Caffè Reggio

Un lugar de encuentro para leer juntos

Archivo del autor ‘Lluís Foix’

Lo inevitable también ocurre, de Lluís Foix en La Vanguardia

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El periodismo se ocupa de momentos concretos, de lo que ocurre en un cierto lugar, es un imprescindible borrador de la historia, relata lo que observa y tiene que estar en condiciones de cambiar de punto de vista cuando la realidad así lo exige. Entiendo que un periodista ha de estar abierto a todos los puntos de vista, lo que no significa ser indiferente a todas las actitudes. La propaganda es mala, incluso para quien pretende beneficiarse de ella. La realidad acaba sabiéndose aunque transcurran siglos. Hay cosas que no se escriben, dijo Napoleón al saber la capitulación de Bailén. No se escribió, pero se supo al instante.

Va a empezar un año en el que las incertidumbres son múltiples. Después de lo que ha ocurrido en el 2011, ya no creo más en el periodismo de predicciones. Hace un año nadie se habría atrevido a insinuar que en los próximos meses habrían caído tres dictadores de tomo y lomo en el norte de África. Varios ministros franceses todavía pasaron las vacaciones de estas fechas en Túnez y Egipto, invitados, por supuesto, por los dictadores.

Las primaveras árabes han dado prisa a los gobiernos autárquicos y dictatoriales de la zona para reformar constituciones o abrir tímidamente sus rígidos sistemas de gobierno. Fueron malos tiempos para las dictaduras de todo pelaje.

Nadie habría previsto que en las gélidas calles de Moscú, con la nieve cubriendo las aceras y tejados, decenas de miles se manifestarían para pedir la repetición de las elecciones y la retirada de Vladímir Putin, que supuestamente organizó un pucherazo en las urnas. Lo que ocurre en Rusia, ya lo dijo Churchill, “es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. Lo cierto es que desde las guerras napoleónicas, Rusia ha condicionado la política internacional.

Empezábamos el año con la seguridad de que el euro y la Unión Europea eran cartas tan sólidas como el crecimiento de los indios o los chinos. Que nadie haga predicciones, ni siquiera el flamante equipo de Mariano Rajoy, que vive las mejores horas de un gobierno, que son las previas a las primeras decisiones. Los socialistas temían la derrota, pero no por una goleada tan estrepitosa.

Tampoco estaba previsto que el rey Juan Carlos acabaría el año con un discurso pidiendo que la justicia actúe sin discriminaciones, refiriéndose a su yerno Urdangarin, que supuestamente ha cometido delitos de mayor cuantía. No es imprescindible hacer predicciones cuando se analizan los hechos ocurridos este año. Mitterrand dijo que la caída del muro de Berlín no la vería él ni la siguiente generación. Cayó al día siguiente.

Es aconsejable la cautela, porque la velocidad del cambio es de tal envergadura que sabemos que vamos muy deprisa pero desconocemos hacia qué puerto nos dirigimos. En tiempos de crisis ocurre también lo inevitable.

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29 diciembre, 2011 a las 7:15 am

Rajoy no es jugador de póquer, de Lluís Foix en La Vanguardia

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La tentación de replegar el Estado autonómico puede tener efectos inesperados y negativos

Mariano Rajoy ha tomado posesión como sexto presidente del Gobierno desde la reinstauración democrática. Lo hace con mayoría absoluta al frente de un Partido Popular que ha conseguido victorias muy sólidas también en las municipales y autonómicas de este año. El PSOE está perdido en combate, en espera de un congreso, con las divisiones propias de las formaciones que han perdido estrepitosamente unas elecciones, enzarzados en la lógica pugna por el liderazgo que tendrá que elaborar ideas, discursos y programas.

Es la legislatura con más formaciones políticas con representación parlamentaria, con intereses ideológicos y territoriales muy remarcables y contrapuestos que van a ofrecer muchas jornadas de tensión en el Congreso. El presidente Rajoy ha dado ya señales sobre cómo dirigirá el gobierno. No ha hablado de talante, pero sí de realismo. Tengo la impresión de que su aparente ambigüedad galaica va a dar paso a una política de firmeza revestida de una autoridad incuestionable.

Rajoy tiene mucha tela que cortar. Nos ha anunciado las medidas de rigor presupuestario y algunos recortes que se anunciarán en las próximas semanas. Se ha declarado firme partidario del euro, lo que le obligará a ponerse en posición de firmes ante el Fondo Monetario, la señora Merkel y cuantos agentes de fuera determinen cómo y quién tiene que gobernar.

Será interesante ver cómo capea a Amaiur que incomprensiblemente no ha obtenido grupo propio, a pesar de tener más escaños que el PNV, y también cómo se articularán las relaciones con Duran Lleida y sus 16 diputados que, de entrada, han votado en contra de la investidura.

La amplia mayoría de Rajoy y la debilidad y fragmentación de las fuerzas de la oposición podrían llevar al presidente del Gobierno a una reconsideración del Estado de las autonomías que se traduciría en una tendencia centralizadora. No me importa repetir que los más de treinta años del Estado de las autonomías han sido el periodo más largo de progreso, libertad y paz social que ha conocido España.

Se ha demostrado que el “café para todos” de Suárez fue una fórmula para aguar el contenido de las tres autonomías históricas, Catalunya, Euskadi y Galicia, construyendo una mastodóntica estructura estatal que no tiene mucho sentido práctico. Ahora es muy difícil dar marcha atrás y si Rajoy cae en la tentación de homogeneizar España y reducir por igual las competencias autonómicas, las tensiones serán mayores, especialmente en Catalunya y Euskadi así como, por razones distintas, en el resto de España.

El desencuentro entre Rajoy y Duran en el Congreso no se limitó a un voto negativo a la investidura. Quisiera equivocarme, pero sospecho que los trenes han salido en dirección opuesta y sólo hay una vía.

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22 diciembre, 2011 a las 7:15 am

La responsabilidad es del otro, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Franceses y alemanes se dedican a criticar a los británicos que han hecho el amago de vetar la revisión de los tratados. Las respuestas inglesas han sido inmediatas y contundentes. Los fantasmas de la historia han flotado sobre las nieblas del canal y se han aireado los habituales contenciosos de la Europa de las potencias que tantos cadáveres sembraron en el continente.

Los italianos, a través de la prensa controlada por Berlusconi, han organizado una campaña caricaturesca contra Alemania y también algún socialista no muy representativo de Francia ha sacado del baúl de los recuerdos viejos espantajos del siglo pasado.

La crisis que ha alterado la tranquilidad europea es de orden económico, financiero, de cifras, deudas, déficits y falta de confianza en la moneda de la zona euro. Pero pienso que hay otra crisis de mayor calado que consiste en el resurgimiento de la razón de Estado, ese concepto aplicado por Richelieu y que tantos choques absurdos ha traído a la Europa, que va en dirección contraria a la idea que pusieron en marcha los fundadores de la Unión para que en Europa no hubiera más guerras.

La geometría variable de la pugna entre estados, naciones, pueblos y culturas es un mal presagio para que Europa pueda superar la situación angustiosa y de miedo en que está viviendo.

El reverendo Peter Mullen, capellán anglicano de la Bolsa de Londres, ha dicho que los “alemanes intentaron conseguir la hegemonía en Europa por la fuerza militar en 1870, 1914 y 1939 y ahora Angela Merkel está intentando hacer lo mismo utilizando las armas del sistema financiero”. Los italianos y griegos no tienen el jefe de Gobierno que han elegido sino el que se les ha impuesto desde Berlín y París. Esta fórmula no puede ser duradera y en todo caso no es democrática.

En el momento en el que los pueblos, naciones y estados europeos empiezan a hurgar en su historia para echarla en cara de los demás, empieza un proceso de deterioro de las relaciones que suelen acabar en feos y dolorosos conflictos. El Estado de bienestar, dijo Helmut Schmidt hace unos meses, es la aportación más importante que Europa ha ofrecido al mundo en el siglo pasado. Este invento se está resquebrajando. No por razones exclusivamente económicas sino por el resurgimiento de los sentimientos de buscar las responsabilidades en los otros. Este es el problema.

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20 diciembre, 2011 a las 7:14 am

La Europa de las personas, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Hay que recuperar las ideas humanistas y progresistas que hicieron posible la convivencia

Se nos recomienda desde los centros de perspectiva y de análisis de datos que compremos cinturones con varios agujeros libres porque vienen tiempos de precariedades que afectarán más a las sociedades ricas que a las pobres. El adelgazamiento personal y colectivo se impondrá como el hecho más natural, como una consecuencia del pensamiento político del momento, que ya no consiste en compartir la riqueza y el crecimiento, sino en dividir las estrecheces y el sufrimiento.

Vienen tiempos difíciles en todos los campos. Es el sentimiento general que expresan los políticos y también temen las gentes corrientes. Hay miedo a no encontrar trabajo o a perderlo; se teme que el edificio monetario del euro en el que se sustenta buena parte de Europa se desplome y que el nacionalismo de los estados vuelva a deshacer el camino andado en la prosperidad, la convivencia y el respeto a los largo de sesenta años.

¿Qué va a pasar?, nos preguntamos cada día al no poder controlar la velocidad de los cambios que observamos en la economía, la política, la ciencia, las nuevas tecnologías y todo el panorama del progreso que nos obliga a cambiar de hábitos si no queremos quedar descolgados de los usos que comparten miles de millones de ciudadanos planetarios.

La inseguridad se manifiesta en los sistemas democráticos pero también hace tambalear a los dictadores que no pueden frenar a multitudes que deciden lanzarse a la calle arriesgando sus vidas ante la policía o el ejército para obtener la libertad.

El hecho es que en Europa hemos dejado de pensar en la solidaridad cayendo en un egoísmo nacional y particular que se aleja velozmente de la idea comunitaria que inspiró a quienes pusieron las primeras piedras de lo que hoy es la UE.

Pienso que estamos ante un momento de grandes oportunidades para todos si se recuperan las ideas del esfuerzo, el trabajo, la preocupación por el otro, por el bien común, por aquellos que están en la cuneta social, por defender la dignidad y la libertad de las personas, vinieren de donde vinieren y piensen como les parezca. Europa debe recuperar el humanismo que cultivaron en tiempos de rupturas sociales personajes como Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro y que, varios siglos después, impulsaron los fundadores de la CEE sobre las cenizas de un continente devastado.

Si nuestras discusiones se centran exclusivamente en la deuda, el déficit, los bonos, los mercados, los bancos centrales y todo el lenguaje monetario que nos apabulla, volveremos a entrar en la barbarie. En Europa hay muchas cosas. Pero lo más importante que hay son personas, unos 500 millones, que habíamos encontrado un instrumento para convivir y progresar que ahora está en cuestión. Más ideas, más humanismo y menos contables.

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15 diciembre, 2011 a las 7:15 am

A quién se cede soberanía, de Lluís Foix en La Vanguardia

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La cumbre que levantó un muro institucional entre Europa y Gran Bretaña se alargó hasta bien entrada la madrugada por la vieja cuestión de las competencias y de la soberanía. Para avanzar en la construcción europea se ha considerado imprescindible que los estados cedieran competencias y soberanía hacia arriba. Esta es la razón de fondo del plante de David Cameron al ejercer su derecho de veto para cambiar los tratados vigentes.

Gran Bretaña no está interesada en una Europa federal y mucho menos está dispuesta a ceder los privilegios de la City, esa gran parcela de poder financiero, en favor del Banco Central Europeo y del sistema bancario continental que exigen que los países de la zona euro sean los que ejecuten las transacciones y los movimientos con la divisa común.

Cameron se ha desmarcado por razones financieras y también por cuestiones de armonización fiscal. Su ruptura parcial con la Europa que viene es bien vista por la opinión pública británica que considera a los franceses unos seres extraños, una visión correspondida adecuadamente por los franceses respecto a los ingleses. En cuanto a los alemanes, las heridas de la guerra mundial siguen latentes y vivas en Londres aunque han sido cicatrizadas en la Europa continental.

Estamos, por tanto, ante una refundación de Europa en la que Gran Bretaña tendría un papel tangencial si en los próximos meses el Gobierno Cameron no corrige su posición expresada en la madrugada del viernes pasado. No hay que descartarlo porque es habitual en los ingleses zancadillear Europa y, si no consiguen derribarla, unirse posteriormente a ella como si nada hubiera ocurrido.

Pero lo más inquietante para los europeístas es que la soberanía y las competencias cedidas se queden en Berlín o París y no vayan a instituciones que nos representen a todos. No tiene sentido y es escasamente democrático que las cesiones se tengan que hacer a favor de los dos países más poderosos.

Este paso sería un peligro para el futuro de la UE o de lo que salga tras la negativa británica a reformar los tratados. Europa, no lo olvidemos, es también la consideración y el servicio a las minorías. El éxito desde el tratado de Roma de 1957 hasta hoy ha sido el de respetar a los pequeños y los más frágiles. No sería bueno ceder competencias al eje Berlín-París.

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13 diciembre, 2011 a las 7:14 am

O Europa crece o Europa se hunde, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Mariano Rajoy se presentó ayer en Marsella estrenando su experiencia internacional y europea como próximo presidente del Gobierno. Se reunió con los líderes conservadores europeos y también con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, que vigila con lupa la evolución de la crisis de la deuda y del euro.

Volvemos a tener un presidente que no habla inglés, la lengua franca del momento, a pesar de que desde que tengo recuerdo los gobiernos españoles se han empeñado en que en unos años todos los alumnos hablen inglés. Pues bien, desde Suárez a Rajoy, no ha habido ninguno que pudiera hablar sin intérprete con la mayoría de líderes mundiales. Aznar lo aprendió después de su paso por Moncloa. Pero el idioma no es más importante que el discurso.

Lo que interesa en estos tiempos de convulsión europea es algo más que rendir obediencia ciega a lo que interese a Merkozy diciendo que España tiene el objetivo de estar entre los países que decidan el presente y el futuro de Europa. Esto es mucho pero es insuficiente.

No se puede dudar de la voluntad europeísta del Partido Popular y del próximo gobierno. Pero Rajoy y su equipo tendrán que articular un discurso que aporte los aspectos positivos, que no son pocos, de los socios de la Europa meridional. Haciendo los deberes presupuestarios y de ajustes, por supuesto, pero también aportando criterios de justicia y racionalidad que vayan más allá del acatamiento puro y duro de lo que venga de los principales países de Europa.

Hay que pedir sin complejos que sean las instituciones las que decidan y manden en Europa y, en todo caso, impulsar la modificación de los pilares institucionales hasta allí donde haga falta. Pero no se puede entregar por mucho tiempo todo el poder a Francia y Alemania porque crearía un grave problema de legitimidad y un déficit democrático.

Cuando las agencias de calificación de riesgos sometían a una ducha escocesa la economía española cada dos por tres, se aceptaba como una fatalidad intocable. Cuando esas agencias han amenazado la degradación de la deuda de Alemania y Francia, de toda Europa, los gobiernos han salido en tromba criticando a Standard & Poors y exigiendo, ya era hora, ver todo el informe que justifica sus predicciones. Zapatero y Salgado lo debían haber hecho desde el comienzo y Rajoy lo tendrá que hacer también.

Mientras Europa no cambie el discurso del recorte por el del trabajo y la producción, la crisis se agravará más. El presidente Obama dijo ayer algo elemental: la clase media ya no es capaz de comprar los bienes que producimos. Europa no puede situarse en un ámbito de liquidación limitándose a pagar a acreedores. Esto no nos lleva a ninguna parte. Sí, al fracaso.

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8 diciembre, 2011 a las 7:15 am

Discursos europeos en positivo, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Que un ministro de Exteriores de Polonia impresione en Berlín con un discurso europeísta es una novedad. Radek Sikorski fue periodista en las guerras balcánicas de los noventa y estudió filosofía, políticas y economía en Oxford. Su conferencia, igual que la de Helmut Schmidt el domingo en el Parteitag del SPD alemán, desautorizan la idea de que en Europa no hay discurso y que escasean las gentes con talla política e intelectual.

Polonia es uno de los países europeos con una historia más atormentada. Hoy forma parte de la UE, crecerá este año un 4%, ha descubierto importantes reservas de gas y ha perdido el miedo atávico a alemanes y rusos. El ministro Sikorski dijo que Alemania era la nación indispensable de Europa y que el Reino Unido sería mejor que estuviera del todo dentro de la Unión, pero que, si no es así, que “deje trabajar” al resto. Respecto a la ampliación ofreció cifras que conviene recordar. El comercio entre los diez nuevos miembros y el resto de los estados de la UE era de 51.000 millones de euros en 1995 y hoy asciende a 222.000 millones.

Se pueden analizar los datos desde muchos ángulos. Pero se olvida, por ejemplo, que el euro es una moneda más estable que el dólar y de lo que hubiera sido el viejo marco alemán. El ministro Sikorski se refirió al filósofo Immanuel Kant, que dejó escrito que la honradez y la responsabilidad eran imperativos categóricos que constituyen el fundamento de cualquier orden moral. El filósofo de Königsberg dijo también que la práctica de pedir dinero prestado debe presuponer cuando menos la honesta voluntad de devolverlo. Refiriéndose a Alemania, Sikorski dijo que era la más grande beneficiaria de la situación y tenía la obligación de no dejar que el euro arrastrara hacia el precipicio a los europeos.

Pienso que habría que abandonar las predicciones apocalípticas de Europa. No hay para tanto. Si los alemanes y franceses no han respetado el pacto de estabilidad y crecimiento varias veces, no tiene sentido dejar tirados a aquellos países que hicieron lo mismo con el conocimiento de Berlín y París. Las reformas tienen que conducir a una mayor integración en una federación fiscal, sin derechos de veto, para convertir el BCE en un auténtico banco central. Si los políticos europeos sólo piensan en ganar las próximas elecciones, se instalará la lógica individualista que volverá a levantar fronteras en Europa.

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6 diciembre, 2011 a las 7:15 am

Asoman viejos fantasmas, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Josep Borrell observa el mundo desde las privilegiadas colinas florentinas que miran la historia del Renacimiento italiano que transcurre a las orillas del río Arno. Preside el Instituto Universitario Europeo de Florencia, una institución de excelencia en la que se fabrican tesis doctorales y se escriben centenares de estudios sobre la situación en Europa y en el mundo. Ha escrito junto con Andreu Missé un interesante libro sobre la crisis del euro. Merece la pena escuchar a Borrell sobre su visión de Europa y el mundo, ahora que los socialistas españoles y catalanes intentan administrar los recientes descalabros electorales. El PSOE y el PSC le quedan lejanos e inciertos.

Dice que no es un euroescéptico sino un europreocupado. Me ha llamado negativamente la atención el hecho de que muchos estudiantes de distintos puntos de Europa que cursan doctorados en su universidad no están entusiasmados con Europa.

Entiendo que la idea que abunda entre los que serán las élites europeas en una generación sitúa los intereses nacionales por encima de los del conjunto de Europa. Esta nueva deriva se observa en la división entre un Norte de Europa que funciona y que tenía la idea de que la Europa meridional cumpliría con sus compromisos y ahora se siente engañada. La Europa del Sur, por su parte, se encuentra con una economía estancada y se enfrenta a sus perturbaciones responsabilizando la tiranía económica del Norte, a menudo satirizada en Atenas con cascos del estilo prusiano de Bismarck o incluso con las botas del III Reich.

Se ha roto el relato, que es más desgarrador cuando se observa el crecimiento de los partidos de extrema derecha que están condicionando muchas políticas en los países del norte.

En Holanda, el partido de Geert Wilders ha conseguido escaños suficientes para condicionar al Gobierno impulsando una ley para expulsar a todos los extranjeros que no tengan contrato laboral, a pesar de proceder de otros países de la Unión y haber cotizado en Holanda cuando trabajaban. Un partido con planteamientos semejantes ha obtenido el 25% de los votos en Finlandia donde la inmigración es del todo insignificante.

No hay entusiasmo por Europa ni tampoco ningún temor a que un fracaso del euro o de las instituciones de Bruselas y Estrasburgo conduzcan a una nueva guerra entre europeos.

Ni Borrell ni sus aventajados alumnos vislumbran la posibilidad de una guerra. Le quiero hacer caso pero mientras le escucho me vienen a la memoria los ambientes de tranquilidad y entusiasmo por el progreso hace ahora cien años en una Europa que se disponía a inaugurar el siglo más bélico y sanguinario de su historia. Hay que mirar al futuro, por supuesto, pero el pasado nunca pasa y está presente en la memoria de los pueblos que, si son inteligentes, saben que hay que ahuyentar los viejos fantasmas.

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1 diciembre, 2011 a las 7:15 am

Profetas del infortunio, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Los profetas del infortunio se proyectan sobre el futuro de Europa anunciando que el fin del euro está cerca y que el Banco Central Europeo ha fracasado en su intento de resolver la crisis del déficit y de la deuda que afecta a prácticamente todos los países de la Unión. Los ataques más frontales vienen de la prensa y gobiernos anglosajones que, por razones diversas, no han admitido nunca la posibilidad de que desde Frankfurt se ejerciera la competencia financiera directa a la City de Londres y a Wall Street. Parece que todo el modelo europeo se encuentra en grave riesgo. La aparición de un nuevo banco central es una competencia que hay que combatir.

Las dificultades extraeuropeas son patentes y seguirán mucho tiempo. En el caso británico porque, simplemente, no aceptan la idea de una Europa unida política, fiscal y financieramente. Entraron en lo que hoy es laUE en 1975 porque temían el aislamiento, pero su idea de Europa no coincide con la de Francia y Alemania.

Las razones de Estados Unidos no están condicionadas por viejas rivalidades históricas europeas sino por la amenaza que significa una moneda de referencia que, paradójicamente, se mantiene fuerte a pesar de las sacudidas de la crisis.

Estos interesados enemigos externos son de poca importancia si se comparan con la incapacidad de los políticos de la zona euro de abandonar el discurso del miedo y traducirlo en un mensaje positivo de crear riqueza y empleo. Tienen que denunciar quiénes son los responsables de las barbaridades cometidas y cortar de raíz las complicidades interesadas entre el mundo político y financiero.

Parece como si los políticos han sido incapaces de aspirar a algo más que a ser reelegidos. La política se ha convertido en una maquinaria de reclutar votos dejando de lado las convicciones, el servicio público y – muy especialmente-los grandes temas de futuro que se centran en la educación y la investigación de hoy.

Sin apenas darnos cuenta hemos entrado en un periodo en el que las grandes decisiones se toman al margen de los electores y bajo el nombre de austeridad presupuestaria se designan gobiernos desde instancias que no tienen que dar cuentas a nadie. Ni el Parlamento Europeo, ni la Comisión, ni el Consejo ejercitan las funciones previstas en el tratado de Lisboa. O se cambian los tratados o nos movemos en un ámbito sin leyes y sin libertades.

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29 noviembre, 2011 a las 7:14 am

Sin diagnóstico no hay terapia, de Lluís Foix en La Vanguardia

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El incendio avanza y los cortafuegos no detienen las llamas que van saltando de país a país sin que las muchas reuniones de alto nivel, bilaterales, de ministros de Economía y de banqueros consigan acuerdos que tranquilicen los mercados que, tal como están las cosas, parece que son más importantes que las personas y las instituciones.

Se han alcanzado este año tres pactos integrales en la zona euro que iban a resolver la crisis de confianza creada por el déficit y la deuda de la gran mayoría de países. Sigue el miedo que se traduce en pánico y quienes determinan la credibilidad financiera de los estados no parecen estar impresionados por elecciones, por cambios de gobiernos o por datos que demuestren que la recuperación está cerca.

Va penetrando en el imaginario colectivo europeo que el euro puede fracasar, que el nacionalismo económico de los estados se sobreponga a los intereses colectivos de la Unión, que Alemania acabe germanizando Europa y que la política se encuentre cada vez más al pie de los caballos de las finanzas y de la economía de los más fuertes que pueden erosionar la libertad de los más frágiles.

Pero también resalta otra idea, más positiva pero más problemática, que consiste en ceder todavía más competencias hasta llegar a la elección por sufragio universal de un presidente y un gobierno ejecutivos de la UE con el objetivo de formar unos Estados Unidos de Europa, idea que ya fue preconizada por Víctor Hugo, Napoleón y otros personajes que pensaron más en una Europa unitaria que en un continente plural y diverso.

Europa no podrá ser alemana ni francesa y mucho menos británica. Sólo es posible una Europa que sume culturas en el ámbito de una misma civilización y que cada pueblo reciba del conjunto una parte proporcional de lo que aporte.

El comisario Rehn decía ayer que en España es urgente una reforma laboral y aportaba un dato incuestionable. El paro juvenil se eleva en nuestro país al 40% mientras que en Austria es del 5% y en Holanda del 4%. Mientras no se equilibren estas diferencias de poco servirá el euro y difícilmente se avanzará en la unión política. Para que perdure este formidable invento europeo como un gran espacio de libertad y convivencia es imprescindible jugar en la misma liga, es decir, observar las reglas de la competición que rigen para todos.

Los recortes y los ajustes que se puedan hacer son inútiles si no se enmarcan en el conjunto. El problema es que nadie, ni siquiera el Bundestag o Angela Merkel, aciertan a tener una idea sobre lo que está pasando y qué medidas hay que adoptar para que dentro de dos meses no resulten insuficientes o equivocadas. No es problema de líderes sino de saber el diagnóstico para no dar palos de ciego.

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24 noviembre, 2011 a las 7:15 am

Ecos de una noche de domingo, de LLuís Foix en La Vanguardia

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Tras la clara victoria del Partido Popular y la derrota sin paliativos, casi humillante, de los socialistas, hay que levantar las antenas de nuevo y dirigirlas hacia Berlín, París, Frankfurt y Washington para detectar las señales que emiten, tanto las económicas y financieras como también las políticas. Contra casi todas las encuestas, CiU consiguió un resultado rotundo al desbancar por primera vez a los socialistas de la hegemonía catalana en unas generales.

Mariano Rajoy tendrá que tomar muy pronto decisiones impopulares que serán exigidas por esas antenas que dictan políticas y a veces imponen nombres para ocupar cargos relevantes. Hay una causa general que barre gobiernos y mueve sillas de poder. Es la crisis que sacude a partidos que toman decisiones drásticas y no necesariamente acordes con sus programas o convicciones políticas.

El primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, lo ha expresado claramente al decir que “todos sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo ser reelegidos una vez lo hemos hecho”. Habría que remontarse ochenta años para encontrar similitudes de este efecto dominó político como consecuencia de una crisis que ha resquebrajado el capitalismo debido a los abusos de sus gestores, tanto entonces como ahora.

Van cambiando gobiernos con la naturalidad que se pasa de una estación a otra. Respecto a lo ocurrido en las generales españolas del domingo hay un hecho que merece resaltarse. De los cuatro millones y medio de votos que abandonaron el PSOE, sólo unos cuatrocientos mil se refugiaron en el PP. El resto se escampó en las numerosas formaciones, viejas y nuevas, que hasta el número de trece poblarán el Congreso de mayoría absoluta popular.

El nacionalismo español vociferaba orgulloso en la calle Génova con un Rajoy anunciando tiempos difíciles. También el grito de independencia imperaba cuando Mas y Duran certificaban su contundente victoria en el interior del Majestic. Lo mismo ocurría cuando el líder de Amaiur tuteaba a Rajoy pidiéndole que resolviera el problema territorial de España ya que la solución de la crisis económica no estaba en sus manos. Los ecos de la noche del domingo me llegaban en forma de nacionalpopulismo mientras el socialismo entraba en el túnel de lavado de caras y estrategias que lo puede mantener en la noche de la oposición una larga temporada.

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22 noviembre, 2011 a las 7:14 am

Positivar la crisis europea, de Lluís Foix en La Vanguardia

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Propongo positivar la crisis que ha llevado a que Italia y Grecia sean gobernados, espero que transitoriamente, por personas que han sido impuestas por Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y el Banco Central Europeo sin que ni griegos ni italianos hayan sido consultados a la hora de elegir a su gobierno. Son decisiones arriesgadas que plantean problemas de fondo como el de si se puede restablecer la estabilidad monetaria y política de un país aplicando un cierto despotismo financiero que no haya sido refrendado por las urnas.

Lo positivo de esta crisis institucional es que puede hacer inevitable la reforma del funcionamiento de Europa. En estos graves momentos parece que sólo existen dos salidas: nombrar gobiernos de técnicos o tecnócratas desde arriba o bien abonar el campo del populismo que viene inexorablemente después de exageradas y brutales políticas de austeridad.

El filósofo Jürgen Habermas ha publicado un extracto de su próximo libro, Un ensayo sobre la Constitución de Europa, en el que dice que “a corto plazo, es necesario concentrarse en la crisis. Pero más allá de ella, los actores políticos no deberían olvidar los defectos de construcción que se encuentran en las bases de la unión monetaria y que tan sólo podrán eliminarse mediante una unión política adecuada”. En otras palabras, habrá que desmontar el tejado y construir la unión monetaria sobre las bases de una unión política que comporte, por supuesto, una política fiscal común.

Las soluciones italiana y griega son parches para evitar la catástrofe. Lo que puede sacar a Europa de este miedo que nos embarga a todos, un miedo exagerado y alimentado por mercados y por los norteamericanos que quieren mantener al dólar como divisa de referencia, es practicar la política en su aspecto más noble y definitivo que es el de tomar las decisiones que convienen a la mayoría de ciudadanos. Si no quiebra el invento por el camino, es una oportunidad de oro para fomentar, con generosidad y valentía, los Estados Unidos de Europa.

Es seguro que Gran Bretaña no participará en este proyecto y que algún otro país puede apartarse voluntariamente. Quizás ha llegado la hora de reformar lo que no funciona en esta Europa actualmente desconcertada. Más unidad política, plena homogeneidad fiscal, más responsabilidad de los estados miembros.

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15 noviembre, 2011 a las 7:15 am