capitalista, tal como pone a sus hooligans en el Congreso de los Diputados. No estaría mal. Pero me temo que para lograr ese milagro tendrá que cambiar la partitura porque la escuela de música celestial de El Pardo rechina.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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24 diciembre, 2011 a las 7:12 am

Publica o perece, de Miguel Ángel Quintanilla Fisac en Público

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En una reunión de responsables políticos de ciencia y tecnología, un ministro se vanagloriaba del giro radical que habían dado en su país a la política científica: “Les hemos impuesto a nuestros científicos una nueva regla de oro. Ya no basta la de publica o perece. Ahora o eres el mejor o pereces”. Con esa radical reorientación esperaban conseguir en poco tiempo un gran avance en la producción científica. Han pasado ya algunos años y no sé si el Gobierno de ese país habrá seguido tan radical orientación todo este tiempo. Creo que no porque, de lo contrario, ahora todos sabríamos el nombre del único científico superviviente que habría quedado allí.

Supongo que, en un contexto más normal, a nadie se le hubiera ocurrido semejante fanfarronada. Es cierto que la investigación científica tiene un componente competitivo: cada investigador se esfuerza por ser mejor que los demás, por llegar antes al descubrimiento que persigue, por patentar el primero un nuevo invento. Pero esto no se debe a que la dinámica de la ciencia sea como la de la selección darwiniana, sino más bien al revés: se debe a que la ciencia es un juego cooperativo en el que uno sólo gana si consigue el reconocimiento de los demás. Los científicos compiten cooperando entre sí. Claro que los científicos reales son también de carne y hueso. Y a la dinámica de cooperación, reconocimiento y competición en la ciencia se superponen otras tramas de intereses políticos nacionalistas, económicos, industriales o ideológicos que a veces tiñen con colores dramáticos la empresa científica.

Un ejemplo notable es la exploración antártica. Hace un siglo el noruego Amundsen protagonizó la hazaña de pisar por primera vez el Polo Sur, en dura competición con el británico Scott, que murió en el intento. Pero hoy la Antártida forma parte de un amplio acuerdo internacional, que impide que cualquier país pueda reclamar derechos territoriales sobre ella y obliga a mantener todo un continente abierto a la investigación y la cooperación científica.

Para sobrevivir en el mundo de la ciencia hay que trabajar duro y hacer públicos continuamente los resultados relevantes de tu trabajo. Pero la ciencia no es un circo romano ni una carrera contra reloj, sino una empresa universal cooperativa.

Miguel Ángel Quintanilla Fisac. Director del Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología

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19 diciembre, 2011 a las 7:11 am

Casi todo en una nube, de Valentí Puig en La Vanguardia

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El proyecto de un ordenador diseñado para aprender de la experiencia y postular hipótesis siempre será bienvenido en un mundo que cree posible lograr la inteligencia artificial y acabar manufacturando un simulacro tecnológico de la conciencia humana. En esos empeños por emular las conexiones neuronales del cerebro hay mucha competencia. Unos son más creíbles que otros. IBM ha sido uno de los más recientes, con sus computadoras cognitivas que no solo tendrían megamemoria sino también la capacidad de involucrarla en formas de aprendizaje. Es una característica de las tesis posthumanas apostar por la posibilidad de reproducir tecnológicamente, e incluso mejorar, el cerebro humano, dando por sentado que la conciencia no existe.

Son cosas de un nuevo mundo sin mapas, al filo de esas grandes incógnitas sobre la vida y el espíritu. Es asombrosa la simultaneidad de esas inteligencias de diseño con un mundo caótico, doloroso y finito.

Los valles de la alta tecnología lindan con selvas aún tribales, con desiertos inhabitables y con la sinrazón de las guerras.

Una alternativa consiste en que casi todo penda de una nube. Hace una década que David Gelernter intuyó lo que acabarían siendo Twitter y Facebook antes de poner en circulación el concepto de “la nube”, que viene a ser el gran almacén de información digital -centros de datos, externalización- que ya comienza a existir en el ciberespacio. Dicho en los términos que uno logra entender a partir de las ideas de Gelernter, esa nube -un sistema posterior al de los archivos- supera la red de redes actual, en el sentido de que estaríamos en la fase de una distribución de multimedios a través de una red de computadoras, de modo y manera que el usuario accede o consume el producto a la vez que se descarga. Es decir, accede a la nube. Dice Gelernter en The Wall Street Journal,que el nuevo concepto es el lifestream,una suerte de corriente de vida por la que navega la materia digital -lo que allí depositemos- que hasta ahora hemos archivado en carpetas. Toda nuestra inteligencia y nuestra memoria, almacenadas en una nube ciberespacial. La nube de Gelernter es uno de tantos factores en mutación permanente que hacen imprevisible lo que será un siglo que solo está comenzando. Hace unos pocos años se habló del siglo de Europa, luego del siglo de Asia. Lo que vemos es una paulatina traslación de los ejes de poder pero sin la suficiente panorámica para saber cómo estarán las cosas digamos que en diez años. Fukushima ha representado un nuevo obstáculo para la energía atómica, pero al mismo tiempo han dado un notable resultado las prospecciones de gas y petróleo -por ejemplo- en Noruega, la Patagonia, Canadá, Brasil y se logran avances en África con lo que menguaría la dependencia respecto a Oriente Medio. Mientras tanto, la tecnología y la ciencia persisten en la búsqueda prometeica de nuevas fuentes de energía. ¿Dónde estará el poder en una o dos décadas? Una respuesta más bien patosa sería que el poder estará en una nube.

Se puede dar un trastorno bipolar al ser tanta la distancia entre la nube y los atavismos que son parte de la vida del hombre. En este mundo globalizado quedan buques piratas, y los proyectos más racionalistas para la gobernanza internacional prácticamente coexisten con la vida de tribus que hasta hace muy poco practicaban la antropofagia. Entramos en especulaciones altamente sofisticadas sobre los derechos de los animales y al mismo tiempo un hombre tortura a otro hombre en demasiados confines del planeta. La misma Unión Europea que pretende ser un experimento de norma sin coerción da muestras de querer regresar al orden de Westfalia en 1648, cuando el auge de las naciones-Estado aventajó claramente a la autoridad que, más allá de lo nacional, había tenido la Iglesia. Otro trastorno bipolar, algo que difícilmente se puede colgar de una nube, por inteligente que sea. Del mismo modo, todavía resulta inconcebible un orden posthumano en el que la acción de gobierno esté en manos de la inteligencia artificial, aunque a veces la ONU y sus portavoces parezcan robotizados.

Al descubrir el amor o la soledad poco importa si solo somos una pausa entre glaciaciones o si pendemos de una nube, como parte de una masa de objetos digitales en el ciberespacio, más allá de la organización de archivos en internet. Es una realidad casi inconcebible, extrema en su virtualidad radical, sobrecargada de pasado y también de futuro. Nos preguntamos si la civilización es sostenible y quizás resulte que para sobrevivir necesite de esa nube y de esa inteligencia artificial. Es la paradoja de salvarse por los extremos, de acudir a lo más imposible para salvarse de un naufragio. Claro que el tiempo pone las cosas en el lugar que les corresponde. Hace cuarenta años, siendo la población del mundo la mitad de la actual, se hablaba temerosamente de la bomba demográfica. Habíamos llegado a un confín apocalíptico. Ahora hay en el planeta siete mil millones de habitantes y nos creemos capaces de depositar los mensajes electrónicos en una nube y de inventar una máquina para que piense mejor que nosotros.

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Introducido por Reggio

18 diciembre, 2011 a las 7:14 am

Europa frente a la quiebra de la ética global, de Federico Mayor Zaragoza en El País

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En la década de los ochenta se aceptó sustituir los principios democráticos por las leyes mercantiles. Ahora, el poder se aleja de Occidente y las batallas que hay que ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas

“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”

Emily Dickinson

Ni un día más de rodillas. Ni un día más acosados por los mercados. La política debe alzarse.

El mundo a la deriva porque, en lugar de “Nosotros, los pueblos…” de la Carta de las Naciones Unidas y las referencias éticas establecidas por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aceptó en la década de los ochenta del siglo pasado sustituir los principios democráticos -tan bien establecidos por la Constitución de la Unesco- por las leyes mercantiles. Las Naciones Unidas se sustituyeron por grupos plutocráticos (G-7, G-8… G-20), pretendiendo gobernar el conjunto de la humanidad por los países ricos.

El desastre está a la vista. Una crisis múltiple -social, política, alimenticia, medioambiental…- y desconcierto generalizado. El gran dominio (militar, financiero, energético y mediático) favorece todavía, en su fase terminal, una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra en lugar de una economía de desarrollo global sostenible. Se invierten cada día 4.000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas. Esta situación no afecta solo a los países más rezagados. En Estados Unidos hay más de 20 millones de parados, el doble de pobres y casi 50 millones sin seguridad sanitaria. Hay mucho que enmendar. De China, el gran país comunista-capitalista de la Tierra, por la deslocalización productiva guiada por la codicia, poco sabemos. No queremos conocer el “otro lado de la moneda”.

Europa y Estados Unidos deben cambiar de paradigma económico muy rápidamente. Estados Unidos ha elegido recientemente un camino mejor, después del fiasco del “rescate” de las instituciones financieras: incentivos para la producción, inyección de fondos, escalonamiento en el tiempo de la formalización del déficit acumulado… La crisis financiera ha dado paso a la crisis de la deuda soberana. El euro no puede competir con el dólar o el yuan porque ambas monedas -como sucede con la libra en el seno de la Unión Europea- pueden “fabricarse” a voluntad. Y se cumple la paradoja de que China es el único país que puede ofrecer abundante liquidez.

El poder se aleja de Occidente. Para corregir las presentes tendencias, Richard Youngs, en su libro sobre el declive de Europa propone una “UE más abierta, internacionalista y universal en sus valores”. Y añade: “Es urgente poner en práctica políticas adecuadas para enderezar las presentes tendencias en cinco áreas: multilateralismo, seguridad, identidad, valores democráticos y economía”. Las batallas que hay que apresurarse a ganar no son económicas sino, sobre todo, políticas. Como resultado de la crisis, el G-20 ha desplazado al G-8… que ha intentado, sin éxito, llevar las riendas de la economía mundial, con un claro predominio europeo, ahora diluido.

Sucede que con frecuencia analizamos las consecuencias, pero no las causas: la ambición hegemónica representada sobre todo por el presidente Ronald Reagan y la primera ministra Margaret Thatcher en los años ochenta; la sustitución de los valores democráticos por el mercado; la gobernación plutocrática; la corrupción; las burbujas… En Europa nos hemos quedado en CEE, en una comunidad económica asimétrica y sin pautas de interacción y equilibrio. La Unión Europea no puede ser solo un título sino una realidad. Con carácter de urgencia. Y, para ello, el pluralismo y la diversidad que son la riqueza cultural y creadora de Europa, deben aunarse alrededor de unos valores éticos comúnmente aceptados, que constituyen la inmensa fuerza potencial de Europa. Es imperativo ser Unión Europea. A estos efectos, debe federarse y aceptar, como corresponde a una estructuración política de esta índole, una serie de directrices inherentes a la Unión: en política exterior, en política de seguridad, en política fiscal y económica, en ordenamiento jurídico, en prioridades básicas (salud, medio ambiente…). Este “compromiso federal” exigiría, entre otras cosas, que los representantes en el Parlamento Europeo fueran votados en unos comicios en los que la participación mínima fuera del 51%. Lo que sucede hoy con la representatividad de muchos de los miembros del Parlamento es un auténtico escándalo y una afrenta a la “democracia”.

Concretamente:

- Reducción de los medios destinados a armamento y gastos militares, con una política europea de seguridad que evite la obligación de adquirir artefactos propios de guerra pretéritas y permitir a Europa ser un gran interlocutor de Estados Unidos, Rusia y China, especialmente, no solo para evitar conflictos sino para luchar contra el terrorismo y el crimen organizado.

- Promover alianzas internacionales y contribuir a la refundación de un Sistema de Naciones Unidas adaptado a la gobernación mundial, dotado de los recursos personales, financieros y técnicos adecuados. La inclusión de la Organización Mundial del Comercio y de las instituciones de Bretton Woods a las nuevas Naciones Unidas permitiría recuperar las funciones que exigen coordinación global (catástrofes naturales o provocadas; medio ambiente; respeto al derecho internacional, evitando la actual impunidad…). La modernización del multilateralismo implica incorporar representantes de la sociedad civil a la Asamblea General y demás órganos, y disponer -sin veto pero con votación ponderada- de dos Consejos de Seguridad adicionales: Consejo de Seguridad Socioeconómico y Consejo de Seguridad Medioambiental.

- Regulación de los flujos financieros a escala mundial, con inmediata desaparición de los paraísos fiscales, máximo exponente de la insolidaridad social a escala local y colectiva.

- Financiación económica y fiscal, con emisión de eurobonos y avales, evitando asimetrías y comportamientos indebidos en el seno de la Unión.

- Fuentes de financiación alternativa dedicadas sobre todo a la cooperación internacional, lucha contra la pobreza y en favor de la igualdad, ayuda al desarrollo y a la innovación.

- Educación, que forme a ciudadanos “libres y responsables”.

- Adoptar políticas de educación ciudadana y atención sanitaria cuando así se requiera, de tal modo que el consumo de alcohol, tabaco y drogas, dependa de la responsabilidad ciudadana, sin limitar el acceso por el precio, que estimula el tráfico ilegal y carece de efecto disuasorio alguno.

- Políticas de integración y respeto a la igual dignidad ciudadana. Es precisamente en tiempos de crisis cuando no debe abdicarse de los valores éticos esenciales.

- Energías renovables y fomento de la agricultura, pero disminuyendo los subsidios agrícolas tradicionales que llegan a ser ocho o 10 veces superiores a lo invertido en I+D+i.

- Observatorio de evaluación y calificación económica, de gran rigor.

- Relocalización ponderada de la economía productiva.

- Evitar la evasión fiscal y la economía sumergida…

Corresponde a Europa el gran papel de restablecer las referencias éticas universales de la acción política, a través de los derechos humanos, y procurar el establecimiento de democracias firmes y eficaces en todo el mundo, no como un “modelo occidental” sino como “principios” aceptados a escala planetaria. Una Declaración Universal de la Democracia, podría ser ahora -como lo fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948- especialmente oportuna. Cito de nuevo a Youngs: “Debilitar el apoyo europeo a los derechos humanos y la democracia es una de las dimensiones más desalentadoras de la deriva de Europa”. El Consejo de Europa y la Unión Interparlamentaria podrían aportar los esfuerzos ya realizados a este respecto, para que en muy poco tiempo fuera posible disponer de un texto que orientara los rumbos de la gobernación mundial y liberara a los políticos del acoso actual de los mercados.

Los problemas globales que afecten al destino común requieren soluciones basadas en principios globales.

Un aspecto a destacar, muy positivo, porque representa, por fin, la capacidad de expresión popular y dejar de ser espectadores pasando a ser ciudadanos participativos, es el de las movilizaciones a favor de sistemas plurales, con una mayor contribución popular a la toma de decisiones, gracias a lo moderna tecnología de la información y la comunicación. Hay que escuchar su voz.

Europa puede hoy, ahora, puesta en pie, dar al mundo en su conjunto -tan necesitado de horizontes y asideros éticos- el mensaje de los grandes referentes de la acción política.

Es tiempo de alzarse.

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

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15 diciembre, 2011 a las 7:19 am

Elogio del aceite, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

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Devastado por la tristeza y el  cansancio, después de diez años de tristes aventuras, fallecidos todos sus amigos, Ulises duerme en la playa. Así lo descubre Nausica, la de brazos níveos. Las que la acompañan se asustan ante la visión de aquel náufrago, pero ella atiende a su relato, que la impresiona fuertemente. Llama a las esclavas, que traen a Ulises ropa y aceite.

Hoy quisiera hablar de un producto de nuestros campos, precioso, modesto y menestral como la gente que lo elabora: el aceite. Pero quería hacerlo, para empezar, con el apoyo de Homero, padre de los clásicos. “Dejaron cerca de él un manto y una túnica para que se vistiera; y le entregaron, en ampolla de oro, líquido aceite”. De esta escena proviene la tópica definición, mil veces repetida: “El aceite es oro líquido”. También podría haber buscado apoyo en la Biblia.

Gracias a la hoja de olivo que una paloma lleva en la boca, se entera Noé de que la tierra fructifica de nuevo. En el Antiguo y el Nuevo Testamento las unciones se obran con aceite: expresan santidad y el vínculo simbólico con Dios, función que continúa en el culto católico. Los egipcios nos legaron la cosmética del aceite: lo hervían con polvo de mirra, canela y otras especias para refrescar el cuerpo y esconder su olor. Todos los antiguos mediterráneos consideraban el aceite un alimento esencial. Hebreos, egipcios, griegos y romanos. Sin olvidar a los cartagineses (fenicios) que, según leo, introdujeron el olivo en la península Ibérica. Desde entonces, es tierra de formidables aceites. Deliciosamente amargos, como los que elabora Andalucía, verdadero mar de olivos. Dulcemente afrutados, como los que se elaboran con nuestra pequeña arbequina. A pesar de haber nacido en el Empordà (con gran tradición de aceites vírgenes de la variedad argudell),me he enamorado del delicado sabor verde que destilan los aceites arbequinos de las denominaciones Ciurana y Garrigues. Todos los aceites peninsulares valen su peso en oro: el del Ebro, más maduro, es magnífico, como el de Extremadura, más picante. ¿Y qué decir del de Guadalajara, que ganó el primer premio del concurso de arbequina? Grandes aceites los hay en todas partes. Sobre gustos no hay nada escrito, pero el mejor aceite del mundo es, en mi opinión, el de Belianes, un amable pueblo del valle del Corb situado en el triángulo que forman Bellpuig, Arbeca y Vallbona de les Monges.

Lo conocí por casualidad, gracias a Josep M. Escribà, campesino del lugar, que lee más filosofía política que muchos profesores universitarios y que es una de las almas del movimiento Compromís per Lleida, la mejor iniciativa civil catalana de los últimos quince años, del que he hablado aquí otras veces. El Compromís propone rehacer el ruinoso y faraónico proyecto del canal Segarra-Garrigues y convertirlo, no en instrumento de cambio radical de paisaje, sino de mejora de la agricultura de secano (aceite, en primer lugar). El canal podría convertirse, además, en una especie de nueva franja costera que permitiría al ancho oeste de las tierras de Lleida postularse como la California catalana: descongestionando la población que se acumula en la costa barcelonesa, potenciando el turismo interior, desarrollando la economía rural y promoviendo la industria de transformación. Lo más importante del Compromís per Lleida es la solución que proponen al problema del agua: una visión mancomunada de todas las cuencas catalanas a partir de la conexión de los dos Noguera con el Segre. Tal solución desbloquearía los problemas históricos (Ebro, Ter) y situaría las comarcas de Lleida en posición de liderazgo catalán.

En el desierto del caciquismo y entre la indiferencia o la impotencia de los partidos de Gobierno (hoy CiU, ayer tripartito), mientras predica la buena nueva del Compromís per Lleida, Escribà elabora un aceite de antología. Todo el aceite de Belianes es una obra de arte, empezando por el de la Cooperativa. Pero con sus socios Morera y Bergadà ha creado un molino de nueva planta, con tecnología punta, donde, en plena crisis, se empeñan en conseguir el aceite perfecto, que llaman Camins de Verdor.

¿En qué consiste la perfección? En algo tan sencillo como difícil. El aceite no es más que zumo de oliva. Un aceite es perfecto cuando consigue que el jugo traduzca genuinamente las aceitunas que lo hacen posible, sin mácula alguna: ni en el estado de las aceitunas, ni en el proceso, ni en la conservación. No son pocos los aceites impuros (avinagrados, vinosos, agrios, húmedos o rancios). Muchos consumidores se han acostumbrado a ellos por tradición. Estos defectos aumentan la acidez y enmascaran el limpio sabor de la aceituna. Lo aprendí el otro día en Belianes, en una sesión de cata, dirigida por Aran y Preixens, dos expertos del panel que certifica oficialmente si un aceite de oliva es o no es virgen extra (¡algunos lo afirman y no lo son!). Aprendí también que los aceites perfectos pueden tener sabores dispares: dulce, amargo, picante.

El Ayuntamiento organizó la cata en la víspera de la feria del aceite. Lucía el sol, en Belianes, la gente mojaba trozos de pan en platos de oro y compraba aceite en grandes cantidades. La crisis, que nos obliga a prescindir de tantas cosas, no podrá con el oro líquido de Homero. Puede temblar el euro en Bruselas, que a nosotros nos basta con un chorrito de aceite virgen extra, una chispa de sal y un poco de pan. Nos basta este oro para comprar el paraíso.

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Introducido por Reggio

12 diciembre, 2011 a las 7:15 am