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El duque de Aquitania, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Antes de que la crónica veloz -hoy todo es crónica deportiva- se olvide de los aburridos trenes de mercancías, tres nombres para el cuadro de honor.

Si hay que repartir medallas por la interesante noticia del corredor mediterráneo, ahí van tres artífices: Joan Amorós, Josep Vicent Boira y Eliseu Climent.

El señor Amorós representa la secular tenacidad del especialista.En una sociedad en la que no abundan los altos funcionarios del Estado, el especialista entregado a su causa es una figura de singular relieve en el diorama catalán. Moviéndose con habilidad en Bruselas, el ingeniero industrial Joan Amorós, ex directivo de Nissan Motor Ibérica, ha logrado poner en marcha un verdadero lobby de escala europea en favor del corredor ferroviario del Mediterráneo. Desde el 2004, fecha de su fundación, la asociación Ferrmed ha sido el topo que no ha dejado de trabajar ni un solo día para conseguir una rectificación de las prioridades que la Comisión Europea fijó en el 2003, marginando -a instancias del gobierno de José María Aznar- la conexión de los puertos mediterráneos.

Josep Vicent Boira es profesor de Geografía en la Universitat de València. Lleva mucho tiempo estudiando el fenómeno de los corredores urbanos. Ha publicado un montón de libros y suele escaparse a Estados Unidos para ver cómo evoluciona el concepto región en el país más dinámico del mundo. Boira es el teórico de una relación de nuevo tipo entre Valencia y Catalunya. Ni PaïsosCatalans -concepto irredentista que pone de los nervios a más del 90% de los valencianos-, ni región europea con capital en Barcelona, ni anticatalanismo primario e improductivo: trato de igual a igual, cooperación económica y paulatina pacificación de las relaciones culturales para preservar el tronco común. Boira habla de la Commonwealth valenciano-catalana y su idea tiene cada vez más adeptos. En el 2003 se indignó al conocer el designio de Bruselas y desde entonces no ha dejado de escribir en favor de la rectificación. Hay que ir a la hemeroteca para acabar de ver lo que significa el nuevo mapa ferroviario europeo. Si tienen tiempo -nada, cinco minutos- lean en la web de La Vanguardia la crónica que publicó Salvador Enguix el 3 de julio del 2003 (sección Vivir) y verán como estaban las cosas hace ocho años. Corresponsal en Valencia, Enguix nunca ha perdido el hilo de la jugada.

Eliseu Climent ha sido el gran resistente al estrangulamiento. Barroco, infatigable, mitad judío, mitad napolitano, ha organizado toda suerte de iniciativas para mantener viva la comunicación entre Catalunya y Valencia. No hace falta estar siempre de acuerdo con él para reconocer su mérito. Hace ya años intuyó -correctamente- que la economía podía ser la solución y promovió el Institut Ignasi Villalonga con el silente apoyo de algunas personas próximas al Partido Popular, personas allegadas a la figura de Villalonga, financiero y político de la derecha regional valenciana en tiempos de la República y empresario de empuje durante el franquismo. La versatilidad del catalanista Climent es verdaderamente italiana: don Ignasi Villalonga fue gobernador general de Catalunya en 1935 tras la suspensión de la Generalitat por los acontecimientos del Sis d´Octubre. Bajo el estandarte de la Derecha Regional Valenciana ha anidado el corredor mediterráneo.

Y aún cabe citar un cuarto nombre. Un hombre que no suele hablar de trenes. Juan Roig, propietario de Mercadona y uno de los empresarios que con mayor prontitud captaron la dimensión la crisis. En la Moncloa no le hicieron caso y lo tacharon de pesimista. Roig es la figura en la sombra que ha estimulado la dinamización de las asociaciones empresariales valencianas, claves en la reivindicación del corredor.

Reconocidos los méritos, hay que volver a los mapas. La partida se va a jugar a partir de ahora en Francia y en los laberintos de la fase más crítica de la Unión Europea. Los intereses regionales franceses no tienen tanto burbujeo como en España -país de juntas y teatrales agravios-, pero son muy fuertes. En Francia no hay barones autonómicos; hay señores de la política que se perpetúan en las alcaldías y en los consejos. Una aristocracia republicana que suele compaginar el dominio local con el puesto en París. Este es el caso del duque de Aquitania,Alain Juppé, alcalde de Burdeos y actual ministro de Defensa y Asuntos Exteriores. Juppé es el hombre fuerte ARCHIVO de la región de Francia más interesada en la pacificación de Euskadi y enel tren de mercancías por Irun-Hendaya. El corredor atlántico. La conexión con el puerto de Bilbao, con Madrid y, a ser posible, con Portugal, país cada vez más alejado de su antiguo protector británico. Como bien saben en el Ministerio de Fomento, el poderoso duque de Aquitania -título oficioso que en su día perteneció al legendario Jacques Chaban-Delmas- ha seguido muy de cerca las deliberaciones sobre los corredores ferroviarios.

Se inicia, en todos los sentidos, una nueva etapa. En el País Vasco, por supuesto, y también en la España mediterránea. Y en la Francia del sur. Hay que volver a estudiar los mapas del poder regional francés y enviar embajadas. A Montpellier, Nimes y Lyon.

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23 octubre, 2011 a las 7:14 am

¡Un horizonte!, de Antoni Puigverd en La Vanguardia

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En estos tiempos tan duros, el valor  de una conquista debe medirse por la corriente positiva que desarrolla. Catalunya en particular y el litoral mediterráneo en general, acaban de obtener un triunfo: el eje ferroviario ya está dibujado en el mapa. Una vez realizado, formaremos parte de la Gran Vía ferroviaria de Europa. ¡Un triunfo en época de vacas flacas! Conviene no relativizar la conquista. En el 2003, el mapa era absolutamente distinto, infinitamente peor para los intereses económicos catalanes. Y a pesar de ello, los optimistas desesperados del país (es decir: los irredentos, los que solo aceptan soluciones perfectas, totales o mágicas, que, por cierto, nunca llegan), ya están aguando la conquista: que si España en el fondo ha colado el café ferroviario para todos; que si el Estado nos la va a dar con queso cuando el mapa adopte forma de presupuesto… Por supuesto: nada está completamente ganado. Hoy en día, nada está seguro. ¡Ni un solo empresario, autónomo o trabajador tiene asegurado el futuro! ¿Por qué iba a estar más claro el futuro del corredor mediterráneo? Es casi mejor que no esté asegurado, porque la incertidumbre nos mantendrá en tensión vigilante.

El corredor tiene muchas virtudes económicas que en estas páginas han glosado, amén del colega Enric Juliana, los sabios profesores Josep Vicent Boira y Germà Bel. Si me lo permiten, quisiera yo esbozar sus posibilidades políticas, que también las tiene. Defender las posibilidades económicas de la fachada euromediterránea permite a los catalanes pelear por un objetivo que no nos divide ideológicamente. Independentistas y españolistas, federalistas, soberanistas o indiferentes estamos objetivamente interesados en el horizonte de una economía competitiva y exportadora que permita a la sociedad catalana mantener y modernizar el desarrollo iniciado en el siglo XVIII. El horizonte económico, del que este eje es una infraestructura esencial, puede ser útil para unir a los que ahora se dividen políticamente. Por esta sola razón, la conquista del corredor ya me parece importante.

Pero es que además posibilita otras dos operaciones. Primera. Permite replantear las relaciones catalanovalencianas, superando viejos desencuentros. Y por una vía inédita: los intereses de bolsillo que compartimos. Segunda. El eje euromediterráneo permite tejer alianzas con comunidades españolas hasta ahora muy distantes emocionalmente de Catalunya. Los mapas han hablado, ahora tiene que hablar la política. La de verdad. No la bochornosa (es decir, la que pretende aprovecharse electoralmente de un dibujo en el mapa).

Una última virtud del eje mediterráneo es que permite imaginar una salida del túnel de la crisis: una salida verosímil. No podemos hablar siempre de desgracias, no podemos regodearnos siempre en el fracaso. Necesitamos horizontes pragmáticos y unitarios para avanzar en el depresivo escenario de la crisis. No dejemos que (mientras anuncian soluciones milagrosas que nunca llegan) los optimistas desesperados nos agüen el vino del plausible y posible horizonte euromediterráneo.

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21 octubre, 2011 a las 7:15 am

Radical revolcón al mapamundi, de Xavier Vidal-Folch en El País

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Con la aprobación del corredor ferroviario mediterráneo (el último tramo del trayecto Algeciras/Estocolmo), España y Europa se apuntan finalmente al nuevo mapamundi de los flujos comerciales.

¿Nuevo mapamundi? Nuevo de nueva planta, porque supone un radical revolcón al establecido desde 1492 con el descubrimiento de América. Vamos por partes.

Contra lo que muchos aún piensan, la decisión no versaba sobre el ferrocarril más que como consecuencia. Derivaba sobre todo de las rutas de transporte marítimo: las del Pacífico y el Mediterráneo han desbancado a las del Atlántico. Las del Pacífico alcanzaron en 2008, entre ida y vuelta, 20 millones de TEU (contenedores de 20 pies, la unidad de medida en ese negocio), por 18,4 millones las del Mediterráneo y 6,2 las del Atlántico (cifras de Drewry Shipping Consultants/Port de Barcelona).

Eso se debe a la emergencia del sudeste asiático y a la conversión de China en la fábrica del mundo, reivindicando un papel como el que tuvo antes del siglo XVI, cuando ayudó a prender el Renacimiento europeo (véase el texto medio histórico, medio de aventuras, de Gavin Menzies 1434: the year a magnificent fleet sailed to Italy, HarperCollins, 2008). El comercio marítimo supone un 90% del comercio internacional de mercancías (del cual, un 75% se realiza mediante contenedores, artilugios inventados en 1956), con un movimiento en 2008 de 500 millones de unidades, el doble que en 2000. Pues bien, China es ya la primera potencia. Representó en 2010 el 50,1% del total. De los nueve primeros puertos comerciales, seis son chinos y el resto, el coreano Busan, Singapur y Los Ángeles. Y el tráfico de los ocho sudasiáticos creció a un ritmo frenético, el 16,7% anual (datos de Alphaliner).

El grueso de ese tráfico desestiba en los puertos noreuropeos, Amberes, Hamburgo, y sobre todo Rotterdam, que es el líder local porque por él pasa un tercio de los fletes marítimos procedentes y con destino a la UE, a través de las barcazas del Mosa y el Rin y… de los ferrocarriles. Cuando la España oriental disponga de ellos -el famoso corredor mediterráneo-, los envíos sudasiáticos se ahorrarán respecto a Rotterdam entre tres y cuatro días. Y hasta un 47% del tiempo de cruzar el Pacífico y el Atlántico por Panamá, según el experto Santiago García-Milà.

1492 derrumbó el mundo mediterráneo (las repúblicas italianas, la confederación catalano-aragonesa) como centro gravitacional del comercio mundial. Lo hizo en favor del Atlántico (la España occidental, Portugal, la costa de Flandes), luego reafirmado por las revoluciones mercantil/industriales anglosajonas (Londres, los puertos hanseáticos). Ahora se operará un reequilibrio. Sin drama, porque entonces no solo hubo una radical desviación de comercio de materias primas y manufacturas, sino la aún más decisiva aparición del oro y la plata que encarnaron la primera globalización financiera, lo que densificó el cambio. No es hoy el caso.

La tendencia del reequilibrio será desde el Atlántico al Mediterráneo y desde el Norte hacia el Sur de Europa. Claro que el mercado doméstico español y la salida de sus productos al exterior son objetivos esenciales. Como lo será también la canalización del futuro comercio con el Magreb.

Pero en términos de geoestrategia económica no ocupan el primer pedestal en este asunto, sino el comercio mundial, donde ahora España se reabrirá una oportunidad de oro. Gracias a la intermodalidad barco-tren: porque se trataba de eso, y no de simples tendidos de vías férreas. El tramo interior (Algeciras-Madrid) del nuevo corredor litoral será de empaque relativo, porque el puerto andaluz es, al 99%, un puerto de transbordo (de parking, para entendernos) y carece de conectividad (hacia el hinterland).

La decisión propuesta por España y adoptada por Bruselas conlleva otras lecturas: es la primera apuesta de transporte no radial; es la ocasión para que el ferrocarril español de mercancías aumente desde su raquítico 4% sobre todos los medios de transporte, hacia el 18%-20% de la media europea; es la última barrena a la barrera de los Pirineos.

Y es, además, por fin, una decisión basada en la racionalidad económica, buscando la eficiencia. Porque concuerda con el nuevo mapa del comercio mundial; porque engarza el 55% de la producción industrial española con el 66% del PIB europeo; porque ya existe en parte, y en 2012 estarán tendidos 610 de sus 1.838 kilómetros, e invertidos 10.000 de los 51.300 millones previstos. Aplicando criterios de no-mercado, la era Aznar rechazó en 2003 los corredores a Europa a través de Cataluña y del País Vasco, comunidades, ay, sospechosas. Ahora, pasillos evidentes.

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20 octubre, 2011 a las 7:19 am

La hora del Mediterráneo, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

Un liberal estonio nacido en 1948 en la ciudad de Tallin ha corregido la geografía política de España. Estonia, para que el lector se sitúe, es el país báltico del piso de arriba. En el entresuelo vive Letonia, y en los bajos, Lituania. Hace mucho frío en invierno, son amigos de los finlandeses y se ponen muy serios cuando les hablan de Rusia. (Hay motivo). Hace menos de un año que llevan el euro en el bolsillo (¡glups!) y saben lo que es pasarlo mal. Siim Kallas, primer ministro estonio a principios de siglo y actual comisario europeo de Transportes, dijo ayer lo siguiente en Bruselas: “Nuestras propuestas reflejan claramente que en España no todo tiene que pasar por el centro”.

Bajo este punto de vista, el corredor ferroviario del Mediterráneo ha sido incluido en la lista de prioridades de la Red Básica Intraueropea de Transportes, catálogo de infraestructuras que, de llevarse a cabo, hará de Europa un continente más competitivo en un mundo que ya no gira a su alrededor. Puertos, enlaces y corredores. Trenes de mercancías arriba y abajo, para llegar antes, ahorrar petróleo y contaminar menos. Musculatura logística ante las nuevas potencias industriales del planeta. Ese es el plan.

Y en el plan no estaban los 15 puertos de la fachada mediterránea española y su aledaño atlántico (Barcelona, Tarragona, Castellón, Sagunt, Valencia, Alicante, Cartagena, Carboneras, Almería, Motril, Málaga, Algeciras, Sevilla, Cádiz y Huelva). Por el Mediterráneo y por las puertas de Gibraltar transita uno de los flujos comerciales más intensos del globo. Barcos y más barcos que atraviesan el canal de Suez con las manufacturas de Oriente. La República Popular China está ubicando una serie de bases navales en el Índico para proteger ese tráfico hasta las puertas de Suez. Lo llaman el collar de perlas. La actual misión de la OTAN en aguas de Somalia tiene un segundo objetivo, además de mantener a raya a los piratas: evitar que la Armada china sea la única fuerza en ese corredor naval. El mundo ya no es el que era. En plena bancarrota griega, China se ha hecho con el control logístico del puerto de El Pireo. Y en Barcelona, la empresa china Hutchinson está construyendo una gran terminal de contenedores en 132 hectáreas ganadas por el fatigoso desvío del río Llobregat (tardó años en hacerse). Barcos y más barcos van pasando y la mayoría de ellos dirige su carga al sistema portuario Rotterdam-Rin, centro vital de la Europa carolingia y núcleo logístico del Directorio.

Los barcos van pasando y los puertos españoles siguen sin estar unidos por una línea de tren de ancho europeo, porque España es así de torera. Ancho de seis pies castellanos y las patillas de Curro Jiménez. Ancho de 1.668 milímetros porque en 1844 el ingeniero José Subercase y Calixto de Santa Cruz llegaron a la conclusión de que la escarpada orografía peninsular exigía unas vías de probada amplitud y resistencia. (Lo del ancho ibérico como medida de prevención militar dicen que es leyenda). El ingeniero Subercase creyó que los demás países seguirían el ejemplo. Y España se quedó sola con su férreo orgullo. Y ahí sigue, mientras pasan y pasan los barcos.

En el 2003, en plena vorágine inmobiliaria, con un crecimiento anual del PIB por encima del 3%, el gobierno de José María Aznar siguió creyendo que no tenía sentido la red logística del Mediterráneo. Eran tiempos de mucha obra pública y alguien imaginó un gran túnel en los Pirineos centrales. Una tercera puerta entre España y Francia que redujese el valor estratégico de los pasos de Irun-Hendaya y Portbou. En un horizonte de treinta años, España debía dejar de depender de Catalunya y el País Vasco. Al cabo de un tiempo, estalló la burbuja y pasó lo que pasó.

España entera bajó -a trompicones- de la luna inmobiliaria y empezó a reflexionar seriamente sobre su futuro. “¡Hemos de reinventarnos!”. Muy preocupados -y endeudados-, catalanes, baleares valencianos y murcianos comenzaron a hablar entre ellos del corredor mediterráneo, una idea que diez años atrás sólo defendían algunos ingenieros de Barcelona con ojo clínico y geógrafos valencianos con mucha imaginación. Los empresarios empezaron a movilizarse. El ministro de Fomento, José Blanco, captó la jugada -al ver que el PP levantino viraba y podía aislar de nuevo a los socialistas- y se fue a ver a Siim Kallas, el comisario que llegó del frío.

Y así se redibujó el atlas en Bruselas. Desaparece el túnel en los Pirineos -malestar en Aragón, donde el PSOE se juega dos o tres diputados- y se da prioridad al corredor mediterráneo en competencia -o complementariedad- con la conexión atlántica. Hendaya y Portbou, las dos puertas de siempre. El mapa es algo enrevesado, pero presten atención a dos líneas: la roja (corredor mediterráneo) y la verde (corredor central con salida por Irun, sin túnel pirenaico y con posible conexión mediterránea). Esas son las importantes. Lo demás es café para todos. Blanco no quiere acabar de hundir a su partido y deja un artefacto peligroso a su sucesor. Corredores para todos en un mapa difícil de gestionar. Son trazados interesantes en una España sin fuelle para ponerse a construir cinco corredores ferroviarios a la vez. Tres posibles vías de conexión para Portugal. José Manuel Durão Barroso ha hecho bien su trabajo. Enmienda importante a la radialidad española, sin que Madrid deje de ser la rótula central. El gobierno entrante -desde Madrid- deberá afinar prioridades y buscar recursos. Francia y Alemania, potencias del ferrocarril europeo, tendrán bastante que decir al respecto. Bofetadas ayer para salir en la foto. Faltan treinta días para las elecciones.

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20 octubre, 2011 a las 7:16 am

Corredor para todos, de Germà Bel en La Vanguardia

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EL ESPECTADOR

Por fin cambios en el mapa de la red básica transeuropea de transporte de mercancías, por lo que corresponde a la Península. El corredor mediterráneo (CM) ha quedado incorporado como una de las prioridades adoptadas por la Unión Europea, en su trazado desde la frontera con Francia hasta Almería, y desde ahí, vía Andalucía interior, hacia Algeciras. Esta decisión corrige el olvido en que quedó el CM en la propuesta presentada en el 2003 por el gobierno popular, henchida de nacionalismo español, y mantenida en los años posteriores. En junio del 2010, después de que hubiese alcanzado tono y volumen la demanda de amplios sectores sociales y económicos de las regiones mediterráneas, y de los pronunciamientos claros del ministro de Transporte francés y del comisario europeo del ramo sobre la inviabilidad de la travesía pirenaica central, la política española viró el rumbo y comenzó a solicitar -también- la prioridad para el CM. Las crisis económicas obligan a mirar de cara a la realidad. Las cartas quedaron echadas, y sólo faltaba conocer hasta dónde llegaría el CM hacia el sur. El trazado final es correcto, no tiene sentido económico seguir el litoral entre Almería y Algeciras: demasiado coste para muy escasa demanda de uso.

Que se hayan producido cambios en el mapa no quiere decir que haya cambiado el mapa. Además de introducir la nueva prioridad del CM, se ha mantenido la del corredor central entre Algeciras y Zaragoza (dejando diplomáticamente para un futuro el estudio de la travesía central de los Pirineos). Y también se ha dado prioridad al denominado corredor atlántico, que conectará Portugal, vía Madrid y Valladolid, con el País Vasco. Está claro que el mapa no ha cambiado de esencia, a pesar de los cambios notados, pues Madrid -pese a ser totalmente irrelevante en el tráfico de mercancías con Europa- (recuerden, se está definiendo la red básica transeuropea) se convierte en la rótula de la mayor parte de las prioridades que ha aceptado la Comisión entre las cinco propuestas por el Gobierno de España. Demasiado coste para tan escasa demanda. Por cierto; lástima que -puestos a dar café para todos- no se haya dado prioridad al trazado de Zaragoza al País Vasco, para completar el valle del Ebro.

Ha habido cambios conceptuales, y los puertos (en el Mediterráneo y en el Atlántico) se han situado en el mapa. Es bueno (y lógico). Pero la explosión de prioridades en la Península no se acompaña de un aumento de las asignaciones de la UE a cada país. Por tanto, el café para todos se hará con el mismo café. Y esto siempre acaba igual: café en algunos lados y achicoria en otro. Esta discusión, la práctica, ya es la agenda para los próximos años.

Germà Bel i Queralt, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, profesor invitado de la Barcelona Graduate School of Economics y ex profesor en la Cornell University y Harvard University.  Ex diputado socialista. Actualmente es consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y de la United States Agency for International Development (USAID).

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20 octubre, 2011 a las 7:15 am

Europa acepta el eje mediterráneo y enmienda la España radial, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

La Comisión Europea anunciará hoy con toda la probabilidad la inclusión del corredor ferroviario del Mediterráneo en la Red Básica Transeuropea de Transportes, mapa decisivo para el futuro económico de Europa, en el que seguirá figurando el denominado eje 16 o corredor central (Algeciras-Madrid-Zaragoza-Pirineos-Francia), con su variante atlántica (Madrid-Zaragoza-Irun-Francia), únicas prioridades españolas en el 2003, año en el que Bruselas acordó la primera versión del citado mapa de infraestructuras. La decisión, cuyos detalles se conocerán hoy, supone una sustantiva enmienda a la España radial. Será la segunda vez en cincuenta años que se introducirá una corrección estratégica en el esquema radial de inspiración francesa, introducido en España por el rey Felipe V de Borbón con la promulgación en 1720 del mapa de caminos de postas. La primera enmienda también vino del exterior. En 1962, el Banco Mundial obligó al régimen del general Francisco Franco a construir la autopista del Mediterráneo para cimentar y dinamizar la industria turística. Cincuenta años después de aquella admonición -en el marco de un amplio estudio sobre las posibilidades de futuro de la maltrecha economía española-, un tramo de la vía férrea entre Castellón y Tarragona sigue siendo de vía única, como en el siglo XIX. Este mapa escandaloso, fruto de una concepción atávica y febrilmente centralista de las comunicaciones peninsulares, será corregido hoy por la Comisión Europea.

La más que probable inclusión del corredor mediterráneo en la Red Básica Transeuropea de Transportes es fruto de una propuesta formal del Gobierno español, sometido desde hace dos años a una fuerte presión política y social que ha sido capitaneada por las principales organizaciones empresariales de Catalunya, Valencia y Murcia. También aquí se puede hablar de una primera vez. Por primera vez desde los albores de la industrialización, la España del este ha identificado un objetivo común y lo ha sabido defender por encima de sus disparidades políticas y sus intereses locales diferenciados. La crisis económica ha sido decisiva al respecto. En el 2003, en pleno apogeo de la España inmobiliaria, apenas hubo debate público cuando Bruselas dibujó el primer mapa. El gobierno de José María Aznar marginó el corredor mediterráneo y apenas encontró oposición. El PSOE no parecía estar entonces muy interesado en el asunto y la política catalana estaba jugando una enrevesada partida de ajedrez alrededor de la sucesión de Jordi Pujol.

Hace ocho años era muy aburrido hablar en España de trenes de mercancías. Valencia y Murcia estaban enfebrecidas por el negocio inmobiliario y polarizadas por el Plan Hidrológico Nacional. En el 2003 eran pocos los activistas en favor del corredor mediterráneo y estaban muy localizados en la Universitat de València (facultad de Geografía) y en el asociacionismo cívico de vocación valencianista, disconformes con el estrangulamiento del nexo entre Valencia y Barcelona. En el 2004 se constituyó el lobby europeo Ferrmed, encabezado por el ingeniero barcelonés Joan Amorós, y comenzó, de manera paulatina, la movilización empresarial y política. La primera ministra de Fomento del Gobierno Zapatero, Magdalena Álvarez, ignoró el proyecto en la legislatura 2004-08. El nuevo ministro José Blanco lo asumió al comprobar que el Partido Popular valenciano viraba y hacía suya la bandera del corredor mediterráneo, sin duda preocupado por los negros nubarrones de la crisis.

A un mes vista de las elecciones generales, el Gobierno español se prepara para lanzar hoy un mensaje ya clásico: corredores para todos. En el relato gubernamental, todos habrán ganado y nadie habrá perdido. El Mediterráneo pasa a ser prioritario junto con las apuestas del 2003. El Ejecutivo completará el paquete con la promesa de otros dos ramales: Atlántico-Mediterráneo (Sines-Madrid-Valencia) y Cantábrico (Bilbao-Zaragoza-Valencia). El ministro Blanco iniciará hoy un maratón para capitalizar la decisión europea. En menos de 48 horas hablará en Madrid, Zaragoza, Barcelona y Sevilla.

Patata caliente para el próximo gobierno, que deberá afinar las prioridades y buscar recursos en la iniciativa privada.

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19 octubre, 2011 a las 7:15 am

El by-pass de Don Quijote, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

Es posible conciliar los intereses atlánticos y mediterráneos para hacer realidad una de las -¿escasas?- oportunidades de la península Ibérica en el nuevo desorden mundial. Es factible aunar los intereses de Portugal y España para transformar el inmejorable capital geográfico de la Península en la segunda plataforma logística de Europa. La síntesis es posible y la conocen los mejores especialistas en el sistema ferroviario español: el puerto portugués de Sines podría conectar con Europa a través del corredor mediterráneo.

Un mapa, un lápiz y un poco de sentido común. El camino de en medio ya existe y discurre por Extremadura y La Mancha. La metáfora es verdaderamente interesante: la tierra de Don Quijote, nexo entre el Atlántico y el Mediterráneo sin necesidad de pasar -¡por una vez y sin que sirva de precedente!- por la sobrecargada área metropolitana de Madrid, centro omnímodo de la España radial.

El by-pass Don Quijote. Anterior a los ardores jacobinos y quizá influido por el toque erasmista de Cervantes, el ingenioso hidalgo Don Alonso Quijano nunca buscó aventura y favores en la corte. Fue un perfecto periférico. Recorrió La Mancha, pasó por Aragón y conoció en Barcelona una portentosa cabeza parlante, la moderna imprenta y la triste derrota a manos del Caballero de la Blanca Luna. Aunque quijotesca, la solución al falso dilema Portugal-Mediterráneo es cuerda. Es sensata. La traza ferroviaria ya existe y podría ser habilitada para el ancho europeo mediante el sistema de tres vías. Sines-Badajoz-Puertollano-Ciudad Real-Alcázar de San Juan-La Roda-Albacete-Almansa y posible conexión con el corredor mediterráneo en el enclave conocido como El Mojón entre las provincias de Albacete, Valencia y Alicante. El camino de hierro más fácil entre el Atlántico y el Mediterráneo beneficiaría logísticamente a dos de las regiones españolas más castigadas por la crisis y, a criterio de los expertos que han estudiado el trazado, ofrecería la posibilidad de ubicar un importante nodo logístico en la confluencia de las tres provincias citadas.

El único inconveniente de este trazado alternativo al denominado Eje 16 o corredor central (conexión de Sines con Algeciras-Ciudad Real-Madrid-Zaragoza-Pirineos) es que se aproxima a Madrid y en un momento dado -en el nudo de Alcázar de San Juan- se aleja de la capital de España para enlazar a través de Albacete con la España levantina y mercantil; con la ruta predilecta de los romanos: Columnas de Hércules (Cádiz y Algeciras)-Málaga-Almería-Cartagena-Valencia-Tarragona-Barcelona-Francia.

Estaríamos ante una desviación poco frecuente en la geografía política española y quizá ello explica que las autoridades de Extremadura y Castilla-La Mancha, regiones gobernadas durante casi treinta años por el Partido Socialista, no se hayan propuesto nunca como vía de paso entre el Atlántico y el Mediterráneo. A José Bono y a Juan Carlos Rodríguez Ibarra siempre les apasionó mucho el AVE y pocas veces se les vio batallar por los trenes de mercancías. (El primero consiguió conectar las cinco capitales castellano-manchegas con la alta velocidad y el segundo logró que los mapas del Madrid-Lisboa, ahora aparcados, incluyesen Mérida, Cáceres y Badajoz). Hablar de trenes de mercancías en España durante la fiebre inmobiliaria era tremendamente aburrido. No daba votos. Sin embargo, en la doliente España de los próximos años se hablará mucho del olvidado tren de mercancías, que hoy sólo acarrea el 4% del tráfico mercantil de la península. Habrá importantes batallas políticas por la definición de los trazados. Ya han comenzado.

Gracias a Don Quijote no hay antagonismo entre los intereses portuarios de Portugal y de la España del Este. Las mercancías provenientes de Estados Unidos, Brasil y el África atlántica (Sines) podrían confluir con los flujos comerciales del canal de Suez y del norte de África (puertos del corredor mediterráneo) sin menoscabo para unos y otros.

El puerto comercial de Sines, al sur de Lisboa, es en estos momentos la gran apuesta estratégica de Portugal, país inmerso en una dramática situación económica. El AVE Lisboa-Madrid ha sido orillado y la prioridad es el aburrido ferrocarril de mercancías. Objetivo lusitano: conseguir que Sines capte una parte del tráfico marítimo del Atlántico -sobre todo de Estados Unidos- que hoy se dirige directamente al poderoso polo mercantil carolingio, el sistema portuario Rotterdam-Rin. Esa es la prioridad y así lo han hecho saber el presidente Aníbal Cavaco Silva y el primer ministro Pedro Passos Coelho a las autoridades españolas y comunitarias. Si la Unión Europea quiere ayudar a Portugal, debe prestar atención a Sines. (A su vez, los portugueses también han tenido sus más y sus menos con la geografía política: la apuesta por el binomio Lisboa-Sines deja en segundo plano el puerto de Oporto, cuya conexión con Europa debería hacerse por Irun-Hendaya, vía Valladolid, también sin necesidad de pasar por Madrid).

Madrid, tercer ferropuerto del mundo después de Tokio y París, es el kilómetro cero de la alta velocidad -la gran apuesta española en infraestructuras durante los últimos quince años, junto con la proliferación de aeropuertos provinciales- y el punto de destino de hasta seis líneas nacionales de ancho ibérico (véase el mapa), más una densa y eficiente red de cercanías. No tiene sentido que este enjambre ferroviario también sea el principal nódulo organizador del tráfico de mercancías del Atlántico y del Mediterráneo, sostienen discretamente expertos que trabajan de la Administración central del Estado (discretamente porque estamos entrando en tiempos de cambio político).

Técnicamente no es la mejor opción.

La apuesta política por Madrid se definió en el 2003, durante el alto aznarato, siendo comisaria de Transportes y vicepresidenta de la Comisión Europea, la fallecida Loyola de Palacio, una mujer tenaz y con ideas claras. Se apostó por el Eje 16 o corredor central por, al menos, tres razones. La primera produce un cierto escalofrío, pero es rigurosamente cierta:

España debía aspirar a una conexión ferroviaria potente con Europa que no pasase por el País Vasco y Catalunya, territorios que un día podrían declararse independientes. Tal como suena. Año 2003, meses antes del ascenso de la coalición tripartita en Catalunya. Segundo motivo, derivado del anterior: marginar la conexión Valencia-Barcelona. Sin AVE y sin corredor de mercancías, primando la comunicación de ambas ciudades con Madrid. Hay un testigo de cargo que aún hoy nos lo recuerda: la vía única entre Castellón y Tarragona. Mientras despegaba la globalización económica, siglo XIX en el frente mediterráneo. Tercer motivo: el legítimo deseo de Zaragoza de convertirse en un gran centro logístico. Y aún podríamos añadir una cuarta razón: la perforación de los Pirineos en el macizo del Vignemale era -y sigue siendo- un objetivo realmente goloso para las grandes empresas de obra pública.

No hubo entonces gran debate político porque hablar de trenes de mercancías era aburrido y España entera disfrutaba de las mieles inmobiliarias. Ocho años después todo ha cambiado. El próximo miércoles, día 19, la Comisión Europea debe redefinir las prioridades. Veremos.

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16 octubre, 2011 a las 7:11 am

A contracorriente, de Germà Bel en La Vanguardia

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La muerte de Steve Jobs, inspirador  de Apple, fue uno de los acontecimientos más relevantes de la pasada semana. No voy a dedicar esta columna a glosar su figura, pues ha sido ya hecho con abundancia. No me resisto, sin embargo, a transcribir una de las más relevantes consideraciones que hizo en su discurso en la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford en el 2005: “No os dejéis atrapar por dogmas, porque implica vivir según los resultados del pensamiento de otros; no dejéis que la voz de las opiniones de otros ahogue vuestra propia voz interior; y, lo más importante, tened el coraje de seguir vuestro corazón y vuestra intuición”. Es difícil resumir de forma más precisa y sencilla la actitud del innovador, de quien no se subyuga a los consensos existentes cuando su propia reflexión y análisis le inducen a buscar otro camino diferente del que lleva la corriente.

Me vino esto a la cabeza el pasado viernes, durante una conferencia en Zamora convocada con el título “AVE, ¿necesidad o despilfarro?”, a la que fui amablemente invitado. La conferencia reunió a un centenar de personas, cifra sin duda relevante para una ciudad de 66.000 habitantes. Los organizadores, miembros de la Asociación Ferroviaria Zamorana, llevan años cuestionando la bondad de los futuros efectos del AVE sobre su ciudad y su provincia, y demandando que se preste más atención a sus servicios ferroviarios regionales y para mercancías. Durante años han sido considerados marginales en una ciudad que espera la llegada del AVE en un futuro próximo. Pero sus opiniones y posiciones están encontrando cada vez más eco en una sociedad que -obligada por la crisis a mirar de cara a la realidad- se muestra ahora más escéptica con respecto a todas las pretendidas bondades de una modernización que ha defraudado las expectativas creadas en tantas ciudades a las que ya ha llegado.

Tiene mérito lo de los amigos de Zamora. Porque ir a contracorriente no es nada fácil en España. Esta es una de las consecuencias del fracaso de la Ilustración. Por supuesto, cuestionar los consensos existentes no implica necesariamente tener una posición más acertada. Pero seguir el propio análisis y reflexión, seguir la propia intuición, obliga a discutir las verdades asentadas por quienes las sostienen. Obliga a razonar mejor lo que ha devenido pensamiento establecido,y esto facilita mejorarlo o -eventualmente- reemplazarlo.

Es una importante contribución social, donde se halla el germen de la innovación y el progreso. Es una de las más importantes características de las sociedades abiertas, que reconocen el derecho al error y al fracaso, ingrediente necesario para fomentar el emprendimiento. De ahí que sean mucho más habituales en esas sociedades las conductas propensas a la toma de iniciativas, la asunción de riesgos, la experimentación y la reforma. Tenemos mucho que mejorar en este aspecto. Aunque abandonar el refugio de la masa produzca inseguridad.

Germà Bel. Catedrático de Política Económica de la Universitat de Barcelona (UB).

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Introducido por Reggio

11 octubre, 2011 a las 7:15 am

Trenes de mercancías para todos, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

La crónica deportiva lo devora todo. Apenas queda margen  para la vieja crónica política, sin marcador, sin resultado claro y con un mañana ya veremos en el último párrafo. La nueva fecha palpitante es la del 19 de octubre, día en que la Comisión Europea debería decidir cuáles son los corredores ferroviarios de mercancías definitivamente incluidos en la Red Básica Transeuropea de Transportes. La España de regadío frente a la España de secano. La España mediterránea que redescubre sus intereses comunes ante la España central, que siempre ha tenido muy claros los suyos.

El 19 de octubre debería saberse cómo queda la lista de prioridades ferroviarias en una Europa en la que ya no queda dinero para subvencionarlo todo. Faltará un mes para unas elecciones generales españolas en las que se da por hecho el cambio de mayoría. Empujada por la crisis económica, la tortilla puede girar esta vez con mayor ímpetu que en marzo del 2004. Siendo esta la cruda realidad no es de extrañar que el Gobierno saliente efectúe discretas gestiones ante la Comisión Europea para retrasar una decisión que está adquiriendo tonos de áspera competición entre el Mediterráneo y la Meseta, con graves riesgos electorales para el Partido Socialista.

Voces de Bruselas apuntan que ese retraso podría producirse -la decisión se tenía que haber tomado en junio y ya fue objeto de un primer aplazamiento- por la coyuntura electoral española y por otros motivos. En la comisión de Transportes que preside el liberal estonio Siim Kallas comienza a abrirse paso una nueva filosofía sobre los corredores ferroviarios Se está abriendo paso el Directorio Europeo. Altos funcionarios de la CE, entre ellos, el director general de Movilidad y Transportes, el francés Jean-Éric Paquet -responsable directo de la definición de la red transeuropea de transportes- defienden en estos momentos una política más imperativa. La zona euro está en la UVI y hay que apretar el acelerador. Menos corredores prioritarios (de los 30 actuales se podría pasar a 10), con una mayor subvención comunitaria (del 10% al 30% del coste de la obra ) y de ejecución obligatoria en un plazo determinado de tiempo. Obligatoriedad y disciplina para ganar capacidad de competición en un momento verdaderamente aciago para la economía europea. Por ahí podrían ir los tiros. Un primer paso para la intervención de las políticas nacionales de infraestructuras. Más selección, más financiación, más obligación y más rapidez en la ejecución. Todo lo contrario del asombroso tren de mercancías para todos que el ministro José Blanco se ha sacado esta semana de la manga para salir del paso y evitar daños mayores después de haber dicho a todo el mundo que lo suyo es prioritario. Con una crisis de caballo a cuestas, en España aún no se ha dado por cancelada o postergada ninguna línea de alta velocidad. Curioso país.

Cánovas y Sagasta. La irrupción del corredor mediterráneo en un mapa de prioridades que parecía cerrado en el 2003 por el Partido Popular, está complicando la vida al PSOE, que lo ha querido abrir, por la presión de los catalanes, es cierto, pero, sobre todo, por la repentina apuesta de valencianos y murcianos. Ayer algo desganados en materia ferroviaria, hoy profundamente motivados.

Mapas, mapas, mapas. La marginación del corredor mediterráneo supondría un soberano bofetón a la España del Este, en la que el Partido Socialista se halla en franco retroceso. El PSOE difícilmente puede empeorar sus resultados en Murcia y la Comunidad Valenciana, pero en Catalunya podría suponer la puntilla que le falta al PSC. Sería un nuevo fracaso del sentido común (¿por qué hemos esperado tanto tiempo a imaginar el sistema portuario entre Algeciras y Barcelona como un gran distribuidor del flujo de mercancías que llega a Europa a través del canal de Suez?). Una mala noticia, en la medida que el corredor ha devenido una gran idea, pese a la proximidad de Barcelona a la frontera francesa y la conexión, aún precaria, del puerto barcelonés con el ancho de vía europeo. La única conexión en tren de un puerto peninsular y Carolingia… ¡en el 2010 y cogida con alfileres! Pese a esa ventaja geográfica, el corredor mediterráneo pone de acuerdo a todos en Catalunya: a españolistas, a catalanistas clásicos y a los jóvenes soberanistas. Muestra un sugerente camino de suavización de las relaciones con Valencia y simboliza una tardía pero reconfortante victoria de la mentalidad mercantil sobre la economía especulativa.

El no a la España mediterránea sería un golpe muy fuerte a un mes de las elecciones generales. Blanco y Rubalcaba tienen buenas razones conseguir un comunicado salomónico de Bruselas, o un aplazamiento de la decisión. La crónica deportiva tiene esa servitud. Llega un día en que todo se resume en un titular, aunque el asunto de los corredores ferroviarios sea tremendamente complejo. El Estado español no tiene hoy dinero para impulsar dos corredores a la vez, ni para repartir prioridades como si fuesen caramelos de menta. Todo dependerá de la maduración del espacio ferroviario europeo, en el que los viejos monopolios estatales se resisten a perder posición. En este campo, Alemania también es la potencia principal. La Deutsche Bahn (la Renfe alemana) y la Société Nationale des Chemins de Fer Français (SNCF) puede que tengan la última palabra en el competido solar español. Preste atención el lector al tercer mapa que ilustra estas páginas. Una mera hipótesis. Una hipótesis negativa para el corredor mediterráneo, de la que podría comenzar a hablarse después de las elecciones generales. Una hipótesis grata a Madrid.

Por el momento, el debate bascula entre el corredor del Este y el corredor central, también conocido como Eje 16. Un trazado que tiene su lógica. Hay que admitirlo si queremos emanciparnos de la crónica deportiva. La fuerza estratégica del corredor central proviene de Portugal, ese país que los españoles menosprecian tan a menudo. Sin los intereses de Portugal, el Eje 16 sería de un rotundo descaro madrileño. País intervenido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, Portugal ha decidido aparcar el AVE Lisboa-Madrid, para concentrar esfuerzos en la conexión del puerto comercial de Sines, en el Alentejo, con la red ferroviaria europea. Portugal quiere que Sines sea una gran puerta de entrada a Europa del tráfico comercial de la América y del África atlántica. De Brasil y Angola, las dos antiguas colonias con las que sueña a diario como tabla de salvación.

Y para llegar a Europa los trenes que salgan de Sines han de atravesar Castilla. Esa es hoy la prioridad número uno del país al que pertenece José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea. La prioridad número uno. El primer ministro Pedro Passos Coelho así lo comunicó en su reciente visita al palacio de la Moncloa. Y otro tanto debió de hacer el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, al recibir a Mariano Rajoy en Lisboa hace unas semanas.

Ante Bruselas, el punto fuerte del corredor central son las necesidades estratégicas de Portugal. El punto débil, la pretensión de perforar el Pirineo para conectar Zaragoza con la red ferroviaria francesa con un túnel de baja cota de más de 40 kilómetros de longitud. Es caro y los franceses no quieren. Y Francia -resulta obvio decirlo en la actual fase del Directorio Europeo-también en este asunto tiene a España cogida por el mango. En el Pirineo se abrirán las puertas que París quiera. Descartar hoy la perforación del Pirineo aragonés sería un trago amargo para el PSOE en una región que aún no ha perdido del todo. La crónica deportiva sería implacable en una Zaragoza que habita en el interior de un recelo constante de Barcelona. Una supuesta victoria de los intereses catalanes sobre los aragoneses podría hundir definitivamente a los socialistas, toda vez que el PP acaba de cerrar un acuerdo electoral con el pequeño Partido Aragonés, depositario de un anticatalanismo insomne.

A fecha de hoy, el PSOE de Rubalcaba y Blanco tiene más a perder en Aragón que en Valencia y Murcia, mientras que el PP puede contradecirse tranquilamente. El choque de intereses territoriales -que existe y aflorará cada vez más en el interior del centroderecha- no le perjudicará el 20-N. Ese es un dato para el futuro que viene después de las elecciones. En la medida que gobierna la mayoría de autonomías y municipios, las tensiones territoriales tendrán a partir de mañana un especial reflejo en el interior del PP. En Valencia y Murcia comienza a haber inquietud por el papel de ordeno y mando que está adoptando la recién elegida presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal, claramente orientada a eclipsar a Esperanza Aguirre como reina de las dos Castillas. El reciente viaje del presidente de la Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, y del presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel, a Barcelona para defender el corredor mediterráneo junto con el presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, es muy elocuente.

Ese viaje era inimaginable hace dos años. Como era inimaginable la confluencia de todas las cámaras de comercio del litoral mediterráneo -desde Málaga a Girona- en el acto reivindicativo que tuvo lugar, también esta semana, en Valencia. Algo se está moviendo en España a mayor velocidad que sus lentos y escasos trenes de mercancías.

¿Qué está pasando? En el 2003, la inclusión del corredor central en las prioridades de la UE y la consiguiente marginación del corredor mediterráneo, pasaron prácticamente desapercibidos, siendo Loyola de Palacio, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Transportes. Aznar mandaba y ordenaba. El plan centralista fue ejecutado sin debate público. Xavier Trias, entonces portavoz de CiU en el Congreso, reclamó prioridades mediterráneas y en la Moncloa le dijeron que otra vez será hermano y que Valencia ha de ser el puerto de Madrid.

¿Qué ha pasado para que ocho años después estemos hablando de los trenes de mercancías como si de ello dependiese el futuro del país? ¿Qué ha pasado para que la crónica deportiva haya dado ese inesperado vuelco? Ha estallado la burbuja inmobiliaria como consecuencia de una brutal crisis financiera mundial y España ha descubierto su realidad más profunda. Los españoles han salido del sueño de Don Quijote y Don Juan Tenorio dándose de bruces con su mermada capacidad de competición sin el auxilio de los ladrillos. España debe reinventarse. Los corredores ferroviarios cobran de pronto actualidad como la más potente metáfora de esa reinvención. Y vuelve el miedo al desenganche de Europa. Sin leer a Richard Florida y a otros eminentes geógrafos del poscapitalismo, aquí y allá se comienza a intuir que dentro de poco Europa tendrá forma de archipiélago: islas de prosperidad económica rodeadas por vastas zonas deprimidas. La conexión con la isla central del continente (Carolingia más el sur de Inglaterra y el norte de Italia) y la capacidad de agregación de inteligencia y creatividad serán claves en los próximos años. Mientras aún discutimos de naciones como si estuviésemos en el siglo XIX, llega el tiempo de los corredores ferroviarios y de los corredores urbanos. Mapas, mapas, mapas.

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Introducido por Reggio

18 septiembre, 2011 a las 7:11 am

¿Corredor ‘Madriterráneo’?, de Germà Bel en La Vanguardia

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El 18 de diciembre de 2010, se inauguraba la línea de AVE Madrid-Valencia. Con este motivo, un conocido medio escrito de la capital de España titulaba en portada: “Madriterráneo ya está en marcha”. Me viene esto a la memoria a medida que se acerca la (nueva) fecha en que se ha de conocer el mapa definitivo de las prioridades de la red transeuropea de ferrocarril de mercancías. Como es sabido, el único corredor oficialmente prioritario hasta ahora es el corredor central, Algeciras-Madrid-Zaragoza-Canfranc, decidido por el gobierno del PP en 2003. Respecto a esto, es pertinente una precisión para evitar confusiones: el corredor central es tal porque pasa por el centro de la Península y tiene su punto central en Madrid. Yno por ir por Canfranc, pues esto último era la Travesía central del Pirineo.Pues bien, esta travesía fue siempre algo muy improbable, por falta de voluntad francesa, hasta que se convirtió en imposible en la cumbre de ministros de transportes de la UE en junio de 2010, cuando tanto el comisario europeo del ramo como el ministro francés dijeron pública y explícitamente que la entrada desde Francia tenía que ser por el Mediterráneo. Esta es la historia, aunque muchos aragoneses van a creer siempre que fueron las presiones catalanas las que dañaron la travesía central.

La pregunta abierta a partir de ese momento era por dónde iba a salir el corredor central a Francia, y parece que la respuesta va a ser desde Zaragoza por Tarragona-Barcelona-Frontera (y quizás también otro ramal desde Zaragoza al País Vasco). En el caso del Mediterráneo, es oportuno observar que la línea de ancho internacional Barcelona-Frontera está ya casi acabada como mixta pasajeros-mercancías. De ser así, tendremos un combinado mixto central entre Algeciras-Madrid-Zaragoza-Tarragona (casi 1.200 km), y Mediterráneo entre Tarragona y la frontera (250 km). ¡Todo un Madriterráneo!¿Habrá más declaración de prioridad en el Mediterráneo al sur de Tarragona? Interesante incógnita. ¿Cuál sería la posición del Gobierno de Catalunya si no fuese así? Interesante también, visto el gran tráfico interindustrial entre las regiones mediterráneas. Y las relaciones de amistad con los vecinos de nuestro sur.

La perspectiva del corredor Madriterráneo permite entender mejor la frase de la página 191 del estudio sobre el corredor que presentó en marzo en Barcelona el ministro de Fomento, indicando que se habían invertido ya 8.400 millones hasta 2010 “debido al notable avance de las inversiones en las líneas de alta velocidad en ejecución en el corredor Mediterráneo, correspondientes a la línea de Barcelona a la frontera francesa y a la línea de Madrid a la Comunidad Valenciana y Murcia”. Quedaba claro que la incorporación de Madrid al corredor mediterráneo aumenta las posibilidades de que éste sea prioritario. Y quien no se conforma es porque no quiere.

Germà Bel. Catedrático de Política Económica de la Universitat de Barcelona (UB).

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Introducido por Reggio

13 septiembre, 2011 a las 8:15 am

Una historia interminable, de Joan B. Casas en La Vanguardia

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TRIBUNA

El profesor Boira nos recordaba en un artículo reciente que el Tribunal de Cuentas Europeo había denunciado que la selección de los proyectos prioritarios en materia ferroviaria realizada el 2004 se hizo sin considerar los flujos de tráfico existentes ni los previstos, es decir, con absoluta marginación de los datos reales y de todo aquello que en economía podría definirse como una aplicación racional y eficiente de los recursos. Una de las consecuencias de esta falta de rigor fue la exclusión del corredor mediterráneo como infraestructura prioritaria, ya que la propuesta del Estado español insistía en su concepción radial y, por lo tanto, efectuar la conexión con Europa a través del corredor central (Andalucía-Madrid-Zaragoza-Pirineos).

En el transcurso de los últimos años, diversas instituciones políticas y de la sociedad civil (Ferrmed, Instituto Ignasi Villalonga, cámaras de comercio…), algunas de las empresas multinacionales más importantes (Nissan, Ford, Volkswagen) y últimamente también los alcaldes reunidos recientemente en Castellón han trabajado para evitar lo que, sin duda, representaría un error estratégico que condicionaría definitivamente las potencialidades de una de las zonas más dinámicas del Estado: la marginación del corredor mediterráneo y el hecho de optar por hacer la conexión con Europa por el corredor central. Estamos hablando de no dotar de una infraestructura básica a una zona que representa el 40% de la población y del producto interior bruto español; también el 55% de la producción industrial, el 60% de las exportaciones, el 60% del tráfico terrestre de mercancías, el 65% del tráfico marítimo y el 70% del turismo.

A estos datos contundentes, habría que añadir otros también claramente determinantes como son el coste de la inversión, la tasas de retorno de una y otra opción y el coste de oportunidad en relación en el comercio con el norte de África y de Asia, claramente favorables al corredor mediterráneo.

La fuerza incontestable de los datos y la exigencia por parte de la UE de que los proyectos disfruten de racionalidad económica y financiera, junto con la presión ejercida por instituciones sociales y políticas, están en el origen de una aparente rectificación del Gobierno central. “La apuesta del Gobierno de España por el corredor mediterráneo es estratégica. Una apuesta que simboliza la transición de la España radial a la España en red” (según firmó el ministro José Blanco en enero de este mismo año). A pesar de las inconcreciones del proyecto, estas declaraciones daban a entender que en la próxima selección de proyectos prioritarios europeos de transporte de mercancías, la inclusión del corredor en su formulación íntegra estaba asegurada.

Con toda seguridad, esta convicción era prematura y reflejaba un desconocimiento de la fuerza que en la cultura política y social del Estado español tiene la creencia de que su vertebración política sólo se puede conseguir a partir de la concentración de poder en su capital, atenuando de esta manera toda alternativa que pueda derivarse de la consolidación de un planteamiento en red de la actividad económica. Por esta razón, a medida que se acerca la hora de formular la propuesta a la Unión Europea, el corredor mediterráneo se diluye y toma fuerza la opción de cortarlo, (es decir, no incluyendo en su trazado desde Murcia hasta Algeciras) y, una vez más, incluir el corredor central con sus ramificaciones en dirección al País Vasco y Zaragoza. Medio siglo después de la irrupción de las autopistas que significaron un empuje definitivo al desarrollo económico del área mediterránea, el reto continúa vivo, ahora en forma de una infraestructura propia del siglo XXI. Del éxito del corredor mediterráneo dependerá a medio plazo estar en la periferia o en el centro económico de Europa.

Joan B. Casas. Decano del Col·legi d´Economistes de Catalunya.

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9 septiembre, 2011 a las 7:15 am

Último tren a Katanga, de Joan Garí en Público

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Dice este periódico que los del PP andan últimamente peleados entre sí a propósito de los trenes. Lo que pasa es que hace unas semanas cuatro poderosos barones del PP (Aguirre, Cospedal, Monago y Rudi), fueron al estanco a comprar sellos muy gordos y enviaron una carta a diversas instancias españolas y europeas para reclamar que el llamado Corredor ferroviario Central (que conecta Algeciras con la frontera francesa a través de Madrid) no sea postergado por el Corredor Mediterráneo, que recorre todo el este peninsular y conecta los puertos de Valencia y Barcelona con su mercado natural. Luego los cuatro amigos y dirigentes populares se hicieron una foto con la susodicha carta en la mano y lo celebraron con un bocata de calamares.

Todo esto no tendría nada de particular si no fuera por un pequeño detalle. Se da la circunstancia de que el Corredor Central está inventariado como “eje prioritario” por la Comisión Europea desde el año 2003, con el consiguiente beneficio presupuestario. Ese año, con Aznar de presidente y siendo Loyola de Palacio comisaria de Transportes y Energía de la Comisión Europea, se podría haber consignado también el carácter prioritario del Corredor Mediterráneo, pero no se hizo. Y ello a pesar de que las comunidades incluidas en este último eje concentraban y concentran el 40% de la población española, el 70% del turismo, el 60% de las exportaciones, el 55% de la producción industrial, el 50% de la producción agrícola y el 40% del PIB.

Qué apabullantes tenían que ser las cifras para que hasta Francisco Gürtel Camps se pusiera las pilas en defensa del ferrocarril costero. El testigo lo ha recogido Alberto Fabra, pero lo que quizá no esperaba éste (ni su homólogo murciano, Valcárcel), acabado de aterrizar en el cargo, es que los cuatro alegres muchachos centrales y centrípetos le obligaran a desayunarse con la ya famosa foto.

Un gran dilema para Rajoy: ¿a quién apoyar? ¿Quién tiene razón, los cuatro mediocampistas (Aguirre, Cospedal, Monago y Rudi) que ya tienen el dinero para su tren o los dos periféricos (Fabra, Valcárcel) que, con las cifras en la mano y los empresarios subiéndose por las paredes, reclaman una visión racional y no jacobina del estado? Pues que se lo haga mirar, no sea cosa que, al final, el único transporte viable sea –como en una parábola africana- el último tren a Katanga.

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2011 a las 7:13 am