Caffè Reggio

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Le Canard, de David Trueba en El País

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Hace unos meses, cuando la estrella del rock francesa Johnny Halliday sufrió una grave enfermedad, me maravilló comprobar la buena salud del salvaje humor del semanario francés Le Canard Enchainé. A cuenta de su inexpresividad gestual, el titular decía: Johnny Halliday en coma: ¿cuál es la diferencia? Cuando el humor ha sido secuestrado de sus formatos y publicaciones para amparar sencillamente la mentira o la manipulación, es un rastro de felicidad ver sobrevivir a publicaciones de línea tan contundente y terapéutica.

Le Canard Enchainé ha sido el medio francés que mejor ha digerido el sarkozismo con su política de varietés y discurso a capricho. Un semanario de ocho páginas que roza ventas de 600.000 ejemplares. Muy rentable pese a no incluir ni fotografías ni anuncios. En la era de los vaivenes de la prensa, apostó por el contenido, la sátira y la información trabajada en viñetas y breves. Su último éxito fue evidenciar lo absurdo de que una ministra francesa se pasara las vacaciones en Túnez con todo pagado por Ben Alí y luego querer ser los campeones del apoyo a las revueltas en Oriente Próximo. De ese hilo salió un tufo que terminó en dimisiones. Demostración de que su humor no se limita a hacer chistes sobre Paquirrín, sino que utiliza los recursos de una posición estética para practicar puro periodismo.

En un elogioso reportaje que el Irish Times dedicó a Le Canard, se recogían las palabras de uno de sus responsables: “Cuando veo las prisas de otros medios por vencer su crisis volcándose en Internet los miro con cierta pena; con esa estrategia no consiguen más que perder dos veces”. De furiosa ideología republicana de izquierda, cumplirá 100 años en 2015. Renuncia a tratar asuntos de la vida privada y a que sus informaciones sean supervisadas por un abogado antes de publicarse. Tal es la confianza en el rigor de sus 40 periodistas que no firman las piezas y que algunos aún entregan escritas a mano. Ese pato encadenado del nombre juega con que en argot canard era el periódico y si algunos creen que su éxito delata sencillamente que Francia es diferente, bendita esa diferencia.

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29 abril, 2011 a las 7:19 am

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'Draco erectus', de Rafael Martínez Simancas en El Mundo

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EL RUEDO IBÉRICO

Dragó es un sinvergüenza. Lo ha sentenciado la Hermandad de Señoras de Derechas que toman el té en Embassy. La Hermandad se ha reunido en sesión extraordinaria, aún siendo agosto. Pinita del Boef hizo las veces de secretaria, y se admitieron votos emitidos por iPhone desde el yate. La Hermandad no ha pegado ojo desde que vio a Fernando Sánchez Dragó en pelota tatuada en EL MUNDO. No entiende cómo teniendo la edad de sus maridos puede permitirse un torso desnudo sin ser el apolíneo Jose Mari (Aznar). Una de las integrantes de la Hermandad propuso comprar todos los ejemplares de los quioscos, igual que hacían sus padres en época de Franco, para retirar la foto y que sus nietas no se vieran afectadas. Sólo imaginar que una de ellas pudiera enamorarse del escritor le quitó las ganas de hacerse otro lifting.

Dragó ha puesto su cuerpo a disposición del Periodismo -es menos peligroso meter la chorra en la boca de un tigre hambriento- y ha catado un fármaco que retarda el ya está sexual. Gracias a Priligy, los señores de la edad de Fernando pueden estar en la cama lo que dura una prórroga hasta llegar al gol de oro. La pastilla retrasa la eyaculación precoz, que es una manera de quedar mal como otra cualquiera. Dragó es un valiente. Teniendo en cuenta su demostrada hombría, podía haber caído en un priapismo caligráfico, pero tranquilos: está bien. Me ha respondido a un correo y su letra no es mayúscula.

La Hermandad no sabe si teme a Dragó o lo desea. Lo tendrán que consultar con su confesor… o hacer una llamada cambiando la voz a Radio María. Que se ande con ojo Fernando, porque se va a condenar en el infierno. Puesto que no sigue los mandamientos de la Iglesia (todas sus conjunciones son copulativas al máximo), no tiene en cuenta los límites de la edad, asusta a su cardiólogo y atasca el cuerpo con pildoritas. Y eso que la Hermandad no sabe que Dragó puede eyacular hacia adentro, con el peligro de atragantarse con su propio esperma.

Y, además, contraviene las recomendaciones de la Ministra de Sanidad. Trinidad Jiménez está por el no beses, no des la mano, di hola, y en cambio Dragó está en la cosa sexual que necesita de contagio y ñaca-ñaca. Al infierno de cabeza que irá con esos tatuajes de Keith Richards, (a fin de cuentas hizo la mili con Mick Jagger). Allí se encontrará con Pinita y sus amigas, que se condenaron por haber deseado que Dragó les diera un punto y seguido. Pero él estaba por sus nietas. Dragó es la única persona a la que no le importaría admitir que estaba desnudo en casa de Berlusconi (en calidad de gallo-veleta).

© Mundinteractivos, S.A.

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Introducido por Reggio

16 agosto, 2009 a las 11:10 am

Vamos a contar mentiras, de Ramón Reboiras en El País de Galicia

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Los caminos del Señor son insondables. Mientras en las fiestas de Ordes más de 10.000 horteras, dicho sea con un punto de envidia, comprobaban la autenticidad de Boney M. y seguían preguntándose 30 años más tarde lo de qué será lo que tiene el negro, no lejos de los ríos de Babilonia, en el Concello de Vimianzo, el Colegio Oficial de Médicos deducía que el doctor Xoan Ramón Fernández Garrido tenía que pasar por la facultad para acabar sus estudios de Medicina. Tiempo tuvo el colegio coruñés, digo yo, para llegar a semejante conclusión y si ha tardado 22 años en verificar la autenticidad del facultativo, puede que haya por ahí muchos más casos, que yo recuerde a botepronto un prestigioso (porque esta gente “que se hace pasar por” lo suele hacer bastante mejor que “si fuera tal”) ginecólogo en Donostia. Los vecinos de Vimianzo han respondido con manifestaciones de apoyo a Fernández, que ha dejado muy buenas prácticas y recuerdos entre el vecindario y que suponemos que tendrá que acabar las asignaturas pendientes a la sombra, si el juez de Corcubión así lo prescribe. En cualquier caso, este afamado doctor ibuprofeno lejos de sembrar la alarma entre los clientes ha conseguido una merecida fama, simpatía sin límites y pronto suponemos volverá a las andadas con la anatomía aprobada.

Cuando yo era estudiante en la Facultad de Periodismo de la Complutense de Madrid, estaba de moda un polémica sobre el acceso a esta profesión de muchos arribistas sin escrúpulos. Incluso hoy algunos colegas mantienen que para escribir en los papeles hay que tener estudios en la materia, pero la verdad que he visto con el paso de los años es que una gran mayoría que se dedica a esto han estudiado arquitectura, medicina, derecho o cualquier disciplina humanística caída en desuso o simplemente no han estudiado, lo que no les niega un talento indudable. Es más, en España se ha cumplido a la perfección una profecía del editor francés Gallimard: “Si quieres ser escritor famoso hazte primero presentador de televisión”. Las ventajas de presentar el fútbol y tener unos bonitos ojos verdes o presentar el telediario y enamorar a todo un Príncipe saltan a la vista. Aunque en este terreno de la prensa la gente suele ser muy tolerante, tanto que a veces no se distingue al columnista del frutero o del predicador, no lo es con el dentista, el abogado, el arquitecto, o por supuesto el médico de cabecera. Si tiene cuatro títulos mejor que uno. Lo que nos lleva a otra triste conclusión: somos una profesión, los periodistas, que se dedica, en parte, a contar mentiras.

El arte de contar mentiras goza de gran popularidad en el reino a tenor de la última hoguera estival lanzada desde Marbella, capital de muchas mentiras y clínicas de adelgazamiento, por Dolores de Cospedal, una señora que se me hizo muy respetable hasta la fecha pero que dijo algo así como que estábamos en un Estado policial dónde se perseguía con saña a la gente de su partido, lo que nuestro paisano Mariano ha dado en llamar “Inquisición del siglo XXI”. La última vez que oímos hablar de un Estado policial todavía Franco pescaba salmones en el Ulla, por lo que la acusación parece muy fuerte, aunque estamos seguros que, a la vuelta del curso parlamentario, se habrá olvidado como tantas otras cosas que se dicen y que se las lleva el viento.

Total que nos estamos acostumbrado a sembrar dudas sobre las apariencias de una forma desaforada y el lanzamiento de globos sonda entre los políticos es más habitual que entre los meteorólogos. Pese a todo a nadie suele importarle en demasía que los suyos mientan y, es más,los Berlusconi de la vida gozan de una salud de hierro en estos tiempos en los que el Vaticano se molesta en responder a Almodóvar, pero se calla ante la inmoralidad de sus propios vecinos de República.

Nos metemos como ven en un pantano moral en el que chapotean a gusto cocodrilos de renovada dentadura. Estos grandes saurios suelen camuflarse bien entre el lodo y casi nadie sabe cuándo darán un buen bocado. De Bernard Madoff nadie sospechó hasta que su delirante pirámide financiera le cayó encima. Qué decir de nuestros impagables Marios Condes que vuelven a los programas del corazón. No puedo ser más que un menonita retrógrado en este campo. Aunque así las cosas casi me da pena que el doctor Vimianzo tenga un castigo por usurpador mientras todos los demás campan por sus fueros a gustito dentro de sus trajes cortados a la medida.

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14 agosto, 2009 a las 8:12 am

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Gran Berrinche vs. gran Despedidor, de Eduardo Mendicutti en El Mundo

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LA SUSI REPORTERA

Uno de mis confidentes del séquito de mi ZP me mandó un sms: «Gran Combate en La Mareta. Gran Berrinche contra Gran Despedidor. Vente».

Llegué muerta, porque Lanzarote cae lejísimos -prefiero Doñana y Sanlúcar-, pero en seguida me percaté de que en La Mareta había drama. La arena de toda la isla tenía un color rarísimo. Mi confidente me mandó otro sms: «No es arena, burra, es lava. Vete al gimnasio». No me costó nada encontrarlo, dado mi sensacional olfato periodístico. Además había una señal con una flecha que ponía: «Gimnasio».

Entré con decisión. Habían montado un cuadrilátero para el ejercicio del pressing catch. En una esquina del cuadrilatero, mi ZP con taparrabos rosa en homenaje a su proverbial feminismo. Detrás de él, mi Sonsoles con montones de collares étnicos perpetrados por mi Felipe González y con un botellín de agua del grifo.

En la esquina contraria, mi Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE, con un taparrabos rojo en homenaje a su proverbial marxismo-leninismo y una cinta que le sujetaba la calva y en la que se podía leer: «Despido libre». Detrás de él, mi Mariano Rajoy en chándal de color azul cielo, en homenaje a su proverbial pachorra, y mi Esperanza Aguirre embutida en la zamarra que se había quitado mi Díaz Ferrán y con una botella de Moët Chandon.

Espe, hija -le dijo mi Mariano-, hay que ver la afición que te ha entrado a ponerte las zamarras y las camisetas de nuestros grandes deportistas. Te he visto con la de Nadal, con la de Gasol, con la de Contador, y ahora con la de éste. Si sigues así, vas a terminar como Nuria Bermúdez.

Tuvieron que interrumpir la conversación porque sonó un ¡gong! y empezó el combate. Fue brutal. Mi ZP se lanzó en plancha contra mi Díaz Ferrán. Mi Díaz Ferrán lo esquivó y mi ZP se reventó todo el talante contra la lona. Pero se recuperó. Le largó un puntapié en todo el despido libre a mi Díaz Ferrán. Mi Díaz Ferrán, tambaleándose, consiguió agarrar por el berrinche a mi ZP y le hizo una llave dolorosísima. Mi ZP aguantó. De pronto, cogió a mi Díaz Ferrán por la indefensión jurídica de los trabajadores y se la clavó en la boca del estómago. Mi Díaz Ferrán, asfixiándose, pataleó. Pero hizo una fullería de las suyas y le metió a mi ZP el codo hasta el índice del paro. Ahí se agarraron el uno al otro, mucho rato, hasta desplomarse juntos, y se acabó el combate.

A mí me salió del alma: ¡Tongo! ¡Tongo! ¡Tongo! -grité-. Y me fui, pues eso: decepcionada.

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4 agosto, 2009 a las 9:07 am

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Zapatero invita a un sueño, de Eduardo Mendicutti en Uve de El Mundo

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LA SUSI REPORTERA

Primer Consejo de Ministros, tras el merecido descanso estival. El más moreno de todos, ZP. Mi don Miguel Sebastián bajó el aire acondicionado sin contemplaciones, y mi Bibiana Aído repartió abanicos, todos iguales. El presidente fue derecho al grano.

-La lucha contra la crisis es prioridad absoluta en la rentrée -dijo-. Tendremos que adoptar iniciativas imaginativas, como les ha dicho Fernández de la Vega, de mi parte, a los Subsecretarios. Como veis, yo he empezado dando ejemplo. ¿A que estoy tan moreno que parezco Obama? No es sólo el color de moda, es también el color de la ilusión.

Ministros y ministras aplaudieron como delegados demócratas en la Convención de Denver. A mi Rubalcaba se le escapó una lágrima.

Por cierto, presidente -dijo mi Fernández de la Vega-, muy lindo lo de Sonsoles. Va por ahí, teñida de azabache como Patricia Conde, con una pancarta que pone: Yo soy su roca.

-La verdad, presidente, Sonsoles se ha quedado corta -intervino mi Cristina Garmendia, monísima y super ideal-. El modelito de Elena Benarroch que se ha puesto es una pocholada, pero como lleva además esos collares de piedras del campo, obra artesanal de Felipe González, que la Benarroch le endilga en cuanto puede, con tanto pedrusco encima no es tu roca, es tu acantilado.

-Qué generosa eres, Garmendia, pareces Hillary Clinton -le agradeció ZP, tras permitir que otra salva de aplausos rindiera a su señora el homenaje que se merece-. Pero vayamos a lo ilusionante. Aprendamos de Obama. Fijaos en este titular: «Obama invita a su país a un sueño».

-Eso, eso, vamos a echarnos una siestecita -dijo mi Corbacho, ministro de Trabajo, e ipso facto se puso a dar cabezadas.

-¡Corbacho, ponte firme! -ordenó, enérgica, mi Carme Chacón- ¡Da cuatro vueltas a la mesa del Consejo, a paso ligero, hombre!

-Es que me aburro -dijo Corbacho, mientras daba las vueltas-. Como el paro está como está, me estoy quedando sin trabajo.

-Pues eso a mí me quita el sueño, Corbacho -dijo mi Elena Espinosa, modosita y ojerosa. Y se le escapó otra lágrima.

-Tenemos que invitar a los españoles a un sueño -machacó ZP-. A ver, que estáis amuermados, ¿quién tiene una fórmula valiente e imaginativa?

-Yo -dijo Corbacho-. Que Cultura regale a cada español el último libro de nuestro César Antonio Molina. A mí me lo regaló él personalmente para las vacaciones, y es infalible: lees un párrafo, y te quedas frito.

A Cultura se le escapó la tercera lágrima del Consejo, y ZP urgió a Solbes para que se manifestase.

-Yo creo que lo mejor es diluir un dulce somnífero en el agua potable, y así conseguimos que los españoles, dormiditos, no se enteren de lo que les viene encima -dijo Solbes. Y yo pensé que todos los ministros y ministras se echarían a llorar, pero no: aplaudieron.

© Mundinteractivos, S.A.

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Introducido por Reggio

30 agosto, 2008 a las 5:44 am

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