Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo del autor ‘Enric Juliana’

El inicio del inicio, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

El ministro de Hacienda  Cristóbal Montoro (Jaén, 1950), que en una vida anterior tuvo cierta noticia del trotskismo, explicó el viernes la subida de impuestos con un fondo irónico en la mirada. Montoro habla siempre con un deje irónico y nasal. No dramatiza y tiende al distanciamiento, esa estrategia teatral que inventó Bertolt Brecht para alejarse del romanticismo burgués. En contraste con la espesa tensión reinante en la sala de prensa de la Moncloa, el ministro de Hacienda parecía tentado por una leve sonrisa: ¿No queríais que pagasen las rentas altas? Pues aquí tenéis una buena subida del IRPF.

El Partido Popular se estrena con un sablazo socialdemócrata. Impuestos escandinavos para la clase media urbana que se retrata ante Hacienda y el Catastro. Tregua -¿provisional?- para los funcionarios, y humana benevolencia con los jubilados, los pensionistas, los parados a los que se les acaba el subsidio y los perceptores del subsidio agrario. Margen oficioso para la economía sumergida -sin economía sumergida media España podría estallar mañana mismo-, un afectuoso saludo a las rentas sin nómina y ninguna cosquilla a las grandes fortunas. El PP dejó ayer a la izquierda moderada sin habla, refugiada en la retórica apelación a esas grandes fortunas que el PSOE jamás ha hostigado, en previsión de males mayores.

¿Quién ha dicho que se está muriendo la socialdemocracia? El Estado social está adelgazando por el desfallecimiento de la competitividad europea en la cadena de montaje del mundo y por el eclipse del colectivismo soviético. Lo que el expansionismo de la URSS incentivó -por si las moscas-, lo estresa el silencioso auge de la China Popular. Pero el marco socialdemócrata -con otra dimensión, otros gestores. otras prioridades y otro hilo musical- pervivirá en Europa. Tipo marginal máximo del IRPF del 52% en buena parte de España. Gravamen máximo del 56% en Catalunya (considerando el plus autonómico). La España de Mariano Rajoy paga como Holanda; la Catalunya de Artur Mas, como Suecia. Sólo nos supera Dinamarca con el 59% (Fuente: Eurostat).

Después de no pocas deliberaciones -Rajoy dio luz verde anteayer, tras reunirse con el equipo económico y la vicepresidenta Sáenz de Santamaría- el nuevo Gobierno ha tomado cuatro decisiones en una: se ha comido la capa de crema de su programa electoral (¡no subiremos los impuestos!); ha dejado al PSOE inválido (ese 8% de déficit perseguirá durante meses al dúo balzaquiano Rubalcaba-Chacón); ha despejado el camino para la conquista de Andalucía, y por último, aunque no lo último, ha enviado un mensaje de seriedad y obediencia al Directorio Europeo.

En la España de la segunda Restauración el principal esfuerzo fiscal siempre ha recaído en las clases medias con nómina. Gente que cree en la democracia, que no ha abusado del fraude y que comienza a presentar síntomas de fatiga y fastidio ante el desgaste moral del sistema. Los principales paganos del IRPF y del IBI no saldrán en manifestación. La procesión irá por dentro. Los manifestantes más activos en España son hoy los funcionarios. Y a los empleados públicos se les ha enviado una señal de tregua. Ninguna de las medidas anunciadas ayer sacará gente a la calle. No veremos grandes manifestaciones contra el nuevo Gobierno hasta después de las elecciones en Andalucía. El control del Sur es hoy un objetivo básico del centroderecha español, que durante estos meses ha tomado muy buena nota de las reacciones sociales en Catalunya.

Catalunya, eslabón crítico de la cadena. Principal generadora del PIB español (18,47%, según datos del INE difundidos el viernes mismo), y durísimo banco de pruebas del “inicio del inicio” al que se refería la joven vicepresidenta, con rostro preocupado. Catalunya, IRPF al 56%, malestar al alza, azoramiento y tensión en los servicios públicos.

Y la nota a pie de página. El presidente de Extremadura (206 empleados públicos por cada mil personas activas, el mayor porcentaje de España) jugando a Rodríguez Ibarra en su discurso de fin de año. “Extremadura no va a ser menos”, dijo Morago en vasco y catalán. Efectivamente, el inicio de un inicio.

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31 diciembre, 2011 a las 7:19 am

Indalecio Pérez Rubalcaba, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

En el semisótano de la sede de la UGT madrileña -una mole de hormigón del pletórico de los años ochenta, ubicada en la avenida América- Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951) se presentó ayer con un cartel fácil de leer y de entender. Un cartel que dice lo siguiente: político con muchos años de experiencia, conocedor de las mieles de la victoria y de los sinsabores de la derrota, ofrécese para reconstruir la confianza de las soliviantadas clases medias con el Partido Socialista Obrero Español.

Y en letra más pequeña, añade el cartel: en caso de ser aceptado para el puesto. en el PSOE los experimentos se harán con gaseosa, tal y como recomendaba Eugenio D´Ors, consejo que algunas fuentes también atribuyen a don José Ortega y Gasset. No se admitirán adanistas (gente aficionada a querer reinventarlo todo), ministras olvidadizas de su responsabilidad objetiva en los últimos años de gobierno, artistas del posado mediático, comunicólogos en la sombra, pigmaliones, socialistas periféricos que no estén dispuestos de decir lo mismo en Madrid que en Barcelona, largocaballeristas de nuevo cuño, euroescépticos de izquierda y demás profesionales de la revolución pendiente. Firmado: Indalecio Pérez Rubalcaba.

Candidatura prietista para un periodo de convalecencia que se prevé largo y que puede atravesar escenarios sociales insospechados ante la dura evolución de la crisis económica en España. Un prietismo reconciliado con la Unión General de Trabajadores (el moderado Indalecio Prieto tuvo una de sus bases principales en el sindicalismo asturiano… que en 1934 se lanzó a la aventura revolucionaria) y que acaba de viajar a Sevilla para establecer una entente con el socialismo andaluz, en horas bajas.

Pérez Rubalcaba se proclamó ayer candidato de la familia socialista -expresión muy utilizada durante los años de fortuna de Felipe González-, mientras su contrincante intenta perfilarse como lo Nuevo; como candidata de la nube mediática que sobrevuela el filiforme electorado socialista; como una fuerza joven y acumuladora de expectativas.

Mucho énfasis en Europa. Y una mención muy específica al equilibrio entre generaciones: el PSOE no debiera convertirse en un partido rabiosamente juvenilista. El millón largo de electores socialistas que el 20 de Noviembre votaron al PP y a UPyD provienen de las clases medias maduras. Y un último mensaje, quizá el más importante: el PSOE deberá ser un partido nacional español con un discurso unificado. Un partido nacional de clases medias, europeísta y sin excesivas veleidades izquierdistas. Indalecio en tiempos de Twitter.

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30 diciembre, 2011 a las 7:15 am

La danza ritual española, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

El mismo día en que se hacen públicas, por primera vez, las cuentas de la monarquía española, el Tribunal Supremo se declara competente para investigar a José Blanco López. número dos del Partido Socialista Obrero Español, por un presunto caso de corrupción. Y en el ínterin, el juicio a Francisco Camps desvela algunos de los rasgos menos presentables -sólo algunos- de la falla valenciana del Partido Popular. En los próximos meses veremos entrar en un juzgado de Palma a Iñaki Urdangarin, yerno del Rey; tendremos noticia del voto favorable del Congreso al suplicatorio para tomar declaración al diputado Blanco, y conoceremos el primer veredicto de un juzgado popular sobre un político acusado de cohecho. Aunque cada uno de estos asuntos tiene su propia casuística, resulta del todo evidente que el sistema político e institucional español está reajustando sus mecanismos de legitimación ante una sociedad que ya se halla en la fase dos del trauma económico: la fase de la ira. (Las cinco etapas descritas por la doctora suiza Elisabeth Kübler-Ross ante una situación de grave pérdida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación).

Es curioso. España lleva más de un año ejecutando una lenta danza ritual alrededor de la crisis. La coincidencia del desfallecimiento económico con el ciclo electoral (por este orden: elecciones catalanas, sindicales, municipales, autonómicas, generales y de nuevo autonómicas en Andalucía) ha propiciado un singular baile de aproximación y distanciamiento respecto a la cruda realidad. Con la principal excepción de Catalunya (que hoy se halla entre la fase dos y tres, entre la ira y la negociación), las medidas más impopulares se han ido postergando en buena parte de España y ahora mismo el nuevo Gobierno está estudiando cómo trocear el ya inevitable ajuste para asegurarse la victoria en las próximas elecciones andaluzas. Esta danza circular -única en Europa- no ha impedido una progresiva corrosión de las condiciones de vida materiales y morales de la sociedad. Aun aplazando los recortes más duros hasta la próxima primavera, el sistema ha comenzado su reajuste moral. La monarquía saldrá fortalecida del trance, y el PSOE perdedor, ya lo veremos en Sevilla.

Un último apunte. En el gesto de la Casa del Rey, especialmente pensado para las generaciones más jóvenes, hay un reflejo del 15-M. Pero es muy posible que los teóricos de la indignación no se enteren (o no quieran enterarse). He ahí un rasgo de la tradición española: el motín reactivo, la palabrería y el escaso aprecio a la política entendida como un paso tras otro en pos de reformas y mejoras concretas… Y lo más duro llegará después de Andalucía.

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29 diciembre, 2011 a las 7:13 am

Goliarda espera, de Enric Juliana en La Vanguardia

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CUADERNO DE MADRID

El otro día me crucé en la Gran Vía con  una pareja con un hongo en la cabeza. Era de noche y venía de pasar frío en el programa de Josep Cuní. La conexión desde Madrid se hace, a la intemperie, desde una terraza que sirvió de estudio al pintor Antonio López. Una terraza con vistas. Los días en que sopla el viento helado de Navacerrada la crónica gana objetividad. Abajo, el trajín de la avenida más castiza de Madrid; arriba, el reloj -elegante rojo neón- de la antigua sede de la Telefónica. Salía de esta postal de los años cincuenta cuando me crucé con un hombre y una mujer con sendos gorros en forma de seta. Dos amanitas del bosque de Blancanieves.

Es Navidad en Madrid. Cuando llegan estas fechas es costumbre en la capital de España ataviarse con pelucas de colores y sombreros de fantasía. No todo el mundo lo hace, por supuesto. Es una costumbre muy localizada en las callejuelas del viejo Madrid de los Austrias. La iniciaron, antes de que llegase la moda del botellón, los estudiantes que acuden a la plaza Mayor para festejar el inicio de las vacaciones de invierno. Además de belenes y adornos navideños, los puestos instalados en la plaza venden pelucas plateadas y sombreros goliardos.

Madrid es así. Poderoso por arriba y jaranero por abajo. Durante largos periodos de tiempo, el pueblo acata, sigue la pauta, obedece en horario laboral y va a su bola en las horas de asueto. Hasta que un día estalla. El repunte de la izquierda en España, cuando la crisis amaine -no antes-, es muy posible que comience en Madrid. Mucho dependerá del talento de la nueva alcaldesa Ana Botella para entender los tiempos que se avecinan y del berenjenal en el que se está metiendo el PSOE, cada vez más escindido entre la ambición stendhaliana de Carme Chacón y el oscilante cálculo de un Alfredo Pérez Rubalcaba en horas bajas. (Ella, nuestra Julien Sorel, ha decidido jugar fuerte, rozando una indecorosa impaciencia, porque sabe que él, herido por la derrota, podría acabar renunciando a la secretaría. Y Rubalcaba se resiste a tirar la toalla porque la victoria del círculo que protege a Chacón le resulta profundamente humillante. Literalmente insoportable. Stendhal y Balzac están escribiendo a cuatro manos el guión del próximo congreso del PSOE).

El pueblo espera el tajo que se avecina con la peluca puesta y Mariano Rajoy, concienzudo en el manejo del tiempo, ha querido que la Reagrupación Española coma el turrón en paz. Son estas unas Navidades de Carpanta y Twitter. Hay que apurar la fiesta y alegrarla con tocando el arpa con una cucharilla y una botella de Anís del Mono, porque pronto vendrán las grandes rebajas.

Los alemanes no admiten espera -el nuevo ministro de Exteriores García Margallo les ha consultado y no hay dudas al respecto-, de manera que el Gobierno va a un ajuste en dos fases. El próximo viernes, un primer recorte de 16.400 millones de euros (gastos ordinarios, autonomías y sueldo de los funcionarios), pausa de unos meses y volver a empuñar las tijeras después de las elecciones andaluzas, que oscilarán entre marzo y abril. Hay un cierto margen de maniobra, puesto que la superbombona de oxígeno del Banco Central Europeo está funcionando. No provocar un gran desgarro social en los primeros meses. Esa es la petición de Javier Arenas Bocanegra a un Rajoy lógicamente interesado en ganar Andalucía, piedra angular del igualitarismo español, también llamado café para todos. Sin Andalucía, el PSOE, partido sin tierra, podría entrar en una espiral autodestructiva, o en un larguísimo periodo de subordinación.

Andalucía estuvo en el centro del debate de investidura; ese debate que José Antonio Zarzalejos ha calificado oportunamente de postautonómico. Efectivamente, el presidente electo sobrevoló la cuestión territorial…, porque Andalucía está al caer y sólo un estallido de malhumor en el Sur podría complicar las cosas al capitán Arenas.

La conquista de Andalucía. Ahí está la clave del desencuentro con CiU. Rajoy creía que un trato versallesco a los nacionalistas catalanes -foto con Josep Antoni Duran Lleida y buen acomodo en el Congreso- era suficiente para dar por iniciada la entente cordial. Con Artur Mas hostil a las zalamerías madrileñas y temeroso de un abrazo que ya le asfixió en el 2003, Duran ensayó un discurso de pit i raons. Y a Rajoy se le atragantó la pieza oratoria sobre el choque de trenes. No quería formar un Consejo de Ministros que excluye a la derecha dura, con titulares de pronto pago a los catalanes. Así fue como CiU votó no, para al día siguiente deshacerse en elogios del nuevo Gobierno moderantista. Curiosa táctica de arranque y frenada, que los vascos han aprovechado con maestría. ¡Amaiur bajando al centro del campo! El País Vasco será un gran foco de la legislatura porque allí ahora todos tienen algo que ganar. Los moderados y los radicales. El fin de ETA es un cuponazo… El PP se siente fuerte y Catalunya no es tan de goma como en tiempos de Jordi Pujol…

¡Uf! Sin querer me he puesto la peluca de la política politizada, cuando hoy pretendía explicar cómo se divierte el buen pueblo de Madrid, rasgando la botella de anís antes de que el 31 de diciembre el gallo cante tres veces en alemán.

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25 diciembre, 2011 a las 7:20 am

El turno, de Enric Juliana en La Vanguardia

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El turno de la segunda Restauración se ofició ayer en Madrid por cuarta vez en treinta y tantos años, con más llaneza que afectación. Bien porque ha aprendido las lecciones del pasado, bien porque las circunstancias sociales aconsejan prudencia y contención en el ceremonial, el partido entrante tomó las carteras con una humildad casi franciscana y el saliente las entregó con un suspiro de alivio. Nada que ver con aquel sarao con cantantes y obispos que organizó José Bono en su toma de posesión como ministro de Defensa en el 2004. Los ministros socialistas se comportaron de manera versallesca, con una significativa excepción que luego referiremos. José Luis Rodríguez Zapatero se ha esmerado en las formas, consciente de que esa es la mejor huella que deja en Madrid. Ha hundido al PSOE, respetando las formas. Sonríe, sonríe, sonríe. “Se ha equivocado, pero es un demócrata”, escriben los diarios que le han molido a palos. Zapatero ha firmado estos últimos meses suficientes pólizas de seguros –en Berlín, en Bruselas y en Madrid– para poder marchar tranquilo a León, a contar nubes, leer poemas de Antonio Gamoneda, pescar truchas en el río Porma e intentar mover desde la distancia los hilos del próximo congreso del PSOE, que puede acabar como el rosario de la aurora. Ramón Jáuregui pronunció un discurso de una elegancia exquisita en la entrega de la cartera de Presidencia a Soraya Sáenz de Santamaría, la mujer que, a excepción del área económica, controlará todo el sottogoverno, incluido el Centro Nacional de Inteligencia. ¿Será la tenaz Soraya la Gran Visir de la nueva situación? Al respecto hay división de opiniones. La vicepresidencia única acumula mucho poder y, a la vez, su titular será de una absoluta lealtad al jefe. Fidelidad al cien por cien. Abogada del Estado a los 27 años, rectitud castellana, tenacidad blindada y con sensibilidad para lo que se halla más allá de los anchos horizontes de la España central –conoce muy bien Portugal–, Soraya no es Alfonso Guerra ni Rodrigo Rato. No tiene –aún– un círculo de poder propio. Su carrera como gobernante comienza ahora y en esas páginas que todavía están por escribir reside el gran interés que despierta su figura. Ayer, al recoger la cartera, mencionó la palabra humildad. De los ministros entrantes el de comportamiento más estudiado fue Alberto Ruiz-Gallardón. No podía ser menos. El ex alcalde de Madrid es todo un profesional y ardía en deseos de sentarse en el Consejo de Ministros. Su nombramiento y el del sociólogo José Ignacio Wert han sentado especialmente mal a la derecha dura. Dos moderados en Justicia y en Educación. No habrá una gran Contrarreforma en materia de costumbres. Mariano Rajoy no le hará ese regalo al PSOE, razón por la cual el Tea Party, el Cazalla Party, o como lo queramos llamar, ha quedado fuera de la esfera gubernamental. Relevo con guión mediático en Defensa. Rigor y formalidad castrense ante una compañía de honores. Discurso milimetrado de Carme Chacón con un “¡Viva España!” que resonó en el PSOE y en el telediario de las tres. Aun conociendo la casa –y la industria de armamento–, el ministro entrante, Pedro Morenés, parecía algo azorado. Ella llevaba la voz de mando. Personaje stendhaliano, Carme Sorel va como una bala. Y Alfredo lo sabe.

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23 diciembre, 2011 a las 7:16 am

Gobierno de concentración marianista con Soraya Sáenz en la cabina, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Gobierno de concentración marianista con la tenaz Soraya Sáenz de Santamaría en el papel de copiloto; el tándem Luis de Guindos-Cristóbal Montoro en el área económica, con licencia para meter en cintura a las comunidades autónomas; el catalán Jorge Fernández Díaz, al frente del Ministerio de Interior que deberá gestionar el fin definitivo de ETA, y un buen conocedor de los engranajes de Bruselas, el eurodiputado José Manuel García-Margallo, en Exteriores. Estos son los rasgos principales del Gabinete de doce ministros y una única vicepresidencia con el que Mariano Rajoy gobernará España.

Una mujer de cuarenta años que ha sido madre hace poco más de un mes tendrá bajo su responsabilidad la coordinación y la portavocía del Ejecutivo. La abogada del Estado Soraya Sáenz de Santamaría atenderá lo que los italianos llaman la stanza dei botoni (el cuarto de mandos), si bien Rajoy se reserva la presidencia de la comisión delegada de Economía, en la que confluirán Luis de Guindos (Economía y Competitividad) y Cristóbal Montoro (Hacienda y Administraciones Públicas). Rajoy rompe así con la tradición de los grandes visires (Enrique Fuentes Quintana con Adolfo Suárez; Miguel Boyer con Felipe González; Rodrigo Rato con José María Aznar; Pedro Solbes con José Luis Rodríguez Zapatero). Por primera vez en muchos años, no habrá un poderoso vicepresidente económico tocando el contrabajo en la orquesta ministerial. De Guindos y Montoro tendrán rango de ministros y despacharán directamente con el presidente.

El liberal De Guindos, secretario de Estado de Economía en tiempos de José María Aznar, es un excelente conocedor del sector financiero. Un dato de su extensa biografía profesional -presidente de Lehman Brothers en España en el momento de la quiebra del banco de inversiones norteamericano- alimentará la leyenda de la confabulación de los tecnócratas (Goldman Sachs, Lehman Brothers…). Lo cierto es que De Guindos, antiguo escudero de Rodrigo Rato, está considerado desde hace tiempo una de las personas con mejor preparación económica en la órbita del PP. Montoro tendrá en sus manos el control del gasto público, la política fiscal y las bridas de la administración pública. Economista con ligera querencia por el pensamiento socialdemócrata, el jienense deberá gestionar uno de los asuntos más delicados del programa expuesto por Rajoy en la investidura: la reordenación administrativa. La maltrecha España de las autonomías pasará por su despacho. Recentralización para todos o autonomías asimétricas. El político canario José Manuel Soria completará el equipo económico en Industria. Fátima Báñez, también formada en el equipo de Rato, se ocupará de Empleo y Seguridad Social.

Jorge Fernández Díaz, un católico catalán de corte moderado que hace años fue acusado de filoconvergente, ocupará el Ministerio de Interior. Bien comunicado con la Santa Sede y ajeno a los círculos de la derecha madrileña, Fernández Díaz tendrá sobre la mesa el final definitivo de ETA. De este asunto también se ocupará Alberto Ruiz-Gallardón, nuevo titular de Justicia, que ve cumplidos sus deseos de abandonar la alcaldía de Madrid. La conjunción Fernández Díaz-Gallardón deja a la derecha dura con muy escaso margen de maniobra en el flanco vasco. Ruiz-Gallardón cederá el puesto a la concejal Ana Botella, esposa del ex presidente Aznar. Dato relevante en la anatomía del centroderecha.

El sociólogo Ignacio Wert, experimentado radiólogo de la sociedad española, dirigirá Educación y Cultura. Ana Pastor estudiará la prioridad de los ejes ferroviarios en Fomento. Ana Mato, en Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Miguel Arias Cañete regresa a Agricultura. Y el vasco Pedro Morenés, hasta ayer director general de la empresa de misiles MBDA, sustituye a Carme Chacón en Defensa. 

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22 diciembre, 2011 a las 7:14 am

Un señor de Pontevedra, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Mariano Rajoy Brey se convirtió  ayer en el hombre con más poder político en España después de… Felipe González. Sí, de acuerdo, con los mapas en la mano, Rajoy pasa a ser el gobernante con mayor poder administrativo en tiempo de democracia. El sueño de Antonio Cánovas del Castillo se habría cumplido ayer, 114 años después del asesinato del político que ideó la hegemonía del conservadurismo español en régimen parlamentario. El Partido Popular gobierna en 34 de las 50 capitales de provincia; en 89 de las 147 ciudades de más de 50.000 habitantes; en 129 de las 248 ciudades de entre 20.000 y 50.000 habitantes; en tres consejos insulares y un cabildo; en 11 de las 17 comunidades autónomas, y entre hoy y mañana tomará posesión del Gobierno central del quinto país más poblado de la Unión Europea. El hombre al que la derecha madrileña intentó defenestrar con malos modos en el 2008, se convierte en el Súper Cánovas. Hoy todo son halagos. (Y el español, cuando halaga, halaga de verdad).

Ocurre, sin embargo, que el poder político ya no es lo que era en tiempos de González y sus doscientos diputados. La privatización de las principales empresas públicas ha reducido el tamaño de la esfera gubernamental, el Directorio Europeo ha vuelto a poner en marcha el aspirador de las soberanías nacionales y la crisis coloca a todas las administraciones públicas en una situación precaria ante el ciudadano. Con todo, el presidente del Gobierno de España manda mucho. Mucho.

Rajoy, promotor de la Reagrupación Española ante la grave crisis que amenaza con devolver al país a las incertidumbres de los años setenta, resultó elegido con aliento vasco. Cuando todo el mundo preveía la estratégica abstención de Convergència i Unió; cuando una ligera música de vals ya empezaba a sonar en los salones del hotel Majestic de Barcelona, el señor de Pontevedra es investido con la abstención -no menos estratégica- ¡de Amaiur! Los vascos y el juego del mus son inseparables. Abstención de los dos troncos del recio nacionalismo euskaldún y voto en contra de los cuatro partidos catalanistas (CiU, ERC, ICV y los 14 diputados del PSC, que en reciente congreso han decidido seguir siendo un subgrupo del PSOE con los faros apagados). La interesante asimetría vasco-catalana. Esa es la foto que queda al final del día.

En el PP había ayer por la tarde mucha satisfacción -lógicamente-, una cierta perplejidad por el extraño rebote de la pelota vasca y un poso de irritación por el voto contrario de CiU. Mientras los vascos -los burgueses de Bilbao y los menestrales del Goierri- entran en el juego, la fuerza más representativa de la Catalunya burguesa escoge la bola negra. No es un dato menor en el actual momento europeo.

La diplomacia alemana seguramente habrá tomado nota. La francesa, también. El voto negativo de CiU tiene detrás muchas razones políticas, económicas y sentimentales. Los estragos de ocho años de crispación anticatalana -alimentada por los poderosos resortes mediáticos de la derecha española- no se arreglan en dos días. Pese al impacto negativo de los recortes, CiU ganó las recientes generales con una reivindicación fiscal que no puede esconder. Artur Mas teme verse secuestrado por el PP e intenta abrir juego hacia ERC, amenazando al PSC con el aislamiento. Los militantes catalanistas estaban por el no. El jovent sobiranista estaba por el no. Jordi Pujol estaba por el no. Y el català emprenyat, ahora con la mosca tras la oreja ante el hábil quiebro de los vascos, también estaba por el no. Había muchas razones para el no, pero ese voto del catalanismo europeísta hoy no es fácil de explicar en París, Berlín y Bruselas. Ni en la Roma de Mario Monti. Ayer, el Tesoro español logró colocar 5.640 millones en letras a tres meses al 1,74% (5,11% en la subasta de noviembre). Y la prima de riesgo se colocó por debajo de los 330 puntos básicos. Sin un buen vínculo con Europa, el catalanismo deviene un regionalismo excitado.

Protagonistas de la jornada, además del victorioso señor de Pontevedra, Iñaki Antigüedad, portavoz de Amaiur, y Joan Baldoví, diputado valencianista de Compromís. Bajo una fachada rústica de leñador con camisa de cuadros, el hidrólogo Antigüedad demostró cintura política. Baldoví, buen orador y con un fondo irónico de llaurador de la Ribera, sacó de quicio a Rajoy. Tan dura fue su réplica que el de Sueca salió del Congreso hecho un hombre. En Valencia las cosas se están complicando.

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21 diciembre, 2011 a las 7:16 am

Reagrupación Española, de Enric Juliana en La Vanguardia

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ANÁLISIS

Los franceses tienen una palabra muy elegante para nombrar el movimiento de fondo que ayer planteó Mariano Rajoy en su discurso de investidura. Rassemblement, dicen. En París suelen darle un uso político. En Catalunya, también. Desde la muerte del general Franco, al menos dos partidos catalanes ya han adoptado el nombre de Reagrupament. Rassemblement, reagrupament: agregación, recolección, reagrupación, en lengua castellana. Ningún partido español lleva el nombre de Reagrupamiento. Quizá no suene bien, quizá le falte musicalidad, quizá adolezca de falta de contundencia. El espíritu español siempre ha preferido hablar de unidad, palabra inequívoca que suele ir acompañada por un fondo de tambores. Sin embargo, Mariano Rajoy Brey propuso ayer desde la tribuna del Congreso de los Diputados ir a una Reagrupación Española.

El presidente hoy electo convoca a los españoles a un gran esfuerzo colectivo de superación, sin chicuelinas patrioteras. Rajoy, cada vez más afilado, cada vez más personaje del Greco, representa en estos momentos el nacionalismo español implícito; la Reagrupación o Reagrupamiento que puede imponerse sin necesidad de gritar. Solemnidad sin dramatismo; gravedad sin afectación; severidad con bastantes puntos suspensivos.

¿Sangre, sudor y lágrimas? Ayer poca sangre: las medidas más dolorosas ya irán viniendo. Algo de sudor: muchas menciones al esfuerzo, supresión de los puentes. Y lágrimas diferidas: los ajustes más impopulares se irán adoptando de manera escalonada con la mirada puesta en las elecciones autonómicas andaluzas de primavera. En Navidad, habrá turrón. Una barra de turrón no le faltará a casi nadie. Rajoy anunció, como primera medida, una inmediata actualización de las pensiones, conforme a su promesa electoral. El caballero cumple con su palabra. El buen pueblo tendrá su paga y los escalofríos ya llegarán en enero. Si Javier Arenas Bocanegra consigue aplazar lo más duro del ajuste hasta los faralaes de abril, estaríamos ante un hecho político muy relevante. El cónsul del Sur demostraría ser uno de los grandes poderes fácticos del nuevo curso político español. No es seguro que Rajoy pueda aguantar tanto sin inquietar a los alemanes. La legislatura arrancará, sin embargo, con sabor andaluz y con un marco simbólico de vertiente atlántica. Cádiz, 1812. Doscientos años de la Constitución que alumbró la palabra liberal.Contrapunto simbólico al Directorio Europeo, vínculo con América, traje de etiqueta para la Reagrupación Nacional. Este es el programa.

Alfredo Pérez Rubalcaba no le dijo que no. El PSOE entre paréntesis no se sube al monte. Visiblemente golpeado por la derrota, algo retraído, aires de cesante, una nube melancólica sobrevolando su escaño, gatuno en la pelea interna -no dejará que Carme Chacón y su círculo se hagan con el control del Partido Socialista-, Rubalcaba es inteligente de oficio. El líder socialista de la Triste Figura exigió concreciones a Rajoy, le ofreció pactos y, atención, desembaló el alma joacobina: “No dejaremos que determinados acuerdos rompan la igualdad entre los españoles”. Aviso a Rajoy. Aviso a CiU. Aviso a los catalanes. El nuevo PSOE.

Duran Lleida arrancó fuerte y expuso el programa de máximos de Convergència i Unió con fonética soberanista: “España nos hace más pobres”. Nadie le podrá acusar hoy en Barcelona de practicar un regionalismo vergonzante en la investidura de Rajoy. Arrancó tan fuerte que luego tuvo que bajar el tono, porque el de Pontevedra le rehuyó, con una frase enigmática referida a las futuras medidas de armonización autonómica: “Pronto le haré una propuesta que le va a agradar”. Reagrupación Española. No es fácil que CiU hoy se abstenga.

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20 diciembre, 2011 a las 7:16 am

Palacio de Cristal, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Cuaderno de Madrid

En el palacio del Retiro, Manuel Azaña fue elegido presidente y las dos almas del PSOE se abofetearon

Parque del Retiro de Madrid. Una fría tarde de diciembre. El sol se va, tenue, hacia la Casa de Campo y breves ráfagas de viento remueven las hojas secas del alfombrado. Un hombre sube con prisas al vestíbulo del Palacio de Cristal. En el interior del edificio, otro hombre pasea entre los paneles de una instalación de arte moderno: unos plafones azules que ciegan la luz del atardecer, minuciosamente perforados con los signos mecanográficos que más se asemejan a la caligrafía celeste: * (estrella); ( (luna menguante); ) (luna creciente); O (luna llena); ! (cometa descendente); ” (lejana lluvia de estrellas). La instalación crea un palacio oscuro en el interior del palacio transparente, bañándolo con una fantasmagórica luz azul. Una atmósfera irreal; una tristeza europea. Los dos hombres se encuentran. Se observan, se reconocen y el recién llegado, con ademán nervioso, toma la palabra.

–¿Por qué me has citado aquí?

–Hace mucho que te esperaba. (Responde el otro, con un ligero aire de burla; los dos callan y vuelven a observarse, rearmando la tensión de un diálogo durante años aplazado…).

El Palacio de Cristal de Madrid es un excelente lugar para una acción teatral. Pongamos por caso dos antiguos amigos que la vida ha separado y que ahora se reencuentran, convocados por la angustia de la crisis y un delirante proyecto que nadie se atreve aún a hacer público… (© idea registrada). El Palacio de Cristal madrileño fue construido en 1887 para la Exposición General de las Islas Filipinas que aquel año tuvo lugar en la capital de España. Su creador, el arquitecto Ricardo Velázquez, se inspiró en el Crystal Palace de Londres, el asombroso pabellón de hierro y cristal levantado seis años antes para la Gran Exposición Universal del capitalismo británico. Ideado por el jardinero Joseph Paxton, consistía en un colosal invernadero de seiscientos metros de longitud que causó sensación por su ligereza, amplitud y transparencia. Un mito. Devorado por un incendio en 1936, el Crystal Palace ha dejado huella en la literatura y en la filosofía. Ante la efervescencia utopista que veía en el sorprendente palacio británico el emblema de una futura sociedad comunista, Dostoyevski, poco amigo de los idealismos, respondió en las Memorias del subsuelo que la humanidad siempre preferirá el caos y el impulso destructivo a las armonías de frágil cristal. Esta fue su advertencia: la relajación en el interior de una supuesta paz perpetua conducirá a la liberación de lo malo del ser humano.

El filósofo Peter Sloterdijk también ha hallado una interesante metáfora en el interior del mito británico acristalado. Con su escritura densa, inteligente y melodiosa, el alemán Sloterdijk sostiene que allí comenzó la era del “capitalismo psicodélico”. Un capitalismo que comienza a trabajar con la exteriorización del alma; una nueva fábrica que agiganta el concepto de interior y le hace superar un umbral crítico. El interior rompe los confortables límites de la casa burguesa y del palacio aristocrático para proyectarse como un espacio capaz de reunirlo todo. Un gran invernadero cosmopolita separado de la barbarie –del mundo pendiente de organización industrial– por una pared de cristal, frágil y transparente. Un símbolo del sentimiento de omnipotencia de Occidente.

El Palacio de Cristal de Madrid es bastante más modesto. Anclado en el centro del Retiro, un día de cielo azul puede parecer una apacible casa de reposo centroeuropea. Bajo la tormenta, un lugar terrorífico. Un enclave romántico rodeado de castaños de Indias, cuya suave escalinata desciende hacia las aguas tranquilas de un estanque con surtidor y varios ejemplares de ciprés de los pantanos. En la otra orilla, el contrapunto: un cubo de hormigón de la escollera del puerto de Bilbao en el que el escultor Agustín Ibarrola insertó las pinzas oxidadas de una grúa. Aires de Viena, pantano de William Faulkner, contundencia vasca.

El Crystal Palace madrileño tiene un lugar en la historia de España. El 10 de mayo de 1936 fue escenario de la elección de Manuel Azaña como presidente de la República, ante la imposibilidad física de reunir a diputados y compromisarios en el hemiciclo de las Cortes. Azaña sustituía a don Niceto Alcalá Zamora, destituido tras una ardua maniobra parlamentaria de la izquierda, ahora revivida por la publicación de unas anotaciones del primer presidente republicano que abonan la sospecha de putsch parlamentario. (Material acogido con mucho interés por los partidarios de aminorar la legitimidad del régimen republicano a efectos de memoria histórica). El edificio conserva también una cacofonía del PSOE cismático. Poco minutos después de la elección de Azaña, Luis Araquistáin, director de la revista Claridad (línea Largo Caballero) abofeteó a Julián Zugazagoitia, director de El Socialista (línea Prieto). Las dos almas de la izquierda.

Forrado de azul Europa por la artista Soledad Sevilla –ocuridad en el interior de la transparencia–, el Palacio de Cristal del parque del Retiro es un buen lugar para la cita de dos viejos amigos que tienen mucho que contarse: cuentas pendientes y un proyecto que asombrará a España. Un lugar teatral. Un transistor en el centro de la sala, radiando mañana el discurso de investidura.

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Introducido por Reggio

18 diciembre, 2011 a las 7:15 am

El joven Garzón, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Un diputado proveniente del 15-M (“No nos representan”) pasa lista a los electos representantes

La democracia española es una carroza del siglo XIX puesta al día en las autopistas libres de peaje del ingeniero José Borrell Fontelles. Un buen carruaje para tiempos de prosperidad y de suspiros igualitarios, “No vamos a ser menos”. Ahora el camino se ha puesto cuesta arriba y todos los ejes del vehículo renquean, también aquellos que parecían mejor engrasados y fuera de toda duda. La constitución del Parlamento fue ayer una ceremonia decimonónica en la que lo antiguo y los antiguos –veteranos, astutos y prevenidos– tomaron posición ante lo que puede venir. Y lo que puede venir se vistió con la levita de la Restauración. El reglamento es añejo y obliga a llamar uno por uno a los diputados, para que depositen su voto en urna isabelina. Tres veces. La primera, para elegir al presidente del Congreso. La segunda, a los vicepresidentes, y la tercera, a los secretarios de la Mesa. Por razones de edad le tocó pasar lista al joven Alberto Garzón Espinosa, flamante diputado de Izquierda Unida por la provincia de Málaga y hasta hace unos meses destacado activista del movimiento 15-M. (Acampadas por doquier, aromas de la plaza Tahrir en la Puerta del Sol de Madrid; un brillo en la mirada de los corresponsales extranjeros –”it’s really exciting”–; deliberada agresión a los parlamentarios catalanes; propuestas de recentralización electoral, y un lema de viejo sabor antipolítico: “¡No nos representan!”). Fue el momento más interesante de la mañana. El joven Garzón, desgranando, con un leve punto de inseguridad, la lista de los legítimos representantes del pueblo español. Garzón Espinosa (Logroño, 1985) es uno de los diputados a seguir en esta nueva legislatura. Economista, formación marxista con un buen registro de lecturas (según consta en su blog, titulado Pijus Economicus) y acerado polemista, tal y como pudo comprobarse hace unas semanas en el programa 59 segundos de Televisión Española. El joven diputado por Málaga es un destello de la Izquierda Unida que puede crearle serios problemas al PSOE, si Sagasta no logra salir de su actual ensimismamiento. Se observaba ayer un vivo contraste en las filas socialistas. Alfredo Pérez Rubalcaba, retraído, melancólico y expectante. Carme Chacón, vivaz, atenta a los fotógrafos y vestida de mujer pantera (traje chaqueta beige con rayas negras atigradas). Él se lo está pensado. Ella quiere guerra. Y otros buscan una tercera vía que no acaba de asomar. Vi una brizna de inquietud en el gabán atlántico del vasco Eduardo Madina (Bilbao, 1976). Porte de joven capitán, se sabe observado. Otro nombre interesante para la agenda de la nueva legislatura. La escritora Irene Lozano (Madrid, 1971), diputada revelación de Unión para el Progreso y la Democracia. Una mente bien ordenada a punto de dar el difícil paso del periodismo a la política; un tránsito que en el XIX tuvo mucho colorido. UPyD abrirá una línea de alta tensión con Amaiur a la espera de un mayor desgaste del turno bipartidista. Nos espera una legislatura teatral. Mariano Rajoy lo sabe y por ello ha colocado a Jesús Posada en la cabecera del Congreso. Un amortiguador alfonsino.

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Introducido por Reggio

14 diciembre, 2011 a las 7:14 am

España buscará el eje con Berlín recabando fuerzas en América, de Enric Juliana en La Vanguardia

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LA CRÓNICA

Mariano Rajoy intentará dibujar una nueva geometría española. Una geometría que enmiende las líneas débiles de José Luis Rodríguez Zapatero y evite los borrones de José María Aznar, en una época en la que la buena tinta escasea. El nuevo gobierno español buscará una vía de acuerdo preferente con la cancillería de Berlín; trabajará para mantener una buena relación con Francia, sin ser prisionero del palacio del Elíseo; e intentará contrapesar la actual debilidad de España en la Unión Europea con una intensa reaproximación a todo el continente americano. La debilitada España se esforzará en ganar peso en el núcleo europeo cultivando su dimensión atlántica, justo en el momento en que Gran Bretaña se aleja del continente.

Aznar intentó uno de los movimientos más audaces de la política exterior española desde la pérdida de Cuba y Filipinas. Buscó una alianza preferente con Estados Unidos y Gran Bretaña en un momento de alta tensión entre Washington y la vieja Europa franco-alemana. Atlantis contra Carolingia. Convencido de que la hegemonía neoconservadora en Estados Unidos -alentada por el trauma del 11 de Septiembre- tenía por delante un largo recorrido, Aznar quiso emanciparse de la secular tutela francesa -el sueño de todo nacionalista español- y de la potencia alemana, en aquel momento en horas bajas.

La historia es conocida. Aznar se enemistó con Jacques Chirac (“il est ennuyeux le petit espagnol…”), tensó la cuerda con el reino de Marruecos (enojando aún más a París), quiso dar lecciones de estabilidad presupuestaria al canciller Gerhard Schröder -que aún no ha salido de su asombro-, puso los pies encima de la mesa en un receso de la cumbre del G-8 en Canadá y adquirió un asombroso acento texano a medida que fortalecía su amistad con George W. Bush. La guerra de Iraq fue la gran piedra de toque. EE.UU. necesitaba los buenos oficios de España en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Aznar se los ofreció, con la opinión en contra del 80% de la sociedad española. Se enemistó entonces con buena parte de los países latinoamericanos, pero consiguió inmortalizar su apuesta estratégica en la famosa foto de las Azores. Estaba contento. Había conquistado su lugar en el mundo. Luego vino el 11-M: el zarpazo del terrorismo islámico en Madrid. Obnubilado por la tragedia, Aznar leyó mal el momento y movilizó a todos los españoles contrariados con el PP. Por su culpa, Mariano Rajoy perdió las elecciones de marzo del 2004. Los tiempos estaban cambiando y la alianza de las Azores comenzó a venirse abajo. La invasión de Iraq acabó fortaleciendo a los ayatolás de Irán y al terrorista Bin Laden lo cazaría años más tarde -y lo liquidaría en el acto- un presidente negro y demócrata.

Catapultado al poder de manera inesperada, Zapatero se convirtió en la negación hegeliana del aznarismo. Retiró las tropas de Iraq, se enemistó con Bush, puso al Vaticano en guardia, hizo las paces con el rey de Marruecos, restableció la cordialidad con los países latinoamericanos (con una fuerte querencia por el caudillo bolivariano Hugo Chávez) y se reconcilió teatralmente con la vieja Europa. Chirac y Schröder viajaron a Madrid para sellar el regreso de España a Carolingia. A Zapatero, sin embargo, no le apasionaba la política europea. Menos aún a su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, experto en Oriente Medio. La España de la burbuja inmobiliaria cambió un Quijote de derechas por un Quijote de izquierdas. Si Aznar soñaba con una aleación de Felipe II y Cánovas del Castillo, Zapatero se propuso forjar una Alianza de Civilizaciones.

No captó a tiempo el cambio que se gestaba en Alemania y menospreció a Angela Merkel en el 2005. Carolingia es un castillo gótico. Si te equivocas de pasadizo puedes acabar encerrado en la torre. Rota la sintonía con Berlín, el Maquiavelo de León quedó en manos de París. La historia imponía su ley. La relación de Francia con España jamás será simétrica: mayor fuerza económica, demográfica y militar, un servicio exterior potentísimo, la energía nuclear, el control de ETA y la llave de los Pirineos. Al estallar la crisis, Nicolas Sarkozy salvó a Zapatero de un humillante aislamiento internacional. Le garantizó una silla en el G-20 y el de la Moncloa pasó a deberle gratitud eterna. Obligado a cambiar de política económica en mayo del 2010, Zapatero quedó en manos del Directorio. El súbito bajón español y la insólita evolución de Italia -la apoteosis felliniana de Silvio Berlusconi con la viagra- dejo inermes a dos países que suman más de cien millones de habitantes. Sin esa suma de debilidades, el cuadro europeo sería hoy matizadamente distinto.

Rajoy pretende otra geometría sin poner los pies encima de la mesa. No están los tiempos para prepotencias españolas. En términos hegelianos, el PP que acaba de ganar las elecciones con un millón de votos provenientes del PSOE, estaría buscando una síntesis de los dos estadios anteriores. Una España bien anclada en Carolingia que recaba fuerzas en Atlantis. Una España de obediencia europea que juega a fondo su baza transatlántica.

Un 30% del PIB español se produce en América. Las principales empresas del Ibex 35 tienen hoy su principal fuente de negocio en Latinoamérica, preferentemente en el Gran Brasil. Dos cosas han cambiado en América desde los tiempos de Aznar: el presidente de EE. UU. es del Partido Demócrata y el populismo bolivariano está en retroceso. El PP marianista ha abandonado el monocultivo del Partido Republicano y tiene abiertas vías de contacto con la Administración Obama, como ha quedado de relieve en la reciente entrevista de Rajoy con el secretario del Tesoro Timothy Geithner. Las relaciones con Brasil, Colombia, Perú, Chile, Uruguay y Paraguay se prevé que sean buenas desde el principio. Con México y Argentina -dos referencias de primer orden- cabe esperar un poco más de complejidad. Venezuela está en vilo por la salud de Chávez y no se esperan grandes problemas con Bolivia y Ecuador. Dos serán las bazas a jugar: el fortalecimiento de la lengua española como vector internacional (400 millones de hablantes) y la apertura de mercados para las pequeñas y medianas empresas. El nuevo gobierno ofrecerá cooperación y paridad. “Soñar con una política de liderazgo en Latinoamérica como la que se intentó, de distinta manera, en tiempos de González y Aznar es hoy una quimera. Las cosas han cambiado. España deberá ofrecer cooperación en un plano de mayor igualdad”, subrayan fuentes del entorno de Rajoy.

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Introducido por Reggio

11 diciembre, 2011 a las 7:14 am

El pacto de hierro europeo tiende los raíles del mandato de Rajoy, de Enric Juliana en La Vanguardia

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Zapatero no consigue que España tenga poder de veto en el grupo de decisión

Cada país tiene sus constantes históricas y una de las características de España es un cierta lejanía –física y psicológica– con los momentos más trascendentales de Europa. España no estuvo implicada directamente en las dos grandes guerras del siglo XX –organizó una por su propia cuenta a modo de puente entre ambas–, estuvo ausente de la firma del Tratado de Roma que en 1957 dio origen a la Comunidad Económica Europea y, finalmente, recuperando el tiempo perdido, pudo estar presente en la puesta en marcha de la moneda común, el 1 de enero de 1999. El desajuste parecía por fin resuelto. Una década después, en plena crisis del euro –moneda fuerte con suelo quebradizo–, la cumbre de la Unión Europea más decisiva de los últimos años ha pillado a España en pleno proceso de interinidad política y en una insólita semana vacacional (festividad constitucional más festividad mariana) de difícil explicación a un luterano alemán. Mientras Europa discute dramáticamente sobre su futuro, semana blanca en España y traspaso de poderes a bordo de un lento carruaje del siglo XIX.

Con todo, los acuerdos de Bruselas serán determinantes en la política española de los próximos años. El pacto de hierro para la refundación de la Unión sobre la base de una mayor disciplina fiscal y una sustantiva transferencia de soberanía en materia presupuestaria, tiende los raíles del mandato de Mariano Rajoy. Calculadamente ambiguo durante toda la campaña electoral, el líder del Partido Popular tiene el camino perfectamente marcado a partir de ahora. Los raíles están colocados; ahora Rajoy deberá ponerse al mando de la renqueante locomotora, seriamente averiada por un exceso de aventuras hipotecarias.

El pacto europeo le dota de un argumento convincente para defender los recortes del gasto y las reformas legislativas que se van a emprender de inmediato, muy posiblemente antes de que acaba el año; una intervención quirúrgica que el partido ganador aún no ha comunicado, con detalle, al cuerpo social. “Lo manda Europa”. “Lo exige la salvación de Europa”. “Es el precio que deberemos pagar para seguir formando parte del núcleo duro europeo”. Se entiende ahora por qué Rajoy nunca suele tener prisa. Siempre busca que el tiempo juegue a su favor. Ninguno de los dos grandes partidos españoles se ha peleado esta vez por el protagonismo. Qué decida Europa. El presidente electo sólo se ha asomado.

Rajoy presentó sus cartas credenciales en la reunión previa del Partido Popular Europeo en Marsella. Y el presidente saliente José Luis Rodríguez Zapatero participó en la cumbre con la batería descargada. España no ha conseguido formar parte del grupo de países con derecho de veto en el futuro fondo de rescate permanente; capacidad de veto que tienen Alemania, Francia e Italia. Este último país ha tenido un papel mucho más incisivo en la cumbre, pese a la magnitud de sus dificultades económicas. El nuevo primer ministro italiano Mario Monti -denostado como tecnócrata y agente encubierto de la banca Goldman Sachs por las redes del nuevo populismo de izquierdas- ha sido uno de los referentes de la reunión de Bruselas. Los economistas Mario Draghi y Mario Monti, exponentes del alto nivel de competencia de la élite profesoral italiana, son dos piezas importantes del nuevo tablero. Un reto más para el nuevo equipo gubernamental español, que Rajoy prepara con gran secreto.

El líder del PP encargó a Zapatero que procurase obtener para España ese poder de veto. No pudo ser. Para ello habría sido necesario que la minoría de bloqueo se redujera del 15% al 10% de los votos, ya que la participación española en el fondo roza el 12%. Los países dominantes argumentaron la necesidad de abolir los mecanismos de unanimidad y recordaron que el 85% de mayoría es el mismo porcentaje vigente en el Fondo Monetario Internacional (FMI). “Se lo he explicado (a Rajoy) y lo ha entendido perfectamente”, declaró Rodríguez Zapatero. El PP evitó ayer cualquier tipo de reproche al presidente saliente.

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Introducido por Reggio

10 diciembre, 2011 a las 7:18 am