Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo del autor ‘Fernando Ónega’

Tampoco era el secreto de Fátima, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Vaya semanita la del Rey. Se ha desnudado por completo ante el país. Nos dijo lo que piensa de su yerno Urdangarin. Mostró el peso de los años y de los percances cuando llegaba al Congreso. Relató cómo distribuye el presupuesto que recibe. Al final, la Zarzuela se queda sin secretos, con lo cual pierde mucho morbo: sólo nos deja abierto el territorio del cotilleo. Y, personalmente, sólo tengo un par de dudas. La primera, saber si las Cortes Generales le hubieran aplaudido igual (creo que sí) si esas cuentas se hubieran publicado antes de la inauguración de la legislatura. La segunda, qué aristas le sacarán a esos números los apologistas más acreditados tipo Cayo Lara y otros administradores de aplausos monárquicos y parlamentarios.

Doy por dicho y escrito todo lo que suele decirse en estos casos: bienvenida sea la transparencia, una democracia requiere conocer en qué se gasta el último euro y todos esos cánticos que se suelen hacer ante la confesión de un cargo público. Creo que esta revelación del reparto del presupuesto debió hacerse desde el principio de la restauración monárquica. Sigo sin estar seguro de que sea el mejor momento para hacerlo: da la impresión de que ha sido una transparencia forzada por asuntos tan turbios como los protagonizados por el señor Urdangarin. Y tengo una convicción: si don Juan Carlos se animó a revelar esos datos en estas fechas, es porque está convencido de administrar una Casa austera y que ni salarios ni gastos de representación sorprenderán al país de los comedores de Cáritas.

Anotado eso, añado: si el Rey se puede asignar a sí mismo su sueldo, hay que reconocer que ha sido prudente; gana bastante más que el jefe de su gobierno, pero es el Rey. Si don Juan Carlos se compara con los ingresos de muchas de las personas que asisten a sus recepciones, se queda en pura clase media con mucho boato, pero descriptible liquidez. Si las cantidades asignadas a la Reina, a la Princesa y las infantas tratan de compensar su trabajo por actividades públicas, salen más baratas que cualquier famosilla contratada para atraer fotógrafos a los eventos sociales. Y si la mayor parte del dinero se consume en salarios y complementos de otro personal, podrá discutirse si hay demasiados servidores, pero no lo que les pagan.

Así pues, la revelación tampoco ha sido el secreto de Fátima. Lo que me inquieta es la reacción que puede provocar. Vivimos un tiempo muy demagógico, donde los oyentes indignados llaman a las radios a protestar, no de lo que cobran los políticos, sino incluso de que cobren. Se argumentará que en esos 8,4 millones de nuestros impuestos no está el coste total de viajes de Estado o de seguridad. Y, para redondear las críticas, no faltarán quienes entiendan que la monarquía es siempre cara por el mero hecho de ser monarquía. Es lo que tiene la transparencia. Sobre todo, en tiempos de tribulación.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

29 diciembre, 2011 a las 7:14 am

El caos socialista, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Lo menos que puede hacer el Partido Socialista es ponerse a discutir qué tipo de modelo ideológico quiere para sí mismo. Cuando lo tenga claro, podrá aprobarlo en su congreso de febrero. Para llegar a una conclusión que conecte mínimamente con la sociedad, quizá deba empezar por analizar por qué la mayoría social le ha abandonado y lo ha dejado con esa sensación de estar perdido en un océano de pensamiento liberal o conservador dominante. Y, al mismo tiempo, debe hacer un recorrido por su lista de nombres para decidir quién dirige ese viraje ideológico. No tiene por qué estancarse en los nombres que estamos lanzando los periodistas por las señales de humo que recibimos.

Lo que hay que empezar a preguntarse es quién dirige ese debate, que ya no es interno, sino hecho en los medios informativos por el procedimiento de los manifiestos. Ese mecanismo es tan válido como otro cualquiera; pero, visto el resultado de los dos lanzados a la opinión pública, es también un mecanismo envenenado que estimula las discrepancias, foco de todas las divisiones. Por una parte, transmite la sensación de que aquí sólo se juzga la obra de Zapatero, y sólo ella es culpable del desastre electoral. Por otra, provoca que parezca que sólo quienes han tenido un alto cargo, como los secretarios de Estado, valoran a su todavía líder. Es cuando menos injusto para quien gobernó el partido durante tantos años sin que nadie le planteara la menor objeción.

Esto pone al Partido Socialista en delicada situación. No es que esté al borde del cisma, yo no lo creo, pero la interpretación de la sociedad puede ser esa. Y si esa es la lectura social, se acabó el PSOE como alternativa de gobierno: nadie cree en un partido dividido o sometido a la erosión de los personalismos. Para evitar esa tragedia, alguien debería establecer el método de análisis, estudio y propuesta, con la disciplina posible en un momento de catarsis. Y ese alguien no puede ser ninguno de los líderes en contienda. O es el propio Zapatero, con toda la neutralidad de que sea capaz, o se crea una gestora. La anarquía es hermosa y divertida para cronistas, pero es la antesala del caos. Y su mejor garantía.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

27 diciembre, 2011 a las 7:15 am

La ocupación del centro, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

TRANSBORDO, MONCLOA

Los populares a reinar, los socialistas a despedazarse. Ese es el destino político que deja escrito la semana del cambio. Hay por ahí una fotografía de prensa donde se ve a Soraya y Rajoy avanzando hacia el poder, mientras Rubalcaba, mira triste a un futuro incierto desde un cuadro que lo retrata como antiguo ministro de Presidencia. Me quedo con esa foto como símbolo de la semana. Soraya es el triunfo y el poder. El gran poder. Dada su edad, de larga trayectoria. El retrato de Rubalcaba es la estampa de un tiempo pasado. El poder ha cambiado de rostro. Quien tanto interpeló a Zapatero, duerme hoy en su habitación. Quien tanto acosó a De la Vega ocupa su despacho. De quienes tanto pelearon por los votos del 20-N, uno queda inmóvil en el cuadro. Esa es la cara humana del cambio. Democracia es que no se retire el cuadro del vencido.

De los entrantes, dichos todos los elogios de tan brillantes currículos y títulos, sólo se puede decir una cosa: vamos a verlos. “Empiezas a cesar en el momento de ser nombrado”, decía Pío Cabanillas. Ahora estamos en el edulcorado momento de la llegada. Todo es felicidad. La palabra diálogo surge con tanta facilidad como la promesa de amor eterno en una ceremonia nupcial. Los propósitos de arreglar el país son sinceros, faltaría más.

Las ansias de marcar un antes y un después las siente todo ministro primerizo. Hay un acento mesiánico en la descripción del desastre, pero aquí están ellos para salvarnos. Y, puesto a ser generoso, ni siquiera descarto la existencia de un cierto patriotismo en quien se mete a gobernar en las penosas circunstancias del país.

Nada está escrito sobre el éxito o el fracaso de la misión. Ni están justificados los entusiasmos de la prensa más laudatoria, ni hay por qué enfriar la esperanza que el nuevo equipo ha creado. Si Rajoy consigue embridar la economía en un plazo razonable, nunca dirá aquello de Aznar “el milagro soy yo”, pero nadie le podrá discutir el éxito. Si la recuperación sólo se produce porque no hay mal que cien años dure, quedará como un correcto administrador, sin más alharacas. De momento, la victoria política que se puede anotar es la que obtuvo sobre su propio partido: hoy es mucho más centrista. Con un monumento al secretismo para evitar conspiraciones, ha dejado fuera al sector duro, más liberal en la economía, pero intransigente en la ideología. Este gobierno será bueno o malo; pero, estratégicamente, no tiene nada que ver con aquel PP que la opinión pública de Catalunya situaba al borde de la extrema derecha.

Con ello, se produce otra situación política nueva: Rajoy y su equipo ocupan el espacio que quedaba vacío entre el viejo PP y el PSOE. Es todo un mensaje para ese PSOE que anda a manifestazo limpio, sin saber cómo administrar la memoria de Zapatero. Si el PP sigue sin escorarse a la derecha y tiene éxito en la gobernación, al socialismo no le queda más remedio que recuperar ideario de izquierda. Lo peligroso es que, metidos en la guerra personalista, no sepan cuál es.

Una prueba

Cuenta la leyenda que cuando Zapatero le ofreció al general Félix Sanz Roldán el mando de los ejércitos, éste le contestó: “Te advierto que soy votante del PP”. Sin embargo, Zapatero lo nombró y después le encomendó la delicadísima dirección del delicadísimo CNI. La continuidad del general es uno de los test para medir el estilo (o la voluntad de control) de Rajoy.

El primer golpe

Supongamos que se confirma que el déficit de las administraciones -Estado y autonomías- se aproxima al 8% que dice Funcas y que sospecha Luis de Guindos. ¿Dónde queda el desfase de 16.500 millones que anunció Rajoy? Sería la primera cifra a corregir una semana después de anunciarla. No se puede comparar, pero por correcciones así hubo algún gobernante que fue acusado de improvisación y frivolidad. Y lo echamos del poder.

Diablo Cojuelo

Lo más impresionante de Soraya Sáenz de Santamaría no es el poder que acumula, que esta chica puede con todo. Lo más impresionante será verla imponiendo su autoridad a patas negras de su partido, algunos de colmillo retorcido. Me encantaría ver por el ojo de la cerradura cómo la obedece, la consulta y se somete a su disciplina un político de tanta personalidad, solidez, carrera y antigua rebeldía como Ruiz-Gallardón.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

24 diciembre, 2011 a las 7:17 am

El ‘corralito’, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Aquí está el cronista, mirando lo que no entiende y tratando de entender lo inexplicable. Lee lo de Europa, y todo le suena como una sentencia sin derecho a apelación: si hubiera que volver a la peseta, el cronista perdería el 40% de su patrimonio; si seguimos en el euro, será porque nos han quitado un porcentaje parecido de derechos y expectativas de bienestar. Si se impone la austeridad, el cronista perdería sus esperanzas de mejora, porque le recortarán todo y, encima, no habrá recuperación; pero, si no se impone la austeridad, será inevitable la bancarrota del Estado que todavía le protege. Y el cronista ya no sabe qué es peor: ser joven sin esperanza de empleo, o ser mayor sin tiempo por delante para disfrutar la mejoría que algún día llegará.

Jopé, qué tiempos. Antes no era así. Antes éramos felices, porque no teníamos ni idea de la prima de riesgo. Ganábamos poco, pero nos daba para comprar un apartamento en las afueras. Hemos llegado a pagar hipotecas al 17%, pero lo compensaba el aumento de salario. Perdías el empleo, pero siempre había un alma caritativa que te recogía. El Estado era un ente mostrenco, pero generoso, que nunca amenazaba con dejarte sin médico. Europa nos ofrecía horizontes infinitos. Y, si tenías un proyecto potable de negocio, al menos podías soñar y construir fantásticos castillos en el aire. Algunos se hicieron realidad.

Y todo eso se ha perdido en poquísimo tiempo. Ahora nos discuten todo. Nos regatean las pensiones. Nos quieren cobrar por ir al ambulatorio. Andan haciendo cálculos de cuánto cuestan los festivos, para quitarnos los puentes. Terminarán poniendo tasas por usar las carreteras y entrar en las ciudades. Nombran tecnócratas para cerrar bien la fiesta y embridarnos, no sea que se nos ocurra gastar lo sobrante en vino. Y todos los sabios andan buscando ranuras en la hucha de los niños para sacarnos un euro, y por eso no queda nadie libre para pensar cómo se construye empleo o cómo entra un mínimo socorro en tantos hogares sin un mísero salario.

Y en medio de ese desierto, lo peor es que nos han robado la iniciativa. Hay por ahí un rumor de impotencia, que dice que no vale la pena arriesgar mientras no se aclaren las cosas. Hay por ahí un ruido de desconfianza, que mata empujes y fabrica egoísmos. Hay por ahí un grito de incertidumbre, pórtico del miedo. Hay por ahí una queja de que han invalidado a miles, quizá millones de personas como autoras de su destino; personas que han hecho su proyecto de vida y ahora no se atreven ni a cambiar de coche; personas que no dependen de su esfuerzo ni de su inteligencia, sino de los designios de fuerzas extrañas que llaman mercados o de vendavales financieros que nadie puede controlar. Seguramente eso es la crisis. Seguramente eso es lo que tiene que arreglar el señor Rajoy. Pronto, que en L´Aldea han inaugurado un corralito, el primer corralito español.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

8 diciembre, 2011 a las 7:14 am

La foto del poder, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

TRANSBORDO, MONCLOA

¿Lo veis? La transición de Zapatero a Rajoy no es tan larga como parecía. Lo importante es llenarla de contenido. Ya estamos en su ecuador, y no hubo choque de trenes. Al revés: el señor Rajoy se ha convertido en uno de los últimos defensores de Zapatero. Dos semanas después de las urnas, se pueden obtener algunas impresiones. Primera: España ya se está gobernando desde la calle Génova. No publican en el BOE, pero han conseguido que la atención pública se centre en los movimientos de esa sede. Ya influye y decide más que la Moncloa. Segunda: Rajoy manda. Y manda mucho. No necesita ni moverse del despacho. Nadie le rechista. Está naciendo su carisma. Y la tercera: no se necesitan ni muchas palabras, ni muchos discursos, ni ruedas de prensa para marcar el rumbo político. Hay momentos en que bastan los gestos, con una única condición: que sean coherentes y parezcan marcar la dirección correcta.

A partir de estas consideraciones, es curioso observar cómo Zapatero se desvanece como una sombra, sin presencia para la crítica ni el elogio, y no será visible hasta la cumbre de refundación de Europa. Ya es el pasado o, dicho en lenguaje más positivo, está ingresando en la historia. Su partido, cuyo desastre inspiró tantas crónicas, se interna en su reflexión de futuro con atención disminuida y menos focos. En su lugar aparece un poder arrollador, que lo oculta todo. Es el poder del PP. Cuando Rajoy reunió a sus presidentes regionales el pasado jueves, permitió visualizarlo. La foto del poder político actual en España es esa. El resto es poder económico. Y el poder económico también se empieza a rendir y mirar a Génova. Naturalmente, con reverencia.

Entre todos esos presidentes, más los alcaldes y concejales, más el previsible añadido de la joya de Andalucía para poner en su corona, manejarán casi el 80% del dinero público. Nada se podrá hacer sin el visto bueno del PP. Incluso en Catalunya, donde su respaldo es preciso para muchas decisiones. Incluso en el País Vasco, donde la presidencia de Patxi López depende del apoyo de Basagoiti. Y así probablemente será durante los próximos ocho años. Hegemonía absoluta y larga, con permiso de la crisis económica. Ese es el panorama español.

Lo más fácil es asomarse al famoso balcón y ver España rendida a sus pies. El mayor peligro para el país sería la borrachera de poder, por sensato que sean Rajoy y sus futuros ministros. Por eso importan tanto los gestos. Por eso merece elogio que uno de los primeros pasos haya sido escuchar a patronal y sindicatos para abordar la reforma laboral. Hace falta unidad de poder para afrontar las difíciles medidas que exigen Europa y el sentido común. Pero hace falta mucho talante, esa palabra zapaterista, para atender a los demás. Y mucha generosidad ante lo que viene ahora: la designación de cargos institucionales. Si no existe esa generosidad, desde los órganos reguladores al Poder Judicial y al Tribunal Constitucional, la mayoría absoluta se convertirá en absoluto control.

Ni un voto

A la espera de la encuesta postelectoral del CIS, auténtica biblia de los sociólogos, las empresas de sondeos ponen en claro sus conclusiones del 20-N. Por unanimidad: durante la campaña, la curva de intención de voto a los grandes partidos estatales no se movió ni un milímetro. Nadie cambió de idea ni de propósito. Ni los indecisos fueron ganados por ninguna formación. ¿Valen la pena tanto esfuerzo y tanto dinero gastados?

El consuelo

El PSOE se ha dado un batacazo, no hace falta repetirlo. Los peores resultados de la historia, también se sabe. Pero alguien encontró una especie de consuelo que le da fuerzas de flaqueza: a pesar de esas desventuras, es la segunda fuerza política de referencia. Su líder será líder de la oposición. Y algo para levantar la moral de la militancia: con la excepción del PP, cosechó el doble de votos que todos los demás partidos juntos.

La gran baja

Será la primera legislatura en que Manuel Fraga, 89 años, fundador del PP, no ocupará escaño parlamentario. Mariano Rajoy le ofreció seguir como senador por Galicia. Y tuvo un detalle humano: fue a su casa a decírselo y brindarle la victoria electoral. Pero ni Fraga tiene ya voluntad, ni se lo permite su familia: “Seguiría presentándose en el Senado todos los días a las 8 de la mañana”.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

3 diciembre, 2011 a las 7:17 am

El síndrome Chacón, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Como dicen en mi país, manda carallo. Manda carallo lo que se oye en las emisoras españolas de radio cuando llaman los oyentes, bastantes oyentes, a opinar sobre Carme Chacón. Habría que encargar un estudio más riguroso al CIS, pero no saben ustedes la cantidad de ciudadanos que la consideran una independentista catalana. No expresan dudas sobre su capacidad política, ni sobre su inteligencia, ni critican su labor como ministra; simplemente la acusan de buscar, en el fondo, la secesión de Catalunya. ¿Cómo la verán cuando pasa revista a las tropas del Estado, cuando diseña la defensa nacional o cuando, como pide José Bono, grita “¡viva España!”? Para ellos debe de ser una farsante, una infiltrada que dice trabajar para España, pero, en el fondo, es más soberanista que Artur Mas.

Lamentablemente, no es ninguna anécdota. Responde a un estado de opinión que no acaba de digerir que se pueda ser catalán, y menos aún catalanista, y español al mismo tiempo. Es el reflejo de esa corriente que sobrevive en parte de la sociedad y entiende la unidad de España como algo uniforme, donde sobran las singularidades territoriales, y la identidad de los pueblos es la enemiga que combatir. Y más lamentablemente todavía, esos instintos son alentados por políticos de renombre. Aunque José Bono aclare después su pensamiento real, lo que dijo el lunes ha quedado para las hemerotecas. Y queda también lo que el martes añadió Alfonso Guerra.

Ambos respiran por la herida de un PSC que periódicamente expresa su voluntad de salirse de la disciplina del grupo parlamentario del PSOE en el Congreso y aplican su lógica: si el PSC quiere irse del hogar paterno, no se puede entregar la dirección de ese hogar a uno de sus militantes. Si esto tiene una irrefutable razón de partido, ¿cuál es el problema? Que el oyente simplifica: si el PSC sufre impulsos de volar por su cuenta porque el PSOE es un partido estatal; si, además, transmite la imagen de ser tan nacionalista como CiU, sus miembros no son de fiar. La razón de partido se amplía a la razón de Estado, y ya está: tampoco la gobernación de España se podría entregar a un catalán, salvo, supongo, que sea del PP.

Ese es el síndrome Chacón, que la ministra tiene detectado hace tiempo, y por eso se preguntó en campaña por qué una mujer, y además catalana, no podía dirigir el socialismo español. Pues ya tiene respuesta. Este cronista se limita a decir dos cosas. Al PSC, que ahí tiene una dificultad: o se encierra en Catalunya y limita sus horizontes, o se integra con claridad en el PSOE y amplía sus aspiraciones. A la clase política en general, que ahí tiene una enorme responsabilidad: o acomoda su discurso a la pluralidad de España, con todas sus identidades, o no llegaremos nunca a la normalidad territorial. Al revés: con lo dicho y oído, es probable que el sentimiento catalán y el español se hayan separado un poco más.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

1 diciembre, 2011 a las 7:14 am

El dedo de Guerra, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

El señor don Alfonso Guerra ha provocado una pequeña tormenta. Como ha dicho que no es buena técnica eso de “las mujeres primero” ha soliviantado el patio feminista. El veterano socialista no necesita la defensa de un aldeano como el que escribe esta crónica, pero creo que tiene razón en un detalle: aquí se ha primado el hecho de ser joven o mujer por encima de la valía personal. Pero esos son detalles menores. A mi juicio, el señor Guerra ha planteado dos cuestiones bastante más importantes.

La primera es que abrió el proceso de revisión del zapaterismo. Y lo abrió desde dentro, desde las propias filas socialistas. Hace un diagnóstico más negativo y duro que muchas de las críticas externas que se publican. Representa a un sector que se ha sentido marginado durante los últimos ocho años. Y tiene, por tanto, un poco de paso de factura por los agravios que han sufrido. La frontera entre esa actitud y el rencor es muy tenue. La que separa el análisis de la venganza, más tenue todavía. Y ese puede ser el mayor peligro del socialismo en esta etapa de desorientación ante su propio futuro.

La segunda es que descubre la debilidad del debate y la democracia interna en los partidos españoles. El señor Guerra que censura el inmediato pasado es el mismo que estuvo sentado en un escaño del PSOE durante todo el mandato de Zapatero. Se sabe de las ocasiones en que se negó a aplaudir, pero no se sabe que alguna vez haya mostrado su discrepancia en el grupo parlamentario y, desde luego, nunca se le ha visto romper la disciplina a la hora de votar. Con lo cual, mete sin querer el dedo en una de las llagas de nuestra democracia y de todas las democracias parlamentarias: un gobierno puede equivocarse en sus medidas concretas o en toda su filosofía, que no encuentra quien lo corrija desde dentro. Sus bancadas son puros mecanismos de refrendo de lo acordado previamente por el poder ejecutivo. La disciplina se impone a la razón, aunque sea subjetiva. La discrepancia es perseguida y por eso nadie se atreve a discrepar cuando debe hacerlo. Supongo que ese es el diagnóstico que hizo el señor Guerra. Cualquier otra lectura recibiría el nombre de cobardía.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

29 noviembre, 2011 a las 7:13 am

PSOE, tienes un problema, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

TRANSBORDO, MONCLOA

No os equivoquéis, socialistas: vuestro conflicto no está en decidir entre Rubalcaba y Chacón. Vuestro drama es que hubo elecciones autonómicas, y fuisteis borrados del mapa. Queda Andalucía pendiente de un soplo y el País Vasco, pendiente de un resbalón ante el PP. Y hubo municipales, y os quitaron el gobierno de casi todas las ciudades, hasta el punto de dejaros en un partido casi ruralista. Y hubo las generales, y las crónicas dejan este duro testimonio: la más severa derrota de la democracia. Y cuando hay rechazo para los gobiernos locales, autonómicos y el estatal, es que fallan las bases sobre las que se asienta un partido: el ideario, el liderazgo, la atracción y la base social.

Ese análisis, esa catarsis, es lo que debiera comenzar en el comité federal que hoy se reúne en Madrid. ¿Pero cómo llegan los dirigentes socialistas a esa reunión? Llegan obsesionados por el ambiente creado en los medios: la magia del poder, el personalismo de la política española. Parece que todo el problema del histórico PSOE se reduce a saber quién lo debe dirigir tras la marcha de Zapatero. Hay un auténtico festival de declaraciones sobre Alfredo Pérez Rubalcaba; movimientos reales o inventados en torno a Carme Chacón; iniciativas de crear una gestora y todas las ocurrencias que las crisis inspiran y las derrotas aceleran.

Si ese es el debate que quieren los responsables socialistas, quizá sean útiles algunas reflexiones. La primera, para quienes piensan como Rodríguez Ibarra: que Zapatero debe marcharse hoy mismo de la secretaría general como un apestado. Pues mire: lo mejor que hizo el PSOE después de las elecciones ha sido que no dimitiera nadie. En su día Joaquín Almunia no esperó ni cinco minutos y presentó su dimisión. Un gesto honorable que convirtió una derrota en un desastre que dejó al partido desnortado y en crisis permanente hasta que llegó Zapatero. Si ahora hubieran hecho lo mismo, sólo se vería el brillo de los cuchillos.

Y la segunda: no reduzcan este comité ni el congreso a decidir sobre Rubalcaba o Chacón o cualquiera que se quiera presentar. Lo que deben examinar es por qué razón la única aspirante joven es la ministra de Defensa; por qué no hay candidatos posibles de menos de 50 años; por qué después de ocho años de gobierno no ha emergido ninguna otra personalidad socialista a la que se pueda suponer capacidad de dirección, y por qué habiendo tenido miles de cargos en todas las administraciones no ha salido de ellos ningún líder natural joven que pueda renovar al menos la cara del partido.

Mi diagnóstico es doble. Por una parte, parece evidente que no los han dejado destacar. El culto a la personalidad del líder y el miedo a practicar la discrepancia han impedido que se desarrolle el talento que hay dentro del socialismo. Por otra, a la ideología socialdemócrata le ha faltado encanto para atraer a las jóvenes generaciones, a los ejecutivos brillantes y todo lo que signifique renovación. Y sin eso, no hay futuro. Por ahí, por tanto, tendrían que empezar.

El sustituto

Lo llamativo del cese de Francisco Granados como secretario general del PP de Madrid no es cómo lo ha fulminado Esperanza Aguirre. Lo llamativo es que lo sustituya por Ignacio González, hombre de su máxima confianza, pero que fue su ariete contra Rajoy. Por eso la duda es: o Aguirre busca lealtad, o premia aquel servicio, o envía a Génova el mensaje de que en Madrid manda ella. ¿Habrá lío? Depende de cómo lo tome Rajoy. Y no está para menudencias.

Los papeles

¿Cuántas sugerencias de medidas le estarán llegando a Rajoy? Cientos. He preguntado en su entorno qué hace con tanto papel, y me respondieron: “En todos puede haber un buena idea”. ¿Incluso cobrar por entrar en las ciudades? Y la respuesta fue: “Cuanto más rechazables sean esas iniciativas por su dureza, más digeribles y suaves parecerán las propuestas del presidente”. Si fuese una estrategia, rozaría la perfección.

El misterio

Zapatero se marcha sin descubrir el misterio que más le intrigó el último año: qué intereses inspiraron o movieron en otoño del 2010 los editoriales de los periódicos económicos más influyentes del mundo para desprestigiar la economía española y disparar la prima de riesgo. Es una espina que se lleva. Se marcha convencido de que hubo manos negras.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

26 noviembre, 2011 a las 8:19 am

La presión, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Don Mariano Rajoy ya sabe lo que es la presión. Ya la nota en torno a su cuello. No le deja ni disfrutar del triunfo tanto tiempo buscado. En menos de horas veinticuatro almuerza con los insufribles intereses de la subasta de letras; cena con el telegrama de Ángela Merkel; desayuna con los periódicos que traducen eso en demanda de rapidez en la revelación de su plan de estabilidad, sobre todo ahora que Artur Mas reveló el suyo, y el presidente de la patronal, don Juan Rosell, le sirve el aperitivo de la urgencia en las reformas. Rajoy, que había pedido que le dejasen al menos media hora, empieza a comprobar que el dios de los mercados, a diferencia de Nuestro Señor, aprieta, pero no afloja.

Vamos a ver. Todo el mundo tiene derecho a presionar al presidente electo para que desvele de una vez lo que piensa hacer con nuestras vidas y nuestros niveles de bienestar. Todo el mundo tiene derecho a utilizar el silencio del señor Rajoy para criticar su forma de hacer política. La señora Merkel puede también utilizar su poder de presidenta oculta, pero efectiva, de la Unión Europea para intentar hacer de los españoles unos alemanes de laboratorio. E incluso es legítimo, faltaría más, acusar a Rajoy de exceso de discreción que desorienta a los mercados que están diciendo por activa y por pasiva que no quieren discursos, sino acciones concretas.

Frente a ello, Mariano Rajoy tiene el derecho recíproco de marcar sus tiempos, de actuar con la lógica que considere pertinente, y de demostrar que su futuro gobierno es suyo, y no de ningún triunvirato exterior. Sobre todo, después de que ha proclamado su absoluta independencia de bancos, poderes económicos o medios de comunicación. Supongo que también de la señora Merkel. Una cosa es la excelente relación entre gobernantes y países, y otra dejarse gobernar. Y una cosa es la inactividad y otra actuar precipitadamente. Esas son, a mi juicio, las bases políticas de este complejo tiempo de transición del socialismo al PP.

Ahora, cuando los mercados ahogan, nos damos cuenta de que tenemos un mecanismo de transmisión de poderes desesperadamente lento. Pero, señores, son los que son, y a ellos hay que atenerse. Es absurdo ponerse a discutir ahora si se puede ahorrar una semana en los trámites. ¿Qué ganaría el país si Rajoy adelanta el nombre del superministro de economía que tiene pensado? Nada; sólo gastarlo porque no puede actuar. ¿Y qué podría decirnos a los administrados, qué medidas podría anunciar a los mercados, si su jefe no ha pronunciado siquiera su discurso de investidura?

Y por cierto: ese conjunto de presiones, incluida la de Merkel, sólo trasladan a los mercados la idea de que la economía española se está hundiendo y necesita urgente reparación. Quizá sea verdad, no lo sé, pero si vamos a pasar un mes más diciendo que hay que actuar porque nos hundimos, es probable que terminemos en el fondo del mar.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

24 noviembre, 2011 a las 7:13 am

Absolutamente dominante, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

EL ESPECTADOR

Hacia el partido único. Así titulábamos la crónica de las elecciones municipales de mayo. Las urnas de ayer fueron el capítulo siguiente: alcanzada la meta de ser el partido único. Si la calificación resulta exagerada o incluso totalitaria, la matizo: el Partido Popular se acabó de consolidar como la fuerza política absolutamente dominante en España. Mariano Rajoy consiguió el ideal de cualquier dirigente: sumar al poder municipal y autonómico conquistado en mayo el poder absoluto para la gobernación del Estado. A su lado quedan un conjunto de partidos cuya influencia dependerá de la generosidad del ganador y un Partido Socialista que termina su mandato derrotado, humillado y encaminado a un largo y tenso periodo de crisis, recomposición y lucha por el liderazgo. Más que una travesía del desierto, un calvario.

Eso es lo que ocurrió ayer. Un país que se define de centroizquierda le entregó el poder a la derecha con la fe del converso. Archivó su ideología, superó sus miedos, prescindió de prejuicios y se puso a buscar un gestor que le saque de la agonía económica.

Ese es el sentido de las elecciones, y no otro. Con lo cual, la sociedad le marca al nuevo gobierno su tarea fundamental: sáquenos de este pozo. Y además, sáquenos como a usted le dé la gana. Ni han cotizado las inconcreciones de Rajoy, ni la agitación de temores a los recortes, que posiblemente todos los ciudadanos dan por inevitables. Sospecho que tampoco han tenido gran valoración las cuestiones morales de la ley del aborto, ni de la asignatura educación para la ciudadanía, ni los espectros que no hace tantos meses agitaban los nacionalistas.

¿Es esto un cheque en blanco para el ganador? Eso nunca ocurre en democracia. A Mariano Rajoy se le pide que sea el médico para una enfermedad mortal, pero sabe perfectamente dónde está el límite: en no abusar del rodillo que se ha puesto en sus manos. Podrá aprobar cualquier ley sin pedir ayuda, nadie le hará sombra, el PSOE tiene bastante con sobrevivir después del leñazo recibido, pero cualquier sacrificio que reclame, cualquier recorte que imponga, habrá de tener el apoyo de alguien más. Y no puede hacer lo que hizo Rodríguez Zapatero: meterse en negociaciones infinitas que no consiguieron otra cosa que perder el tiempo. Ahora no hay ese tiempo.

Los rodillos, cuando se aplican, tienen un efecto perverso: trasladan la oposición a la calle. Le ocurrió a Felipe González cuando no pudo controlar la arrogancia después de un triunfo electoral parecido. Le ocurrió a Aznar cuando empezó a creer que el milagro era él.

Y ese, ahora, es el único riesgo que amenaza la hermosa victoria de ayer.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

21 noviembre, 2011 a las 7:15 am

Teoría (im) probable de una conspiración, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

EL ESPECTADOR

Si alguien hubiera planificado el final de campaña electoral más perverso y perjudicial para el partido del gobierno, le habría salido algo así: una angustia económica que hace hablar a La Vanguardia de “otro día de pánico”; una sensación de miedo al futuro entre los ciudadanos que agita las ansias de cambio y beneficia a quienes lo propugnan; un ambiente financiero de hundimiento generalizado, del que no se salvan ni las empresas ni los bancos; un mensaje exterior de derribo de gobiernos que fracasaron frente a la crisis, y como complemento, la sustitución de esos gobiernos por equipos de expertos a los que se encomienda la tarea de salvar a la nación.

Es todo tan malo para el partido gobernante, que no resulta nada difícil sostener la teoría de una conspiración contra el último bastión del socialismo europeo. Bastaría imaginar unos mercados de rostro oculto, que se unen para elevar la prima de riesgo a niveles que no se corresponden con la realidad económica del país. Bastaría ver como nos ponen unos intereses de la deuda que, según la vicepresidenta Elena Salgado, son desproporcionados en relación con la solidez financiera del Estado. Y bastaría pensar que, si hace ocho años se sostuvo la tesis de que el terrible atentado del 11-M fue el resultado de una gran conjura para cambiar el gobierno, ¿por qué no imaginar ahora una conjura del gran capitalismo europeo para conseguir el mismo fin? Ya sé que es inverosímil; pero admítanme que no es improbable.

Así llegamos al sábado de reflexión y al domingo electoral: urnas bajo el miedo, beneficio clarísimo para el Partido Popular y alianza de las estrellas contra el desalentado PSOE. Si alguien esperaba una acción mágica del mago Rubalcaba que hiciera cambiar los designios de los sondeos, se equivocó. Aquí ya no hay magia ni siquiera ilusionismo. Se llega a las elecciones de mañana con un país dispuesto a olvidarse de cualquier ideología, a votar estrictamente haciendo números y con una Catalunya del Pacte del Tinell dispuesta a construir un arco de la victoria para que pase como ganador aquel mismo a quien entonces marginó.

Este país que se confiesa de centroizquierda votará mañana masivamente a la derecha. Es lo que fuerzan las circunstancias. Si aquí se hubiera presentado un tecnócrata de esos que ahora mandan en Italia y Grecia, podría alzarse con la victoria. De hecho, dado que ni Mariano Rajoy ni Alfredo Pérez Rubalcaba presentan ese perfil técnico, se les demanda que incorporen a quienes garanticen más eficacia económica. No me extrañaría ver en el próximo gobierno a un economista al frente del mismísimo Ministerio de Cultura. Y, desde luego, en el puesto de portavoz.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

19 noviembre, 2011 a las 7:17 am

Serio aviso a la política, de Fernando Ónega en La Vanguardia

deja un comentario

Estos días se habla mucho de los golpes de autoridad que han dado los funestos mercados. Sin pasar por las urnas, sin ningún trámite democrático de los conocidos, se han cargado a dos jefes de gobierno europeos, y quizá estén en la raíz de la despedida de Rodríguez Zapatero. Les presentaron sendas mociones de censura que fueron votadas en las bolsas, los derribaron sin contemplación y los sustituyeron por tecnócratas a los que encomiendan la misión de salvar a sus países, a la moneda común y a toda la Unión Europea. Un golpe de Estado no lo haría mejor ni de forma más eficaz. Sólo hay una diferencia: no hay tanques por las calles, ni se encarcela a nadie. La ley marcial que se proclama es la ley del sacrificio y la ordenación de cuentas con mano militar.

Se discute si esto es el final de la política o la desautorización de la política como arte de conducir a los pueblos. Yo creo que no. En el caso italiano, al menos, es la instauración de una política más noble, que viene a sustituir los espectáculos poco honorables del señor Berlusconi. Pero sí es un serio aviso a la política tradicional, a la que viene a decir: si tú no tienes mecanismos para prescindir de gobernantes ineficaces o impotentes para hacer frente a los problemas de nación, apártate, que yo me encargo de echarlos. Y eso es lo que hicieron.

La política tradicional tiene muchas limitaciones para depurar a sus dirigentes. Tiene los núcleos duros de los partidos, que no impiden la aparición de relevos que perjudiquen su estatus. Tiene la disciplina parlamentaria, censora de la libertad de pensamiento y agente activa del inmovilismo. Tiene el culto al líder, de cuya permanencia depende el modus vivendi de muchos militantes. Tiene el poder, cuyo disfrute depende de la estabilidad y el empeño en mantenerse del gobernante, como Berlusconi, que superó 43 mociones de censura y de confianza. Y, en cuanto a la transferencia de ese poder a los ciudadanos, se hace y se practica cada cuatro años, con escasa capacidad de reacción en los periodos intermedios.

Si la democracia fuera más eficaz para forzar recambios, no sería precisa la acción de los mercados, esa peligrosa intervención.

¿Te gusta? ¡Compártelo!

Introducido por Reggio

15 noviembre, 2011 a las 7:14 am