LA CRÓNICA
La fiesta nacional española
El tiempo político discurre lentamente en dirección al 20 de noviembre y ayer el cortejo se detuvo en la estación del 12 de Octubre, fiesta nacional de España. Desfile militar con visibles notas de austeridad en la exhibición de ingenios mecanizados, cambio de ubicación de la tribuna para proteger al presidente del Gobierno de los abucheos y sobria audiencia en el Palacio Real con besamanos abreviado para no fatigar al Rey, recién operado en un pie. Jornada tranquila, jornada de espera, jornada austera, con aires de melancolía en la figura de José Luis Rodríguez Zapatero.
El cambio de ubicación de la tribuna de autoridades evitó el bochorno de años anteriores. En el 2004 -primer año del septenio de Zapatero- ya hubo pitidos. Glosados por la prensa opositora, subieron de tono en el 2005. Y así sucesivamente hasta que el año pasado ya se convirtieron en la nota dominante de la fiesta nacional española. Una costumbre. Un nuevo deporte madrileño. Un episodio galdosiano.
La ministra Carme Chacón, mujer siempre tenaz en la defensa de su papel y su territorio, ha querido que el último 12 de Octubre del PSOE renacido no tuviese como colofón una bronca monumental en el paseo de la Castellana. Zapatero regresará a León sin ese mal recuerdo. Zapatero lleva meses trabajando concienzudamente para garantizarse un retiro tranquilo en León.
Chacón ha protegido al presidente, en justa correspondencia por la ayuda que este le sigue prestando con vistas al futuro liderazgo del PSOE. Este año la tribuna de autoridades fue desplazada de la plaza de Lima (estadio Santiago Bernabeu) a la plaza de Neptuno, y se estableció una mayor distancia con el público. Resultado: una apreciable disminución del efecto bronca y una mayor y fatídica distancia escénica entre los políticos y la gente del común.
Chacón, verdaderamente hábil en el manejo de la agenda mediática, no desaprovechó en absoluto la jornada. En videoconferencia con las tropas desplazadas al exterior -la videoconferencia es una escenografía electrónica que siempre le sienta bien a los telediarios-, la ministra anunció el regreso a casa de los cuatro cazabombarderos F-18 que operaban en la base italiana de Decimomannu (Cerdeña) dentro de la misión de la OTAN de apoyo a los rebeldes libios. El coronel Gadafi ya ha caído y el país que contiene la mayor bolsa de hidrocarburos del Mediterráneo está entrando en una nueva e incierta fase. Francia y el Reino Unido van a ejercer la tutoría del nuevo poder y acaso cedan un cierto espacio de maniobra a Italia, antigua fuerza colonial en la Tripolitania, que en cuestión de semanas tuvo que pasar del apoyo a Gadafi al alineamiento con los rebeldes. En este episodio neocolonial -decisivo para la evolución del norte de África-, España apenas tiene papel. El Gobierno Zapatero, sin embargo, no podía rechazar la petición francesa y británica de una simbólica ayuda militar. Aunque los aviones españoles no han bombardeado Libia -siempre según el relato oficial-, han contribuido a dar un formato europeo a una operación de la que Alemania ha querido estar ausente.
Chacón interpretó ayer la más preciada partitura del zapaterismo: tocó retirada. Chicos, nos vamos a casa. Y adornó la jornada con reiterados mensajes de austeridad y recorte de gasto en los ejércitos. Maestría mediática en vísperas de una nueva movilización del 15-M.
Hace unas semanas, la ministra de Defensa cerraba con el secretario de Defensa de Estados Unidos, Leon Panetta, la incorporación de la base de Rota (Cádiz) al nuevo escudo antimisiles de la defensa occidental. Una decisión de gran calado estratégico que restablece la alianza preferencial de España con Estados Unidos y modifica el cuadro de relaciones con el Reino Unido (Gibraltar), Marruecos y Francia, sobre el telón de fondo de Ceuta y Melilla. Una jugada de ajedrez que no ha pasado por el Parlamento y en la que Chacón ha evitado la foto, ya que en ese cuadro no se tocaba retirada. El retrato se lo hizo Zapatero en el cuartel general de la OTAN en Bruselas, indicando así su deseo de seguir trabajando para que su amiga Carme sea la futura líder del PSOE.
En la tribuna de autoridades, Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy departieron durante varios minutos. Asuntos triviales, al parecer. Era visible en ambos el deseo de transmitir tranquilidad y sosiego. En la recepción, Zapatero no quiso hablar con la prensa. Esta vez no. Su esposa, Sonsoles Espinosa, le empujaba suavemente hacia la puerta. Melancólico, el presidente parecía compartir los deseos de su señora. Ya nos vamos yendo. Gravedad y tristeza entre los invitados socialistas; prudente preocupación entre los populares. Saben lo que les espera. María Dolores de Cospedal fue la dama más rutilante y sonriente de la jornada.
