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¿Puedo confiar mis ahorros a los bancos?, de Marc Vidal en El Confidencial

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Ayer en mi blog comenté que se avecina la segunda y terrible fase de la difícil situación económica que vive nuestro país y que eso era simplemente parte de la cadena de sucesos y elementos que se han desmoronado en los últimos años por diversos motivos. También quise comentar dos anécdotas. Comenté que tras conversar con dos amigos míos que viven en dos de los países más afectados por la situación a uno se le queda el cuerpo para poco:

“Esta noche he hablado con un amigo en Grecia que dirigía una de las empresas más importantes de Tesalónika. Ahora se dedica, tras desayunar en casa de su madre, a tirarle piedras a cualquier coche oficial que pase frente suyo. Lo hace en equipo y rodeado de parados y embargados cada día durante cuatro o cinco horas. (…) Ayer hablé con otro amigo, este portugués que vive en Oporto. Me describía su vida. Nadie mueve dinero, crece el trueque y los parados no se ocupan por no tener que facturar con el 24% de IVA que ahora les imponen. (…) Resulta que como no se puede pagar a los funcionarios, éstos se están convirtiendo en inspectores que lo inspeccionan todo para generar multas que subvencionen sus propios puestos públicos.”

Ante tanta miseria prefabricada y tanta burguesía de plástico se esconde la escasa capacidad para emprender estratégicamente, de producir competitivamente y de activar los pocos recursos que ya quedan en planes de estímulo que generen un nuevo modelo de crecimiento en este país. Y en eso estamos cuando a uno se le quiebran las piernas pensando en sus ahorros, esos que tanto costaron reunir y que en gran medida dependen de “la buena gestión” de los que no vieron o negaron la que se avecinaba. ¡Menudos como para dejarles a sus merced nuestro capital!

En los últimos 15 años, los gestores no sólo no han añadido valor a los pobres resultados ofrecidos por los mercados en ninguna categoría, sino que han destruido en ocasiones el propio valor. Los resultados de los fondos de inversión están entre el 2% y el 3% por debajo del resultado de mercado y en ocasiones del incremento del propio coste de la vida. Lo curioso es que esta cantidad es muy similar al coste total de las comisiones soportadas por un fondo típico.

En los SICAV, la parcela de los adinerados, la situación no es mejor: Hay 3.143 Sicavs registradas en España, con un patrimonio total de 26.000 millones de euros. Casi todas están muy mal gestionadas, normalmente por grandes bancos, sin alpha, sin imaginación, con conflictos de interés, con prácticas abusivas de los gestores, y con unos resultados miserables (rentabilidad media de 2,4% en 2010) que son menores al coste real anual total del instrumento mismo. Si consideramos todas las comisiones y gastos, transparentes y opacas, soportadas por una SICAV media no salen las cuentas.

¿Realmente son tan malos los gestores en España? Posiblemente no. Entonces, ¿por qué no generan valor para el cliente? El problema principal es el diseño de nuestro sistema financiero, donde los bancos son también los gestores de patrimonios (a través de fondos o de SICAVs). El conflicto de intereses no puede ser más dramático. El empleado de banco cumple su deber si intenta maximizar los ingresos del Banco, y su bonus depende de cumplir sus objetivos.

Lamentablemente, los empleados de los gestores de fondos o Sicavs de los bancos están sometidos a las mismas presiones de maximizar ingresos para la entidad origen y no a maximizar la rentabilidad por cada nivel de riesgo asumido por el cliente. El gestor de un gran banco no tiene ningún incentivo para hacer un mejor trabajo para su cliente. Por esta razón, hay excelentes gestores independientes en España con pocos activos bajo gestión. Hay gestores muy potentes con los que trabajo en alguno de mis proyectos de emprendeduría financiera y que demuestran que la excepción confirma la regla. No tienen clientes cautivos como son los clientes de los bancos, que dejan que el propio banco gestione su patrimonio, con una confianza obviamente injustificada.

Muchos me escribís preguntando ¿qué debo hacer con mis ahorros? La respuesta es sencilla. Si tiene la formación y tiempo necesarios, toma el control de tu patrimonio financiero. Deja de confiar ciegamente en tu banco. La crisis bancaria demuestra que los bancos y cajas son pésimos gestores, han destruido su propio capital social (de ahí el FROB) y ahora están más desesperados que nunca. Aparte de los depósitos a plazo y a tipos muy altos, siguen ofreciendo bonos estructurados, preferentes y otros instrumentos pensados para tapar sus agujeros financieros, no para el bien del cliente. La CNMV está siendo muy flexible en este asunto, por la situación crítica del sistema financiero. No tienen más remedio. Ahora bien, si no tienes la formación o tiempo para llevar tu patrimonio personalmente, el cliente debe entender que su salud financiera depende de conseguir una segunda opinión, buscando la falta de conflictos de interés. Es preciso dar respuesta y en eso nos están organizando consultores independientes alrededor de una marca y una plataforma que en septiembre será una realidad. Darle la vuelta a los modelos esclavos de los bancos y cajas de esta país me ilusiona especialmente.

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14 junio, 2011 a las 8:08 am

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La increíble clase media menguante, de Marc Vidal en El Confidencial

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España vive colocada, en una especie de tránsito lisérgico, una modalidad de chute contable que basa sus resultados económicos en la publicación de datos falsos de toda falsedad, en documentar el desastre con trampas semánticas que la mayoría de becarios de redacción se tragan sin masticar y en la inyección indigesta de dinero inexistente por parte de las estructuras públicas. El Estado está incapacitado para seguir donando dinero después de derrocharlo en mantener un armatoste inservible justo en el instante que medio planeta se enfrenta a un en cambio de modelo económico global. Si antes ya no lo invertía en el arquetipo de emprendeduría de base tecnológica, ahora es aún menos probable que lo haga.Que se publique en toda la prensa nacional, y sorprendentemente también en la foránea, que, según la encuesta de la EPA este país ha creado empleo por primera vez en dos años es para retorcerse de risa y revolcarse por el suelo al unísono. Lo primero se debe a que la administración se ha cocido casi un centenar de miles de funcionarios y trabajadores públicos en plena recesión y lo segundo se dice por no mirar la hemeroteca inmediata, pues en la primavera de este mismo año se creó empleo neto debido a puntas de contratación en el sector turístico.Es muy probable que este ejecutivo, y los que vengan no serán mucho mejores, sigan inventando planes nuevos cuyo objetivo sea transmitir confianza en el consumo y en el crédito, algo que, no obstante, dirán cada vez con menos insistencia. Siempre será más fácil y menos traumático para esos estadistas de segunda que pretenden cloroformizar nuestra vida, no tomar decisiones complejas y apostar por dinámicas de todo tipo que simulen buenas tasas en unas tablas. Para ellos esto tiene una doble visión: la mala es que las tablas se quiebran a la larga, la buena es que la sociedad tiene memoria de pez y no compara al largo plazo pasado, sólo lo hace en el más próximo. Por eso se inventó el “comparativo trimestral” que es mucho menos nocivo y tóxico que el “interanual”. Tengo claro que los titulares mantendrán esa realidad inducida al mismo ritmo que el ciudadano seguirá perdiendo su propio terreno y su propia capacidad de decidir en su día a día. Por poner un ejemplo, los estímulos económicos que seguirán llegando, aun a expensas de un déficit que también se pintará de color pastel si es preciso, proporcionarán la visión de un oasis temporal a fin de que todo se tranquilice. Pero, a fin de que la sociedad no se alce y no sea capaz de enfatizar su enfado, ninguno de esos estímulos económicos llegará al sector empresarial privado de manera efectiva. No lo hizo antes y no lo hará ahora.Todo ese crecimiento que se evidencia en las grandes cifras no llega a las capas productivas de ese modo, se queda en el limbo de las grandes corporaciones institucionales o vinculadas a mercados financieros que no ejecutivos. Toca aceptarlo. De hecho ya nos dicen que “se acercan tiempos de nuevos sacrificios para todos”. Está claro que han tirado la toalla, estos no tienen pajolera idea de cómo arreglar el desaguisado que han montado. Esperan que la inercia traiga la bonanza. Y en eso estamos y a su vez la clase media sigue cediendo terreno. Sucede a cambio de que otros aporten la solución o subsidio. Somos la increíble clase media menguante y lo somos en gran medida porque nos da la gana. Es posible que no nos demos cuenta de que los primeros responsables de muchos de los males que vivimos somos nosotros mismos. La velocidad y la fortaleza con la que salgamos de ese tránsito complejo y difícil dependerá en gran medida de la voluntad y la libertad que tenga la gente para afrontar este reto. Veamos lo que pasa en nuestro país como ejemplo extremo. Aquí rondamos los cinco millones de demandantes de empleo a finales de 2010. En concreto hay más de un millón de familias que están sin ningún miembro trabajando, otro medio millón de trabajadores entre un ERE y la pared, un millón de jóvenes que se la trae al pairo trabajar, estudiar o pasear y un millón de personas mayores de 50 años en paro y que, con toda seguridad jamás encontrarán trabajo. Este es un país que como he dicho alguna vez, hay gente que entra en el mercado laboral con 35, de un modo precario tras licenciarse en una media docena de cosas y postgraduarse en otras tantas, y que a los 51 le prejubilará tras hacer de cajero de barrio en alguna entidad bancaria. ¿Exagerado?, ¿Seguro?

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2 noviembre, 2010 a las 7:09 am

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Una patada en los… derivados, de Marc Vidal en El Confidencial

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Ayer leía el artículo que Cristopher Condon publicaba en el Newsweek de Bloomberg acerca de las hipotecas tóxicas compradas por bancos durante la fase de “rescate” a algunas entidades de Estados Unidos. De hecho, la columna comentaba que estos productos ya rinden de manera espectacular, un 36% de media exactamente. En concreto, según se ha podido interpretar del informe oficial “los activos tóxicos de tipo hipotecario han resultado provechosos en más de un triple que los bonos durante el último año”.

A veces pienso que no se quiere informar hasta el fondo. Parece como que con la puntita es suficiente. Resulta que un montón de mierda reconvertida en producto financiero de segunda generación puede ser analizado como un paquete individual independientemente de su origen y coste. Permítanme abrir un paréntesis. Es como si alguien nos quisiera decir que los bonos que ha emitido la Generalitat de Catalunya tienen un rendimiento del 4,75% y por eso son buenos, cuando en realidad, son la traducción de una de las mayores estafas oficiales a las que se ha sometido a los catalanes desde 1714. Ni buena operación ni gaitas, es un crédito sindicado a las arcas públicas de un coste muy caro, es financiación al 7,75. Digamos que la Generalitat de Catalunya se financia con el coste de un crédito al consumo, como si se financiara con tarjetas de crédito montadas la una sobre la deuda de la otra, por que no hay Dios que le deje un céntimo de euro. Pero la versión oficial, la publicada en masa por los medios tradicionales será que es una buena inversión. ¿Cuando contarán que ese montante del 7,75% se deberá pagar con impuestos por parte de todos los catalanes? Lo dado por lo servido. Cierro el paréntesis.

Lo mismo que en Estados Unidos. Supongo que en la compleja y enorme viña del señor hay cosas parecidas. La rentabilidad de los activos putrefactos esos, se visten como si “de la crisis se estuviera saliendo en términos bancarios” cuando la realidad es que cada rescate, cada activo resituado, supone un coste para la Reserva Federal y por derivación para el ciudadano americano. Lo pero es que lo que, cuando le duele el bolsillo a América, al resto nos sienta como una patada en los… derivados.

Veamos el juego retorcido. Por un lado nos dicen que la repercusión del uso financiero de los activos tóxicos genera beneficios, pero por otro se informa de que “cientos miles de ejecuciones hipotecarias en algunos estados habían sido fraudulentas”. Es tremendo pensar que se están desalojando de sus casas a gente que no pueden pagar sus hipotecas cuyo valor es superior al de la propiedad en cuestión. Resulta que esa hipoteca compone un fondo híbrido inservible que conforma un paquete basura junto a otros elementos similares, para que al final, puestos en el sistema de nuevo como producto financiero de tipo “tóxico” sean requeridos por inversores y ejecutivos de cuentas que le revierten un nuevo valor al alza que ya alcanza el triple de lo que se obtiene con unos bonos cualquiera. ¿A que suena a nueva pelota de estiércol acercándose por el horizonte?

La verdad es que asusta pensar que Estados Unidos sigue en manos de gente muy poco dada al riesgo, a asumir sus errores y a poner remedio a la problemática. Obama corre el riesgo de convertirse en un hombre anuncio recorriendo estados proclamando la bondad de sus candidatos a las Midterms, mientras que paralelamente la Reserva Federal sigue emitiendo papelitos verdes a diestro y siniestro, los cajeros escupiendo bonos mentira, las oficinas de colocación descolocando al personal y los brokers de medio pelo insultando a la inteligencia con sus activos tóxicos versión 2.0. La administración americana está enferma, como lo está América. Si sigue así, sin reconocer que lo está va a ponernos a todos en riesgo sistémico otra vez.

Estos días estoy en temas de internacionalización. Algunos de los países en los que estoy trabajando dependen en gran medida de la metrópolis norteamericana. Colombia, Panamá y otros del entorno necesitan un Estados Unidos reforzado, consumista y en crecimiento. Da miedo pensar que si no se supera el bache en el norte, el sur lo va a pagar tarde o temprano por mucho emergente de turno que aparezca. Cuando dicen que son muy diferentes a nosotros, cuando comentan que los emprendedores allí son valientes o cuando se asegura que Sillicon Valley es modelo de excelencia para afrontar un proceso de crecimiento en valor añadido, debemos asumir que es verdad y en gran medida es su  ventaja, pero si nos olvidamos de que lo que está pasando en Estado Unidos es otra cosa que no puede reflejarse solo en eso, tendríamos una visión tóxica del asunto.

Los puertos de la Costa Este, por ejemplo, están en declive por culpa de que sus industrias cierran por centenares cada mes. Es posible que el sector industrial americano esté herido de muerte en muchos estados, además, la impresión de billetes que ha buscado que el mercado oriental su comprador fundamental para financiar unas ayudas que no terminan de producir el efecto obamamente deseado, puede estar fabricando un dólar tan débil que esté ocultando la pérdida de competitividad y de productividad de la economía norteamericana.

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26 octubre, 2010 a las 8:08 am

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Diazepán para todos, de Marc Vidal en El Confidencial

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La mejor definición de idiota que conozco lo define como “miembro de una tribu enorme y poderosa que ha tenido una gran influencia en los acontecimientos de la historia más significativos”. Añado que actualmente siguen influyendo en muchos ámbitos. De eso estoy completamente seguro, pues sino fuera así nada de lo que ha sucedido en los últimos tiempos tendría explicación.

No haber tirado el balón a la banda hace meses, y mantener a Díaz Ferrán hasta la extenuación en la presidencia de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, es una prueba evidente de ello. Sin embargo, no se vayan a pensar que la idiotez tiene límites, no, como dijo Einstein: “que el Universo y la estupidez humana son infinitas es probable, de la primera idea tengo la impresión que puede ser, de la segunda estoy completamente seguro”. Haciendo honor al científico alemán, el coleccionista de Expedientes de Regulación de Empleo, quiebras y tratos desfavorables, se volverá a presentar. Bueno, supongo que es un anuncio enfurecido que no llegará a curso.

En todo caso, lo que sorprende de todo esto es la inoperancia manifiesta de los denominados “agentes” sociales. Una serie de tipos que, nos guste o no, nos representan en uno u otro escenario. Los sindicatos a por la vera, la patronal por la verneda. La cuestión es que aquí nadie se siente representado por nadie y así vamos.

El tiempo pasa y las soluciones se alejan. Los pactos de Estado, las iniciativas modernas y de vanguardia cada vez más perdidas en la bruma informativa. Ahora importa unas primarias, después una campaña electoral, más tarde otra campaña electoral y al final otra campaña electoral. Es de cine cómico. El país perdiendo gas, alejándose de cualquier grupo de cabeza en ninguna tarea económica y ajustándose el calzón en el pelotón más mediocre.

Tengo claro que esclerotizar a la sociedad es uno de los objetivos básicos de la clase política, y en gran medida, de esos otros ejercientes de politiqueros que son dirigentes sindicales y empresariales. Buscan entregar la dosis adecuada de cloroformo para que nadie se levante demasiado del sofá en el que vivimos “cómodamente”. Es mejor así, cada uno en su papel, para que pelearnos. Sino como se puede entender que durante todo el proceso en el que la crisis iba engordando, mientras gestaba la mayor subida impositiva que aun tenemos que vivir, mientras se diluían algunos de los derechos fundamentales, ni Dios cantara el “oh sole mio”.

¿Cómo se explica que a medida que se fabricaban parados a paladas, hasta llegar a los cinco millones, nadie hiciera nada? Unos por miedo al “que dirá de mí” (mi gobierno) y otros por el “que dirán de mí” (mis pilotos). La cuestión era retrasar el tema. Ahora la madera se ha podrido y no hay mucho que hacer, sólo esperar, ver como la economía entra en parada técnica y a sobrevivir.

Los negocios irán tirando, el low cost será el modelo productivo, pero ¿cómo se extirpa de una realidad social al 40% de sus jóvenes que no tienen manera de ocuparse? ¿Cómo se elimina de un tajo que la mitad de los estudiantes de este país acaben en fracaso escolar? ¿Cómo?

Pues muy fácil. Al estilo del viejo publicista Paul J. Goebbels. Un tipo delgado que tenía una pierna más larga que la otra, era un cojo completo. No se parecía en nada al arquetipo ario que el mismo obligaría a imprimir en millones de panfletos durante su mandato hitleriano. El bueno de Paul sufrió humillaciones de niño e incluso fue rechazado por el ejército para combatir en la Primera Gran Guerra. Pero a nivel intelectual era inteligente y cínico y tanto castigo le debió conceder la suficiente mala leche para ser como era.

En un manual Goebbels escribió: “No hay necesidad de dialogar con las masas, los slogans son mucho más efectivos. Actúan en las personas como lo hace el alcohol. La muchedumbre no reacciona como lo haría un hombre, sino como una mujer, sentimental en vez de inteligente. La propaganda es un arte, difícil pero noble, que requiere de genialidad para llevarla a cabo“. Que era un puto machista está claro, pero que el tipo sabía como darle la vuelta a los problemas también.

Demostró ser un maestro en eso de manipular la opinión pública. Cuando Alemania estaba a pocos días de caer bajo el peso del ejército aliado, inventó armas secretas y fortalezas impenetrables para que la gente, aún con una bayoneta entre pecho y espalda, siguiera creyendo en la gloria militar.

El primero de mayo de 1945, después de envenenar a sus seis hijos, Joseph Goebbels se pegó un tiro en la cabeza. Nadie le pudo recriminar su manera de manipular la realidad. Se había ido.

Para bien o para mal, la propaganda del Tercer Reich les enseñó a los políticos y agitadores del mundo que más vale una mentira creíble que una verdad inverosímil. La sociedad en la que vivimos ahora parece estar anestesiada y lo está porque en realidad no vive tan mal al fin y al cabo, y además la culpabilidad. Hay una sensación creciente de que nos merecemos lo que nos pasa. Que como hemos “estirado más la mano que la manga” ahora estamos como estamos.

La “verdad oficial” argumenta que la crisis es global, sistémica, financiera. Ahora lo es, pero hace 18 meses no lo era. El déficit público era algo que no se pudo evitar ya que teníamos que estimular la economía, y ahora eso, ¡claro! hay que pagarlo. Hace 18 meses no nos dijeron eso. Ahora los derechos pasan a ser, de nuevo, servicios, y como tal, los vamos retirando hasta nuevo aviso u orden. Eso, hace 18 meses era algo que si lo pronunciabas en esos términos eras un “antipatriota”.

Uno se lee libros de historia sobre como digería el “diazepán social” todo un pueblo y lo ve tan actual e identificable que asusta.

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5 octubre, 2010 a las 9:08 am

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“El trabajador que se miró en el espejo y vio un parado”, de Marc Vidal en El Confidencial

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Milton Erickson nació en una aldea que ya ni existe. Se llamaba Aurum y estaba en Nevada. Cuenta la Wikipedia que emigró a Wisconsin para trabajar en una granja familiar y que a los 17 años enfermó de poliomielitis. Los médicos consideraron que no había nada que hacer, su parálisis era tan compleja que no había forma, en aquella época, de luchar médicamente contra ese deterioro. Sin embargo, con fuerza de voluntad y paciencia logró recuperar el movimiento. Llegó a ser profesor de psiquiatría y llegó a calzarse una canoa de 4 metros y para recorrer el Mississippi hasta llegar a San Luís.

Lo peor para Erickson estaba por llegar. Cuando ya tenía 50 años tuvo un segundo ataque de polio. Esta vez el problema fue el dolor físico. Con el tiempo lo superó. Aprendió a vivir con ello y volvió a poder hablar y comunicarse con destreza hasta el punto que llegaría a ser una autoridad en neurolingüística. En el primero de sus ataques el hombre aprendió de la observación. Utilizó su decadente situación en un aliado. Miraba a su hermana pequeña arrastrarse por el suelo como un reptil e iniciar sus primeros pasos. En esos tiempos definió sus primeras teorías sobre la intensidad de la comunicación no verbal pues no podía hablar por culpa de la enfermedad. En la segunda crisis volvió a convertir un problema en oportunidad. Esta vez lo que estuvo estudiando fue la capacidad de controlar el dolor. Era tan intenso que tuvo que “diseñar” un método para superarlo. Logró perfeccionarlo gracias a la propia experiencia con el uso de la hipnosis para manejar el dolor y para la alteración sensorial.

Ayer leí la historia de Antonio José Fernández. Un hombre de 76 años, zapatero de profesión, que había decidido emprender, montar su propio negocio tras pasar 63 años trabajando para otros reparando calzado. Este hombre se resiste a jubilarse y lo hace estableciendo un negocio propio. El hombre explicaba que moriría con las botas puestas, haciendo lo que le gusta de verdad, sintiéndose útil.

No seré yo quien defienda que una persona deba trabajar hasta ser octogenario, ni tampoco que todo el mundo sea capaz de enfrentarse a su jubilación con esa capacidad, con esa voluntad de riesgo, pero lo que está claro que hay mucha gente, cuarenta años más joven que Antonio que no tiene la décima parte de espíritu por construirse un futuro que él. Lo peor no es que muchos no sean capaces de reconocerlo, lo duro es que se está perdiendo toda una generación. Perdida por ellos mismos, perdida por el olvido de otros, perdida porque no cuentan para los que dirigen el asunto. Sólo cuentan cuando hay que posicionar una marca de telefonía o una prenda de ropa fashion.

Que Milton Erickson se enfrentara a cada uno de sus ataques con la fuerza de quien cree que esto no se acaba por una “mala” racha es tan edificante como admirable, lo mismo que este zapatero (que lejos del otro) que de rechazar la resignación de pasar a ser “observador” decide seguir con un proyecto de vida.

Mañana millones de españoles trabajadores se mirarán al espejo y verán un parado. Verán su estampa reflejada de forma cóncava y ridícula. Pensarán que la salida a todo este “pollo” que nos han montado unos y otros es la de salir a la calle a taponar polígonos o a paralizar metros. Es posible que debamos protestar, estoy convencido, como que también, esos que nos gobiernan, que gestionan nuestra vida de cabo a rabo, los hemos elegido nosotros. Mañana una semihuelga nos explotará en la cara para hacernos ver a unos (los que la secunden), otros (los que no la secunden) y derivados (los que siempre están de huelga) que tenemos lo que nos merecemos.

Una buena manera es la de ver la vida como la ve el zapatero canario, con ilusión hasta el último momento, aceptando que podemos hacer los que nos de la gana. La verdad es que hay momentos en los que los grandes debates están tan lejos de la realidad que apestan. Está tan lejos este enfrentamiento entre sindicatos y alguien por definir que da pena. Lo jodido del tema es que los parados de este país mañana harán huelga, como cada día.

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28 septiembre, 2010 a las 9:09 am

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Ese modelo era una ruina y, ahora, esta ruina es el modelo, de Marc Vidal en El Confidencial

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Hace pocos días, el Foro Económico Mundial nos regalaba uno de esos informes que tan poca gracia hacen a unos y tanta gasolina dan a otros. En este caso aseguraba que la competitividad española estaba cayendo en picado y que, si nadie lo remedia, seguirá en ese camino durante un lustro más. La verdad que es poco nutritivo que en la merienda esta de las economías que mejor compiten, nosotros estemos en un modestísimo puesto número 42, por debajo de Chile, Bahrein, Chipre, Puerto Rico Estonia u Omán. No se entristezcan, seguimos con el soporte bien asentado, aun superamos a Portugal y a Mauritania.

Este informe, en la medida que es un índice realizado según unos criterios más o menos objetivos, responde a un hecho que se ha evidenciado cada vez más crónico: la economía española no está aprovechando la crisis para mejorar la plataforma sobre la que se sujeta un cambio de modelo. Si este país no aprovechó la bonanza económica de hace unos días, esa que nos permitía crecer el doble que nuestro entorno, esa que permitió que un churrero de barrio se convirtiera en un promotor inmobiliario de éxito, esa que se sujetaba a una tipología industrial basada en la fabricación de algo que no necesitábamos hasta llegar a la locura colectiva del “pásame tu piso que te lo revendo por el doble en diez minutos y luego tu compras otro por el triple del primero y lo vendes por el cuádruple del segundo”. Ese modelo era una ruina y, ahora, esta ruina parece el modelo.

Ahora bien, como hay que ser positivos, como hay que intentar encontrar lo bueno a todo, vamos a buscar bajo las piedras a fin de dar con la respuesta, con la alentadora buenaventura que permita a unos afianzarse en eso de “las crisis son buenas para ofrecer nuevas oportunidades y con el optimismo y la confianza saldremos de esta”, y para que otros se agarren al “con el gobierno actual no saldremos, hacen falta ideas nuevas que traeremos gente que ya gobernamos hace un montón de años”. Perdonen la rabieta: estamos en manos de lo peor, de un lado y de otro. Rezar no es algo que me reconforte, dicen que debes ser creyente para eso, pero empiezo a pensar que a lo mejor, “por si acaso”, me pongo.

Y es que cuesta ponerse en plan positivo. Reconozco que el valor de un escenario de crisis como el actual es precisamente la obligatoriedad de ofrecer  nuevas expectativas económicas, nuevos elementos industriales, nuevas leyes que favorezcan la fabricación de riquezas y, por descontado, un nuevo abono a que la economía del conocimiento y el talento florezcan. Pero la realidad de momento no parece representar ese cuadro abstracto. Resulta que la caída en la competitividad no debería de sorprendernos, responde a un desplome general del sector económico que debía sustituir como motor al inmobiliario: el industrial.

El equipo económico del gobierno se agarra en un “teórico” cambio de modelo del crecimiento que se debe estar impulsando desde alguna dimensión paralela. Si así fuera, no parece muy lógico que se reduzcan las partidas presupuestarias de manera constante sobre un ministerio que debía promocionar ese relevo. Hasta tal punto ha llegado ese recorte, que parece más que posible que sea eliminado como Ministerio (el de Innovación) en una inminente (después de las elecciones catalanas) crisis de gobierno. Y es que la caída industrial no hace más que cronificar el paro, y con ello, aleja aun más la hipotética salida de la crisis.

¿Qué hace pensar que la destrucción de empleo continuará?

Por un lado que el aumento de desempleo entre los extranjeros no ha dejado de crecer, está ya por encima del 36% a fecha de septiembre. Ese colectivo muestra muy claramente las expectativas de creación a aprovechamiento de las medidas de estímulo, y su curva es descendente desde hace dos años si desfallecer en su caída, ni cuando ha habido repuntes esta indicación se ha dado la vuelta. Por otro, que la industria sigue destruyendo empleo y la deslocalización (ahora la pintan de diversos tonos pastel disimulándola con diferentes eufemismos) sigue firme. También influye que los mayores de 45 años ya sean más de un millón doscientos mil, casi un 70% más que en 2009. Finalmente nos hace pensar que la destrucción de empleo seguirá, el hecho que la economía española sigue sin grasa, sin crédito, pero lo que es peor, sin actividad. Estamos empezando a acostumbrarnos a una raquítica escena comercial en muchos centros. Dicen “yo veo los restaurantes llenos”, pero no dicen “cuantos ya no sirven platos”.

Ahora mismo, ni el crédito acentuaría el intercambio comercial. Ya no es un problema de liquidez exclusivamente, que también, sino que el asunto responde a que las empresas ya no quieren crédito para estimular su funcionamiento, en todo caso sería para pagar una maquinaria que se ha detenido hace meses. Ese es el drama, no que escasee el crédito, sino que escasean los clientes. Obviamente hay quien no lo ve así y está bien que imputen la teórica parada técnica de esta economía a otros factores, me alegraría que así fuera, pero los tentáculos de la recesión continúan llegando a todos los sectores. Hace unos meses recuerdo que se hablaba de “sectores inmunes”. Cada vez es más estrecho ese club de los que no tienen ni un rasguño.

¿Cómo parar este terrible bucle destructivo?

Acelerando la puesta en marcha de medidas creíbles y urgentes que de verdad incentiven el mantenimiento del empleo y que proteja a los que lo pierden. No tengo claro que la reforma laboral vaya en esa línea. La dichosa reforma amplificará en primera instancia el paro, aunque a medio plazo afiance el trabajo de los que se queden pues por lo menos algunos podrán sobrevivir. Ahora las empresas que no tienen actividad y están al borde del cierre, dispondrán de una herramienta para salvar parte de los muebles y algo de plantilla. Es duro reconocer que las víctimas colaterales serán siempre los mismos y eso es lo que hay que evitar en la medida de lo posible. Jóvenes, inmigrantes y los peor formados serán expulsados de sus empleos en breve por una nueva ley que lo facilita, pero que podrán, en principio, recuperar algunos de esos puestos cuando la economía repunte. O no, ya veremos, y ese “ya veremos” es lo más mecánico e inhumano del tema. No sabemos si esta “reforma urgente” habrá servido para algo o, encima, tanta salsa lo que va provocar es que nos quememos.

Sigamos. Otro elemento urgente es reactivar las medidas tributarias que permitan reducir el peso para las empresas y para los ciudadanos. Ahora hay que buscar el difícil equilibrio entre lo necesario para atender a las órdenes de Ángela y las rebajas de coste tributario para permitir el gasto y la inversión privada.

En este segundo semestre nos vamos a llevar la dura sorpresa de lo que realmente ha significado eso de estimular la economía de manera artificial e inmediatamente después meternos un palo de madera por el ambidiestro para recortar el déficit creado con la primera medida. Al tiempo, el IVA y la falta de “ayudas” se va a llevar por delante a más de uno de esos que hablaban de “recalentar la economía”. Se me escapa, pero me temo que si no ponemos a calentar lo que sea con impulso decidido hacía el cambio y con la creencia sin desperdicios de que hay otro modo de industrializar un país a partir de las nuevas tecnologías, a partir de un turismo diferencial, a partir de ayudas para financiar la exportación y de la emancipación de las pymes de este país o esto no arrancará ni con alcohol para destilar.

El error de poner en marcha una reforma laboral ahora, es que ésta servirá para que unos se monten encima de sus banderas de juguete y de sus visas oro, y lo hagan en nombre de los derechos de los trabajadores. El error lo pagaremos caro, pues el conflicto irá en aumento y lo que tenía que ser un mecanismo para afrontar el mayor de los lastres que tiene este país, su poca flexibilidad laboral (algo que nos relega en el puesto 130 del mundo), se convertirá en todo lo contrario. Esta reforma genera paro, paro inminente, pero apuesta por una nueva etapa en lo laboral que nos equipare con el resto de países de nuestro entorno. Si lo logra o no está por ver, pero que algo había que hacer también.

Ahora bien, soy de los que piensan que talvez hubiera sido mejor, en lugar de poner en marcha una reforma laboral tan difícil en estos tiempos, haber desarrollado una especie de “contrato de crisis” que ayudara a intermediar este gélido momento. A medida que la situación se estabilizara la reforma tendría más sentido, pero con el tiempo y el papel de fumar. Si no ponemos en marcha procesos de cambio y de estabilidad del intercambio comercial, con la exportación y con las ayudas hacia la potenciación de nuevos elementos de producción, cada día seguirán cerrando centenares de empresas al día en España. Casi medio millón de pequeñas empresas han cerrado en lo que llevamos de crisis, mil millones de euros se largan cada día de España a otros jardines. Si no atajamos estas goteras, ni reformas, ni innovaciones, ni gaitas.

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Introducido por Reggio

14 septiembre, 2010 a las 8:07 am

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Es la nueva economía, idiota, de Marc Vidal en El Confidencial

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Empieza un nuevo curso, una nueva oportunidad para el cambio. En mi caso he decidido intentar ser algo más idiota, si eso es posible. A pesar de que hay que ser un iluso para no ver que el monstruo no ha desistido, que no se alejó dejando a su presa tranquila, que lo peor no ha pasado y que las heridas que hemos sufrido en la defensa de su primera agresión no tendrán tiempo de cicatrizar, he tomado la decisión de no darle importancia.

A pesar de todo ello, me niego a hacer una lista de todo lo malo que se cierne sobre nuestras existencias de color rosa. Y me niego porque tras pasear por algún paseo marítimo de este país, uno comprueba que el que se preocupa es porque quiere. Los grandes datos, las cifras macroeconómicas en rojo sangre no son nada comparadas con una buena mariscada a crédito o una fiesta VIP de tres días financiada en doce cómodas cuotas. La verdad es que siendo idiota se vive mejor. Que lo malo llegará es evidente, pero mientras no llegue que me quiten lo bailao.

Voy a dejarme de preocupar de que el 86,75% del ahorro del Fondo de Reserva de la Seguridad Social esté invertida en papeles de Deuda Española. ¿Por qué voy a preocuparme? Digamos que eso es motivo de tranquilidad, quiere decir que el gobierno se fía de su capacidad para gestionarla. No vayan a ser mal pensados, agoreros o catastrofistas pensando que es muy arriesgado que uno se juegue todas sus opciones en la misma tirada. Al fin y al cabo, ¿cuántas familias no han calzado sobre su hipoteca avalada por su vivienda otro crédito al consumo sujetada por el contrapeso de la primera de las deudas? Que tire la primera piedra quien no haya hecho lo mismo que el gobierno. Si a la mayoría les ha ido bien, si son legión los requetehipotecados que siguen disfrutando de vacaciones de lujo riéndose como la cigarra, ¿por qué no le va a ir igual al todopoderoso Estado?

Voy a dejar de preocuparme por los ayuntamientos de este país, por si van a entrar en quiebra a puñados. Alguien lo pagará, ya veréis. No me preocuparé viendo que el consumo minorista cae, puyes ya bajarán los precios y todo volverá a su cauce y esos que decían que “la deflación era algo muy malo” tendrán que comerse sus propias palabras con sobrasada mallorquina. No voy a preocuparme más por el paro. Seguramente la mayoría de los que están en paro encontrarán trabajo tarde o temprano. Además, hay un montón de ayudas para que eso no sea un trauma. Por ejemplo, la prórroga de los 400 euros es un acto de responsabilidad política que tranquiliza una barbaridad. Pero la nueva reforma laboral aventura que los parados son una especie que se extinguirá en breve. Ya lo veréis.

Preocuparse por la crisis sistémica es de tonto a las tres. ¿Desde cuándo una crisis de tipo sistémico puede afectar a España? ¿No recuerdan cuando Zapatero (amigo íntimo e inseparable del otro gran enviado desde un Universo paralelo, un tal Barack) decía que eso que llamaban crisis en medio planeta aquí no dejaba de ser una “desaceleración” controlada? Pues eso, ahora tampoco va a ser para tanto. El mundo se arreglará y España no va a ser menos. Total, que cierren 1.000 microempresas y pymes al día desde principios de año es un saneamiento gradual de nuestro sistema económico. ¿Qué mejor?

Les aseguro que no pienso preocuparme por cosas sin importancia. Ahora lo que me va a ocupar es un esfuerzo integral en idiotizarme al máximo. Dejaré de leer el crecimiento negativo del PIB interanual contando desde hace un par o tres de años y lo empezaré a comparar con el inmediatamente anterior, así me engañaré profesionalmente y me parecerá que ya salimos de la recesión técnica. No volveré a pensar en crisis (última vez que pronuncio esta palabra que creo están pensando borrar de la Wikipedia) ni en que, ahora con la guerra sucia al déficit público, los ministerios van a generar una sequía inversora que seguramente provocará lo contrario a lo que esperan. Pensar que reducir inversión pública y aumentar impuestos va a generar que el déficit no decrezca sino todo lo contrario, es una indecente apuesta por ensuciar la democracia. Como yo soy demócrata no pienso llevarle la contraria al gobierno, ni a doña Elena, válgame Dios.

Aunque si me permiten un motivo más íntimo, más real y menos irónico, les diré que para poder enfrentarme al día a día como emprendedor o como gestor de empresas lo mejor es apartarse un poco de ese panorama. Dicen que emprender en este país es difícil, que es cosa de locos, pero también es obligatorio alejarse de la realidad durante ese proceso. Si bien se debe atender a las dificultades, los sueños deben buscarse independientemente de la mierda que tengamos alrededor. No obstante una cosa es obviar la realidad y pelearse con el escenario que nos ha tocado vivir y otra es negarla.

Acepto que ya no es necesario seguir anunciando el final del mundo. Ya no son cinco o seis los que cada día enumeran el sinfín de pruebas y elementos que así lo hacen ver. No parece necesario seguir insistiendo en todo ello. Pero, no obstante, me niego a olvidar los nombres y caras de sus responsables. Una cosa es obviar, otra negar. Que el territorio a cruzar es un barrizal está claro, que lo embarraron unos tipos en concreto también, que hay que prepararse para una segunda recesión es algo que ya descuentan hasta los que votarán a Trinidad Vacunas Jiménez.

A cambio, propongo hablar de la otra economía, la que ha venido a llamarse Nueva Economía. Para ello deberemos hacer cada semana un doble análisis. Por un lado interpretaremos algún dato de la economía tradicional y la enfrentaremos a las opciones que tenemos desde puntos de vista más innovadores. Una Nueva Economía basada en conceptos como la Economía Digital, los negocios sin ingresos, el consumo relacional, las energías sustitutivas, los patrones financieros del futuro, los nuevos espacios de inversión, los productos mejor capacitados según que países, la gestión económica en red y en lo social, la emprendeduría colectiva, la vinculación entre universidad y empresa,

El incendio no está extinguido, sólo parece controlado. Sin embargo, parece que el viento volverá a soplar y en varias direcciones reactivando las llamas. Dependiendo de en que planta o estancia estemos del edificio, y antes de que colapse, deberemos buscar la salida de emergencia más cercana. Aquí intentaré aportar alguna para los que cada día se enfrentan a la dura empresa de abrir sus negocios, montar nuevos proyectos, internacionalizar sus ideas o buscar el escaso trabajo que existe.

Hay un nuevo modelo económico emergente que no precisará que se extinga el anterior. Crecerá al unísono a otro que se desmorona. Un modelo más digital, donde el individuo será protagonista de sus propia aventura, donde los negocios no dependerán de un vetusto Business Plan y pasarán a ser seres vivos con fechas de caducidad previsibles, donde la economía industrial dará paso a otra definida por los principios de la propiedad emergente y donde la gestión del conocimiento construirá sus propias autopistas y sus peajes.

Tal vez todo esto sea innecesario pues, como dicen, seguramente no hay de que preocuparse. ¿Verdad?

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Introducido por Reggio

31 agosto, 2010 a las 9:06 am

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Tuentifónica, de Marc Vidal en El Confidencial

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Dice Sergio Cortés que la operación de compra que ha efectuado Telefónica por la casi totalidad de Tuenti está siendo criticada y que no entiende el motivo. Como él, opino que algunas críticas parecen demasiado simples, cuando no mal intencionadas. No comprendo por qué se sospecha de la ética o de la legitimidad de la operación. Ahora resulta que poner en marcha un proyecto tecnológico, generar un flujo de usuarios brutal tras casi cinco años de trabajo y finalmente permitir que una empresa de referencia internacional lo compre es una especie de sacrilegio para puristas de la emprendeduría social.

No entiendo nada. Me cuesta alcanzar los motivos que pueden empujar esas críticas. Es cierto que Telefónica ha fracasado en muchas compras, pero nada garantiza que eso deba volver a pasar. Estoy convencido que, si se mantiene el equipo actual tal y como la compañía ha asegurado, es muy probable que errores del pasado no se repitan. Otra cosa será la evolución natural de la economía digital y sus flujos derivados que durante los próximos años puedan entorpecer los negocios vinculados a las redes sociales.

Sabemos que la voluntad de todo emprendedor es la de implementar negocios que crezcan y que se reproduzcan. En cualquiera de estas dos fases, el impulsor se expone completamente a los temporales que en su contra aparecerán sin duda. A medida que se afianza el proyecto y requiere más compromisos financieros y personales, el gestor inicial suele rodearse de nuevos socios. Es habitual que entre capital externo si el asunto promete. La voluntad final de todos, por lo menos de los que ingresan capital para impulsar la idea del emprendedor, es poder salir del mismo con una plusvalía tarde o temprano. Eso es lo que ha pasado en Tuenti, ni más ni menos. Se ha impuesto la lógica de la relación entre emprendedores y empresarios, entre impulsores de negocios, inversores y empresas.

Cada una de las partes implicadas se lleva lo que buscaban. Los creadores obtienen un mayor músculo para afrontar retos de internacionalización y mejoras tecnológicas para enfrentarse de tú a tú con las grandes redes sociales del planeta. La intención de ganar a Facebook en cuanto a usuarios en otros países no es ninguna quimera si tenemos en cuenta como se los han merendado en España los chicos de Zaryn a los de Zukerberg. Otra parte implicada, los socios inversores salientes capitaneados por Bernardo Hernández, logran también sus metas, una importante rentabilidad de su aportación inicial tras haber sido claves en la gestión y crecimiento del proyecto. Finalmente los compradores, Telefónica logra algo que necesita.

No creo que estemos hablando de “calderilla que le permite a la multinacional apostar por algo que no tiene claro cuál es su rendimiento”. Estoy convencido que la operadora española busca algo más, me da la impresión que el horizonte tecnológico que aporta una red social como Tuenti es de alto valor. Innovación y conocimiento sobre qué se cuece en los nuevos territorios digitales, atender de primera mano en ese escenario dinámico y cambiante y, por encima de todo, afianzar la relación con sus clientes inmediatos, acercar la marca y la identidad empresarial a un sector generacional muy consumista en tecnología de la comunicación pero reactivo ante la publicidad directa. Cabe la opción que esta operativa de Telefónica sea algo más que una compra de una plataforma social, algo más complejo que una transacción financiera, es muy probable que sea el buque insignia de un proyecto de presencia digital mucho más intenso y eficaz.

No coincido con mi amigo Carlos Blanco en la calificación de “pelotazo” a esta operación. Según dice en su blogvender una empresa sin EBITDA positivo por una valoración de 75 millones de euros es un pelotazo al alcance de muy pocos”. Claro está que eso sería cierto si estuviéramos considerando esta operación con los cánones de la economía tradicional, cosa que no es el caso. Hablamos de Nueva Economía, de Economía Digital y de entornos complejos donde las cosas tienen un valor no tangible y que se traduce en diferentes elementos. La Nueva Economía nos enseña que “negocios sin ingresos” y sin planes de negocio, pueden convertirse en compañías muy rentables, o que la “economía de la atención” puede conceder a un proyecto un valor por sus audiencias por encima de sus ingresos netos.

En todo caso, esta “inversión inversa” en Tuenti me parece una buena noticia que puede ser el principio de una cadena de sucesos en la economía digital europea, una buena sintonía que removerá los circuitos de compra venta de empresas que parecía haberse detenido desde hace un par de años. Suerte a los nuevos miembros de Tuenti y a los gestores que se quedan, y felicitaciones a los que se marchan. Ésta es de aquellas operaciones raras que beneficia a todos.

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6 agosto, 2010 a las 9:07 am

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Ricos a crédito y parados pudientes, de Marc Vidal en El Confidencial

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Dicen que la crisis económica despierta contradicciones. La incertidumbre laboral es la más dramática de sus consecuencias y ésta, a su vez, suele llevar asociada una reducción intensiva en el consumo. La contradicción parece ser que, a la vez que la crisis se acentúa, aumenta el ahorro famliar. Se suele reducir gasto por necesidad y por precaución y por eso tanta retención de líquido provoca que se acumule dinero en los bancos. Dicen que la tasa de ahorro en España ha sido gigantesca. Al parecer, el mito de que la gente ha decidido poner a “buen” racaudo su capital, aportándolo como ahorro transfiriéndolo a sus cuentas, ha calado durante un par de años. Dicen…

La verdad es otra menos técnica. Los nuevos ricos parados depositaron sus finiquitos y se convirtieron en una especie de ahorro dinámico que engordó las estadísticas de depósitos en los bancos y cajas. Pero, a medida que éstos no encuentran trabajo y los subsidios se acaban, toca retirar ese dinero y empezar a adminstrarlo para, simplemente, comer. El ahorro familiar ha empezado a moderar su crecimiento. De hecho, no había dejado de crecer en todo este tiempo y aumentar a medida que se ampliaban las listas de desempleados curiosamente hoy mismo.

En la desgracia de quedarse sin empleo hay mucho que rascar. Evidentemente es algo dramático que se vive de diferentes modos. Unos solicitamos el día después de quedarte en paro la liquidación completa de tu prestación en un pago único para emprender algún proyecto inmediatamente, otros deciden ir cobrándolo poco a poco y esperar una buena opción o formarse mejor, un grupo amplio suele gastarse el finiquito en algo de diversión con la excusa de quien se miente a sí mismo de “a mal tiempo buena cara” y, finalmente, un grupo importante de listillos elabora un “sofisticado” plan de viabilidad familiar: meter el finiquito en el banco, cobrar cada mes su compensación y, con algunas chapucillas en “b”, acabar disponiendo de una renta suficiente para sobrevivir bien. El efecto técnico es que hay un ahorrador más, que no agrede al sistema, que consume algo menos pero que se enquista en el modelo ranqueante de la economía sumergida complementada por los que sí pagamos impuestos.

Yo denomino a estos últimos como los “parados ricos”, aficionados a la buena vida con menos glamour que sus primos, los “pudientes a crédito”. Son especies hermanadas por dos genes: el del idiota biológico y el del miserable arrogante. Hace tiempo que ya no se les ve por las calles. Ya no pasean. La lista de negocios cerrados, panaderias en traspaso, comercios sin comercio y heladerías heladas es cada vez más intensa. Las ciudades van tomando el tono gris cemento de la carne cuando se muere.

Los ricos a crédito se liaron la manta a la cabeza y decidieron ser arrogantes con el suelo de cristal. No podían abandonar su “tren de vida” aunque para ello precisaran de vivir arropados por una póliza de crédito que no pensaban dejar de renovar nunca. Eso no pudo ser y la póliza se murió, y con ella también se murió la buena vida, y los viajes y ese coche tan grande y ese colegio tan caro y esas cenas repletas de anécdotas de crucero y maquillaje francés.

A la mierda todo, a la mierda con sus mentiras y sus tarjetas de crédito sofocadas, a la mierda cada una de las idioteces que hemos tenido que aguantar de aquellos que iban de triunfadores descapotados, a la mierda con los que aseguraban que su última promoción les estaba reportando un beneficio que insultaba a la inteligencia, a la mierda con todo lo dicho y lo escuchado, a la mierda con las niñas guapas que sólo gastaban en marcas sin sentido ni orden, a la mierda con los que pensaron que sus negocios no requerían esfuerzo, valor y compromiso, a la mierda por los que tuvieron en sus manos la opción de mejorar su entorno y sólo mejoraron su trono. Como diría Fernando Fernán Gómez, ¡a la mierda!

Pero ahora les toca a los que también se sintieron ricos cuando les despidieron y con la carta de despido les tatuaron un cheque por varias decenas de miles de euros y se sintieron inmensamente poderosos. Nunca tuvieron tanto dinero junto, pues lo gastaban continuamente, de repente se vieron con liquidez, sueldo público (subsidio de paro), se sintieron funcionarios y sin obligaciones laborales. De vez en cuando se aferraban a sus “chapuzas” como el modelo de negocio ideal. Ahora todo eso se está acabando. Que se preparen esos charlatanes de mesita de bar, esos bovinos intelectuales de cafetín. Bienvenidos a la mayor montaña de estiércol que sus señorías, nuevos ricos, ricos paletos y ricos de visa oro colapsada, hayan visto jamás. Tocaba ponerse en marcha y no lo hicieron.

Pasará por sus malas cabezas, por la imprevisión y por la codicia del estúpido, del que cree que podía triunfar en la vida con poco esfuerzo y a costa de la bondad de los demás. Se les llenaba la boca de palabrería de enjuague bucal y ahora no saben identificar de dónde vienen las hostias. Lo siento, pero ahora es tiempo de ideas, de talento, de reconversión del conocimiento y en ese escenario no hay sitio para los patanes, es momento de aquellos que se juegan su patrimonio, su dinero y su futuro a una carta, pero que se niegan a esperar a que alguien les solucione lo que sólo ellos pueden solucionar.

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2 julio, 2010 a las 8:05 am

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Emprender es como dejar de fumar, de Marc Vidal en El Confidencial

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Por higiene intelectual dejaremos de lado a gobierno y oposición. Apartaremos de nuestra mente el desastre que han organizado entre unos y otros y, al más puro estilo de estoloarreglamosentretodos.org (vete tú a saber donde están ahora), vamos a meternos en faena nosotros mismos y a intentar dar alguna ventaja moral a los que nos leen, aceptando que de este barrizal no nos va a sacar nadie y lo que debemos hacer es aceptar el momento y sus oportunidades.

Como patrón me niego a aceptar que una crisis sea algo de lo que alegrarse, por lo menos en lo sustancial. A los que la describen como un modelo de limpieza de la economía se olvidan del sufrimiento innecesario que provoca que suceda a esta velocidad y con esta virulencia. Que el sistema financiero quiebre me preocupa por que se esfuma un dinero inexistente con el que nos pagan todos los meses, que el paro aumente no es bueno pues enquista las problemáticas y adelanta un escenario donde el trabajo probablemente sobre y que el déficit aumente me pone de muy mala leche porque al final lo que me repercute es en pagar más impuestos y recibir menos servicios. Por eso, al que vuelva a decirme que las crisis son buenas esencialmente por que limpian la atmosfera, le invito a pagar mis diferenciales tributarios que se avecinan.

Ahora bien, vamos a cambiar la sintonía hoy. Aceptando que la crisis no es una buena noticia, sino una putada, nos debemos introducir en su curso y su tono. Como sus consecuencias futuras serán terribles, lo importante es saber si hemos preparado el cortijo la intemperie. Probablemente muchos hicieron caso y se pusieron manos a la obra, pero otros no. Ahora viene la segunda fase de la recesión, una que tiene que ver con la parada técnica de la economía, donde todo parece ralentizarse y donde el modelo productivo existente se antojará sin iniciativa.

Que la administración garantice el aumento de impuestos es símbolo de que acepta la reducción de consumo y con esto la parálisis industrial, el aumento de paro y la detención del mercado. Con la reducción de obras, cierre de empresas públicas y otros ejercicios de imprescindible ajuste presupuestario en la administración, se logra oxidar aun más todo ese engranaje ya bastante deteriorado por culpa de una sobreexplotación y calentamiento exagerado durante un quince años.

Esos tres lustros fueron excepcionales y lo normal es que en épocas de chorizos y vino nadie gestione el riesgo. Pocos se prepararon para las turbulencias, salvo algunos espabilados que tenían información privilegiada y hacían lo contrario a lo que proclamaban (léase algún banco que vendió todo su patrimonio a seis meses de la explosión de la burbuja) u otros que leían blogs y foros donde de esto se avisaba con criterio y análisis en contra de la versión oficial y los insultos consecuentes.

Aunque parezca tarde para afrontar con garantías este momento, no lo es del todo. La gestión del riesgo es algo que se conoce bien desde donde escribo hoy. Me cuentan como afrontan las crisis consecutivas, las quiebras de sistema repetidas y los maremotos inflacionistas sucesivos y es para maravillarse. Basarse en la experiencia de otros errores y equivocarse mejor puede ser la base del emprendedor del día de hoy. Si se analizan esas quiebras anteriores podremos prepararnos para el futuro inmediato. Por ello, una crisis no es más que un punto de inflexión, no necesariamente a mejor, pero si un momento de cambio. Es a partir de ese instante, justo cuando esa situación difícil se evidencia que debemos adoptar un modelo de gestión diferente, no hay otra opción. Como dije ayer mi blog “la recesión es una gran noticia para los que están emprendiendo.

No hay un escenario más específicamente ideal para los emprendedores que la crisis, y cuanto más profunda mejor. A medida que se obtienen mínimos ingresos, incluso nulos, a medida que entendemos que es eso del negocio sin ingresos, veremos como las grandes estructuras de la economía tradicional se desmoronan, se debilitan. Será entonces, justo es ese momento, cuando los que ya provienen de la crisis estructural al propio hecho de emprender, que encontrarán su resquicio, su grieta por la que meterse. La economía de mercado actual está en plena depresión, tiene un tronco público deteriorado al máximo y produce que la empresa dependiente de la administración en cualquiera de sus estamentos esté tocando sus peores momentos. La fisura en la economía se agranda, es momento de colarse.

Aunque suene a oportunismo voraz no lo es, es algo más sofisticado y tiene que ver con la capacidad que cada uno tiene para encontrar en sus errores las soluciones. Los que quieran seguirme que vengan, algunos no pensamos parar. El camino está plagado de piedras que vana a afectar a unos más que a otros. Soy optimista, y lo soy todos aquellos que montamos negocios todos los días, no tanto para los que viven del momio, los que se esfuerzan en hablar y hablar y no hacer y no hacer. Lo mejor que pudo pasarme en la vida fue arruinarme dos veces completamente. Ayuda a entender que tras eso sólo hay otra oportunidad para arruinarte por tercera vez y en el tránsito construyes algo, si sale bien, lo repites, si sale mal, lo mejoras.

¿Cómo lo hacemos? Pues con valor. Enfrentaros a la regulación excesiva, a la crisis financiera, a la propia recesión, al círculo vicioso de los protocolos, encontrad la oportunidad digital, la renovable, la de escuchar a los clientes descontentos de nuestra competencia, solicitad la ayuda colectiva para el control de costes, acumular eficiencia, retened el talento alrededor vuestro, aliaros con vuestro enemigo, transaccionar con proveedores, revisad si vuestro modelo de negocio no se ha quedado obsoleto y apostad por cambios que lo viabilicen cueste lo que cueste, aunque lo cueste todo y te lleve al cierre, en ese circuito habrás aprendido lo necesario para el próximo proyecto. Trabaja por la reputación digital de tus ideas, pues con ello aumentarás la confianza en tu propia aventura y eso te ayudará a no paralizarte.

Si estás paralizado como un alce en medio de la calzada de noche justo cuando un camión le hace luces para que se aparte, utiliza todo lo que tienes a tu alrededor. Te adelanto que ya no tienes lo que otros tuvieron hace unos meses: el desempleo de golpe o las ayudas que se recortarán obviamente. Sólo te queda gestionar bien el miedo al fracaso. Si te sirve de algo, te diré que yo lo tuve y al final fue como cuando dejé de fumar, si llego a saber que era tan fácil lo hubiera hecho antes. ¡Suerte!

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Introducido por Reggio

4 junio, 2010 a las 8:05 am

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Emigración + IVA, de Marc Vidal en El Confidencial

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Estos días ando por diversos países del sur de América. Es curioso descubrir cómo están de informados de la realidad económica española y comparar con el escaso conocimiento que nosotros tenemos de la suya. Sin embargo, lo interesante no es eso que parece más o menos previsible, lo alarmante es cómo predomina una idea entre los ciudadanos chilenos o brasileños por ejemplo. Para ellos, Europa está muy mal, pero España en concreto está al borde del abismo. Es una cháchara habitual, en cualquier café, con un taxista, con quien sepa algo de todo ello te transfiere esa sensación.

Curiosamente, mientras atendía un medio nacional en Colombia que me cuestionaba sobre el recorte de Zapatero, alguien de la emisora me dijo: “¿han pensado en emigrar aquí?”. Supongo que las comparaciones todavía son odiosas, pero las garantías que ofrece la política económica española y, por derivación, la europea no parece que estén trasladando a otros países una impresión demasiado buenas. Pero, guardando las diferencias, el concepto de esa cuestión es muy acertado. En España las cosas pintan bastos, como llevamos diciendo hace tiempo, el tijeretazo no hará más que acentuar una depresión latente de la economía española hasta alcanzar la parada técnica y, por supuesto, el paro seguirá lastrando cualquier iniciativa emprendedora, pues el consumo seguirá en niveles muy bajos.

En estos momentos, la tasa de desempleo de Brasil o Chile, por decir algo, caen más de lo pronosticado y cada vez más en empleos más cualificados y con la industria aumentando su capacidad de un modo inesperado en el país carioca, en tanto la mayor economía latinoamericana se encamina a su más rápido crecimiento en más de 20 años. El desempleo brasileño bajó a 7,3%. La cantidad fue menor que la estimada de 7,5% en una encuesta de Bloomberg entre 33 economistas. Es decir, Brasil se comporta mejor incluso de lo que se esperaba. Todo ello repercute en que el crecimiento brasileño podría llegar a 7% este año.

Mientras tanto, en Europa, los recortes aumentan, el pago pendiente de deuda se hace inasumible y los déficits se acumulan. El consumo en España está a punto de sufrir su mayor descenso desde el inicio de esta crisis mal llamada desaceleración, crisis financiera o recesión internacional. En plena fase depresiva, el gobierno ha iniciado un camino de no retorno. Nadie puede garantizar que el descenso en el gasto público pueda repercutir en una reducción del déficit. Posiblemente todo lo contrario debido a que la falta de estímulos provocará un descenso de la actividad comercial y con ella una caída de la facturación. Sin beneficios no hay tributación y sin esta no se mantienen los ingresos públicos. El déficit sólo podría reducirse si al reducir gastos mantienes o mejoras ingresos. Probablemente el déficit español aumentará.

El gasto corriente del Estado es muy difícil de reducir sin afectar el consumo y la facturación implicada. Si además decides aumentar los impuestos poco a poco vas erosionando la capacidad inversora de las empresas y de las personas. Estoy convencido que el proceso inicial de aumento impositivo en el IVA por ejemplo nos llevará a la ruina.

Tras un error de comunicación irreparable, el gobierno está intentando trasladar a los agentes patronales que no absorban en sus precios el coste de subir el IVA. Lo que parece una contradicción con lo que dijeron al principio. Inicialmente se procuró trasladar a las empresas el reto de incorporar un dos por ciento más de ese impuesto en el precio final sin que por ello se modifique el precio venta público. Eso parecía una buena idea para incentivar un consumo razonablemente similar e ingresar más en las arcas públicas.

La realidad era otra. Si el IVA se aplica al precio, éste aumentará el coste impositivo relativamente menos que lo que supone la reducción final del importe facturado para el impuesto de sociedades por ejemplo. El gobierno está atrapado y tiene pocas salidas. Éste es un ejemplo más de tantos, con pocas ideas y cuando las aplica son forzadas por la situación. Forzar impositivamente a la demanda sólo repercute en malestar y pérdida de poder adquisitivo, si lo aplica a la oferta el problema se puede enquistar. En cualquiera de los dos casos está claro que se avecina un escenario que sólo provocará mayor gasto tributario a todos (no sólo a los ricos), menores servicios, inestabilidad y sobretodo menores oportunidades. Los españoles volveremos a emigrar, eso dadlo por seguro.

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Introducido por Reggio

28 mayo, 2010 a las 8:04 am

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¿Nos hemos vuelto todos locos o qué?, de Marc Vidal en El Confidencial

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El miércoles una de las encuestas más repetidas en los medios de este país cuestionaba si “los recortes presentados por Zapatero iban o no a ayudar a salir de la crisis”. La verdad es que parece un chiste. ¿Nos hemos vuelto todos locos o la nube de ceniza islandesa está sofisticando el mecanismo para tomar el pelo colectivamente? No entiendo cómo podemos seguir hablando de “ajuste imprescindible para salir de la crisis”. ¿Por qué seguimos aceptando la idea de que el recorte público impuesto por Europa es el mecanismo que nos sacará de la recesión? No es posible.

Debemos hablarle claro a la gente. Este recorte supone más impuestos (algunos ya estaban previstos y los que te rondaré morena) y menos inversiones públicas que desembocarán en peores servicios y reducción de subsidios. Algo que me parecería bien en términos fiscales y socioeconómicos, imprescindible en estos momentos, debe ir acompañado de una explicación que ponga a cada uno en su miserable madriguera. En concreto al gobierno que desoyó a todo el mundo que le decía que se avecinaba una bola de estiércol desde el horizonte y se la trajo al pairo.

Al ministro aquél que negó sistemáticamente la situación hasta que le llegó al comedor y a la oposición que hasta el debate económico Pizarro-Solbes no nombró nada de todo esto por saberse responsable de su gestación en sus anteriores gobiernos. Además, mientras que José Luís sigue eludiendo su máxima responsabilidad por el crecimiento del déficit y el engorde marrano de una deuda gigantesca para no lograr ni uno solo de los objetivos planteados en su origen, el otro, Mariano, sigue sin enumerar una sola de las soluciones milagrosas que dice tener para “sacarnos” de la crisis.

De esta cuadra no nos sacarán ninguno de los dos. De esta merienda saldremos tocados de verdad. Ahora ya sabemos que el dispendio del Plan E y sus derivados fueron un insulto a la inteligencia. Lo dijimos y ahora es Europa quien se lo ha abofeteado al ejecutivo español. El sacrificio que nos piden es para pagar eso, no para estimular la economía.

Que no nos engañen ni un maldito minuto más. Todo este ahorro en el presupuesto a costa de funcionarios, pensionistas y retirada de ayudas a bebés y dependientes, todo ese aumento de impuestos con el que nos van a crujir estos “señores de lista cerrada”, todo, todo eso es para pagar la deuda y evitar que, en los vencimientos, España entre en “default” al no poder colocarla. No es para crecer ni para levantarle la empresa a nadie. ¡Qué leches!

Todo recorte conlleva menos gasto y al reducir el gasto se elimina el objeto de consumo y sin consumo se vende menos y si se vende menos se despide gente y si se despide gente aumenta el paro y si aumenta el paro no se crece y si no se crece aumenta el estancamiento y si aumenta el estancamiento se cierran empresas y si se cierran empresas se recauda menos y si se recauda menos se exigen mayores impuestos para pagar los servicios.

Si se reducen servicios y se paga más se corta una de las modalidades que este gobierno había adoptado para generar crecimiento: estímulos públicos sobre la economía. A medida que los “intocables” sean manoseados con reducción de sueldo o retraso en el cobro veremos como se lo toman. Ahora ya pueden ir pensando que toda esa aparente inmunidad se acaba. Las huelgas y mareos centrífugos poco van a poder hacer ya. ¿Qué ridículo queda eso de que UGT convoque una huelga general cuando durante todo este tiempo han sido concubinas del gobierno a sabiendas del agujero público que estaban gestando? Una protesta al recorte es no haber entendido nada, aunque que más da, ellos con sus revoluciones de salón y poco más.

Finalmente me gustaría resaltar porque este recorte es de juguete. Aunque va a hacer mucho daño a nuestra ya deteriorada economía, aunque no había más remedio, puestos a curar heridas abiertas, desinfectemos antes de engasar. De momento nos dicen que se reduce consumo público, se aumenta la recaudación y se elimina inversión en obra del estado. Bueno es, pero echo en falta algunas medidas que deberían ayudar a reducir el déficit de un modo más rápido, pues, asumiendo que este esfuerzo para minimizarlo es imprescindible, y que retrasará definitivamente el crecimiento, hagámoslo de un modo agresivo para, cuanto antes, ponernos a ser eficientes.

Se podrían crear escenarios centralizados para realizar compras públicas en todas las administraciones. La eliminación de subsidios como el cheque bebé debe ir acompañado de otras extinciones feudales. Está bien que se bajen el sueldo los políticos pero tampoco es un pastel, hay que actuar sobre los privilegios adquiridos como que la mayoría de cargos públicos tributan el tercio de todos sus ingresos por vete tú a saber que disposición Real. Es bueno que los funcionarios asuman el peso de la reducción del gasto público, pero también deberían pagar cotizaciones por desempleo aunque su trabajo sea vitalicio. Sería como el caso de aquel trabajador que jamás estará en paro pero paga sus aportaciones al desempleo solidario.

Lo de las Sicavs no tiene nombre. Supongo que entre las medidas aun no anunciadas aparecerá el de elevar su tributación. Estaría bien que se anunciara que las transferencias a entidades públicas morosas se bloquearán. Consorcios, agencias públicas, ayuntamientos, diputaciones y otros órganos derivados no podrán arruinarles la vida a más profesionales a los que han dejado colgados tras la explosión de la burbuja dichosa.

Está bien que se recorte, pero no tan bien que se suban impuestos. No debemos asumir que una cosa va con la otra. Es imprescindible reducir el impuesto de sociedades por ser el único que puede actuar sobre el crecimiento de un modo evidente y si se complementa con el fomento del ahorro, lograremos que las entidades financieras puedan dejar de enfrentarse al interbancario para negociar su liquidez una y otra vez, y, posiblemente, empiecen a aflojar el crédito, verdadero cáncer de todo este asunto.

Hay más pero hay gente que cobraba, cobra y cobrará para descifrarlas. De momento han cobrado la paga y señal de algo que aun no nos han entregado y, por la pinta que tiene, nos lo van a plantar en crudo delante de nuestras narices dentro de cinco minutos.

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Introducido por Reggio

14 mayo, 2010 a las 8:04 am

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