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Engreída economía, de Robert Pibernat en La Vanguardia

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DEBATE: La crisis económica

Conocidas las propuestas del Gobierno para afrontar la crisis, estas se centran en incrementar el gasto social para amortiguar sus efectos. Tres porcentajes nos ocupan: 57% más por prestaciones de desempleo, 33% más de intereses de un déficit público descontrolado, y 2% más de un IVA que es muchas cosas menos progresivo. Para afrontar el gasto, más impuestos y más déficit público.

¿Qué uso se ha hecho de los enormes recursos tributarios generados por una actividad inmobiliaria tan exponencial y sostenida en el tiempo? Si la mitad de las economías domésticas están hipotecadas y los bancos no tienen dinero, ¿quién está financiando el déficit público? ¿Cómo evolucionarán ese déficit público y las hipotecas variables de las familias cuando el BCE normalice sus tipos? ¿Sólo cuando los bancos deban desprenderse de sus activos, el precio de la vivienda regresará a la realidad?

Dice el galés Edward Hugh que para que la economía española no quede atrapada en el tiempo debe equilibrar su balanza comercial, deficitaria por el consumo inflacionista que nos encareció respecto al exterior.

Y que para volver a exportar debemos aplicar una “devaluación interna”. Es decir: ya que no tenemos moneda propia para devaluarla debemos buscar idénticos efectos sin ella. Lo que no haga la política económica lo hará el mercado a un coste superior. Nuestra engreída economía tiene miedo a no ser. Venimos de un crecimiento en el que la apariencia de riqueza se generaba por un consumo excesivo y una irrealidad inmobiliaria financiada con humo y hecha con el tipo de mano de obra que hoy fija la diferencia de desempleo sobre los países de nuestro entorno.

Escogemos el endeudamiento como huida para no reconocer la oportunidad perdida en apostar por la economía productiva, impulsar el sector exterior, afrontar reformas laborales, modernizar la justicia, adecentar las pensiones, etcétera. Hemos fingido ser la octava maravilla del mundo, repartiendo caramelos de 400 euros y apelando a nuestro complejo de insatisfacción secular para vanagloriarnos de leyes falsamente progresistas con las que subrayar nuestra modernidad. Buscar fuera la responsabilidad de las propias carencias sólo favorece lo que Jaume Miravitlles llamó “complejo de frustración” (D´Europa a Amèrica. Dietari d´exili 1941-1945, Proa 2009).

ROBERT PIBERNAT, economista.

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Introducido por Reggio

27 octubre, 2009 a las 8:14 am

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