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Blanco ya está tardando mucho, de Juan Carlos Escudier en Público

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Será difícil encontrar un político que, afectado por un presunto caso de corrupción, no reaccione de acuerdo al siguiente manual: nada más conocerse las circunstancias, el afectado negará la mayor, la menor y la de en medio, dirá que las acusaciones son falsas y amenazará con querellarse contra los difamadores; al acrecentarse los indicios, es probable que hable de conspiración; mientras espera el pronunciamiento de los jueces, se referirá a la indefensión en la que se encuentra; y cuando, finalmente, se produzca la imputación expresará su confianza en la Justicia y su alegría por poder demostrar su inocencia. La dimisión no suele contemplarse, aun cuando existan fotos del encausado liquidando a su padre sin causa justificada.

José Blanco, recientemente imputado por el Tribunal Supremo por un delito de cohecho y tráfico de influencias, se encuentra en esa gozosa fase en la que podrá negar al juez haber recibido comisiones del empresario Dorribo, sus razones para recogerle en una gasolinera de Luego pese a que los autobuses de Alsa funcionan como un reloj y el motivo que llevó a uno de sus subordinados a llamar al alcalde de Sant Boi para interesarse por la licencia de obras de un amigo del entonces ministro de Fomento.

Es razonable suponer que su renuncia al acta de diputado está al caer, ya que si Blanco sabía con absoluta certeza que “llegaba tarde” el abandono del escaño de senador que protagonizó el extesorero del PP, Luis Bárcenas, tras verse imputado en el caso Gürtel, no querrá demorarse en hacer efectivo el suyo. No sólo los peces mueren por la boca.

El todavía vicesecretario general del PSOE también sabe que la vida es una tómbola. En sus inicios con Zapatero le creyeron un lelo; ya como ministro le tildaron de genio y hasta hubo quien le vio como sucesor. Igual que ha sido consciente de que su futuro como alter ego de Rubalcaba en el postzapaterismo se ha esfumado, debería serlo del bochorno que acarrearía su encastillamiento. Si llegara a acreditar su inocencia, siempre se estará a tiempo de erigirle un busto en mármol del bueno, que por dinero no iba a ser.

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30 diciembre, 2011 a las 7:09 am

Y después del turrón, las reformas, de María Blanco en vozpopuli.com

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Estamos a menos de una semana de que acabe el año, con un gobierno recién estrenado, con algunos cargos por nombrar aún y con un esperado consejo de ministros por delante en el que se va a presentar un paquete de medidas urgentes. Y mientras tanto hay una sensación de tedio en el panorama informativo español, solamente interrumpido por la presunta polémica creada por el mensaje del rey Juan Carlos, la guerra de manifiestos del PSOE y algunos asuntos judiciales pendientes, como la trama Gürtel.

Y digo “presunta” polémica porque, como siempre, el rey ha dicho lo que todo el mundo esperaba, ha abordado lo que era inevitable, ha reafirmado el papel de su sucesor y de la monarquía y poco más. A destacar que hable de igualdad ante la ley una de las personas que no son tratadas en igualdad de condiciones que los demás ciudadanos frente a la ley. Otra es su hija Cristina, que a pesar de firmar documentos, parece que va a quedar apartada de la asunción de responsabilidades, después de todo.

Las miradas de los españoles están centradas en las medidas económicas que se van a presentar en el próximo consejo de ministros, tal y como anunció Soraya Sáenz de Santamaría el pasado viernes. Nos preocupa el alcance de los recortes, el modo y manera en que se va a poner en marcha la tan necesaria reforma financiera, el imposible y soñado pacto entre patronal y sindicatos para poner en marcha la reforma laboral, y la recesión en la que va a caer la economía española y que el ministro Luis de Guindos ha reconocido. No es nuevo. Todos los economistas saben que en un país con un crecimiento económico tan ralentizado como el nuestro, con el nivel de desempleo tan alto, el consumo tan bajo, lo más probable es que las medidas necesarias para recortar el gasto, retraigan más el crecimiento y previsiblemente, si hay reducción de empleo público, impliquen también un cierto aumento del paro.

Pero si hay un problema de fondo al que deberíamos prestar más atención es la degradación institucional. En concreto, a dos temas, que a su vez están relacionados: la corrupción y la justicia.

En primer lugar, la corrupción en los principales partidos e instituciones tanto en el plano nacional, como en el autonómico y local. Cuando se habla de corrupción todo el mundo señala con el dedo al de al lado. Está por ver que un partido político reconozca que ha habido o que hay chanchullos en su seno. Pero la perspectiva del español de a pié es que todos están pringados y que a ninguno le conviene que se sepa la profundidad y el alcance del problema. A ninguno le merece la pena que se sepa todo, que haya transparencia total, porque muchos perderían sus privilegios. Y esa sensación degrada mucho el espíritu de la democracia y explica que siga existiendo ese desapego, ese abismo entre el mundo de la política y la vida real de los ciudadanos.

En segundo lugar, la justicia. El vergonzoso reparte del Consejo General del Poder Judicial, el desprestigio del Tribunal Constitucional, la politización del sistema judicial y el partidismo obsceno de algunos jueces no parece que vaya a cambiar con el nombramiento del nuevo ministro Gallardón. Más bien da la sensación de que como en algún sitio había que ponerle para agradecerle lealtad y apoyo, pues ha caído en Justicia. Pero ese ministerio no es cualquiera. La Justicia es una de las instituciones más tocadas de la democracia. La politización y el reparto de puestos en las más altas instancias, la influencia política, a veces obscena, en las decisiones de algunos jueces en temas de máxima importancia como los estatutos autonómicos, o la presencia de filo-terroristas en las instituciones políticas, por poner un par de ejemplos, han deteriorado la sacrosanta independencia de la justicia y la confianza de los ciudadanos.

Tan importante es salir de la crisis como la regeneración institucional. Si el nuevo gobierno no está dispuesto a emprender ese proceso de renovación, la crisis, la verdadera, la sistémica, la de valores, será nuestra enfermedad crónica.

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27 diciembre, 2011 a las 7:06 am

Los corsés de Luis de Guindos, de Primo González en República de las ideas

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Los diarios internacionales de referencia, sobre todo Financial Times y The Wall Street Journal, no le han ahorrado al nuevo titular de Economía, Luis de Guindos, una razonable dosis de sarcasmo, recordando en todos los casos (Financial Times, incluso en el titular, con un rotundo “un ex jefe de Lehman se hace cargo de la economía española”) la pertenencia de De Guindos a la nómina de la nefasta institución, madre de todas las desgracias y vituperios. No será justo, desde luego, pero como diría el famoso personaje, “es lo que hay”.

¿Cabía otra solución si Rajoy está, como parece, convencido de que Luis de Guindos, mano derecha en su día de Rato y asesor frecuente del propio presidente del Gobierno a lo largo de estos últimos meses, es la persona capacitada, más que ningún otro, para sacar adelante las reformas económicas y sociales que necesita España? Desde luego, De Guindos tiene las ideas (por lo general claras, aunque algunas pocas hayan parecido desconcertantes en los últimos meses), la preparación técnica, el bagaje administrativo más que suficiente dentro del “aparato” del Estado, el conocimiento de numerosos resortes internacionales, es persona con buen conocimiento de los idiomas,… Pero, ¿logrará entenderse con los sindicatos, lo que parece su principal cometido durante las próximas semanas?

La travesía de Luis de Guindos por el proceloso mundo de la economía se presenta llena de emociones y peligros. Algunos ya han empezado a aparecer el mismo día de su toma de posesión, con la publicación de un amplio catálogo de incompatibilidades. Al parecer, una interpretación rigurosa de las leyes vigentes en materia de incompatibilidades (la principal es la del año 2006) impediría al flamante ministro ocuparse durante su mandato (no hay plazo temporal establecido para la abstinencia) de cuestiones que tengan que ver con aquello en lo que ha trabajado. La incompatibilidad se extiende a lo que hacía en el momento de la toma de posesión y en los dos años atrás, tanto él como su cónyuge. Y lo que De Guindos hacía era ejercer de consejero en una empresa eléctrica de primer nivel, Endesa, y en una caja de ahorros de tercer nivel, pero entidad financiera al fin y al cabo (Banco Mare Nostrum, salido de Caja Murcia y varias más).

¿Quiere esto decir que el mismísimo responsable máximo de la economía no podrá ocuparse durante su mandato de tocar o regular cuestiones relacionadas con la electricidad ni con el sector financiero? ¿O sólo con las empresas de las que fue consejero y de las cuales ha dimitido raudo y veloz, así como de toda otra ocupación del sector privado? La ley del año 2006 es posiblemente un despropósito bendecido, en un arranque de purismo, por las fuerzas políticas, pero ahí está y habrá que cumplirla. Lo que a estas alturas pocos deben saber es cómo respetar sus previsiones. Si de verdad la ley dice lo que parece, pocos españoles con un cierto nivel de destreza profesional podrían poner sus pies en la cosa pública, ya que es muy probable que antes hayan pasado, en algún momento, por ocupaciones privadas. Da la impresión de que la ley en cuestión ha sido pergeñada por gentes con escasas luces y muy poco competitivas, ya que limitaciones tan severas a la presencia de profesionales altamente cualificados en el área pública no se explican si no es gracias a la intervención de gente mediocre que no quiere competencia.

Convendría, por ello, que la Abogacía del Estado o el órgano competente en la materia le dedicara alguna sentada al tema, para clarificar a los españoles el alcance de sus limitaciones. No sería agradable encontrarse con que, tras haber hecho el gesto de designar a un experto en cuestiones financieras, la ley le impida, como ministro, participar en la reforma del sistema financiero, asunto al que todos dan una importancia preferente, empezando por el propio De Guindos. Es de suponer que Rajoy y Sáenz de Santamaría, buenos conocedores de leyes, hayan tomado las necesarias prevenciones con dictámenes rigurosos en su poder que clarificarán sin duda el asunto. Pero sería conveniente que esas previsiones estuvieran al alcance de los ciudadanos.

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23 diciembre, 2011 a las 7:07 am

Lafatiga de los honestos, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

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Con la caída del último velo (los tejemanejes de Urdangarin), la democracia está al desnudo y muestra sus miserias al completo. Ni una institución se salva de la exhibición de aprovechamiento privado de la función pública. Ni una. La semana pasada, mientras la Casa Real expulsaba al agradable deportista, nos reencontramos con las historias valencianas del caso Gürtel y la declaración ante el Supremo de un juez que unos consideran héroe y otros villano por razones políticas, que no judiciales. Es posible que la inquina haya pesado más que el celo en la querella de los cursos americanos que Garzón organizó con el Santander estando en situación de permiso de estudios. Es posible. Y, sin embargo, el comportamiento de Garzón en América es feo.O al menos lo sería en una sociedad que respetara como es debido el dinero de todos. Garzón gozaba de una oportunidad a la que muy pocos acceden. El Estado le seguía pagando su sueldo para dedicarse al estudio y no para gestionar cursos con patrocinio privado. No entro en los oscuros pasadizos del caso ni quiero hacer leña del árbol caído. Quisiera enfatizar simplemente el uso grosero de este privilegio único cual es gozar de un año sabático a cargo del erario.

¿De qué nos habla el comportamiento de Garzón? No propiamente de corrupción, pero sí de negligencia. Una negligencia moral que ha contaminado como un virus a toda nuestra sociedad. La caja común daba para todo. Era el barroco cuerno de la abundancia. Un duque se compraba una multimillonaria casa en Pedralbes y, a pesar de no tener profesión conocida, a nadie extrañaba. Los inefables Millet y Montull se zamparon de un bocado decenas de millones y nadie se dio por enterado. A diario, cargos políticos menos preparados que Sancho Panza en la ínsula Barataria han comido con su séquito en mesas principescas. La secretaria de Camps exigía, puntillosa, noticia de nuevos regalos al infeliz Bigotes.

¿Cómo evitar, en este panorama, que el uso negligente del dinero público (y del privado subvencionado) se generalizara a todos los estamentosy niveles? Los funcionarios obtenían fantásticas ampliaciones de las vacaciones. Los sindicatos aceptaban triples escalas salariales, volviendo la cabeza para no ver las condiciones basura que se ofrecen a los jóvenes que trabajan (se niegan a aceptar una reforma a fondo del mercado laboral a pesar de haberse superado la horripilante cifra del 20% de parados). Los empresarios destinaban sus ganancias al ladrillo de oro, en lugar de invertir en investigación, en formar sus plantillas o en reducir los costes de energía. Cajeros y banqueros formalizaban hipotecas a destajo e hinchando locamente la burbuja cuyo colosal reventón ahora pagamos entre todos…

No todo el mundo es igualmente responsable de lo que está pasando, pero son legión los que han compartido la negligencia moral. Ahora el patio está lleno de quejas e indignaciones. Algunas hipócritas, otras muy justificadas. La suma de crisis económica y total desprestigio de la cosa pública es diabólica: la historia recuerda que en estas circunstancias puede pasar lo peor.

Pero no quería hablar hoy de este peligro, sino del profundo agotamiento que coloniza el corazón de nuestra mejor gente. Aunque no tengan quien les escriba, son muchos los ciudadanos responsables. Joan V. es un mediano empresario que, en la época del ladrillo, opuesto al lujo de sus semejantes, invirtió los beneficios en investigación y reciclaje laboral. Su fábrica es puntera: exporta y funciona. Ninguno de sus trabajadores está en la calle. Pero se siente lastrado por una deuda que no creó. El joven Marc S., con un sueldo de basura, está renovando la proyección comercial de su empresa mediante un innovador programa 2.0. Habla con pasión de su trabajo, a pesar de no saber si su empresa abrirá en enero. Miquel S. es un técnico extraordinario. En plena crisis, con una ilusión de chaval a pesar de sus 50 años, abandonó su puesto de trabajo para crear su propia empresa. Trabajando de sol a sol, al cabo de unos meses pudo otorgarse un sueldo algo más que mileurista. Ya ha conseguido crear empleo, pero Hacienda, que somos todos, indiferente al futuro que le espera, se llevará el 35% de los beneficios generados en el primer año.

No faltan en el país gentes responsables. Funcionarios sensacionales, jóvenes y maduros altruistas, políticos y jueces honestos y laboriosos, empresarios arriesgados, trabajadores comprometidos. Gente generosa y voluntarista, como Antonia R., funcionaria que dedica sus horas libres a Cáritas, a pesar de su frágil salud. No son héroes anónimos: son ciudadanos honestos. Honestos y fatigados. Son ellos, ya sólo ellos, los que sostienen el país. Pero sus espaldas flaquean ante el deprimente paisaje social que han dejado petimetres, pícaros, corruptos y aprovechados.

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19 diciembre, 2011 a las 7:14 am

Derecha ¡ar!, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (04-12-2011)

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El ojo del tigre

El triunfo de la derecha española en las elecciones generalísimas del pasado 20-N le han abierto la puerta de par en par al criticismo integrista, que, desde la reforma de la llamada autocracia franquista, parecía haber sido condenado a errar por el desierto de las libertades; abandonado, sin provisiones y sin agua… No se sabe como, pero lo cierto es que acaba de entrar por la puerta y ha vuelto a sentarse en la cátedra de sus obsesiones ideológicas -el comunismo y el nacionalismo- desde la cual reinicia su pertinaz y melodramática campaña de acoso y derribo de esos dos factores citados, que son, al parecer, determinantes del hipotético hundimiento de España. ¡Ufff…!

Después de un eufórico periodo de urgente adaptación de los principios fundamentales del Movimiento Nacional (totalitarismo) al proyecto flexibilizador de los conceptos democráticos del liberalismo social -durante el cual, más de uno pretendió convencer a los demás de que ellos eran demócratas de toda la vida, a pesar de su bautismo y toma de hábitos totalitarios-, con el reciente éxito electoral del Partido Popular el país vuelve a recuperar aquellas añejas manías anticomunistas y aquellos viejos prejuicios antinacionalistas.

Habían acordado los chefs de la cocina de los Pactos de la Moncloa que el menú principal para celebrar la llegada de la Transición sería la teórica reconciliación nacional. Por lo visto, pensaron que con ese plato del día conseguirían reconciliar no sólo a las personas, que hasta entonces, había comido, y pensado, en mesas separadas, sino también a las ideas. Con el tiempo, todo el mundo se ha dado cuenta de que aquel proyecto fracasó porque confundir a las personas con las ideas es un tremendo error.

En este renacimiento del criticismo integrista ya han caído (o, quizá, recaído…), además del pueblo común, muchos ilustres -e ilustrados- personajes que, en algunos casos, protagonizaron ciertos episodios de la Transición académica

Recientemente, y a propósito del coreado triunfo electoral del PP marianista en los comicios del mítico 20-N, así como también de la derrota tan llorada del PS(O)E felipista, uno de los padres putativos de la Constitución de 1978, haciendo un alarde de conocimientos históricos, recuperó el discurso anticomunista, quizá para aliviarse por las angustias del fracaso felipista; es decir, del socialismo renovado.

Lo que dice, lo dice como si el PCE existiera realmente en este país. Incluso, le concede a Izquierda Unida (IU) la facultad de exhibirse como portadora del alma del Partido Comunista. Sin embargo, cuando cita al partido socialista renovado por Felipe González, lo hace como si se tratara del Partido Socialista de Pablo Iglesias.

La involución intelectual del pensamiento ideológico español va acompañada de una más que evidente resurrección de la historiografía imperial del Movimiento Nacional, cuya característica esencial es la de utilizar silencios selectivos para ocultar hechos que dañan su condición humana, contar mentiras como si fueran verdades, repetir insistentemente obcecaciones históricas…

Con el oficio, bien aprendido, de distorsionar la verdad histórica hay, en este país, maestros brillantísimos, autores de una extensa bibliografía en donde la mentira se sacraliza, hasta dejarla convertida en una solemne verdad…

Para darse cuenta de la tremenda ficción historiográfica que, durante muchos años, nos han obligado a tragar, basta con recordar las historias que se contaron durante la vida de aquel general, para, luego, contrastarlas con lecturas no contaminadas por las fábulas franquistas. Una lectura que, en cierta manera, compensa la historia manipulada por los fabulistas de aquel régimen, sería, por ejemplo, El mito de la cruzada de Franco, (Plaza y Janés. 1986, cuyo autor, Herbert Southworth, consagró gran parte de su vida a desmitificar la victoria de Franco en la Guerra Civil. Había nacido en Canton, una pequeña ciudad del estado de Oklahoma, en 1908. Logró crear una biblioteca de excepcional valor bibliográfico para la historia de los años de plomo españoles.

Pero lo verdaderamente inquietante, en este momento, no es que un pequeño partido -supuestamente portador del alma del viejo PCE- haya conseguido los votos suficientes para formar un grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, sino que el partido renovado por el felipismo comparta con la derecha posfranquista no sólo el poder bipartidista, sino también su política neoliberal.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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4 diciembre, 2011 a las 7:12 am

Montilla el rentista, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

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Maravilla la extraña determinación con que, en el último tramo de la vida, muchas personas tienden a cometer errores garrafales. Sucede en la esfera pública, en la privada y en la más íntima. Arrastrados por el cinismo que la edad fabrica, liberándose de complejos y represiones, entran tumultuosamente en el jardín de las rosas de la vida y las cortan con atropellado afán. Traicionando los valores que decían defender, abandonando viejos amores o ideales, se lanzan con temeraria obscenidad a conquistar lo que siempre ambicionaron: generalmente sexo o dinero. El president Montilla muestra sin rubor su avidez. Acumulará dos cargos: la oficina de ex president y el escaño de senador. En tiempos de crisis y malestar, con cinco millones de parados, tal avidez es ofensiva. Pero Montilla recurre a Góngora: “Ándemeyo caliente / y ríase la gente”.

No ha sido Montilla un líder carismático, pero ha sido respetado por los valores que encarnaba. Seriedad, mesura, respetabilidad, compromiso. Cierto: no accedió a la presidencia de la Generalitat por sus propios méritos electorales (cosechó un resultado mediocre), sino gracias a las muletas de dos partidos a los que tuvo que ceder mucho para obtener el cargo. El PSC, eclipsado por las muletas, ha pagado muy cara aquella presidencia. Sin embargo, Montilla fue el primer líder del catalanismo no nacido en Catalunya y, desde este punto de vista, su aportación tuvo una gran significación: reforzó los valores inclusivos del catalanismo y enfatizó las posibilidades del ascensor social catalán.

Cierto: le faltó una virtud imprescindible en la sociedad de la comunicación. Hablar no era su fuerte. Ni en catalán ni en castellano. Pero, haciendo de la necesidad virtud, logró transmitir la imagen de líder juicioso, grave y responsable, lo que en el contexto tripartito le convertía en un rara avis. Una isla de prudencia en un mar tempestuoso. Montilla emborrona su figura. Teme compartir el destino de cinco millones de parados. Y como el Esaú bíblico, cambia su capital simbólico por un plato de calientes lentejas.

Algunos le acusan de empañar el simbolismo de la presidencia de la Generalitat aceptando un cargo de menor rango. No comparto tal crítica. A su edad, Montilla puede y debe seguir al pie del cañón. Si se hubiera presentado a las elecciones con una propuesta de reforma del Senado, abanderando un proyecto o, al menos, una idea, su decisión tendría sentido. Pero accede al Senado por la puerta de atrás, sin haber dicho esta boca es mía. Montilla se acaba de colgar del árbol que él mismo plantó. Aunque lo hace entre risas. Acumulando vorazmente cargos de siesta, se burla de las dificultades de una ciudadanía atosigada por la crisis. Toma prestado a Góngora: “Traten otros del gobierno / del mundo y sus monarquías,/ mientras gobiernan mis días / mantequillas y pan tierno”.

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2 diciembre, 2011 a las 7:14 am

¿Demócratas o corruptos?, de Lorenzo Cordero en La Voz de Asturias (13-11-2011)

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El ojo del tigre

A pesar de los treinta y cuatro años de esta democracia emocional que, según dicen los entendidos, ha conseguido restituirles a los españoles la posibilidad de pensar por si mismos, así como también su derecho a expresarse de acuerdo con sus propias ideas, lo evidente es que la opinión pública española continúa sometida a la rigurosa dieta mediática cuya receta -estrenada en 1938- determinó durante cuatro décadas el homogéneo pensamiento político de los súbditos de aquel monarca sin corona que les obligaba a tragar, sin rechistar, la papilla ideológica que les administraban sus edecanes a través del embudo de la llamada Prensa del Movimiento. Dudo de que, hoy, sea posible, en este país, una auténtica opinión pública emancipada del poder político, que, salvo mínimas excepciones, sigue manifestando sus ideas a través del antiguo conjuro imperialista de la Patria. España -es decir, la Patria- sigue determinando la actual política nacional, que -como es obvio- continúa discurriendo por los mismos cauces imperiales que habían construido los heroicos zapadores del histórico totalitarismo franquista, cuyo esplendor retórico se disfrutó, sin tocarlo, hasta 1945. A partir de ahí, con la derrota del nazifascismo europeo, atenúo un poquito su descarada opresión, pero sus vicios totalitarios los conservó intactos bajo la apariencia de un aperturismo político que, por lo que yo sé, aquella supuesta apertura sólo era una simple rendija abierta a causa del resquebrajamiento de la vieja estructura imperialista del partido único.

Esta es, sin duda, la razón por la cual los españoles no han sido capaces de superar la democracia emocional para, luego, instalarse en una auténtica democracia de opinión. Precisamente, la que -pienso yo- mejor hubiera garantizado la resurrección de la opinión pública española que, no sin graves problemas, había conseguido cimentar la II República, cuyas paredes maestras se quedarían a medio construir para, inmediatamente, derribarlas aquellos que fueron los verdugos del primer intento claro, serio y razonable de construir un país partiendo de una democracia de opiniones libres, que fueran capaces de sustituir las viejas emociones imperialistas y religiosas que, desde la Edad Media, condicionaban el pensamiento español, y que fueron rescatadas por los fascistas españoles de los años treinta del siglo XX, para seguir dándole cuerda a su obsesión patriótica

Hoy, en España, el concepto de democracia se enreda entre las espesas lianas de la tremenda crisis económica global. A pesar de no ser una crisis esencialmente política, sino típicamente económica (capitalista), quienes se aprovechan de su irreversible presencia para sacar tajada en favor de sus intereses políticos -y partidistas- han conseguido que la tutelada opinión pública acepte -sin exigir pruebas ideológicas contundentes- que la crisis en España acabe siendo manipulada hasta acusar al Gobierno socialdemócrata de ser el causante del desastre. No olvidemos que la derecha ultraconservadora española es una empedernida cazadora de cabezas políticas de la izquierda…

Partiendo de unas premisas auténticamente neofascistas, a la opinión pública se le ha convencido de que lo que han reventado, en realidad, las codicias de los grupos financieros no es más que una consecuencia de las libertades formales de la democracia de opinión. Al capital nunca le ha gustado la democracia. Y mucho menos todavía, cuando ésta quiere hacer valer uno de sus principios esenciales: la igualdad de oportunidades. Sobre todo, no le gusta porque con esa igualdad se podría romper el apretado cinturón de pobreza que tanto condiciona la falta de derechos y libertades en los países del Tercer Mundo. Unos países, de los cuales lo único que les interesa a los especuladores del capital es el petróleo, por ejemplo. No el hombre.

Creo que los españoles del siglo XX -aún quedan bastantes- y los del nuevo siglo XXI -cuyo protagonismo está por venir- no han tenido suerte con la democracia. Primero, porque la democracia orgánica era, pura y simplemente, una democracia falseada por el pequeño grupo de privilegiados que la utilizó para encubrir sus arbitrariedades. Segundo, porque, después, han permitido que los mercados financieros impongan sus intereses a la voluntad democrática política. Y, tercero, porque los gobiernos han consentido que los criterios de los gurús de la economía financiera sustituyeran a los principios del bienestar común.

Pero, probablemente, el mayor de los pecados cometidos por los representantes del sistema democrático haya sido el hecho de consentir que la corrupción económica pervirtiera los principios más elementales de la democracia social.

Temo que, mañana, cuando los españoles del futuro enjuicien a los españoles del presente actual, el más grave de los cargos que nos hagan sea el de haber consentido que el capitalismo corrompiera la democracia.

Lorenzo Cordero. Periodista.

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13 noviembre, 2011 a las 7:12 am

Pietro Ingrao, el hombre que quería la luna, desembarca en Internet a los 96 años, de Matteo Puciarelli en SinPermiso (06/11/11)

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Pietro Ingrao, el viejo militante de la izquierda italiana, está en la red. En su página www.pietroingrao.it pueden encontrarse fotos, entrevistas, reflexiones y poesías de un comunista crítico pero nunca arrepentido. Que recuerda el pasado para interpretar el presente (e imaginar otro futuro).

Este verano, a mediados de julio, corrió la voz: “Ingrao está mal”. Y estar mal, cuando se ha nacido en 1915, solo puede querer decir una cosa. Todo es cuestión de horas, de días como máximo. Pero cuando se habla de uno de los hombres del Partido Comunista Italiano (Pci) más queridos y respetados, ex presidente de la Cámara de Diputados y ex líder del ala izquierda del “Partido”, nada puede darse por descontado. Ni en el pasado ni probablemente nunca. Nos lo ha vuelto a recordar un Pietro viejísimo y jovencísimo a la vez, que ahora llega a la red con su www.pietroingrao.it.

El blog se abre con una cita de Brecht: “Llegué a las ciudades en tiempos del desorden, cuando el hambre reinaba. Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía, y me rebelé con ellos”. Y continúa luego Ingrao, dando la bienvenida a los visitantes: “El mundo ha cambiado, pero el tiempo de las revueltas no ha acabado: renace cada día bajo nuevas formas. Decide tú qué rebeldías y qué pasiones de mi tiempo pueden interpelarte, qué conviene dejar de lado y qué llevar contigo al futuro”.

Editada por su hija Chiara, la página de Ingrao recorre su vida. Sobre todo la política. Pero también los afectos. La poesía. El cine, su otra gran pasión. El periodismo, una ocupación vital para quien fue director de L’Unità entre 1947 y 1957. La vida, en lo bueno y en lo malo. Los errores. Como en el 56, cuando se produjo la invasión soviética de Hungría. Aquella noche Ingrao no pudo dormir. Se lo confesó a Togliatti, que le respondió: “yo en cambio he bebido un vaso más de vino”. O como en el 68, cuando tuvo lugar la censura al grupo de Il Manifesto. No se sintió capaz de votar contra la expulsión, incluso él que era un poco el padre putativo del grupo. Otros tiempos. Hoy es difícil saber hasta qué punto la adhesión religiosa a aquel Pci fue menos dañina que la actual carrera desenfrenada por ambiciones personales.

También hay sitio en la página para la nostalgia, evidente y legítima. Pero la lectura del pasado es siempre proyección, un intento de comprender el presente y de imaginar el futuro. De conjugar “la fecundidad de la duda con la coherencia en la lucha”. Esa palabra, “lucha”, es el mantra de Ingrao. No se cansa nunca de repetirla. No encontramos hace unos años en su piso de via Balzani, en Roma, junto a Piazza Bologna. Un apartamento sobrio, ningún palacete. Lleno de libros. En una esquina de la sala podía verse la famosa foto del Che tomada por Alberto Korda. Parecía un pariente más, entre retratos de su mujer, de sus hijos, de sus nietos y bisnietos, de un Ingrao jovencísimo, en sus inicios. Era una entrevista sobre los veinte años del fin del Pci, pero el parecía hablar de las primeras épocas. Añoranzas y desilusiones. “Quería la luna”, diría en su autobiografía. Pero la desilusión con las pasiones (y los valores) de una época despachada sin demasiada reflexión ya podía palparse. Con todo, los problemas siguen ahí. Siguen las desigualdades, el sistema no se sostiene. Y si parece hacerlo, asegura Pietro, es porque “el adversario no deja de lanzar su mensaje, todo el día, a millones de personas, moldeando las mentes, informando los discursos y la voluntad. Adueñándose, en suma, del imaginario”.

En algunos de sus versos, Ingrao parece triste. Como en la poesía “Distancias”: “Y sin embargo estamos lejos, dispersos/ no nos unen/ al actuar/ nuestras enloquecidas carreras/ el susurro del video/ la sed/ de mando/ el desolado deseo/ de estrecharnos en la palabra”. Pero el sentido y el porqué del recuerdo, de la memoria, para los jóvenes, queda reflejado en estas palabras: “De nosotros descendéis/ De lo que fuimos/ La rosa no estaría allí / Si nos borrases, un abismo se abriría”.

De repente resurge, así, la invitación inicial de Ingrao: “Decide tú qué revueltas y qué pasiones de mi tiempo pueden interpelarte, qué conviene dejar de lado y qué llevar contigo al futuro”. Saber que el viejo Pietro sigue aquí y “lucha” junto a nosotros es un hermoso pensamiento.

Matteo Puciarelli es un joven periodista del grupo Espresso. Escribe sobre política en Reppublica.it y acaba de publicar Gli ultimi mohicani. Una storia de democrazia proletaria, Alegre, Roma, 2011.

Traducción parawww.sinpermiso.info: Xavier Layret

Micro Mega, 2 de noviembre de 2011

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12 noviembre, 2011 a las 7:06 am

El Rey suspendió el lunes su viaje a Barcelona tras enterarse del registro al Instituto Noos, de Jesús Cacho en vozpopuli.com

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El rey Juan Carlos suspendió por sorpresa en la mañana del lunes 7 de noviembre un viaje a Barcelona que tenía programado a partir de primera hora de la tarde, después de ser informado esa misma mañana del inminente registro que Anticorrupción estaba a punto de realizar en la sede del Instituto Noos de Iñaki Urdangarin, marido de la infanta Cristina, sita en la calle Balmes de Barcelona. En la ciudad catalana, donde el Rey tenía prevista una agenda de actos muy apretada, la cancelación del viaje causó sorpresa y perplejidad a partes iguales.

Todo estaba preparado en Barcelona para una gran tarde de representación y boato: visita a la 50ª edición del Salón Náutico; inauguración de una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad, y cena privada en el domicilio de un importante personaje de la sociedad catalana. Pero a primera hora de la mañana de ese lunes, en La Zarzuela se recibió una llamada del Ministerio del Interior alertando del inminente registro judicial de la sede del Instituto Noos, creado por el duque de Palma, por parte de una comisión policial encabezada por el fiscal anticorrupción de Baleares, Pedro Horrach, bajo la orden del juez José Castro, instructor del caso Palma Arena.

Tras parlamentar con el Jefe de su Casa, Rafael Spottorno, el propio Rey tomó la decisión de suspender el viaje a la ciudad condal. Para explicar tan drástico cambio de planes se optó por anunciar que el Monarca se había resentido del pie izquierdo, del que fue operado el 4 de septiembre para solucionar una lesión en el tendón de Aquiles. La iniciativa obligo a la Casa Real a anular también la presencia de don Juan Carlos en el acto de inauguración, programado para el mediodía de ese lunes, de la exposición “Tesoros del Hermitage” en el Museo del Prado, acto al que acudió sola la reina Sofía.

La primera cita del Rey en la Ciudad Condal tenía por objeto visitar la quincuagésima edición del Salón Náutico, inaugurado el sábado 5 de noviembre en los pabellones 2 y 3 del recinto de la Fira en Gran Vía y, también, en aguas del Port Vell, bajo el lema común de “50 años en la mar”. Los festejos del cincuentenario del Salón, sin embargo, se van a ver empañados por la adversa situación económica española, a lo que hay que añadir esta frustrada visita real.

En el propio recinto náutico, el Rey iba a ser obsequiado con el primer “Fortuna”, el viejo velero de la clase dragón con el que compitió en los Juegos Olímpicos de Munich’72, ahora completamente restaurado tras un largo periodo de abandono en medio de los contenedores del puerto de Arenys de Mar. La iniciativa de un grupo de empresarios catalanes de recuperarlo y de ofrecérselo con ocasión de la 50 edición del Salón –pasará a formar parte del Museu Olímpic de Montjuïc-, ha permitido devolver el lustre al elegante dragón de madera con el que don Juan Carlos, Félix Gancedo y Gonzalo Fernández de Córdoba, duque de Arión, tomaron parte en las competiciones de vela celebradas en Kiel.

El talón de Aquiles real parecía ir muy bien

A las 7,30 de la tarde del mismo lunes, el Rey tenía previsto inaugurar la exposición “¡Volumen!” en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), situado en el barrio de El Raval, muy cerca del Centro de Cultura Contemporánea. Se trata de una primera exposición en la que se muestran conjuntamente obras de las colecciones de la Fundación “la Caixa” y la Colección MACBA, fruto del acuerdo de colaboración entre las Fundaciones de ambas entidades, que estará abierta entre el 9 de Noviembre de 2011 y el 23 de abril de 2012.

La jornada real en Barcelona se cerraba con una cena en el domicilio de un importante hombre de negocios barcelonés, a la que estaban invitados un muy reducido grupo de ilustres, entre ellos Javier Godó, conde de Godó y el empresario José Cusí, íntimo amigo del Rey y sobre todo armador del “Bribón”, el velero en el que ambos han regateado desde hace 38 años en todas y cada una de las versiones que se han sucedido del barco (hasta 15). Hace escasas semanas, el propio Cusí anunciaba la retirada del velero y de sus notorios regateadores: “la edad no pasa en balde, y que tanto yo como el Rey Don Juan Carlos acumulamos más primaveras de las aconsejables para seguir compitiendo en estos exigentes barcos”.

Un portavoz de la Casa del Rey aseguró el pasado lunes que no se había producido ningún cambio en el estado de salud de don Juan Carlos y que se trataba exclusivamente de favorecer el proceso de recuperación. La operación en el tendón de Aquiles consistió en la “reparación de dicho tendón mediante cirugía abierta de reconstrucción y refuerzo con auto-injerto y plasma rico en factores de crecimiento”. En los últimos días, sin embargo, el Monarca había participado, entre otros actos, en la Cumbre Iberoamericana en Paraguay. La recuperación parecía ir tan bien que en el puente de Todos los Santos disfrutó de unas jornadas de caza en la finca de la Encomienda de Mudela, adscrita al ministerio de Medio Ambiente (Parques Nacionales) y de uso casi exclusivo de la Casa del Rey.

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Introducido por Reggio

11 noviembre, 2011 a las 7:06 am

Archivado en Ética,Política,Valores

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PP y PSOE suspenden en la lucha contra el fraude, de Pablo García en vozpopuli.com

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Por segundo año consecutivo, la tijera ha llegado a las arcas de la Administración: para 2011, España recortará 17.500 millones del PIB. Por eso se buscan otras vías de ingresos: elevar los tipos del IRPF, rescatar el tributo al patrimonio o combatir el fraude. “Por primera vez”, señala Francisco De La Torre, presidente de la asociación de los Inspectores de Hacienda (IHE), “los dos principales partidos hablan de lucha contra el fraude. Y eso siempre es positivo, aunque se produzca en medio de una caída recaudatoria sin precedentes”.

Algunos expertos aprueban el gesto, pero lo ven insuficiente para un país como España, con una tasa de economía sumergida del 24% (solo por debajo de Grecia en la UE). Y otros, ni eso. En las más de 200 páginas del programa electoral del PP, la palabra fraude aparece cuatro veces. “Modernizaremos los procedimientos tributarios (…) concentrando las actuaciones en los grandes focos de fraude fiscal”. Esta es la parte más tersa del manifiesto popular, que no detalla cómo se ejecutarán esas actuaciones.

El PSOE solo gana al PP numéricamente. Hasta 14 veces puede leerse “fraude” en el programa. Lo malo es que ocho veces esa palabra aparece en el epígrafe 3.3 –“Mayor concienciación y compromiso de la sociedad con la lucha contra el fraude fiscal”-, un párrafo que ocupa un tercio de página. Ese apartado precisamente resume una propuesta estrella de los socialistas que el martes Rubalcaba esgrimió en su debate con Rajoy: la Oficina de Lucha Contra el Fraude.

El sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha) reconoce que “todos los partidos coinciden en la necesidad de mejorar la eficacia en la lucha contra la economía sumergida”. Pero eso sí, “el detalle de las propuestas varía en función de cada programa”. Gestha lleva tiempo denunciando la famélica situación de la Agencia Tributaria, donde a cada trabajador le toca el doble de contribuyentes que en las principales economías de la UE (1.680 en España, por menos de 800 en Francia, por ejemplo).

“A priori, nada apunta a que el partido que gane vaya a cambiar demasiado las cosas”, razona Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda de la Universidad del País Vasco. “Durante toda la democracia ha quedado patente la falta de voluntad de los distintos gobiernos para encarar esta lacra. Solo Borrell intentó plantar cara al fraude en su etapa como secretario de Estado de Hacienda, pero fracasó”, recuerda Zubiri.

“Los que mejor describen cómo debería hacerse la guerra al fraude son los minoritarios”, confiesa un técnico. Los grandes partidos, añade, son una incógnita “porque, es verdad, hablan por fin de este problema, pero ninguno explica cómo lo atajarán, sobre todo teniendo en cuenta que los dos asumen recortes en la administración, es decir, en la Agencia Tributaria, es decir, en la lucha contra el fraude”.

Según un informe Funcas y la Universidad Rey Juan Carlos, 30.000 millones de euros se evaden en España cada año por este motivo.

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Introducido por Reggio

9 noviembre, 2011 a las 7:06 am

PSOE: la negación de la realidad como patología política, de María Blanco en vozpopuli.com

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Cuando uno es abstencionista convencido se observan las campañas electorales de los diferentes partidos desde un punto de vista neutral, casi privilegiado: no hay que disculpar errores de los tuyos ni escuecen aciertos de los contrarios, todos forman parte del mismo circo.

Esa es mi situación. Y desde mi atalaya sigue pasmándome la desfachatez del marketing político de los partidos. En esta ocasión, me centraré en el Partido Socialista Obrero Español por la falta de pudor de su campaña.

La primera sorpresa es que Zapatero no existe. No está ni se le espera. Eso se podría comprender por la que está cayendo en Europa, podría pensarse que bastante tiene con el enorme trabajo de sacar a España de esta situación. Pero el caso es que el presidente no está haciendo mucho más que cubrir el expediente, asistir con su eterna e indescriptible sonrisa a unas reuniones y otras y felicitarse cínicamente de que al menos no van a rescatar a España durante su legislatura. Esas declaraciones son para tirarle al pilón.

La segunda sorpresa es que los valedores de la campaña del candidato Rubalcaba son las viejas glorias Felipe González y Alfonso Guerra, que no se caracterizaron por dejar a España en muy buena situación, no consta en su expediente salir ninguna crisis, haber solucionado el tema de la deuda o haber reducido el paro en nuestro país. Más bien al contrario. Se les recuerda por los escándalos, la terrible situación económica que dejaron en herencia, con un porcentaje aún mayor de parados que el actual, por los mensajes demagógicos y por el tirón erótico que Felipe González, el gran encantador de serpientes, desplegó entre la población femenina española. De Guerra también se recuerda a su hermanísimo, las arengas demagógicas apelando al “que vienen los señoritos” y que viajó a Roma con ocasión del nacimiento de su hija Alba utilizando fondos públicos. Pues han vuelto.

Y han vuelto en forma: Felipe de consejero de una gran empresa mexicana, coleguita de Carlos Slim, considerado por la revista Forbes como el hombre más rico del mundo en el 2010 y en el 2011; y Guerra de presidente de dos fundaciones millonarias. Coronados por sus canas y después de tantos años fuera de la vida política vuelven con el mismo talante, los mismos slogans pero mucha más hipocresía. Uno alardeando de que “nosotros los socialistas hemos generalizado la sanidad y la educación públicas en España”. Sólo le faltó afirmar que han inventado la penicilina y la rueda. Ya sé que debe escocer que la seguridad social fuera un invento del franquismo, inspirado por el sistema italiano. Pero todo cuadra si uno se da cuenta de que no solamente hay socialistas en la izquierda y que Franco era un socialista de tomo y lomo. Y Guerra en su línea amenazadora augurando todo tipo de males para el obrero si gana la derechona, pero desde su puesto de presidente de las fundaciones Pablo Iglesias y Sistema. El mitin de Dos Hermanas de este fin de semana parecía una reunión de la promoción de veteranos. Pero eso no es lo más patético. Lo peor es que no hay nadie mejor en el PSOE para respaldar a Rubalcaba. Ese es todo el “capital humano” que tienen.

El tercer pilar de la “performance” electoralista del Partido Socialista es el vídeo del candidato Rubalcaba. Se trata de un anuncio de menos de un minuto en el que el slogan que resume el espíritu de las imágenes es “En momentos difíciles, tranquiliza saber que tenemos en quién confiar”. Es decir, el candidato del partido que ha negado la crisis, que ha mentido de forma flagrante, que no ha tomado las medidas necesarias en el momento adecuado, ni las ha tomado después, nos insta a confiar en él como solución. Como si Rubalcaba no perteneciera al gobierno que solamente despertó cuando, con España al borde del impago, recibió las llamadas de Alemania, Estados Unidos y China, que le forzaron a anunciar medidas drásticas. Eso sí, medidas de las que se arrepintieron un poquito después, se echaron atrás, se contradijeron los unos a los otros, y crearon tal confusión que el mercado de trabajo sigue esclerotizado pero toda Europa cree que está reformándose. Como si no hubiéramos tenido momentos difíciles en los que el partido del candidato Rubalcaba nos ha dejado a los españoles con el culo al aire y se ha cubierto las espaldas electorales pactando con sus “clientes” como sindicatos, grupos de presión, etc., para evitar protestas sociales.

Esta manera de ningunear la realidad montándose su propia película me lleva a plantearme si realmente piensan que somos imbéciles o si padecen una suerte de esquizofrenia política y se creen lo que proclaman.

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Introducido por Reggio

7 noviembre, 2011 a las 7:07 am

Ladrones de futuro, de José Manuel Atencia en El País de Andalucía

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Los ladrones son cada día gente más honrada. El mundo se ha llenado de rateros de guante blanco, trajes diplomáticos y corbatas de seda. Robar se ha convertido en un oficio muy digno y con mucho prestigio social. Se roba desde Wall Street, se hurta desde los consejos de administración de los bancos, se tima desde las compañías de telefonía, se manga desde las instituciones públicas. La de robar es una de las profesiones más antiguas del mundo, por eso tiene tantas especialidades: estafar, timar, quitar, hurtar, afanar, mangar, atracar, sisar, despojar, desvalijar, defraudar, usurpar, malversar, sustraer, expoliar o limpiar.

Cada día, en esta sociedad, se roba de forma más legal. Hay ladrones, que antes de que supiéramos que eran ladrones, eran personas muy admiradas. Un buen estafador puede cambiar la historia del mundo. En el año 2008, Bernard Madoff, fundador de una de las firmas más importantes de Wall Street, fue acusado por el FBI de cometer uno de los fraudes más grandes de la historia. En su trampa cayeron lo mejor de cada casa: inversionistas, bancos, organizaciones humanitarias, la comunidad judía de Estados Unidos y un montón de millonarios. Robó 50.000 millones de dólares, pero hay quién piensa que si en vez de mandarlo a la cárcel se hubiera nacionalizado su chiringuito la crisis económica igual no hubiera existido.

Estafar forma parte de nuestro sistema económico, que basa buena parte de sus ganancias en timar al ciudadano ofreciéndoles duros a seis pesetas. De hecho, las grandes compañías de servicios -telefonía, eléctricas, bancos, etcétera- disfrutan de un negocio que parte de una premisa en su relación con el cliente: que no lea la letra pequeña de sus contratos. Si ustedes se fijan bien, en la letra pequeña de los contratos se incluyen los mecanismos necesarios para conjugar todos los sinónimos del verbo robar.

El problema de los ladrones de ahora es que no llevan antifaz. Y, por tanto, es difícil reconocerlos. Un ladrón se sienta en el consejo de administración de una caja de ahorro y uno no descubre que ha estado desvalijando la entidad hasta que lo despiden y nos enteramos de su indemnización. Si el consejero se hubiera muerto en el despacho, fallece sin que hubiéramos sabido que ese ciudadano era en realidad un mangante ilustre.

El fondo de rescate para la economía europea asciende a un billón de euros. Sin duda, se trata del mayor atraco de guante blanco de la historia de la humanidad, ya que nadie tiene garantía de que solucione el presente, aunque sí la certeza de que nos roban futuro. Mirado con perspectiva, se trata de una estafa para hacer frente a un desvalijo. Nadie sabe si ese dinero será suficiente, o si habrá que aportar todavía más.

El mercado es un trilero que pone su mesa cada mañana con tres tapones y una bolita en el centro del parqué de la bolsa. Luego mueve las fichas muy rápidamente para crear una ilusión. Los Estados acuden cada día a localizar la bolita, pero nunca aciertan. De ahí que las ganancias sean siempre para los que montan el chiringuito.

Los ladrones de ahora van a sus oficinas todos los días. Son gente muy formal que hurtan con todas las de la ley. O con todas las leyes, que es otra forma de decirlo. Si fuera verdad eso de que quién roba a un ladrón tiene cien años de perdón, el problema de la crisis económica se solucionaba en unos minutos. Hay páginas en Internet con los ladrones más famosos del mundo. Una de ellas la encabeza así su autor: “Millones de personas han fantaseado con apropiarse de algo que no les pertenece. Sin embargo, no todos traspasan la barrera entre la fantasía y la ejecución del delito, y sólo unos cuantos logran hacerlo de forma memorable: estos últimos son idealizados por sus contemporáneos y las generaciones siguientes”. Los ladrones de hoy, serán los ladrones que recordaremos en el futuro.

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Introducido por Reggio

1 noviembre, 2011 a las 7:17 am